celebrar el triduo pascual

 

Hace ya casi cuarenta días que recibimos la ceniza en la frente y nuestra piel aún recuerda la aspereza del polvo gris. Polvo como las arenas del desierto cuaresmal, que nos hablan de la inmortalidad del ser humano, que pronto nos disponemos a celebrar  a las puertas de la Semana Santa.

Presentamos un pequeño libro que es un tratado breve sobre la celebración del Triduo Pascual. Es un magnífico resumen que nos da la clave para participar en la Liturgia de los días más importantes del año para los cristianos. Ya sabemos que las esencias se envasan en frascos pequeños, y el trabajo de síntesis que ha realizado el sacerdote Jose Antonio Goñi (Pamplona, 1976) para transmitirnos la esencia del Triduo Pascual, hace de esta obrita una guía para vivir los días pascuales en profundidad.

No se trata de un programa litúrgico, sino mucho más. Con un lenguaje muy accesible, fundamentado en la Tradición y en la Escritura, nos va llevando desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección, a través de los símbolos y lecturas litúrgicas, al deseo de participar en dichas celebraciones no como meros espectadores, sino como creyentes que cada año vivimos más profundamente el Misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo.

El  ejemplar  de la fotografía ha “florecido” entre el áloe vera del monasterio -que utilizamos para nuestra cosmética-, pero se puede adquirir en la librerías religiosas y diocesanas de cada localidad.

Celebrar la Pascua, como decía al principio, es celebrar nuestra inmortalidad, pero no porque no nos vayamos a morir, sino porque siempre viviremos. La vida que somos como participación de la Vida, no puede terminar y esto es algo intrínseco al ser humano, que traspasa culturas y religiones. Así, como dice muy bien el autor al final del texto

La Pascua de Cristo debe sobrepasar las puertas de la Iglesia y afectar a nuestra vida en todas sus dimensiones.

 

HORARIOS DE SEMANA SANTA  EN LA CAPILLA DE LA COMUNIDAD DE HNAS CISTERCIENSES

 

DOMINGO DE RAMOS (25 de Marzo): Eucaristía a las 11:00 h, con procesión por el claustro

JUEVES SANTO (29 de Marzo): Cena del Señor a las 18,15 h

VIERNES SANTO (30 de Marzo): Adoración de la Cruz a las 17,00 h

SÁBADO SANTO (31 de Marzo): Vigilia Pascual a las 22:00 h

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (1 de Abril): Eucaristía a las 11:00 h

cristo será nuestra paz

 

Vivimos tiempos convulsos a nivel nacional y mundial, pero ¿cuándo el planeta ha estado en paz? Sólo cuando nació Jesús, estaba el Universo en paz-Pax Augusta-. Y la cercanía de la Navidad es un buen momento para preguntarnos ¿y yo qué puedo hacer para aportar compasión y acogida a mi alrededor?

Nos puede ayudar a ello, la audacia de una extraordinaria mujer que vivió en Inglaterra entre dos siglos, Evelyn Underhill (1875-1941) y que a punto de estallar la I Guerra Mundial, publicó un profundo libro sobre mística, reconociendo ella misma en las primeras páginas, la intrepidez del asunto. Pero justamente, fomentar lo espiritual en tiempos de crisis, tiene todo su sentido

Si las experiencias sobre las que se basa el misticismo poseen realmente el transcendental valor para la humanidad que los místicos les adjudican –si nos revelan un mundo en el que hallemos una verdad más alta y una realidad mayor que el mundo de acontecimientos concretos en el que parecemos estar inmersos-, entonces ese valor se ve aumentado, más bien que disminuido, cuando se lo confronta con la discordia de los sufrimientos del momento presente.

Y todos tenemos experiencia desde la fe, de que “cuanto más poderosas parecen las fuerzas de la destrucción, más intensa se vuelve la visión espiritual que se opone a ellas”. Lo que ocurre es que esta realidad no es magia y aunque algunas personas puedan gozar de una gracia especial, lo normal es que sea fruto de un proceso de interioridad y como tal, no nos lleve a ensoñaciones sino que

La mística no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana. Más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no –como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes.

En esta segunda semana de Adviento, bien podemos pararnos y seguir cultivando nuestra serenidad espiritual, para contribuir así –aunque sea invisiblemente-, a llenar de paz nuestro maravilloso planeta azul.

Ninguna nación está verdaderamente derrotada si retiene su serenidad espiritual. Ninguna nación resulta realmente victoriosa si no emerge con el alma intacta. Si esto es así, mantener activa y vigorosa la vida espiritual del individuo a la vez que la del grupo social, y su visión de la realidad inalterada por los enmarañados intereses y pasiones de la época, se convierte en una parte del verdadero patriotismo.

he visto el límite de todo lo perfecto (Salmo 118)

 

“He visto el límite de todo lo perfecto”, reza el salmo 118 y es lo que puede exclamar el corazón después de terminar la lectura del libro Resucitar del escritor francés Christian Bobin. No se trata de un texto fácil, al contrario, hay que raer la cáscara de la nuez, que al principio se hace un poco dura, para después degustar la dulzura del fruto. Su escritura es incatalogable, pues Bobin es capaz de mirar más allá de lo que se ve en cada una de las realidades cotidianas y contarlo como si de un milagro se tratara. Y es que precisamente esa es la resurrección –no volver a la vida, sino  abrirse a la Gracia invisible que late en cada realidad visible-.

Es un libro lleno de belleza, no solo por su estilo de sentencias o relatos cortos en tono poético, sino porque describe la maravilla de árboles, pájaros y personas de tal manera que el lector descubre la belleza que nos habita y que nos hace inmortales. Y le llama Dios.

Me enamoré de un petirrojo. Me miraba con insistencia, con sus pequeñas patas sólidamente plantadas en la rama de un árbol. Un Dios burlón brillaba en sus ojos, y parecía decirme: “¿Por qué intentas hacer algo con tu vida? Es bella cuando lo único que hace es alejarse, despreocupada de razones, de los proyectos y de las ideas”. No supe qué responderle.

El autor, no es un romántico, sino que a lo largo de toda su obra, denuncia la superficialidad y la mentira y acoge el dolor y la enfermedad con toda su crudeza, pero va más allá y se ejercita en percibir lo transcendente que se manifiesta a cada momento.

Las hojas caídas del tilo se ovillan lo mismo que el corazón se abraza al recuero de lo que ha perdido.

Este pequeño libro, habitado de pequeños fragmentos, no se puede leer de un tirón,  es para saborear poco a poco, como se degustan una a una las pastillas de un buen chocolate. Nos acercaremos a él no a partir de conceptos, ni de sentimientos, sino desde la línea de la mística  desde donde ha sido dibujado.

Mi mesa de trabajo está frente al abedul y el abedul está frente a Dios. Intento colocar mis palabras en esa línea que dibujan los tres.

“os defuntiños”

 

El escritor francés Christian Bobin, en su libro “Resucitar”, sobre la experiencia tras la muerte de su padre, escribe

Me incliné sobre la tumba de mi padre y apoyé la mano en la piedra fría. Unas nubes oscurecían el cielo. El sol apareció y posó su mano sobre la mía. Lo helado de la piedra me hablaba de la ausencia definitiva de mi padre y el calor del sol me hablaba de la dulzura siempre operante de su alma. Permanecí así solo unos pocos segundos, después me levanté y volví a la ciudad con una fuerza enorme en el corazón.

Podemos dejar de nadar, después del tiempo de duelo, en las aguas superficiales de la emoción y el sentimiento doloroso que conllevan la pérdida de un ser querido, y sumergirnos en las profundidades de la serenidad. No hay atajos, pero desde ese fondo sereno, podemos experimentar, como dice el autor anterior “signos de una resurrección anticipada, directamente en contacto con la vida”. Estos signos de vida resucitada llenan nuestro día de frutos y de color.

mirarse con asombro mutuo

 

Antes del tiempo de Navidad, se pasó por Armenteira nuestra amiga y escritora Mª Paz López Santos y aprovechamos su estancia entre nosotras para que nos hiciese una presentación “en mesa camilla”, de su nuevo libro Misión compartida ¿Unidos o hundidos? Laicos, monjes y pobres.

Como ella misma explica, una banqueta no se sostiene con dos patas, si no con tres, entonces, más allá de los dos grupos eclesiales -el de los laicos y el de los religiosos-, también existe un tercer colectivo cristiano, los invisibles y omnipresentes pobres. La estabilidad de esta banqueta -que es la iglesia-, depende de la síntesis experiencial de estas tres realidades, una síntesis que la autora empezó a “encarnar” hace once años  y que ahora nos relata de un modo  cercano y atrayente. Aunque nos cuenta  esta su aventura muy personal e integral entre el mundo laical, monástico y de los pobres, Mª Paz  se ha visto apoyada y acompañada –como oración continua que alienta la vida de los monjes y monjas-, por  su marido, Jesús Morente, hombre entrañable, dulce y de mirada límpida.

La obra aparece enmarcada en la sabiduría del monacato cisterciense del siglo XX, con una frase de T. Merton al inicio y otra del hermano Christophe del monasterio de Tibhirine (Argelia) que murió mártir en el año 1996. Y entre ambas  podemos escuchar directamente el texto

No tienes que hacer nada, solo estar. No te piden nada, tangible: ni tu dinero, ni tus ideas organizativas, ni siquiera tu bienintencionado trabajo. A lo mejor solo te están pidiendo que entres en esa realidad con respeto, en silencio, abriéndote al encuentro.

¿En qué realidad nos invita la autora a “entrar”? ¿En la vida monástica, en un hogar de acogida o a desplegarnos en lo cotidiano como personas cristianas? Quizás este libro nos quite miedos y barreras para mirarnos a los ojos con asombro mutuo y saborear en comunión el mensaje de Jesús. Seguro, que así su sabor, es tan dulce como el  de la granada que ilustra la portada de esta “jugosa” obra.

filocalía de los padres népticos

filocalia

Acaba de ser publicado el tomo primero de una nueva versión en castellano, de la Filocalía, por la editorial Monte Casino, perteneciente a la Comunidad de Benedictinas de Zamora. El libro ha sido introducido y traducido por el padre cistericense Juan María de la Torre, de Oseira (Ourense). Arduo trabajo de gran conocimiento de la Patrística, del griego antiguo y de exégesis bíblica, junto con mucha paciencia y dedicación y cariño hacia la realidad monástica.

La obra titulada “Filocalía de los padres népticos”, será presentada por la hermana Paula Téllez, de nuestro monasterio y tendrá lugar en Pontevedra el día 14 de este mes, a las 20,00 h, en la “Casa das Campás”.

Filocalía significa amor a la belleza, y es que para los habitantes  del desierto de Egipto (s IV) – en un primer momento-, y para los monjes del monte Athos (Grecia) – diez siglos después (s XIV)-, la práctica del silencio de la mente y del corazón – para los primeros-, y  la oración de Jesús -para los segundos-, era fundamental para alcanzar lo más bello y lo más bueno: la unión con la Belleza divina e increada o el amor de Dios como fuente de todas las cosas bellas.

Nos encontramos en las mismas raíces del monacato cristiano, cuando ermitaños y anacoretas, poblaban los desiertos de Egipto, Siria, Palestina y la península del Sinaí. Aquí nació la gran desconocida tradición hesicasta, es decir, la oración basada en el silencio y acompañada de la respiración. Sí, parece que esto es más propio de la sabiduría Zen que del cristianismo, pero al principio no fue así, de hecho, el Zen se inicia en China cuando la gran era de los Padres del Desierto se aproximaba a su fin en Egipto.

¿A ver si adivinas a quién pertenecen estos textos, a los padres de la Filocalía o autores actuales?

Fijos en las palabras escuetas de la ora­ción y únicamente en ellas; no admiten nada más, ni del exterior ni del interior, para mantener así la mente absolutamente sin forma y límpida.

La sobriedad solo puede venir de dentro.

No te figures la divinidad en tu oración y no permitas a tu mente que reciba la impronta de cualquier forma, sino permanece inmaterial en presencia de lo inmaterial; y entonces comprenderás.

Si quieres saber el resultado, anímate a venir a su presentación. Seguro que huele muy bien,mmm…, entre tanto jabón de Navidad ¡¡

san simón y san judas: encuentro “chispeante” con la palabra

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En esta fiesta de San Simón y San Judas, una hermana nos comparte su vivencia de encuentro “chispeante” con la Palabra:

Me ha resonado especialmente la lectura de la carta a los Efesios cuando San Pablo les dice

Ya no sois extranjeros… sino de la familia de Dios, de la casa de Dios, cuya piedra angular es Jesús.

Un artículo de la revista Reseña Bíblica explica la importancia del vínculo de sangre o étnico para dar identidad y derechos a los ciudadanos, que en relación con el pasaje a los Efesios antes mencionado, me ha vuelto a sorprender y conmover la personalidad de Jesús que rompe esquemas, y supera todo concepto de religión familiar y religión política.

Estaba rumiando sobre ello cuando me ha pasado una cosa increíble. He ido al escritorio a buscar algo que necesitaba, y he visto en una mesa un libro titulado “Jesús en directo”, de Jean Onimus, sin saber por qué, quizá porque el tema era Jesús, lo he cogido, lo he abierto al azar y me veo conmocionada por lo que leo

Jesús no instituyó un culto, sino que hizo algo más: predicó un nuevo ser, un nuevo nacimiento,

y sigue más adelante…una revolución afecta a las estructuras exteriores, sin embargo

Una conversión es algo más radical: es un cambio en el comportamiento y la afectividad de un individuo que arrastra con su ejemplo a otras personas hasta transformar la sociedad.

Estas palabras inesperadas me han dado la clave de la Lectio de hoy. Esta es la experiencia clave de los seguidores de Jesús, esta debe ser nuestra experiencia, y en concreto fue la de los apóstoles que Jesús designó. En concreto, la experiencia de hoy de Simón el zelote. Un revolucionario, defensor de su raza, de sus costumbres, de su religión, en lucha violenta contra el invasor romano. El sentido de su vida estaba en la revolución. Pero el encuentro con Jesús le cambia radicalmente, renace, toda su perspectiva cambia, se produce la conversión de la que hablaba Jean Onimus, nace a una nueva comprensión de la historia y de la realidad concreta de su tiempo, se abre a nuevos valores, a ese ideal de amor que Jesús le presenta, donde ya no hay barreras étnicas, ni de clase, ni de religión, pues todos pertenecemos a la casa de Dios.

Me ha brotado espontáneamente una oración

Señor Jesús, restáurame, que brille tu rostro y pueda renacer de nuevo desde lo más profundo de mi ser

pequeñas flores blancas de esperanza

N. Buxton

 

 

Ya en el ecuador de la Cuaresma, es un buen momento para compartir el libro de Nicholas Buxton, “El silencio interior. Práctica de la meditación cristiana”, de Ediciones Sígueme, que nos está acompañando en la Liturgia cuaresmal.

El autor es sacerdote de la Confesión anglicana y doctor en filosofía budista por la Universidad de Cambridge. Nació en Singapur y creció en Londres, siendo además un experimentado maestro de meditación. Hunde sus raíces en la más pura tradición del monacato primitivo cristiano e utiliza el evangelio para iluminar sus reflexiones sobre el camino de la oración, para ir hacia el Padre, como Jesús lo hizo.

La oración es un camino de humildad profunda  -escribe N. Buxton-, y nos comunica, desde su propia experiencia, este itinerario fascinante de aguardar a Dios en silencio.

 Dios está “en los secreto” (Mt 6,6), morando “en el interior”, oculto a nosotros. Dios es una verdad cuya forma resulta desconocida, cuya naturaleza es el sosiego, la paz y la calma (…) Dios actúa en lo secreto, es decir, no siempre descubrimos el impacto de Dios en nuestra vida. No siempre sabemos si nuestras oraciones han sido escuchadas o cuándo. Desconocemos cuántos milagros tienen lugar cada día a nuestro alrededor.

Sumerjámonos en este tiempo favorable de Cuaresma para ver la Presencia de Dios en todos los milagros y señales que ocurren en nuestra vida cotidiana…, como las pequeñas flores de esperanza.

sermones de adviento de san bernardo

jabones navidad

 

 

Luna llena. Estos días la luna llena nos introduce en el tiempo de Adviento, acompañada de las lecturas con tono apocalíptico, que la liturgia refiere como preámbulo a estas cuatro semanas de preparación para el advenimiento del  Señor: habrá signos  en el sol y la luna y las estrellas (Lc 21, 25-28) El mismo evangelio de Lucas durante esta semana sonaba tremendamente actual , al profetizar calamidades en el universo, que más que una profecía es un cumplimiento, por la angustia que se  está viviendo ante los últimos acontecimientos.

Pero este género literario apocalíptico, que vaticina el fin del mundo, no es utilizado en el NT con un objetivo temerario, sino todo lo contrario- aunque hoy en día nos cueste conectar con su modo de expresión-, lo que quiere despertar es la esperanza y la liberación.

Una esperanza y una liberación que no tenemos que buscarla en la realidad exterior, sino en nuestro interior, porque como dice San Bernardo,

El adviento no es una llegada de quien ya está presente; es la aparición de quien permanece oculto

En su IIIº Sermón de Adviento, el abad de Claraval nos insta a mirar hacia el corazón. Sí el Señor viene, pero no desde fuera, hay que descubrirlo cada cual en su interior y a ello nos ayuda el contacto asiduo con las Escrituras, según nos lo relata en el Vº Sermón del mismo tiempo,

Guarda así la Palabra de Dios (…) Métela en las entrañas de tu alma; que la asimilen tus afectos y tus costumbres (…) Si guardas así la Palabra de Dios, ella te guardará a ti sin duda alguna.

Algo muy parecido anotaba en su diario la mística judía Etty Hillesum, refiriéndose a las sabias palabras de su maestro, que para ella eran como palabra de Dios,

…si uno viviese realmente dejando que estas pocas palabras penetraran en su carne y en su sangre, se convertiría en un ser humano diferente.

¡Ah¡ ya están listos nuestros jabones de glicerina para Navidad, recién salidos del horno, ñam, ñam, …

 

thomas merton, un escritor “oceánico y omnívoro”

Eurisaces

 

El pasado Martes, 27 de octubre tuvo lugar la presentación del Libro “Ocultarse en una hoguera”, sobre los Diarios del monje-escritor Thomas Merton (1915-1968). En el evento participaron el editor, Javier González Lamelas; el autor, Ramón Cao Martínez y la hna Paula Téllez González, encargada de presentar el texto. El acto se desarrolló en un agradable espacio, mezcla de cafetería y local para eventos culturales, en la ciudad de Orense.

Mientras los asistentes iban ocupando sus sillas, pudieron disfrutar de un montaje visual sobre la vida de Merton, preparado cuidadosamente por Ibán Cao, con jazz y gregoriano de fondo –el monje trapense era un enamorado del jazz-. La presentación de la hermana Paula fue discurriendo en un tono vital y monástico, comparando el texto con un pequeño claustro y sus cuatro alas, que correspondían a las cuatro partes del libro. Después, se entabló un breve diálogo entre los dos “embrujados” por Merton, el profesor y autor, Ramón Cao y la hna Paula, que compartieron su jugosa experiencia y conexión con los textos del trapense y “maestro de la atención”. Se terminó escuchando la voz del propio Merton en la única grabación de vídeo que existe de él, pocas horas antes de morir accidentalmente en Bangkok. A la calidez del ambiente contribuyeron la soprano Ilduara Perianes y el maestro Ángel Losada, al piano, interpretando  a Bach y Schumann.

Un lenguaje fluido, un trato elegante y fino de los textos diarísticos de Merton, la ubicación de los mismos en la vida del cisterciense, hacen que la voz del monje sea escuchada de una forma contextualizada e íntegra y se perciba como verdadera.

Thomas Merton, según lo califica el maestro Ramón Cao fue un lector “oceánico y omnívoro”, pero también un escritor de la misma índole que dice de sí mismo

Por lo que a mí respecta, siempre he deseado escribir acerca de todo. No hablo de escribir un libro que lo abarque todo -tarea por lo demás imposible-, sino de un libro en el que todo tenga cabida. Un libro con algo de todo aquello que surge por sí mismo de todo. Que tenga vida propia. Un libro digno de fe. De hecho, ya no lo considero un “libro”  (Diario, 17 de julio de 1956).

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