visita “express” de los estudiantes cistercienses

 

Hace tres días, que el grupo de estudiantes de nuestra Orden, que está realizando su apretado programa de estudios en el monasterio de Sobrado dos Monxes (La Coruña), nos visitó durante algo más de dos horas.

Era su día de salida cultural, que incluía paseo por los hórreos de Combarro (Pontevedra), comida en Armenteira, visita a la catedral de Santiago de Compostela y Vísperas, con cena incluida, en el monasterio benedictino de San  Pelayo. Una jornada muy completa que entre Teología, Sagrada Escritura y demás asignaturas, el hecho de romper la rutina, les ayudó a fijar los conocimientos adquiridos.

 

 

Tuvimos que comer en el claustro, pues nuestro pequeño cenobio se vio un tanto sobrepasado por el número de comensales. Después de rezar Sexta, cada cual tuvo que coger su silla del oratorio y llevársela a la mesa, si quería comer sentado. Y luego devolverla al lugar de oración, claro. Nada más levantarnos del sencillo banquete, disfrutamos de una visita “express” del monasterio y de la iglesia de Armenteira.

Llenaron el claustro de juventud, agradecimiento y alegría y nosotras disfrutamos de un encuentro festivo, incluso con anterioridad, cuando preparamos todo el cotarro.

 

 

Ahora, queridos estudiantes, ¡a empollar!

un “pouquiño” de silencio

 

Estos días hemos tenido con nosotras un grupo de formadores de los colegios de los Maristas del Norte de España y Portugal. Acompañados por los hermanos maristas Nacho y Román, han participado en un encuentro de dos días, durante los cuales han podido contactar un “pouquiño” con el silencio y trabajar la interioridad.

Dentro de la dinámica de las jornadas, pudieron compartir un espacio con la hna Paula que les habló del monacato y de su propia experiencia personal; participaron en la liturgia de la comunidad, con el rezo de la salmodia y también tuvieron un rato de trabajo manual en silencio. Durante este tiempo de tarea, estuvieron montando cajas de jabones, solo se oía el sonido del trabajo, el crick-crack de los cartones de las cajas. Así pudieron experimentar el equilibrio tan benedictino del “ora et labora”.

Despertados a la sed del silencio, ahora les toca en su labor de formación de niños y jóvenes  cuidar la palabra y que ésta brote de su interior y autenticidad.

Hoy, en el día de la Ascensión les recordamos con cariño y que ellos y todos nosotros vivamos en “el cielo que somos”.

acercándonos a la trascendencia

 

Sobraban las palabras y también el silencio, apenas había preguntas qué hacer y las respuestas se las llevaba el aire, porque lo que sí se podía percibir, era la presencia pura de D. José Manuel Domínguez y Dña. Pilar Prieto. Él es da “terra das Burgas” (Orense) y ella de Zaragoza; llevan casados 56 años y como ellos mismos dicen: unidos el Apóstol Santiago y la Virgen del Pilar.

Su matrimonio ha sido una peregrinación al corazón, alimentando la fe cada día con la eucaristía, la oración y la paciencia mutua. Una de las etapas más difíciles de su andadura fue cuando murió su hijo Pablo Domínguez, sacerdote y Decano  de la Facultad de Teología de San Dámaso (Madrid), mientras descendía el Moncayo, el 15 de febrero de 2009.  Aunque fue una cruz grande, sin embargo, sus rostros llenos de luz, nos transmiten el rostro del Resucitado. La herida no se cierra, pero ellos  hablan de que la presencia de su hijo, les ayuda a “mirar más para arriba”  y a que esa mirada sea más llena de felicidad, humildad y sencillez.

Están pasando unos días en la hospedería junto a su familia y mientras D. Jose Manuel goza con la expresividad de la salmodia –como él, que es pura expresividad-, Dña Pilar, con la autoridad y la sabiduría que le otorgan la profunda experiencia de casados,  dice a los jóvenes matrimonios, que vayan encajando las cosas durante toda la vida, pues cada época tiene lo suyo, pero si se tiene clara la meta –aunque los caminos sean distintos-, al final se puede compartir una sonrisa como la de ellos.

¡Gracias, José Manuel y Pilar, compartir un breve encuentro con vosotros ha sido la antesala del cielo!

como el grano de mostaza o la levadura en la masa …

 

A las puertas de celebrar al Apóstol Santiago, hemos terminado las jornadas monásticas, donde las participantes  – y el participante-, han podido compartir la vida de las monjas durante tres días.

Hemos trabajado y  orado la Liturgia de las Horas juntas, también hubo momentos de oración silenciosa en contacto con la Naturaleza, y charlas impartidas por algunas hermanas, sobre distintos valores del monacato.

 

 

 

Como la maternidad, la vida espiritual abre el apetito, así que comieron abundantemente y también durmieron bien, pues el ritmo monástico,  no es  estresante, pero sí intenso. Han sido unos días como el grano de mostaza o la levadura en la masa, es decir, pequeñas dosis de espiritualidad, pero muy potentes, que ahora hay que dejar crecer y fermentar en el entorno de cada cual.

 

¡Os deseamos un día de Santiago “cheo de ledicia” (lleno de alegría)¡… como han sido estas jornadas de sonrisa permanente

 

día tras día te bendeciré señor (sal 144)

 

Os recordamos la convocatoria para una experiencia monástica de tres días con nosotras que tendrá lugar los días 21 al 23 de Julio. Andrés Esteban Colmenarejo, párroco de Miraflores de la Sierra (Madrid), se ha adelantado, pues ha pasado unos días en nuestra hospedería, que frecuenta desde hace cinco años.

Andrés, en su ya dilatada vida sacerdotal –lleva once años de sacerdote-, siente que, la oración y la eucaristía hacen un buen “cóctel”, junto con el contacto con la Naturaleza, así que un paseíto mañanero por la ruta da “Pedra e da Auga”, y la participación en la liturgia monástica, le esponjan el corazón y le llenan de vitalidad y alegría.

La verdad es que este joven  de 38 años, derrocha esa vitalidad y esa energía que dan la fe y el contacto misericordioso con la gente. Andrés es un maestro en la escucha y en la atención a la persona que tiene delante. Tiene muy claro que no es un burócrata y que la Iglesia, en la actualidad, en España, debería pasar, en muchos casos, de prácticamente solo administrar sacramentos a ser una Iglesia en misión. “Ser creativos y tener mucha actividad en la parroquia no llega”, dice, “hay que transmitir la fe de tú a tú”.

Este cura de pueblo se siente muy bien en su propia piel, vive con los ojos abiertos  a la presencia de Dios en cada ser humano y sabe contemplar  la belleza que hay en lo cotidiano.Esa belleza es el misterio de Cristo ante el que claudican la razón y las palabras según San Bernardo en el Sermón 1º sobre la Anunciación del Señor

Hermanos nos hallamos ante un gran misterio que merece toda nuestra atención, aunque desborda nuestro entendimiento y nuestras palabras.

Si quieres saborear algo de ese Misterio y transparentar una sonrisa como la de nuestro amigo Andrés, no te pierdas los tres días de experiencia monástica ¡¡

con la buena gente de ourense

 

Este fin de semana pasado, ha sido “moi ourensá” (muy orensano), pues estuvieron en nuestra casa un grupo nutrido de personas pertenecientes a las parroquias de San Pío X de Orense, San Ildefonso de San Cibrao das Viñas y Santo André de Rante , realizando un retiro de Cuaresma, de silencio y oración. Y además, dos de nuestras hermanas fueron -el día de San José-, al Monasterio Cisterciense de Oseria (Orense), a la profesión solemne del monje, Armando Lima Oliveira.

Cuenta una antigua leyenda que a San Pacomio (s IV) –monje fundador del cenobitismo en Egipto- los cocodrilos le ofrecían sus lomos para que cruzase el río Nilo. ¿Qué nos quiere transmitir esta simpática anécdota? Que ya los primeros moradores del desierto, vivían integrados en la Creación, en absoluta armonía con su entorno; conectados con el Creador, a través de la oración y el  trabajo manual. Esta puede ser la síntesis de la encíclica papal Laudato Si´, sobre la ecología, y que el grupo interparroquial orensano eligió como tema de su retiro. Y de cara a la Semana Santa, meditaron sobre sencillas cruces naturales, fabricadas por ellos mismos, que permanecieron en los alrededores del monasterio.

 

 

 

Nuestro hermano Armando, natural de Viana do Castelo (Portugal), ha dado el paso de ser profeso solemne, para vivir en profundidad el camino cisterciense en su comunidad de Oseira. Aunque litúrgicamente era el tercer Domingo de Cuaresma, durante toda la ceremonia, la capilla estuvo  iluminada por la luz tabórica de la Transfiguración.

 

 

 

Y en el momento de la consagración, el haz de luz, incidió con fuerza sobre el altar y al terminar la comunión, se retiró a otra zona de la estancia. El nuevo profeso pidió primero pertenecer a la Orden del Císter, escuchó postrado en el suelo la oración de las letanías

 

 

 

y tras leer y firmar en el altar la cédula de profesión, fue bendecido por el superior D. Alfonso Lora. Finalmente recibió su cogulla de monje, para ocupar su sitio, entre sus hermanos, en el coro.

 

 

¡¡¡ muchas felicidades, armando, y ya sabes,… a volar con esas anchas mangas !!!

¡inmersión! en el evangelio de San Mateo

 

Durante esta semana que hoy termina, hemos disfrutado de la presencia serena y profundamente monástica del padre José Luis Monge, de la comunidad cisterciense de Viaceli, en la localidad de Cóbreces (Cantabria). José Luis es monje por naturaleza humana –se apellida “monje” con “g”- y por naturaleza divina –transmite una gran estima por las Escrituras y la oración silenciosa y litúrgica-.

Hemos podido recorrer – llevadas de su sabiduría exegética-, el evangelio de San Mateo, que es el que escucharemos a lo largo de este año litúrgico del Ciclo A. Se trata del evangelio más comunitario, dirigido a una comunidad procedente del judaísmo. Estos judíos, convertidos al  cristianismo, conocían muy bien la Ley de Moisés -los cinco libros del Pentateuco-, por eso Mateo estructura su texto en cinco discursos como réplica de la Ley mosaica.

Justamente este Domingo, en un largo relato, nos viene a decir el evangelista (Mt 5, 17-37), que Jesús es más que la Ley; que ha venido a nosotros para que fijándonos en Él, no nos quedemos en la superficie de la realidad, sino que descubramos la plenitud dentro de nosotras y cultivemos la interioridad y el amor incondicional.

Esto es imposible, sino partimos de la experiencia de que Dios está con nosotros, de que está en medio de nosotros -“cuando dos o más se reúnen en su nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”-. Así comienza y termina Mateo, con el Enmanuelle -Dios  con nosotros- y con que Dios estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)

¡¡Gracias, Jose Luis, ahora nos toca avivar la llama de la fe cada día con una sonrisa¡!Seguro que San Mateo era muy risueño…

adiós a enero con música y poesía

 

Nos despedimos de este gélido mes de Enero, con la música del coro Canta Compaña de La Coruña que estuvo trabajando este fin de semana en nuestra hospedería, preparando el repertorio del nuevo año. Tuvieron la amabilidad de deleitarnos con sus voces melodiosas en un jugoso y variado recital. Empezaron con un estreno en georgiano, para continuar con canciones portuguesas y dos piezas del compositor Julio Domínguez de Puenteareas (Pontevedra), entre otras. Una obra terminaba con un esplendoroso ¡Amén, Aleluya! y los tres iconos de la capilla abrieron sus bocas para acompañar al unísono, al afinado coro, en ese apoteósico final.

Hoy celebramos a dos personajes emblemáticos para el cristianismo: litúrgicamente, la Iglesia conmemora al alegre y jovial San Juan Bosco – fundador de los Salesianos-, y también es el aniversario del nacimiento de nuestro monje cisterciense de Getsemaní, Thomas Merton. Se juntan dos gigantes de la espiritualidad, el primero lleno de ternura, que con un “celo infatigable y un amor ardiente”, sacó adelante su inspiración más profunda de hacer de los jóvenes “buenos cristianos y honrados ciudadanos”; y el segundo, profeta a tiempo y a destiempo, dejándonos numerosos escritos de una profunda sabiduría cristiana. Seguro que Cistercienses y Salesianos tenemos mucho que compartir….,¡a descubrirlo¡

Llega el final de Enero y, así  lo expresa en un abreviado y bello poema, nuestro amigo en el silencio, Rafael Redondo

Se apoderó de mí por siempre.

Un amor más intenso

que el que mi frágil cuerpo

podía resistir.

Crepúsculo de Enero.

mirarse con asombro mutuo

 

Antes del tiempo de Navidad, se pasó por Armenteira nuestra amiga y escritora Mª Paz López Santos y aprovechamos su estancia entre nosotras para que nos hiciese una presentación “en mesa camilla”, de su nuevo libro Misión compartida ¿Unidos o hundidos? Laicos, monjes y pobres.

Como ella misma explica, una banqueta no se sostiene con dos patas, si no con tres, entonces, más allá de los dos grupos eclesiales -el de los laicos y el de los religiosos-, también existe un tercer colectivo cristiano, los invisibles y omnipresentes pobres. La estabilidad de esta banqueta -que es la iglesia-, depende de la síntesis experiencial de estas tres realidades, una síntesis que la autora empezó a “encarnar” hace once años  y que ahora nos relata de un modo  cercano y atrayente. Aunque nos cuenta  esta su aventura muy personal e integral entre el mundo laical, monástico y de los pobres, Mª Paz  se ha visto apoyada y acompañada –como oración continua que alienta la vida de los monjes y monjas-, por  su marido, Jesús Morente, hombre entrañable, dulce y de mirada límpida.

La obra aparece enmarcada en la sabiduría del monacato cisterciense del siglo XX, con una frase de T. Merton al inicio y otra del hermano Christophe del monasterio de Tibhirine (Argelia) que murió mártir en el año 1996. Y entre ambas  podemos escuchar directamente el texto

No tienes que hacer nada, solo estar. No te piden nada, tangible: ni tu dinero, ni tus ideas organizativas, ni siquiera tu bienintencionado trabajo. A lo mejor solo te están pidiendo que entres en esa realidad con respeto, en silencio, abriéndote al encuentro.

¿En qué realidad nos invita la autora a “entrar”? ¿En la vida monástica, en un hogar de acogida o a desplegarnos en lo cotidiano como personas cristianas? Quizás este libro nos quite miedos y barreras para mirarnos a los ojos con asombro mutuo y saborear en comunión el mensaje de Jesús. Seguro, que así su sabor, es tan dulce como el  de la granada que ilustra la portada de esta “jugosa” obra.

transparentando a thomas merton

curso-cao

 

A las 16,30 h empezamos el curso con Merton. Así  anunciaba proféticamente Ana, nuestra superiora, que íbamos a disfrutar de la sabiduría de Thomas Merton  y de su espíritu, a través de nuestro amigo y sabio profesor, Ramón Cao Martínez. Ramón, tiene el don de hacerse transparente, dejarse traspasar por la persona de Tom y comunicarnos las reflexiones del monje de Getsemaní  – en esta ocasión sobre la muerte-, iluminadas por su amplio saber literario y  su exquisito conocimiento de la trayectoria vital del trapense.

Aparentemente, el tema es un poco tétrico, pero solo en apariencia, pues compartir comunitariamente sobre la muerte, nos ayuda a vivir. Así de simple y real, en un solo verso nos lo sintetiza el poeta y maestro zen, Rafael Redondo

No te mueras sin vivir, no vivas sin morir

Para Tom, como cordialmente llama Ramón Cao a Merton, la muerte no viene de fuera, no es un acto pasivo, sino un acto de plena consciencia y analiza lúcidamente que significa que sea el “fin de la vida”,  no entendido éste como terminación, ruptura o acabamiento de la existencia, sino como su meta u objetivo. Así termina el ensayo del cisterciense que comentamos sobre la muerte

La muerte conduce a la vida a su meta. Pero la meta no es la muerte, la meta  es la vida perfecta.

El biófilo -amante de la vida- maestro Ramón contaba con una alumna aventajada, su mujer Teresa, que también participó como una hermana más en las jornadas. Y el dorado  de las hojas, en esta semana tan mertoniana, vino acompañado por nuestras amigas de Madrid –Mercedes, Mª Carmen y Dorita-, que también en su transparente presencia, nos ayudaron a envolver jabón,  participaron en la liturgia y disfrutaron de sus acostumbrados paseos otoñales por la ruta de los molinos.

 

los-3-angeles

 

Los pasajes evangélicos de estos últimos días del año litúrgico, con su tono apocalíptico, el campanario  tocando a muerto alguna tarde y, la lluvia y la niebla envolviendo la piedra del monasterio, crearon una atmósfera apropiada, solo nos faltó que se apareciera la “Santa Compaña”, que algunas noches deambula por el cenobio.

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