jornadas monásticas 2019: ora et labora et lege

 

 

La vida espiritual da mucha hambre, y sino que se lo pregunten a las participantes de las Jornadas Monásticas que han tenido lugar en nuestro monasterio, este primer fin de semana de Julio.

Las labores en el campo, tales como recoger y partir leña, limpiar el musgo del claustro, o sacar las malas hierbas del jardín, equilibraron el horario monástico, pero también abrieron el apetito. Y no solo el trabajo manual al aire libre, sino que la lectio divina, la oración y liturgia, así como las charlas impartidas por las hermanas, despertaron la sed interior o el anhelo de Dios, que todos llevamos dentro.

A esto hay que añadir, el buen tono del grupo, y la intensidad espiritual, que como dijo una participante: estos días han sido como un “concentrado monástico”.

 

 

Todo lo experimentado y aprendido en estas Jornadas irá dando su fruto durante la vida. Es algo que no se puede explicar con palabras, pues éstas se quedan cortas. Mejor lo expresan el silencio, que surge de la práctica de la lectio; o la danza, acompasada por las ramas de los árboles  y el canto “do paxariño de San Ero”; o el diseño,  que brotó de lo más hondo y personal  de cada una para compartir lo que significó “mi encuentro con Armenteira”.

 

 

 

La piedra del suelo de la parte derecha de la foto está muy limpia, pero si te fijas bien, aún falta  el rincón de la izquierda del claustro, que tiene un tono amarillento. ¿Quién se anima a terminar la tarea en las próximas Jornadas Monásticas? ¡Te esperamos¡

 

¡¡FELIZ CELEBRACIÓN DE SAN BENITO QUE ES ESTE JUEVES DÍA 11 DE JULIO ¡¡

“lectura a lo divino” y jornadas monásticas

 

Hace muchos siglos, que los cristianos llevamos practicando un método de lectura de la Sagrada Escritura, que se llama Lectio divina. Cómo habrás adivinado está escrito en latín y se podría traducir por: “Lectura a lo divino” o en galego, “lectura ao xeito divino” . Con el  paso de los años, este método de acercamiento a la Palabra, quedó relegada a los monasterios, pero es un tesoro de toda la Iglesia.

A continuación tienes una guía práctica de la Lectio Divina. Puedes empezar por el evangelio del día y si quieres profundizar sobre el tema, no te pierdas las Jornadas Monásticas que tenemos del 4 al 7 de Julio.

  • Busca un lugar recogido, una mesa y una silla. Coge la Biblia y una libreta y un bolígrafo. Puedes encender una vela y acompañarte de un icono, pero nada más, no cojas ningún comentario al Evangelio.
  • Dispón de un tiempo de tranquilidad, veinte o treinta minutos sin interrupciones; apaga el móvil.
  • Respira profundamente dos o tres veces y toma consciencia de tu cuerpo. ¿Me duele algo? ¿Noto alguna tensión muscular? ¿Qué estoy sintiendo ahora? Anótalo.
  • Busca la cita del evangelio del día en la Biblia y haz una primera lectura seguida del texto (Lectio). ¿Qué dice el texto? ¿Qué personajes hay? ¿Sobre qué hablan? ¿Qué hacen? ¿Dónde se desarrolla la escena? ¿Qué ocurre? Cuéntate a ti misma lo que acabas de leer.
  • Realiza una segunda lectura, pero esta vez mu-y, mu-y des-pa-ci-o. Parándote en cada palabra y en cada silencio entre palabras. Puedes incluso ir tan lenta que vayas “respirando” cada sílaba. Esta lectura pausada es lo nuclear de la lectio, no tengas prisa. Aunque solo hagas esto en tu tiempo de lectio, ya es maravilloso.
  • Si alguna de estas palabras te llama la atención, interrumpe tu lectura y repítela varias veces- incluso en voz alta-, dejándote afectar por ella, descansa en ella.
  • Cuando veas que la “rumia” de esa palabra concreta no da más de sí, continúa tu lectura hasta que otra palabra sobresalga del texto y te sientas “tocada” por ella.
  • No te preocupes si se trata de preposiciones o conjunciones o palabras que sueltas no tienen ningún sentido, en este ejercicio, tú no lees, es el Evangelio el que lee tu corazón. Puedes copiar estas palabras, casi dibujarlas, en tu libreta.
  • ¿Qué te dice el texto? ¿Qué te descubre dentro de ti? ¿Saca a la luz algo que te ha ocurrido recientemente? Escríbelo.(Meditatio)
  • ¿Qué le digo yo al texto? ¿Cuál es mi resonancia interior? ¿Puedo nombrar algún sentimiento o emoción? Escríbelo.(Oratio)
  • Permanezco sentada en silencio y si mi imaginación se dispersa o me duermo, vuelvo a algunas de las palabras clave acompañándolas de la respiración. Ahora no tienes nada que escribir, sino solo dejar que la Palabra “escriba” en tu jornada. (Contemplatio)

 

¡¡¡¡ Déjate sorprender por Jesús, a través de su  Persona y Palabra  ¡¡¡

horarios semana santa 2019

 

Durante esta semana de Pasión que antecede a los días de Semana Santa, hemos estado escuchando el capítulo octavo del evangelio de San Juan. Es muy recomendable una lectura continuada en la que sobresale un Jesús discutidor y que provoca la controversia con los letrados y fariseos en el templo de Jerusalén (Jn 8, 12-59).

No deja de llamar la atención como el Maestro de Nazaret gasta sus últimos cartuchos en querer abrirles los ojos a los jerarcas judíos. No cura enfermos, ni limpia leprosos, cierto que resucitará a Lázaro, pero quitando este signo de vida, toda su energía se vuelca en los sacerdotes del templo, en hacerles ver su unión con el Padre. Unos creen, otros buscan apedrearle y ante ello, Jesús se retira a un sitio tranquilo con sus discípulos (Jn 11, 45-56).

A partir de aquí entra en un silencio profundo para vivir su Pasión, Muerte y Resurrección. No quiere decir que no hable, sino que los acontecimientos que se desarrollarán de un modo visible,serán  llevados por el misterio y la interioridad de lo Invisible.

Nos preparamos para entrar de lleno en la Semana Santa de este año. Y lo hacemos como nos invita San Bernardo con espíritu ferviente, con sentidos despiertos, con afectos sobrios y una conciencia limpia. Nos presentamos así para vivir unos días de misericordia y gracia, para abrirnos a  los misterios de este tiempo, de modo que no sean estériles en nosotras.

Decir que las fiestas pascuales son el centro del Año Litúrgico no es decir bastante. Son también el hogar en el que todo converge, así como la fuente de la que todo dimana (Louis Bouyer)

 

Domingo de Ramos (14 Abril 2019)              EUCARISTÍA                  11,00h

Jueves Santo (18 Abril 2019)                           EUCARISTÍA                        18,15 h

Viernes Santo (19 Abril 2019)                          OFICIO DE LA CRUZ           17,00 h

Sábado Santo   (20 Abril 2019)                         VIGILIA PASCUAL              22,00 h

cuaresma: hacia el encuentro con el resucitado

 

En el Sermón introductorio del Salmo 90, sobre la Cuaresma, San Bernardo comienza solemnemente: Considero laborem vestrum… (Tengo en cuenta vuestro trabajo). ¿A qué trabajo se refiere? Obviamente al  esfuerzo cuaresmal. Cuando el tiempo de Cuaresma se fue consolidando en la Iglesia primitiva como preparación para la Pascua, el cariz primordial, era el de preparar a los catecúmenos para el Bautismo en la celebración de la Vigilia Pascual y junto con ello, también un carácter de penitencia. Los penitentes se preparaban para recibir el perdón el día de Jueves Santo. Con el transcurrir de los siglos, este aspecto penitencial cobró más relevancia que el bautismal, y es el que ha llegado hasta nuestros días.

Con todo, no perdamos el hilo del esfuerzo cuaresmal, que nos lleva a “orientarnos a las cosas de Dios, como en otro tiempo los israelitas fueron instruidos en el desierto” (Eusebio de Cesarea, s IV) Y no me refiero tanto a las prácticas de la oración, el ayuno y la limosna, como al trabajo interior, que supone la evolución de nuestro yo más íntimo, en la soledad, abocado a su transformación con Cristo.

De nuevo el abad de Claraval

el peregrino, si es prudente y no olvida su peregrinación, sigue su camino, aunque sea con esfuerzo, y no se entretiene en las cosas del mundo (Sermón Cuaresma 6,3).

San Bernardo concibe la Cuaresma como una peregrinación, nos situamos en la teología del esfuerzo, pero sin olvidar la Gracia. Gracia que San Pablo nos exhorta en la liturgia de hoy, Miércoles de Ceniza,a no echar al vacío (2 Cor 6, 1-2), sino aprovecharla para vivir este tiempo de salvación, este tiempo de aceptación.

El polvo negro ha volado desde mi frente hacia los pliegues de mi cogulla blanca:que esta ceniza que veré en cada inclinación del Gloria durante el Oficio Divino de esta Cuaresma, me recuerde que soy terrena, pero que mi esencia es inmortal.

en el desierto,respirar el perfume de la vida

 

En el desierto, respirar el perfume de la vida, fue el  tema que el padre Carlos María Antunes, desarrolló durante la semana pasada, en la que pudimos disfrutar de su presencia y sabiduría. Este monje de Sobrado dos Monxes (La Coruña), es natural de Portugal y ha publicado varios libros en su idioma. En castellano está traducida su obra Solo el pobre se hace pan.

Nos fue hablando, desde su experiencia de desierto, del encuentro íntimo con Jesús en la soledad. Esa soledad que a veces nos aplasta y encapsula todo nuestro cuerpo desde los pies, pero que si desde la experiencia de la fe, somos capaces de atravesarla y permanecer en el dolor que nos produce, se convertirá en la puerta hacia una realidad secreta que nos espera, la misericordia de Dios.

Todas tenemos experiencia de no saber resolver y de perdernos en el absurdo y el abismal vacío de nuestro interior que, en ocasiones se nos presenta. Sin embargo, y alejado de todo pronóstico, esa fractura interna –o incluso a veces socavón-, que aparece de forma recurrente  ante nosotras, no es para caer en él, sino para darnos cuenta de que podemos volar. La dificultad que nos venga en la vida, por muy grande que sea, no es para hundirnos, sino para tomar consciencia de que tenemos alas y de que podemos acceder a la sabiduría, la fe y la madurez que nos presenta, si permanecemos en esa soledad y no huimos de ella. Esta actitud no tiene nada de dolorista, ni de masoquismo, sino que como Jesús, en noches de silencio y oración, en intimidad con el Padre, damos espacio a que acontezca dentro de nosotras, por muy desagradable que nos resulte. Orando el “hágase tu voluntad”, la soledad nos comunicará su potencialidad y riqueza. Y podremos experimentar a Dios como un perfume, que nos señala la invisibilidad de su Presencia. Un perfume que derrocha misericordia al pronunciar el nombre de Jesús, como dice el Cantar de los cantares

Tu nombre es aroma que se expande (Cant 1, 3)

en una soledad que no es vacío…

 

En  una soledad que no es vacío, sino presencia de Dios y plenitud…., así reza un himno que cantamos hoy en la festividad de Nuestros Padres Fundadores, Roberto, Alberico y Esteban. Ellos fueron los fundadores de nuestra Orden del Císter, y no San Bernardo, como se cree. Con este último, la Orden se expandió por toda Europa, pero fue San Esteban, quien recibió al joven y vigoroso San Bernardo, en la abadía de Císter.

Precisamente, cuando este tercer abad del Nuevo Monasterio –así se llamó al cenobio de Císter hasta 1119-, preparaba  la fundación de Pontigny (1114), redactó un documento  para aglutinar con la casa Madre , esta nueva abadía, otra que ya se había fundado –La ferté –,  y otras dos que venían pisándole los talones: las abadías de Claraval y Morimond, fundadas en 1115.

Dicho documento fundacional  es la Carta Caritatis o Carta de Caridad, que este año está de noveno centenario, pues se comenzó a escribir en 1114 y se terminó su redacción en 1119. En ella, el abad Esteban, vela por la unidad de la Orden y les dice a  las nuevas casas hijas de Císter “con qué pacto, de qué modo y con qué caridad – quo pacto, quoue modo, imno qua caritate– permanecerían indisolublemente unidos sus monjes, dispersos físicamente en las abadías de las diversas regiones”. (Prólogo, Carta de Caridad)

En la actualidad, es una bendición que dicho documento aún esté vivo entre los cistercienses del siglo XXI, y ello es posible, gracias a que su esencia es la “caridad-amistad-unanimidad”, y esta forma de vida nunca morirá.

¡¡ felicidades a quienes compartimos el carisma cisterciense¡¡

el adviento y la “amica quies”

 

Comenzamos a dar despacio y conscientemente los primeros pasos de este tiempo de Adviento. El profeta Isaías a través de sus oráculos sobre Israel, nos habla pausadamente al corazón. Si realizamos el ejercicio monástico de lectura muy lenta sobre sus textos, descubriremos no solo la belleza de la literatura, sino que sus palabras nos infundirán fortaleza y ánimo. Ya verás, prueba, párate en cada palabra, respírala y deja que te penetre a través de todo tu cuerpo. Ya estás practicando la lectio divina.

Los caminos se preparan en el desierto, y aunque el símbolo del yermo es más propio del tiempo de Cuaresma en la liturgia de la Iglesia, el Aviento también es un período propicio para cultivar el silencio y la interioridad. En la quietud nos acercamos más a nosotras mismas y a Dios, y aunque el silencio no tiene nada que ver con la ausencia o presencia de ondas sonoras, sí que nos ayudan a adentrarnos en nuestro corazón, esos espacios sin ruidos externos, intervalos de meditación y “rumia” de la Palabra, que van gestando a Jesús dentro de cada una de nosotras.

El silencio nos hace más vulnerables, pero también nos abre a la dimensión contemplativa que todos tenemos y que nuestra mente tiene cerrada con siete llaves. Ante cualquier situación, nos asalta el pensamiento y  antes de que abramos la boca, ya estamos maquinando algo justo, lógico y razonable, pero que quizás no sea verdadero. Entre la evidencia y la verdad, hay un abismo y solo podemos acceder a esa realidad verdadera, practicando la meditación silenciosa, que acallará nuestros planteamientos racionales, para dar paso a lo Divino. Ya verás, no contestes de inmediato, espera –algo muy de Adviento-, y la respuesta brotará desde lo más esencial y entrañable de ti. Es tu Cristo interior que balbucea ya próximo al pesebre.

Cuatro velas en la corona de Adviento, cuatro Domingos antes del día Navidad, cuatro pandas en los claustros cistercienses alrededor del cual se va configurando nuestra vida, rodeada de volúmenes puros donde poder practicar la lectio divina, la “amica quies” (amiga quietud) y donde la piedra de los macizos muros, es también nuestra amiga, arquitectura de las letras y del alma.

¡¡¡  FELIZ DÍA DE LA VIRGEN  !!!

la mística femenina de la comunidad de helfta

 

El mes de Noviembre, en la liturgia de la Iglesia, apunta a la escatología.  Las celebraciones  de Todos los Santos, los Difuntos, la Dedicación de la Basílica de Letrán -como figura de la Jerusalén celeste-, nos  señalan que estamos aquí de paso, y que nuestra esencia es vivir resucitadas.  Y de camino hacia el fin del Año Litúrgico,  a través de Santa Gertrudis la Magna y de Santa Matilde de Hackeborn -16 y 19 de Noviembre, respectivamente- , recordamos a una comunidad de monjas de la Edad Media, que encarnaron la realidad de apertura a la Gracia en todo momento.

Se trata del monasterio de Helfta (Alemania), que se fundó en 1229, en los suburbios de Eisleben –ciudad en la que nació Lutero-, y que duró hasta su disolución en 1546. A lo largo de estos más de 300 años, la comunidad pasó por varios  traslados de lugar, saqueos, incendios, una fundación, hasta  su cierre. De nuevo en 1999, un grupo de siete hermanas de la abadía cisterciense de Halberstadt en Baviera, recuperaron la vida cenobítica.

Pero lo más crucial de esta andadura monástica es que podemos encontrar en Helfta, un espíritu de apertura, renovación y mística. Era una comunidad benedictina que vivía el carisma cisterciense, nutriéndose de la Escritura, de los autores cistercienses, San Agustín, San Gregorio Magno; sus puertas estaban abiertas a dominicos y franciscanos -como Tauler o Enrique de Halle-, y en 1529 tuvieron un capellán protestante, desplazándose  incluso para el servicio dominical protestante, por la calle de Eisleben que en la actualidad se denomina, “el sendero de las monjas” (Nonnensteg)

Otra fuente de la que bebía la comunidad, a parte del amor a las letras en general , y de las Escrituras y Tradición en particular, era la Liturgia. Una salmodia bien entonada, composiciones musicales realizadas por las propias hermanas, el uso instrumentos, textos escogidos …, todo ello contribuía a que se vivenciara una “liturgia interior” en el corazón de cada monja, que a su vez dio lugar a una mística centrada en la humanidad de Cristo.

De estas santas mujeres, destacaron cuatro –dos se llaman Matilde y las otras dos Gertrudis-, de las cuales la Iglesia rememora a dos de ellas (como se indicó arriba): Santa Gertrudis la Magna y de Santa Matilde de Hackeborn. La primera por sus escritos y la segunda por su mensaje que fue recopilado por las hermanas de su comunidad, aunque esto no es lo relevante, porque ellas solo son transmisoras, de la atmósfera de espiritualidad femenina, culta, humana, musical, encarnada y misericordiosa, que allí se respiraba.

Lo que el ojo ve y la boca habla y la mano toca, se compara con la verdadera realidad como la luz vacilante de una vela con la tranquila luz del sol (Matilde de Magdeburgo)

Ahora nos toca a nosotras, nutrirnos del legado de estas mujeres que miraban más la bondad de Dios que la fragilidad humana, que ponían el acento en la Gracia y no en el esfuerzo.

visita “express” de los estudiantes cistercienses

 

Hace tres días, que el grupo de estudiantes de nuestra Orden, que está realizando su apretado programa de estudios en el monasterio de Sobrado dos Monxes (La Coruña), nos visitó durante algo más de dos horas.

Era su día de salida cultural, que incluía paseo por los hórreos de Combarro (Pontevedra), comida en Armenteira, visita a la catedral de Santiago de Compostela y Vísperas, con cena incluida, en el monasterio benedictino de San  Pelayo. Una jornada muy completa que entre Teología, Sagrada Escritura y demás asignaturas, el hecho de romper la rutina, les ayudó a fijar los conocimientos adquiridos.

 

 

Tuvimos que comer en el claustro, pues nuestro pequeño cenobio se vio un tanto sobrepasado por el número de comensales. Después de rezar Sexta, cada cual tuvo que coger su silla del oratorio y llevársela a la mesa, si quería comer sentado. Y luego devolverla al lugar de oración, claro. Nada más levantarnos del sencillo banquete, disfrutamos de una visita “express” del monasterio y de la iglesia de Armenteira.

Llenaron el claustro de juventud, agradecimiento y alegría y nosotras disfrutamos de un encuentro festivo, incluso con anterioridad, cuando preparamos todo el cotarro.

 

 

Ahora, queridos estudiantes, ¡a empollar!

jornadas monásticas: por ti “madrugo” dios mío para contemplar tu fuerza y tu gloria (Salmo 62)

 

Recién, recién acabamos de terminar ayer, un fin de semana de Jornadas Monásticas, durante las cuales hemos podido compartir, monjas y “jóvenes”,  la intensa vida que se mueve en un monasterio cisterciense.

Detrás de las sonrisas de la foto, se pueden ver los alisos limpios de hiedra, la hierba cortada, la hojarasca barrida y un sinfín de actividades de limpieza que se realizaron para experimentar el trabajo manual, tan fundamental en la Regla de San Benito. Después de dejar el jardín de hospedería como el jardín del Edén, era merecido un descanso a través de un momento de oración silenciosa y de danza contemplativa. Arreglar este entorno exterior de una manera consciente, nos ayuda, sin apenas darnos cuenta,a una limpieza de nuestro jardín interior, de todo el ruido que llevamos dentro.

 

 

La herramienta, también necesita su espacio de reposo.

 

 

 

De esta forma el adagio benedictino del “ora et labora”, se vivió al completo, alternando tareas en contacto con la Naturaleza con la oración litúrgica y  también con algunas charlas, impartidas por las hermanas, sobre lectio divina, valores monásticos, salmos y liturgia.

 

 

 

Se creó un clima de profundidad en el grupo, debido a la sed de Dios que traían los participantes y a la comunicación vital que se dio entre nosotros, ya que en estos casos, las conversaciones superficiales, no brotan.

 

 

Ayer, domingo, terminamos con una  evaluación llena de calor y de color, de estos tres días que, parecieron muchos más por la novedad de lo vivido y la apertura de corazones. Ya se sabe, lo de San Ero no es leyenda, es realidad, aquí el tiempo se para y entramos en la eternidad de Dios.

¡¡ GRACIAS !!

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