cuaresma: hacia el encuentro con el resucitado

 

En el Sermón introductorio del Salmo 90, sobre la Cuaresma, San Bernardo comienza solemnemente: Considero laborem vestrum… (Tengo en cuenta vuestro trabajo). ¿A qué trabajo se refiere? Obviamente al  esfuerzo cuaresmal. Cuando el tiempo de Cuaresma se fue consolidando en la Iglesia primitiva como preparación para la Pascua, el cariz primordial, era el de preparar a los catecúmenos para el Bautismo en la celebración de la Vigilia Pascual y junto con ello, también un carácter de penitencia. Los penitentes se preparaban para recibir el perdón el día de Jueves Santo. Con el transcurrir de los siglos, este aspecto penitencial cobró más relevancia que el bautismal, y es el que ha llegado hasta nuestros días.

Con todo, no perdamos el hilo del esfuerzo cuaresmal, que nos lleva a “orientarnos a las cosas de Dios, como en otro tiempo los israelitas fueron instruidos en el desierto” (Eusebio de Cesarea, s IV) Y no me refiero tanto a las prácticas de la oración, el ayuno y la limosna, como al trabajo interior, que supone la evolución de nuestro yo más íntimo, en la soledad, abocado a su transformación con Cristo.

De nuevo el abad de Claraval

el peregrino, si es prudente y no olvida su peregrinación, sigue su camino, aunque sea con esfuerzo, y no se entretiene en las cosas del mundo (Sermón Cuaresma 6,3).

San Bernardo concibe la Cuaresma como una peregrinación, nos situamos en la teología del esfuerzo, pero sin olvidar la Gracia. Gracia que San Pablo nos exhorta en la liturgia de hoy, Miércoles de Ceniza,a no echar al vacío (2 Cor 6, 1-2), sino aprovecharla para vivir este tiempo de salvación, este tiempo de aceptación.

El polvo negro ha volado desde mi frente hacia los pliegues de mi cogulla blanca:que esta ceniza que veré en cada inclinación del Gloria durante el Oficio Divino de esta Cuaresma, me recuerde que soy terrena, pero que mi esencia es inmortal.

unidad de los cristianos 2019

 

Ayer comenzó el Octavario por la Unidad de los Cristianos del 2019, ocho días de oración, en las distintas confesiones de la Iglesia, para animarnos y fortalecernos en el camino de la Unidad. La unidad sería el fin, que vamos creando paso a paso, a través de la unión. Y esta unión, debe empezar en el interior de cada una de nosotras, pues ¿cómo voy a vivir la comunión con mis hermanas y hermanos de otras confesiones, sino la vivo dentro de mí?

La vida comunitaria, si nos enseña algo,  es a aportar nuestros diferentes dones. Todas somos distintas, pero no para pelear, sino para construir el Reino. La diferencia es un trampolín para la complementariedad y para enriquecernos mutuamente, y no es para hacer la guerra. Hagamos la justicia y no el conflicto, y si surge éste, demos un paso más hacia la reconciliación. Si vivo reconciliada conmigo misma, puedo reconciliarme con todo el mundo.

El cartel anunciador de este año de la Semana de la Unidad son unas manos de colores, nosotras hemos hecho nuestro propio anuncio, con las palmas de las hermanas de la comunidad, en arco iris, un diseño que nos acompaña y une en cada momento de la Liturgia de las Horas.

nuevo año 2019: gracia desenfranada

 

Comenzamos un Nuevo Año, la comunidad de Armenteira, os deseamos que este tiempo nuevo se convierta  en tiempo de salvación. De nuestra fe depende que convirtamos el “cronos” que ahora estrenamos en “kairós” o tiempo de salvación. Y para ello solo tenemos que abrirnos al Señor, a su Gracia desenfrenada, que se nos regala en cada momento.

 

¡¡ feliz 2019 lleno de bendición¡¡

el adviento y la “amica quies”

 

Comenzamos a dar despacio y conscientemente los primeros pasos de este tiempo de Adviento. El profeta Isaías a través de sus oráculos sobre Israel, nos habla pausadamente al corazón. Si realizamos el ejercicio monástico de lectura muy lenta sobre sus textos, descubriremos no solo la belleza de la literatura, sino que sus palabras nos infundirán fortaleza y ánimo. Ya verás, prueba, párate en cada palabra, respírala y deja que te penetre a través de todo tu cuerpo. Ya estás practicando la lectio divina.

Los caminos se preparan en el desierto, y aunque el símbolo del yermo es más propio del tiempo de Cuaresma en la liturgia de la Iglesia, el Aviento también es un período propicio para cultivar el silencio y la interioridad. En la quietud nos acercamos más a nosotras mismas y a Dios, y aunque el silencio no tiene nada que ver con la ausencia o presencia de ondas sonoras, sí que nos ayudan a adentrarnos en nuestro corazón, esos espacios sin ruidos externos, intervalos de meditación y “rumia” de la Palabra, que van gestando a Jesús dentro de cada una de nosotras.

El silencio nos hace más vulnerables, pero también nos abre a la dimensión contemplativa que todos tenemos y que nuestra mente tiene cerrada con siete llaves. Ante cualquier situación, nos asalta el pensamiento y  antes de que abramos la boca, ya estamos maquinando algo justo, lógico y razonable, pero que quizás no sea verdadero. Entre la evidencia y la verdad, hay un abismo y solo podemos acceder a esa realidad verdadera, practicando la meditación silenciosa, que acallará nuestros planteamientos racionales, para dar paso a lo Divino. Ya verás, no contestes de inmediato, espera –algo muy de Adviento-, y la respuesta brotará desde lo más esencial y entrañable de ti. Es tu Cristo interior que balbucea ya próximo al pesebre.

Cuatro velas en la corona de Adviento, cuatro Domingos antes del día Navidad, cuatro pandas en los claustros cistercienses alrededor del cual se va configurando nuestra vida, rodeada de volúmenes puros donde poder practicar la lectio divina, la “amica quies” (amiga quietud) y donde la piedra de los macizos muros, es también nuestra amiga, arquitectura de las letras y del alma.

¡¡¡  FELIZ DÍA DE LA VIRGEN  !!!

la mística femenina de la comunidad de helfta

 

El mes de Noviembre, en la liturgia de la Iglesia, apunta a la escatología.  Las celebraciones  de Todos los Santos, los Difuntos, la Dedicación de la Basílica de Letrán -como figura de la Jerusalén celeste-, nos  señalan que estamos aquí de paso, y que nuestra esencia es vivir resucitadas.  Y de camino hacia el fin del Año Litúrgico,  a través de Santa Gertrudis la Magna y de Santa Matilde de Hackeborn -16 y 19 de Noviembre, respectivamente- , recordamos a una comunidad de monjas de la Edad Media, que encarnaron la realidad de apertura a la Gracia en todo momento.

Se trata del monasterio de Helfta (Alemania), que se fundó en 1229, en los suburbios de Eisleben –ciudad en la que nació Lutero-, y que duró hasta su disolución en 1546. A lo largo de estos más de 300 años, la comunidad pasó por varios  traslados de lugar, saqueos, incendios, una fundación, hasta  su cierre. De nuevo en 1999, un grupo de siete hermanas de la abadía cisterciense de Halberstadt en Baviera, recuperaron la vida cenobítica.

Pero lo más crucial de esta andadura monástica es que podemos encontrar en Helfta, un espíritu de apertura, renovación y mística. Era una comunidad benedictina que vivía el carisma cisterciense, nutriéndose de la Escritura, de los autores cistercienses, San Agustín, San Gregorio Magno; sus puertas estaban abiertas a dominicos y franciscanos -como Tauler o Enrique de Halle-, y en 1529 tuvieron un capellán protestante, desplazándose  incluso para el servicio dominical protestante, por la calle de Eisleben que en la actualidad se denomina, “el sendero de las monjas” (Nonnensteg)

Otra fuente de la que bebía la comunidad, a parte del amor a las letras en general , y de las Escrituras y Tradición en particular, era la Liturgia. Una salmodia bien entonada, composiciones musicales realizadas por las propias hermanas, el uso instrumentos, textos escogidos …, todo ello contribuía a que se vivenciara una “liturgia interior” en el corazón de cada monja, que a su vez dio lugar a una mística centrada en la humanidad de Cristo.

De estas santas mujeres, destacaron cuatro –dos se llaman Matilde y las otras dos Gertrudis-, de las cuales la Iglesia rememora a dos de ellas (como se indicó arriba): Santa Gertrudis la Magna y de Santa Matilde de Hackeborn. La primera por sus escritos y la segunda por su mensaje que fue recopilado por las hermanas de su comunidad, aunque esto no es lo relevante, porque ellas solo son transmisoras, de la atmósfera de espiritualidad femenina, culta, humana, musical, encarnada y misericordiosa, que allí se respiraba.

Lo que el ojo ve y la boca habla y la mano toca, se compara con la verdadera realidad como la luz vacilante de una vela con la tranquila luz del sol (Matilde de Magdeburgo)

Ahora nos toca a nosotras, nutrirnos del legado de estas mujeres que miraban más la bondad de Dios que la fragilidad humana, que ponían el acento en la Gracia y no en el esfuerzo.

hildegarda de bingen y la luz viviente

 

Hildegarda de Binguen, monja benedictina del siglo XII, experimenta la misma elección por parte de Dios, que los profetas del Antiguo Testamento para anunciar su palabra y lo hace principalmente a través de: la escritura, la pintura y las composiciones musicales; la atención a quienes se acercaban al monasterio y el ejercicio de la medicina; y en sus últimos años, cuando ya era octogenaria, saliendo de los muros del cenobio para proclamar el Evangelio en plazas y catedrales tan importantes como la de Colonia, Tréveris o Maguncia . Como Juan el evangelista recostado en el pecho del Señor, recibe su inspiración y como San Pablo se siente arrebatada al tercer cielo. ¿Es una estrategia suya personal, para que la dejasen tranquila, o es que de verdad  recibe la inspiración directamente del Espíritu Santo? Así ella pudo gozar de cierta credibilidad en el ámbito religioso, predominantemente masculino, pues no olvidemos que años tarde, en la Europa Medieval, algunas santas mujeres, por manifestaciones parecidas, fueron tachadas de brujería y quemadas en la hoguera.

Con todo, cuando ya tiene muy avanzado su primer libro, “Sicivias”, consigue el permiso del Papa Eugenio III, para seguir escribiendo y hacer público lo que oye y ve.

La mística benedictina, recibe las visiones desde pequeña como nos relata Teodorich von Echternach, en la Vida de Hildegarda, y pone las siguientes palabras en su boca, cuando aún era una niña: “Pregunté a mi nodriza si veía algo aparte de las cosas exteriores, y me respondió que nada, porque no veía nada de todo aquello.” Entonces, ella decide callar, hasta que a la edad de cuarenta y dos años la inspiración que cae sobre ella -como gotas de lluvia sobre su alma- es tan potente que afecta a toda la persona (cerebro, corazón/pecho) y deja de guardar silencio, poniendo por escrito sus revelaciones.

Todo hay que decirlo, fue una persona con la salud quebradiza, pero en su caso, “el cuerpo habla lo que la mente calla”, es decir, se ponía enferma cuando no podía llevar a cabo los oráculos divinos. Su cuerpo “hablaba”, paralizándola, hasta que realizaba lo revelado por la Luz Viviente.

Seguro que  los bosques de Alemania estaban llenos de  “carballos” (robles) como los del monte Castrove, de donde Hildegarda extraía su sabiduría y remedios medicinales.

jesús tomó consigo a … (Mc 9,2-10)

 

Aunque la fotografía  corresponde a la liturgia del día del Corpus, la luz que irradia la presencia de Cristo en el altar, bien podía ser el resplandor  de las ropas de Jesús en el momento de la Transfiguración en el monte Tabor, fiesta que la Iglesia celebra mañana..

Ya sabemos por la exégesis bíblica que se trata de un texto postpascual, situado en vida de Jesús, para darnos a conocer  la experiencia de la resurrección. La luz que emana de la persona de Jesús, es la claridad que percibimos en nuestro interior, cuando en un camino de fe  sentimos que Jesús nos toma consigo hasta una intimidad insospechada.

El contacto asiduo con las Escrituras, en la práctica monástica de la lectio divina, realizada al amanecer, cuando el cielo refleja el naranja y el violeta, se escucha el ladrido lastimero de un can, el canto del gallo y el trino de los pájaros; y un aire fresquito penetra por la ventana, entonces se producen los momentos  de silencio más especiales que iluminan el resto de la jornada. No hay imágenes, figuras o afecto sensible, solo presencia que podríamos nombrar como un pálido reflejo de la “luz tabórica”, tan querida para los monjes orientales.

Cuando la mente está en Dios, pierde toda figura. Pues contemplando al único, llega a ser única y completamente luz (Máximo el Confesor, sVII)

los frutos del espíritu

 

Rojo del Espíritu y  rojo-fresón que cultiva la hermana Evarista y que fructifican ambos en este tiempo litúrgico. Cerramos la Cincuentena Pascual y comenzamos el Ciclo Ordinario; se apaga el Cirio Pascual y se enciende la luz del Espíritu en nuestro interior; se nos unge la frente con aceite como símbolo del espíritu y atrás queda la señal de la cruz con ceniza.

Estamos llamados a ser hombres y mujeres de Espíritu, pero no de un espíritu como una especie de condimento que se usa para hacer humana, bella y plena de sentido de algún modo esta vida. No, somos personas  llamadas a beber el cáliz del Espíritu Santo, que es el Cáliz de Cristo y a hacer de este espíritu lo sustantivo y buscado por sí mismo en nuestra existencia, a gustar el espíritu puro, sin mezcla. Así de profundo y real lo relata el teólogo y místico alemán, Karl Rahner, en su breve tratado “Sobre la experiencia de la Gracia”.

!!!!!!! FELIZ PENTECOSTÉS ¡¡¡¡

domingo de resurrección: el octavo día

 

Hay una película francesa titulada “El octavo día”, cuyo protagonista es un joven con  síndrome de Down. En la primera escena, este chico relata la creación a su manera, de una forma muy tierna  y vital: ..y el séptimo día Dios descansó y se preguntó si no faltaba nada, entonces, el octavo día creó a Georges.

La Biblia es un cofre que oculta los misterios de vida y de fe. Y uno de esos misterios, envuelto en mito, se nos revela en la primera lectura del Génesis (Gen 1, 24-31). Al final de la creación, el sexto día, Dios crea los seres vivientes de la tierra: los ganados, los reptiles y las bestias. Crea al ser humano y le ofrece las plantas y los animales y; el séptimo día, ve que todo era bueno, muy bueno y descansa

Para Máximo el Confesor -un monje del s VII-  la persona corona la creación, porque le es dado pasar del sexto al séptimo día, de la naturaleza al descanso, pero no solo eso, sino que existe un octavo día, en el que le es dado pasar del descanso a la deificación. En otras palabras, pasamos de lo sensible, a la mente y de ésta al corazón donde se nos da el conocer a Dios en el origen y en el fin del cosmos. En el séptimo día todavía existe el tiempo mensurable, el jronos, pero en el octavo día, cesa el movimiento temporal y entramos en la eternidad; este día está por encima del tiempo.

Y el que se ha vuelto digno del octavo día ha resucitado de entre los muertos, llega a ser él mismo, Dios, por divinización (…) y su lugar será Dios mismo (…), lugar firme (Sal 70,3)

Máximo el Confesor, relacionó de un modo admirable, la creación con la vivencia de la Pascua. Por la Pascua el mundo antiguo, sometido a la naturaleza y al tiempo, pasa a un estado nuevo que es el de la resurrección. La Pascua es la nueva Creación, que no se trata de una prolongación teleológica de la naturaleza, sino que es una innovación radical. Para él, la resurrección traspasa las puertas de la Iglesia, y alcanza a toda la Creación.

Dice Olivier Clêment: “una ola de resurrección recorre  la pasión de la historia”.

Foto realizada por Iván de la Cruz. Alcalá de Henares.

 

¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN, ALELUYA, ALELUYA !!

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