jesús tomó consigo a … (Mc 9,2-10)

 

Aunque la fotografía  corresponde a la liturgia del día del Corpus, la luz que irradia la presencia de Cristo en el altar, bien podía ser el resplandor  de las ropas de Jesús en el momento de la Transfiguración en el monte Tabor, fiesta que la Iglesia celebra mañana..

Ya sabemos por la exégesis bíblica que se trata de un texto postpascual, situado en vida de Jesús, para darnos a conocer  la experiencia de la resurrección. La luz que emana de la persona de Jesús, es la claridad que percibimos en nuestro interior, cuando en un camino de fe  sentimos que Jesús nos toma consigo hasta una intimidad insospechada.

El contacto asiduo con las Escrituras, en la práctica monástica de la lectio divina, realizada al amanecer, cuando el cielo refleja el naranja y el violeta, se escucha el ladrido lastimero de un can, el canto del gallo y el trino de los pájaros; y un aire fresquito penetra por la ventana, entonces se producen los momentos  de silencio más especiales que iluminan el resto de la jornada. No hay imágenes, figuras o afecto sensible, solo presencia que podríamos nombrar como un pálido reflejo de la “luz tabórica”, tan querida para los monjes orientales.

Cuando la mente está en Dios, pierde toda figura. Pues contemplando al único, llega a ser única y completamente luz (Máximo el Confesor, sVII)

un viejo tronco llamado simeón

 

Mañana celebraremos la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor y nos llegan las palabras iluminadoras del abad cisterciense Guerrico de Igny (s XII), para entrar en ella con el corazón esponjado

Ved como arde el cirio en las manos de Simeón. Encended también vuestros cirios con aquella luz.  Me refiero a las lámparas que el Señor manda que tengamos encendidas en nuestras manos. Acercaos a Él y quedad iluminados, no llevéis solo las lámparas en vuestras manos, sino sed vosotros mismos lámparas que arden por dentro y por fuera, para vosotros y para el prójimo. ¡Que la lámpara esté en el corazón, y en las manos, y en los labios¡ ¡La lámpara en el corazón luzca para vosotros; la lámpara en las manos o en vuestros labios ilumine a vuestro prójimo¡ La lámpara del corazón es la piedad de la fe; la lámpara de las manos es el ejemplo de la acción; la lámpara en los labios es la palabra de edificación.

También el corazón, las manos y los labios de este viejo árbol están iluminados, porque hunde sus raíces en el torrente de agua viva que atraviesa el monasterio y porque con el tiempo, entre su arrugado tronco, da cobijo y abraza tiernamente a hongos trepadores, musgos y líquenes, débiles telas de araña,… como el anciano Simeón que tomó al Niño en sus brazos.

Así que, si queréis encender en vosotros tantas lámparas, acercaos a la fuente de la luz y quedad iluminados; quiero decir que os acerquéis a Jesús, que brilla entre las manos de Simeón.

las rosas transfiguradas

 

Avanza la Cuaresma y la Liturgia nos presenta hoy el evangelio de la Transfiguración (Mt 17, 1-9): Jesús todo envuelto en luz. Así despedimos ayer a nuestro hermano Pablo del monasterio de Sobrado dos Monxes, él ya está transfigurado enteramente en el seno del Padre. Vestido con su blanca cogulla, el rostro  pálido y la madera de color claro, sostenía entre sus brazos la Regla de San Benito y un icono. El blanco lo envolvía todo.

Aunque existen rosas blancas, el texto siguiente del escritor portugués Eça de Queirós, habla de las rosas rojas

Mientras así pasaban y volvían a pasar, los bárbaros avistaban siempre, en las alturas, gruesas y tristes murallas rematadas por una cruz. Se trataba de los monasterios. Al principio subían al monte y derribaban las puertas a hachazos. Después, ya convertidos, se arrodillaban en las losas para tocar las santas reliquias. Dentro de esos muros, asaltados o traspuestos con reverencia y temor, encontraban silenciosos claustros, hombres que, con el rostro pálido oculto por la capucha, trazaban líneas sobre pergaminos, una capilla oscura y al fondo, más allá del pozo, un huerto donde se alzaba, entre hierbas aromáticas o medicinales, un arbusto cubierto de flores rojas, que los bárbaros no conocían.

Era la rosa, la rosa grecorromana, que en aquel vasto desastre había encontrado entre los monjes un refugio seguro y apacible. Allí estaba escondida y enclaustrada, con otros restos de la civilización destruida: aquellos rollos de pergamino que los monjes absortos releían y copiaban. Así se salvaron las glorias y los dones de la sociedad antigua. La rosa sobrevivió gracias al cuidado de la Iglesia junto con Horacio, que la había cantado.

¿Y si las rosas se transfigurasen en camelias? En  los claustros gallegos, la piedra está impregnada de oración y las camelias se enamoran del Silencio.

Nuestro hermano Pablo descansa en el claustro de Sobrado, junto a un árbol lleno de camelias blancas.

ceniza de luz

 

En este día de Miércoles de Ceniza, los cistercienses medievales, bendecían las cenizas mirando al Norte, lugar de las tinieblas, donde nunca da el sol. Aunque parezca un poco tétrico, tiene su simbología profunda, pues se inaugura litúrgicamente, el tiempo de Cuaresma, durante el cual, los cristianos iremos girando nuestra mirada interior hacia el Este, por donde nos visitará  el Sol que nace de lo alto (Benedictus), Cristo Nuestro Señor. Así también, el Císter construye sus iglesias con orientación hacia el Naciente, para alabar al Señor desde la salida del sol hasta su ocaso (Salmo 112,3).

A veces el sol permanece oculto y el evangelio de hoy nos habla del Padre que habita en lo secreto, en lo invisible del corazón, en las raíces del cielo,…,  de Él recibimos su Luz.

Juan Clímaco (s  VII) -considerado el padre del hesicasmo-, nos habla así de un silencio de luz

El silencio, como conocimiento, es la madre de la oración, la libertad de la cautividad, la preservación del fuego, el control de los pensamientos, el espía de los enemigos…, el compañero de la hesiquía, el adversario del deseo de enseñar, el auxiliar del conocimiento, el artesano de la contemplación,  un progreso invisible y una ascensión secreta,…, el amigo del Silencio se acerca a Dios y, entreteniéndose con él en secreto, recibe su luz.

La Cuaresma no es un tiempo de oscurantismo, si no de recibir la luz. Que a los cristianos, no nos pase como cuenta el diplomático e intelectual  portugués, Jose María Eça de Queirós, que le ocurre a los poetas

En los rincones tradicionales de la poesía, entre la hierba, junto a las fuentes, bajo las sombras, ya no se encuentra un solo poeta. Están todos atrincherados en el fondo del alma.

Abre el regalo que es hoy, da un paseo por la Naturaleza, y estrena mes de Marzo –hacia una incipiente primavera-, estrena el tiempo litúrgico de Cuaresma y “estrena un corazón nuevo y un espíritu nuevo” –versículo de Vigilias del Miércoles de Ceniza-.

¡inmersión! en el evangelio de San Mateo

 

Durante esta semana que hoy termina, hemos disfrutado de la presencia serena y profundamente monástica del padre José Luis Monge, de la comunidad cisterciense de Viaceli, en la localidad de Cóbreces (Cantabria). José Luis es monje por naturaleza humana –se apellida “monje” con “g”- y por naturaleza divina –transmite una gran estima por las Escrituras y la oración silenciosa y litúrgica-.

Hemos podido recorrer – llevadas de su sabiduría exegética-, el evangelio de San Mateo, que es el que escucharemos a lo largo de este año litúrgico del Ciclo A. Se trata del evangelio más comunitario, dirigido a una comunidad procedente del judaísmo. Estos judíos, convertidos al  cristianismo, conocían muy bien la Ley de Moisés -los cinco libros del Pentateuco-, por eso Mateo estructura su texto en cinco discursos como réplica de la Ley mosaica.

Justamente este Domingo, en un largo relato, nos viene a decir el evangelista (Mt 5, 17-37), que Jesús es más que la Ley; que ha venido a nosotros para que fijándonos en Él, no nos quedemos en la superficie de la realidad, sino que descubramos la plenitud dentro de nosotras y cultivemos la interioridad y el amor incondicional.

Esto es imposible, sino partimos de la experiencia de que Dios está con nosotros, de que está en medio de nosotros -“cuando dos o más se reúnen en su nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”-. Así comienza y termina Mateo, con el Enmanuelle -Dios  con nosotros- y con que Dios estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20)

¡¡Gracias, Jose Luis, ahora nos toca avivar la llama de la fe cada día con una sonrisa¡!Seguro que San Mateo era muy risueño…

Epifanía del señor: se abren los cofres

 

En esta solemnidad de la Epifanía del Señor, os deseamos un 2017 lleno de Plenitud, empezando el año con la mística de San Bernardo, en su IVº Sermón de la Vigilia de Navidad

Se repiten los milagros, se acrecientan las riquezas, se abren los cofres (…)

Oculta, repito, oculta, María, el resplandor del nuevo Sol. Acuéstalo en el pesebre, envuélvelo en pañales; estos pañales son nuestras riquezas. Los pañales del Salvador valen más que todos los terciopelos. El pesebre es más excelso que  los tronos dorados de los reyes. Y la pobreza de Cristo supera, con mucho, a todas las riquezas y tesoros juntos.

¿Qué puede hallarse de más enriquecedor y de más valor que la humildad? (…) El nacimiento  del Señor te inculca la humildad: le ves anonadado, tomando la condición de esclavo y viviendo como una persona cualquiera.

El nacimiento que ilumina nuestro scriptorium, hoy ha recibido todos los dones de los libros que lo acompañan. Los libros son como los cofres de los Magos, que se abren ofreciéndonos sus tesoros.

¡  FELIZ EPIFANÍA  !

santa hildegarda y la palabra encarnada

Scivias II,I

 

La imagen que nos acompaña pertenece al libro de Santa Hildegarda,  Scivias (Conoce los caminos), donde relata varias visiones. Ésta  se titulada “La Palabra encarnada” y durante la misma, la mística benedictina escucha una voz que le dice

En ti siembro mi Luz

Y el evangelio de hoy es la parábola del sembrador (Lc 8, 4-15), en la que todos somos llamados a hacer fructificar la palabra, la luz sembrada por Cristo en la tierra buena de nuestro corazón.

Siguiendo con la ilustración, en ella podemos ver, un doble movimiento. El primero es ascendente y se inicia en la parte de abajo,  donde una figura  luminosa envuelta en llamas,“transforma una pequeña masa cenagosa que yacía en el fondo del aire; la calentó hasta transformarla en carne y sangre y, al soplar sobre ella, se irguió un ser humano vivo”.En un lenguaje que nos resulta un tanto extraño, pero muy plástico, narra la creación del primer Adán, el hombre de colores de tierra y pelo canoso, del centro de la pintura. Adán después caerá, sumergido en las tinieblas y representado en la pequeña y pálida silueta de la parte superior derecha.

El segundo movimiento comienza en este Adán caído y en una dinámica descendente, es restaurado por Cristo “el lucidísimo fuego inabarcable, inextinguible, viviente todo y todo vida”. Pero como dice San Pablo en la primera carta a los Corintios (1 Cor 15, 35-37. 42-49), en la eucaristía de hoy, la vida no es lo más importante, hay más

el espíritu no fue lo primero; primero vino la vida y después el espíritu. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es el del cielo,

Así que del Adán terreno -figura central-, del ser vivo, surge, por el contacto con el Hombre luminoso que es el Hijo de Dios, el ser humano celestial, que ya no se puede de separar de Él.

Todo enmarcado en la Creación representada por los seis medallones del centro. Dios creó el mundo en seis días, eso significan cada círculo pequeño, círculos que podemos contemplar en las iglesias cistercienses con idéntica simbología teológica medieval.

Hildegarda conoce las fuerzas  que brotan del hecho de que Cristo haya salvado a la persona. Se trata de fuerzas que hacen fructificar sus pequeños esfuerzos diarios, sus pequeñas victorias y su discreta, pero pertinaz valentía, y que por último propician  que retorne a Dios, el cosmos maravillosamente renovado por Cristo.

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Y de hacer fructificar sabe mucho la hermana Evarista que durante todo este verano ha cultivado nuestra pequeña huerta ecológica con dedicación y cariño.

Seguro que a Hildegarda le hubiera encantado probar estos calabacines llenos de luz ¡¡¡

Guardar

practicando la hospitalidad

africanas franciscanas

 

Estos días han estado en nuestra casa un grupo de hermanas Franciscanas de Benin, Mozambique y Madrid. Participaron en la eucaristía del Apóstol Santiago del día 25 de Julio, con sus cantos y danzas, durante el ofertorio, explicándonos que se trataba de una peregrinación hacia el altar.

De  peregrinos y hermanos en la fe nos habla San Benito en el capítulo 53 de la Regla, sobre « cómo se ha de acoger a los forasteros ». Y justamente ayer, celebramos en los monasterios cistercienses a Marta, María y Lázaro que vivían en Betania (casa del pobre), hospederos y amigos de Jesús, expertos en la práctica de la acogida.

Cuando Jesús iba a Betania buscaba en esta casa o comunidad : descanso, acogida, paz, sosiego y encuentro familiar. Del mismo modo, en nuestro monasterio se acoge al huésped y a todas las personas que vienen buscando lo mismo que Él : silencio, encuentro con Dios y consigo mismo.

Y es toda la comunidad la que acoge: la cocinera, la lavandera; quién limpia, quién sirve, quién da la bienvenida; la que escucha, la que ofrece su vida, la que ora…, todas, en la hermana hospedera. Este  “buen recibimiento” se realiza fuera y dentro del espacio físico de la hospedería y portería del monasterio. Hay mucha acogida: la que se ve y la otra, que no se ve. También recibimos lo que se ve y lo que no se ve: como Marta, María y Lázaro con Jesús. En esta  realidad de acoger y recibir está Dios ayudándonos, interior y exteriormente. Misterio de la acción del Espíritu Santo.

Practicar  la hospitalidad es para nosotras la “acción de acoger con todo nuestro ser” a Jesús, a los pobres, a los desvalidos, a las hermanas, a los extraños, a los acontecimientos…. Venerar lo que nos llega a través de ellos, nos lleva a Dios. El intercambio que se da es un enriquecimiento recíproco, y es bueno caer en la cuenta de que el recibimiento de las personas es mutuo: recibir-dar y dar-recibir, acoger-confiar. Es una relación interpersonal atrayente, que nos ayuda a gozar un gran proyecto que siempre estamos realizando en la vida de comunidad.

La hospitalidad es fruto de una interrelación entre las personas, situaciones, redescubrimiento del otro y del Otro, exterior a nosotras e interior. No todo se entiende o lo realizamos nosotras, acontece «algo» que no depende de una misma.

Así que ya sabes, a practicar hoy la danza de la acogida.

el seno místico y profundo de maría magdalena

 

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Una sola palabra bastó para sanar a María Magdalena y que ésta dejase de llorar: María.- Rabboni (Jn 20, 1-18). Cuando escuchó su nombre pronunciado por Jesús, la de Magdala pudo conectar con su interior y reconocerse en su verdad más profunda de mujer y seguidora de Jesús. Después podría proclamar al Resucitado a los demás. Pero antes de convertirse en anunciadora de la Verdad, tuvo que escuchar esa palabra verdadera, dirigida solo a ella, de forma personal.

San  Bernardo en el Sermón 28 del Cantar de los cantares, comentando el pasaje evangélico del encuentro de ésta  con el Señor dice,  que “el oído solo posee la verdad si percibe la palabra”. Escucha su sonoridad

Solus habet auditus verum, qui percipit verbum

Solo después de que la Palabra resuena en el vientre de María Magdalena, se  convierte en portadora de la noticia de la resurrección. A partir de ahora, ella ya no puede esperar la presencia de Jesús según los sentidos corporales, sino según la fe, y a través de su Palabra. Esto es lo que  el abad de Claraval interpreta al comentar la sentencia de Jesús: No me toques

Noli me tangere (no me toques), esto es: desentiéndete de ese sentido seductor; apóyate en la palabra y familiarízate con la fe

La fe despierta la capacidad femenina que toda persona, hombre o mujer, posee de sentirse seducida por el misterio de la Vida, encarnado en Jesús y, abrazarlo desde lo profundo de su seno; desde el silencio que rodea todo pensamiento, toda ansiedad, todo juicio. Así sigue San Bernardo en su comentario al Cantar

Prescinde pues de tu juicio, suspende tu opinión y no te fíes de la definición que puedan darte los sentidos de un misterio reservado para la fe. Ella lo definirá con mayor propiedad y certeza, porque lo comprende más plenamente. Ella abarca en su seno místico y profundo lo que se entiende por la largura, anchura, altura y profundidad.

Que el “toque” femenino de este día nos acompañe también  mañana en la fiesta de otra gran mujer, patrona de Europa, Santa Brígida.

sermones de adviento de san bernardo

jabones navidad

 

 

Luna llena. Estos días la luna llena nos introduce en el tiempo de Adviento, acompañada de las lecturas con tono apocalíptico, que la liturgia refiere como preámbulo a estas cuatro semanas de preparación para el advenimiento del  Señor: habrá signos  en el sol y la luna y las estrellas (Lc 21, 25-28) El mismo evangelio de Lucas durante esta semana sonaba tremendamente actual , al profetizar calamidades en el universo, que más que una profecía es un cumplimiento, por la angustia que se  está viviendo ante los últimos acontecimientos.

Pero este género literario apocalíptico, que vaticina el fin del mundo, no es utilizado en el NT con un objetivo temerario, sino todo lo contrario- aunque hoy en día nos cueste conectar con su modo de expresión-, lo que quiere despertar es la esperanza y la liberación.

Una esperanza y una liberación que no tenemos que buscarla en la realidad exterior, sino en nuestro interior, porque como dice San Bernardo,

El adviento no es una llegada de quien ya está presente; es la aparición de quien permanece oculto

En su IIIº Sermón de Adviento, el abad de Claraval nos insta a mirar hacia el corazón. Sí el Señor viene, pero no desde fuera, hay que descubrirlo cada cual en su interior y a ello nos ayuda el contacto asiduo con las Escrituras, según nos lo relata en el Vº Sermón del mismo tiempo,

Guarda así la Palabra de Dios (…) Métela en las entrañas de tu alma; que la asimilen tus afectos y tus costumbres (…) Si guardas así la Palabra de Dios, ella te guardará a ti sin duda alguna.

Algo muy parecido anotaba en su diario la mística judía Etty Hillesum, refiriéndose a las sabias palabras de su maestro, que para ella eran como palabra de Dios,

…si uno viviese realmente dejando que estas pocas palabras penetraran en su carne y en su sangre, se convertiría en un ser humano diferente.

¡Ah¡ ya están listos nuestros jabones de glicerina para Navidad, recién salidos del horno, ñam, ñam, …

 

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