Hola

Que ninguna inquietud turbe tu reposo. Vives en un lugar retirado, bien plantado, regado y fértil. Te rodea un valle umbroso de bosques; se oye en primavera el dulce gorjeo de los pájaros; tienes materia más que suficiente para reanimar un corazón glacial, disipar el fastidio y enternecer la dureza de un alma sin devoción. Gilberto de Hoyland.

Entre las rías de Pontevedra y Arousa, en la comarca del Salnés, asoma el antiguo Monasterio Cisterciense de Armenteira habitado por una comunidad de monjas de la misma orden.

Como gustaba a los primeros monjes de Císter, el Monasterio se encuentra en un hermoso valle fecundado por las aguas, metáfora de la gracia de Dios que se derrama en los corazones.

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La pregunta que fácilmente puede surgir al visitar esta web o al acercarse a nuestro Monasterio es ¿qué hacemos aquí un grupo de mujeres, de monjas? ¿Qué sentido tiene nuestra vida?

Como cristianas, nuestro punto de referencia es Cristo, al que intentamos seguir según el Evangelio, en una comunidad de hermanas.

Las monjas y los monjes hemos ido trazando, a lo largo de los siglos, un peculiar estilo de vida sencillo que, en un ambiente propicio para cultivar la soledad y el silencio, nos ha ido permitiendo adentrarnos en nuestro propio corazón, fuente de la unificación interior y espacio para el desarrollo de una vida comunitaria saludable y vigorosa.

Los primeros Cistercienses describieron el monasterio como “escuela de amor”. Siguiendo sus pasos, tratamos de hacer realidad, también hoy, el modelo de vida al que nos sentimos especialmente invitadas.

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Muchas de nosotras hemos descubierto nuestra llamada, y hemos reconocido el don que conlleva, en el contacto con una comunidad concreta que se nos ha hecho familiar y entrañable. Sin embargo, la comunidad no se construye por afinidad con las hermanas. Es un bien gratuito y frágil que tenemos que cuidar y que construir día a día. Se fragua desde la atención al propio corazón, y desde la apertura, conocimiento y acogida mutua cuyo fundamento es Cristo. En realidad, la vida monástica no es ningún ideal romántico. Uno de los desafíos ascéticos de la monja de hoy es aprender a aceptarse y aceptar a sus hermanas tal y como son. La vida comunitaria exige un amor desinteresado y aunque a veces la monja sienta que está rozando sus propios límites, el que ha elegido, es un modo de vida que proporciona el “sustrato” para el crecimiento espiritual y humano.

Desde aquí te invitamos a conocer nuestro Monasterio, quizás mediante una visita virtual o quizás, porqué no, acercándote a la frescura de esta Comarca como turista o como huésped. Todas las formas son válidas y pueden ser valiosas para quien sabe mirar con atención.