filocalía de los padres népticos

filocalia

Acaba de ser publicado el tomo primero de una nueva versión en castellano, de la Filocalía, por la editorial Monte Casino, perteneciente a la Comunidad de Benedictinas de Zamora. El libro ha sido introducido y traducido por el padre cistericense Juan María de la Torre, de Oseira (Ourense). Arduo trabajo de gran conocimiento de la Patrística, del griego antiguo y de exégesis bíblica, junto con mucha paciencia y dedicación y cariño hacia la realidad monástica.

La obra titulada “Filocalía de los padres népticos”, será presentada por la hermana Paula Téllez, de nuestro monasterio y tendrá lugar en Pontevedra el día 14 de este mes, a las 20,00 h, en la “Casa das Campás”.

Filocalía significa amor a la belleza, y es que para los habitantes  del desierto de Egipto (s IV) – en un primer momento-, y para los monjes del monte Athos (Grecia) – diez siglos después (s XIV)-, la práctica del silencio de la mente y del corazón – para los primeros-, y  la oración de Jesús -para los segundos-, era fundamental para alcanzar lo más bello y lo más bueno: la unión con la Belleza divina e increada o el amor de Dios como fuente de todas las cosas bellas.

Nos encontramos en las mismas raíces del monacato cristiano, cuando ermitaños y anacoretas, poblaban los desiertos de Egipto, Siria, Palestina y la península del Sinaí. Aquí nació la gran desconocida tradición hesicasta, es decir, la oración basada en el silencio y acompañada de la respiración. Sí, parece que esto es más propio de la sabiduría Zen que del cristianismo, pero al principio no fue así, de hecho, el Zen se inicia en China cuando la gran era de los Padres del Desierto se aproximaba a su fin en Egipto.

¿A ver si adivinas a quién pertenecen estos textos, a los padres de la Filocalía o autores actuales?

Fijos en las palabras escuetas de la ora­ción y únicamente en ellas; no admiten nada más, ni del exterior ni del interior, para mantener así la mente absolutamente sin forma y límpida.

La sobriedad solo puede venir de dentro.

No te figures la divinidad en tu oración y no permitas a tu mente que reciba la impronta de cualquier forma, sino permanece inmaterial en presencia de lo inmaterial; y entonces comprenderás.

Si quieres saber el resultado, anímate a venir a su presentación. Seguro que huele muy bien,mmm…, entre tanto jabón de Navidad ¡¡

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