El mundo…pudo llegar hasta él

 

silencio

Cuenta la monja tibetana Pema Chödron:

“En una ocasión asistí a una conferencia sobre la experiencia espiritual que vivió un hombre en India durante la década de los sesenta. Nos contó que estaba absolutamente dispuesto a librarse de sus emociones negativas: luchaba contra la ira y la lujuria, luchaba contra la pereza y el orgullo, pero sobre todo quería liberarse del miedo. Su profesor de meditación le decía una y otra vez que dejase de luchar, pero él consideraba que aquello no era más que otra manera de explicarle cómo superar los obstáculos.

Finalmente, el profesor lo envió a meditar en una pequeña cabaña al pie de las montañas. El cerró la puerta y se dispuso a comenzar con la práctica. Al llegar la noche, encendió tres pequeñas velas. Hacia medianoche oyó un ruido en una esquina de la habitación y en la oscuridad pudo distinguir una gran serpiente. Estaba justo delante de él, balanceándose, y le miraba como una cobra real. Estuvo toda la noche totalmente alerta, manteniendo los ojos en la serpiente: tenía tanto miedo que no podía ni moverse. Sólo estaban él, la serpiente y su miedo.

Justo antes del amanecer se apagó la última vela y él empezó a llorar, pero no lloraba de desesperación sino de ternura. Sintió el anhelo de todas las personas y animales del mundo; conoció su lucha y su alienación. Todas sus meditaciones no habían sido más que lucha y separación.

Entonces aceptó —verdaderamente aceptó de todo corazón— que era iracundo y celoso, que se resistía y luchaba, y que tenía miedo. También aceptó que era un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Se sentía tan agradecido que se levantó en medio de la oscuridad total, caminó hacia la serpiente y le hizo una reverencia. A continuación se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido. Cuando despertó, la serpiente había desaparecido. Nunca supo si se lo había imaginado o si realmente había sucedido, pero no parecía importarle mucho. Como dijo al final de la conferencia, el contacto íntimo con el miedo hizo que sus dramas personales se colapsaran, y finalmente el mundo que le rodeaba pudo llegar hasta él”.

Este tiempo de Cuaresma…¿no será la cueva en la que por fin se desvanecen nuestras pesadas luchas y logramos hacer una reverencia, con elegancia y suavidad, a nuestros peores miedos? ¿No fue esa la experiencia de Jesús de Nazaret?

Respira y sonríe.

Un antes y un después

 

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Miguel Ángel llegó hace muchos años al Monasterio de Oseira. Llamó a la puerta y entró. Quería descubrir si su camino era el monástico. La vida le ha demostrado que sí pero no como monje sino como hombre casado y padre, como profesional y como miembro activo de las comunidades de base. Desde aquella visita “ya nada fue igual”.

Es amigo y visitante habitual de los monasterios por los que pasa…uno de ellos, Armenteira. Tuvimos la suerte de contar con su presencia y con la de Marisa hace algo más de un mes. Pero todo empezó…un tiempo antes:

Por algún artículo que leí de Paula Téllez en alguna web o en facebook, la incluí entre mis contactos y empecé a comunicarme con ella. La enviaba artículos míos o bienaventuranzas, de las que me decía que las compartía en la oración de la comunidad o en algún congreso monástico. Luego algunos amigos y amigas me hablaban de su estancia en Armenteira, de la apertura de la comunidad y no paré hasta visitar la comunidad a principios de febrero.

He visto, a través de las reflexiones del blog, la búsqueda de esta comunidad por ir encarnando el ideal monástico, y cisterciense en lo concreto de la realidad, las necesidades y preocupaciones del mundo actual. Como parte de una Iglesia, comunidad de comunidades, sencilla, pobre entre los pobres, alegre, comprometida, en frontera. Como las primeras monjas y monjes del desierto.

Otro rasgo que destaca (Paula me lo confirmó) es la vivencia y la mirada feminista desde este reto monástico. Yo creo que puede aglutinar a buena cantidad de mujeres a su alrededor, preocupadas y comprometidas contra la violencia, la marginación, el desprecio, la desigualdad de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Ojalá se mantenga y se reafirme esta línea, vivida por muchas hermanas cistercienses y de otras órdenes monásticas, a lo largo de la historia, desde la realidad concreta de su tiempo.

Lo que resplandece en Armenteira es la simplicidad, la austeridad gozosa, el reciclaje de todo, la oración sencilla y profunda, la amabilidad y la acogida. Desde el principio te sientes como en casa. Incluso en el hecho de hacerte la cama o en el poner y recoger la mesa. Lourdes o Paula están pendientes de ti, charlan de lo divino y lo humano, desbordan humanidad, alegría, naturalidad, sin tiempo. Algo de agradecer en estos momentos que estamos viviendo.

He disfrutado enormemente de los ratos de oración litúrgica, del silencio del monasterio, de la naturaleza desbordante. El paseo que hicimos Marisa y yo por la ruta de la piedra y del agua nos dejó maravillados. Y, al comienzo y al final del día, es un espectáculo fascinante, que adentra en el misterio de la fe y de la vida, el pasear tranquilamente por el único y bello claustro que conduce a la capilla.

Estos días de silencio, de oración y charla amistosa y fraterna, para la gente que venimos de la gran ciudad del asfalto y la prisa, no se pueden pagar con dinero, sino con una profundización en la amistad, en el compartir lo que sientes y vives, en el deseo de volver en cuanto las obligaciones diarias me dejen un resquicio en la agenda. Y no dudéis que volveré cualquier día que necesite respirar de nuevo el aire puro de Armenteira, para seguir bregando después con más animo en el día a día por el Reino, es decir, por un mundo mejor, más fraterno y justo.

Miguel Ángel no se fue sin antes lanzarnos una pregunta que no solo nosotras, sino todos los que os sentís vinculados al camino monástico, podemos ayudar a contestar:

¿Cómo tendría que vivirse y renovarse el carisma monástico y cisterciense para ser fermento y semilla en nuestra sociedad actual?

Mmmm….sin duda, no es el único que se pregunta esto 🙂

Sentados junto al manantial

 

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“Créeme mujer: se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así”. Jn 4, 6-42.

El poeta y místico sufí Rumi lo expresa de este modo:

El templo del amor no es
el amor en si mismo;
el amor verdadero es el tesoro,
no sus muros.

El verdadero amor…es el culto verdadero pero ¿resulta fácil adorar así al Padre? Antes las cosas estaban más claras. Una sola religión, unos ritos aceptados por la mayoría, una cultura bien delimitada y una identidad cohesionada.

Y ahora ¿qué? Las iglesias están vacías…pero ¿hemos logrado el culto verdadero, en espíritu y verdad?

Dice Javier Melloni:

Se ha dicho que hoy en día el problema no es tanto el ateísmo como el politeísmo, el tener muchos dioses.

Y, ¿cómo distinguimos el dios del Dios? Lo distinguimos en cómo esa forma de adoración o de entrega nos somete a ella o nos libera. Éste siempre ha sido el criterio que distingue la idolatría de la verdadera creencia. Lo propio de un ídolo es generar víctimas. Y lo propio de un Dios verdadero es liberar a quien se entrega a él porque se abre al Absoluto y, de esta manera, no queda reducido.

El espacio de Dios es infinito…ya no es necesario el templo de Jerusalén ni el de Samaría. Aunque es bueno que haya templo porque necesitamos espacios y lugares donde cultivar todo esto. Pero no se trata de ese absoluto de mi templo que lo que hace es negar todas las otras posibles manifestaciones de Dios que están fuera del recinto de mi templo.

Poner verdad en nuestra vida es poner consciencia a cada uno de sus momentos. Y entonces el templo ya no está en un lugar determinado sino que todo momento y todo acto se convierte en sagrado y, por tanto, se convierte en templo. Y por eso los verdaderos adoradores ya no adorarán en Jerusalén o en Samaría sino que cada instante de su vida será su adoración, será su vivir en espíritu y en verdad. Y eso convertirá en sagrada cada una de las cosas que vivamos.

Y termina Rumi:

Descubierto esto remplaza todo lo demás,
lo aparente y lo desconocido.
tiempo y espacio son esclavos de esta presencia.

Descubrir esto, el “Yo soy” de Jesús, remplaza todo lo demás…todo culto relativo. Pero el culto relativo orientado hacia el verdadero culto (Amor-Presencia) nos puede ayudar, en medio de tantas inercias de muerte, a llegar a ese “surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. El Absoluto.

La poda y la misericordia

 

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La Cuaresma es el tiempo de la misericordia.

Thomas Merton dice que el Dios del Miércoles de Ceniza es un tranquilo mar de misericordia. Y miseria y misericordia van unidas. Es más que un juego de palabras –que a San Bernardo le gustaba mucho-, es una realidad inseparable. Lo que pasa es que, quizás, la Iglesia en este tiempo litúrgico, arrastre un pesado lastre por haberse fijado más en la miseria y pecado humanos, que en el Dios compasivo y misericordioso. Son las dos realidades igual de importantes, pero pesa más el amor de Dios que nuestra debilidad.

La Cuaresma también es el tiempo de la poda. Hay que podar los frutales para que produzcan fruto. La poda consiste en hacer luz en cada árbol , quitando las ramas y chupones que ocupan mucho espacio y son improductivos, y también hay que cortar las ramas que están entrelazadas, que enredan. De nuevo Merton nos habla de la “Viña Místíca” que es Cristo y si queremos crecer unidos a esa Viña, debemos sufrir las mismas podas.

El  “Ahora -oráculo del Señor-“, que escuchábamos de boca del profeta Joel el Miércoles de Ceniza, inaugura de forma solemne y real este tiempo de ayuno, limosna y oración, orientados a silenciar nuestros “pequeños yoes”, nuestro ego. Pero no como unas prácticas ascéticas positivas para nuestro cuerpo y nuestro espíritu, sino que van mucho más allá. Nos vinculan a un seguimiento profundo de Jesús, pues nuestro ego no puede llevar la Cruz y mucho menos seguir al Maestro.

“Niégate a ti mismo, carga con tu cruz  cada día y sígueme” (Lc 9,23); “[Leví] dejándolo todo, se levantó y le siguió” (Lc 5,28).

Pégate a Mí, a cada paso, a cada respiración…

Camelias sin fin…

Hoy decimos adiós al Congreso Internacional de la Camelia pero todos los camelios de las Rías Baixas siguen esplendorosos, no se despiden, se mantienen vivamente intensos en nuestros jardines, en los paseos, también en nuestro claustro. Este breve y valioso documental nos permitirá guardar en la retina lo que estas flores nos expresan, cuando se vaya el invierno. Nuestra participación en él fue muy grata, como lo es todo lo que contribuye a ensalzar la gratuidad de la naturaleza.

El Congreso también fue ocasión de dar a conocer nuestros productos y de hacer estimables contactos; Antonio y Lola de la Universidad de Córdoba nos abrieron los ojos sobre la posibilidades del aceite de borraja!

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La venta fue buena 🙂 y nuestras mejores compradoras fueron las australianas! Lamentablemente tuvieron que rehusar llevar unas preciosas cestas decoradas con semillas de camelia. Esta terminantemente prohibido introducir semillas en el país!

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La relación con el resto de “feriantes” fue muy amena y agradable. Sus obras, fantásticas. Las joyas en esmalte de Pilar y Tony de Obradoiro Hedra, en porcelana pigmentada de Miguel Santamaría, en conchas de Montse Betanzos, los trabajos pictóricos de Amelia Vázquez Palacios, los esmaltes de Hernández  y los diseños en torno a la camelia en madera y cristal de Mercedes…realmente la camelia incita al arte.

Y en medio de todo el barullo, la ponencia de nuestra hermana Paula sobre el proceso de fabricación en frío del jabón de camelia!

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Como ya os habíamos adelantado, algunos datos, menos científicos, cautivaron a la audiencia…

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…y como despedida…el rosetón gótico iluminado del Monasterio, asemejando un mandala o una…camelia!

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La siguiente convocatoria será en 2016 en…China! ¿Vamos?

Hablemos de camelias

 

Congreso

Estamos contentas. Por primera vez se celebra en España el Congreso Internacional de la Camelia que se inaugura hoy en Pontevedra. El Monasterio y las camelias hicieron un pacto hace unos cuantos años y de esa alianza han surgido nuevos jabones, enriquecidos con el fabuloso aceite que se extrae de las semillas de estos arbustos tan ligados hoy a la belleza intensa del invierno gallego.

Este sello propio se ha materializado también en un acuerdo I+D+I con la Estación Fitopatolóxica de Areeiro. Gracias a este centro especializado, podemos garantizar que el aceite con el que elaboramos esta gama de jabones es cien por cien de camelia y goza de la más alta calidad.

Por eso nos honra tener una participación activa en el Congreso. Un Congreso que, pese a su carácter científico, no deja de lado el arte. El arte visual comprendido en la visita a los pazos gallegos, esplendorosos ahora, anticipándose a la primavera, gracias a la profusión de colores y formas variadas de las vibrantes camelias.

Durante el Congreso, diferentes expertos tratarán la singularidad de la camelia desde distintos ángulos: histórico, paisajístico y ornamental, técnico, sanitario y..como no, material: los productos derivados del aceite de camelia. En este punto, la hermana Paula hará una presentación científica sobre el proceso de elaboración de los jabones. Aunque, habiendo escuchado ya su ponencia en comunidad, sabemos que a los asistentes les dejará un eco más allá del conocimiento técnico. Y eso será el viernes a las 11:45 en el Centro Social Novacaixagalicia de Pontevedra. ¿No oís el murmullo de los aplausos? 🙂

Además tendremos un stand en el hall del Centro Social donde daremos a conocer nuestros jabones a todos los asistentes al Congreso y, por la tarde, a todo el público no inscrito en el Congreso que desee acercarse para comprar algún producto de calidad asociado a la camelia. Habrá artesanía, alimentación y…jabones, jabones, jabones.

El monje que no cayó en la tentación

Misericordia

“Si el delito de uno trajo la condena de todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida”. Rm 5, 12-19.

Cuenta el Dalai Lama:

Un monje tibetano, que había pasado dieciocho años en prisión, en un campo de trabajo chino, me confesó que en unas cuantas ocasiones sintió que realmente estaba en peligro. Así que le pregunté: “¿Qué tipo de peligro?” pensando que se referiría a las torturas o a las cárceles chinas.  Me respondió: “Muchas veces estuve en peligro de perder la compasión por los chinos”.

Jesús venció toda tentación, todo reclamo de alienación. Su resiliencia es la luz de la Cuaresma. Su amor, es el corazón del desierto. Hoy cantaremos el Salmo 50. “Misericordia Señor, hemos pecado”. Tu compasión nos abraza recordándonos que es posible, es posible hacer de la compasión el antídoto frente a todas nuestras adicciones, reacciones, enredos, extravíos, pérdidas y rupturas. Como el monje tibetano, creemos que un solo corazón compasivo “traerá la justificación y la vida” amén, amén.

Felices días…mujeres

 

perpetua y felicidad

Ayer celebrábamos el día de las santas Perpetua y Felicidad y lo pasamos requetebién gracias al generoso sol y a la docilidad de los ciruelos que se dejaron podar. Nos llenamos de vitamina D y nuestros brazos se sintieron danzar entre las ramas.

Perpetua y Felicidad…o la perpetua felicidad es el preludio del Día de la Mujer. Nos gusta como nuestra amiga Consuelo, Javeriana de Galapagar, nos felicitaba hoy:

Sin entrar en matices sobre la conveniencia  de un  “8 de marzo día de la mujer”, aprovecho la fecha para agradecer con Gioconda Belli, que “Dios me hizo mujer” y para recordar que estoy llena de posibilidades. No olvido que tengo que caminar erguida y luchar para poder desarrollarlas, y no solo por mí, sino por la inmensa mayoría de las mujeres que viven en situación de injusticia.

También aprovecho el día para traer a la memoria a las mujeres que me han precedido o me acompañan en el caminar de la vida y expreso mi gratitud, compartiendo la alegría de sabernos convocadas a crecer, a ser plenamente humanas, creando espacios de relación, estudio y acogida mutua,  y creyendo que todo lo que hagamos en esa dirección, tendrá su fruto.

De manera especial mi gratitud para ti. Que tengas un buen día.

Y a ti también Consuelo, ¡gracias! y perpetua felicidad para todas.

 

Solo soy la voz de mi pueblo

 

La voz

El obispo de Centroáfrica, Juan José Aguirre, ha escrito un libro: “Solo soy la voz de mi pueblo“. Y dice:

Mirando mi pasado solo puedo decir con el poeta: <<Confieso que he vivido>>. Han sido muchas experiencias que se acumulan en mi memoria desde aquel 1980 que llegué a África por primera vez. Si dejo rienda suelta al disco duro de mi cerebro, me descarga las más bellas. Pero yo sé que las otras, las que escuecen, las que apestan a humanidad corrompida, a sangre derramada, a la miseria de los que no son nadie, también están ahí, formando parte del puzle de mi vida. Señor, tú me has acompañado siempre, como telón de fondo de mi vida, de esa vida que he vivido con profundidad, gastada por los demás, feliz de haberla dado…Solo te repito lo de siempre: << Aunque camine por valles oscuros, no temo, porque tú vas conmigo; la certeza de tu presencia me consuela>>.

Una de nuestras hermanas en el Monasterio le recuerda…

Antes de entrar en Armenteira yo “solo” había conocido a dos obispos. Al primero lo conocí en Taizé y llevaba un chándal verde, de esos brillantes. Quise hablar con él y me dijo: “es bueno que en las empresas haya cristianos comprometidos”. Así que, con el beneplácito del obispo de Connecticut, entré a trabajar en una empresa americana en la que, paradojas de la vida, estaba terminantemente prohibido llevar ropa de chándal!!.

Al segundo lo conocí antes que al primero, en la terraza de casa de unos amigos. Todos nos pusimos alrededor suyo con nuestras orejas desplegadas como bafles de alta fidelidad. No es común tener a un obispo de Centroáfrica sentado a tu lado. Llevaba una camiseta colorada y una barba morena. Han pasado al menos 15 años desde entonces y aún recuerdo sus palabras. “Las personas somos como trenes. En África es normal que varios vagones del tren estén en llamas pero el tren tiene que seguir adelante. Nadie se para a lamentarse, no se lo pueden permitir”. Recuerdo vivamente como contaba las mayores catástrofes con una enorme tranquilidad, humor, responsabilidad y ojillos verdes.

Él es la voz de su pueblo…gracias Monseñor Aguirre por seguir sonando así. Tan auténticamente humano.  Con “la certeza de su presencia”…oramos para que todos esos trenes no dejen nunca de avanzar. El rostro claro de Santiaguito parece querer decirnos que eso…es posible.

Somos polvo…mas polvo de estrellas

polvo de estrellas

Esta mañana hemos recibido la ceniza. Lo hemos hecho descalzas siguiendo una sugerencia llevada por el limpio aire de la primavera anticipada, desde un siglo atrás. Así habló Thomas Merton:

La Cuaresma es la “ver sacrum” o la sagrada primavera. No es un tiempo tanto de castigo como de curación. Hay alegría en el ayuno…para que el ánimo esté más claro y receptivo a la Palabra de Dios.

La ceniza es también promesa de vida. La compunción de este día es liberadora. Deja entrar el limpio aire de la primavera.

Algunos monjes reciben la ceniza descalzos. Sienten la tierra bajo sus pies. La iglesia entera está callada, llena del rumor de personas que andan sin zapatos. La oración es mucho más significativa sin ellos.

Hoy nos impusieron la ceniza sobre la frente. Parte de su polvo se fue deslizando, cayendo libre y difuso sobre nuestra nariz, barbilla…impregnando la cogulla. Los pies desnudos sobre el suelo nos anclaron al presente, a la realidad concreta, impermanente y necesitada de evolución. Sin embargo, ese mismo polvo…es también polvo de estrellas. “Piensa que eres polvo pero que tu naturaleza más honda, es inmortal” Willigis Jäger.

Las dunas de Corrubedo en plena primavera, nos recuerdan también que el desierto es bello, muy bello…cuarenta días de bello y curativo desierto. Toca descalzarse.

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