La poda y la misericordia

 

camelio

La Cuaresma es el tiempo de la misericordia.

Thomas Merton dice que el Dios del Miércoles de Ceniza es un tranquilo mar de misericordia. Y miseria y misericordia van unidas. Es más que un juego de palabras –que a San Bernardo le gustaba mucho-, es una realidad inseparable. Lo que pasa es que, quizás, la Iglesia en este tiempo litúrgico, arrastre un pesado lastre por haberse fijado más en la miseria y pecado humanos, que en el Dios compasivo y misericordioso. Son las dos realidades igual de importantes, pero pesa más el amor de Dios que nuestra debilidad.

La Cuaresma también es el tiempo de la poda. Hay que podar los frutales para que produzcan fruto. La poda consiste en hacer luz en cada árbol , quitando las ramas y chupones que ocupan mucho espacio y son improductivos, y también hay que cortar las ramas que están entrelazadas, que enredan. De nuevo Merton nos habla de la “Viña Místíca” que es Cristo y si queremos crecer unidos a esa Viña, debemos sufrir las mismas podas.

El  “Ahora -oráculo del Señor-“, que escuchábamos de boca del profeta Joel el Miércoles de Ceniza, inaugura de forma solemne y real este tiempo de ayuno, limosna y oración, orientados a silenciar nuestros “pequeños yoes”, nuestro ego. Pero no como unas prácticas ascéticas positivas para nuestro cuerpo y nuestro espíritu, sino que van mucho más allá. Nos vinculan a un seguimiento profundo de Jesús, pues nuestro ego no puede llevar la Cruz y mucho menos seguir al Maestro.

“Niégate a ti mismo, carga con tu cruz  cada día y sígueme” (Lc 9,23); “[Leví] dejándolo todo, se levantó y le siguió” (Lc 5,28).

Pégate a Mí, a cada paso, a cada respiración…

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