El monje que no cayó en la tentación

Misericordia

“Si el delito de uno trajo la condena de todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida”. Rm 5, 12-19.

Cuenta el Dalai Lama:

Un monje tibetano, que había pasado dieciocho años en prisión, en un campo de trabajo chino, me confesó que en unas cuantas ocasiones sintió que realmente estaba en peligro. Así que le pregunté: “¿Qué tipo de peligro?” pensando que se referiría a las torturas o a las cárceles chinas.  Me respondió: “Muchas veces estuve en peligro de perder la compasión por los chinos”.

Jesús venció toda tentación, todo reclamo de alienación. Su resiliencia es la luz de la Cuaresma. Su amor, es el corazón del desierto. Hoy cantaremos el Salmo 50. “Misericordia Señor, hemos pecado”. Tu compasión nos abraza recordándonos que es posible, es posible hacer de la compasión el antídoto frente a todas nuestras adicciones, reacciones, enredos, extravíos, pérdidas y rupturas. Como el monje tibetano, creemos que un solo corazón compasivo “traerá la justificación y la vida” amén, amén.

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