un viejo tronco llamado simeón

 

Mañana celebraremos la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor y nos llegan las palabras iluminadoras del abad cisterciense Guerrico de Igny (s XII), para entrar en ella con el corazón esponjado

Ved como arde el cirio en las manos de Simeón. Encended también vuestros cirios con aquella luz.  Me refiero a las lámparas que el Señor manda que tengamos encendidas en nuestras manos. Acercaos a Él y quedad iluminados, no llevéis solo las lámparas en vuestras manos, sino sed vosotros mismos lámparas que arden por dentro y por fuera, para vosotros y para el prójimo. ¡Que la lámpara esté en el corazón, y en las manos, y en los labios¡ ¡La lámpara en el corazón luzca para vosotros; la lámpara en las manos o en vuestros labios ilumine a vuestro prójimo¡ La lámpara del corazón es la piedad de la fe; la lámpara de las manos es el ejemplo de la acción; la lámpara en los labios es la palabra de edificación.

También el corazón, las manos y los labios de este viejo árbol están iluminados, porque hunde sus raíces en el torrente de agua viva que atraviesa el monasterio y porque con el tiempo, entre su arrugado tronco, da cobijo y abraza tiernamente a hongos trepadores, musgos y líquenes, débiles telas de araña,… como el anciano Simeón que tomó al Niño en sus brazos.

Así que, si queréis encender en vosotros tantas lámparas, acercaos a la fuente de la luz y quedad iluminados; quiero decir que os acerquéis a Jesús, que brilla entre las manos de Simeón.

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