Un día cualquiera

 

Hoy la mañana se levantó azul. De camino al invernadero, tras el oficio de Laudes, las hortensias tardías nos saludan en esos mismos tonos. Un hola apaciguador y sereno.

Hortensia

Se nos pasó la luna llena pero no podemos retrasarlo más. Es tiempo de sembrar los grelos. Si no, no estarán hechos en el invierno. Y un invierno gallego sin grelos, simplemente no es.

Grelos

En el invernadero, tomates, pimientos, calabacines, pepinos, judías…aguardan la ración de agua, sol y abono. Nuestra huerta ecológica requiere observación y mucha paciencia. En ella, adquirimos el sabor de lo monástico, que no es otra cosa que el gusto por lo real.

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Sí…ya lo decía San Bernardo…las peñas y los árboles serán tus mejores maestros.

Posponer es vivir

 

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“El que no pospone a su padre y a su madre…incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Qué bella expresión para describir algo tan difícil como es abrirse, pacientemente, a un designio mayor que es “fuerte como la muerte”, diría el Cantar de los Cantares. Porque ese “posponer” es una muerte en realidad para nuestro yo. Una muerte que conlleva un resurgimiento, un renacimiento desde las cenizas de la tierra, y por ello, un revivir en humildad. Posponer es un acto enormemente valiente que frena las fortísimas inercias del yo auto-centrado. Posponer es respirar profundo, es permitirnos hacer una pausa…un silencio…para desligarnos de lo que nos aprisiona y ligarnos a lo que nos inunda de trascendencia. Necesitamos desligarnos para “religarnos”…es decir, para vincularnos con “esa Dimensión primera y última de lo Real” en palabras de Javier Melloni.

Alguien dijo…la vida es eso que sucede entre la acción…y la reacción. La vida es esa pausa entre estímulos. Es el silencio elocuente que susurra el camino al discípulo. La vida solo se revela a sí misma si estoy dispuesta a posponer todo al Todo.

 

Donde hay amor, hay sabor

 

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¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el  novio está con ellos’”. Ayunar es quedarse sin sabor; es renunciar, al menos temporalmente, a paladear con gusto las esencias que el propio corazón extrae al digerir en su interior la Palabra. En la introducción a las obras completas de San Bernardo, escribe Juan Mª de la Torre: “El gusto se deriva de una sensación de dulzura que siente el alma en su interior de forma muy especial e incomunicable”. Esta capacidad de gustar la vida como es, de saborear los pequeños detalles cotidianos en toda su plenitud nace de una certeza: somos amados. Solo el amor percibido (experimentado) como Realidad fundante de nuestra vida nos permite adentrarnos en el reino de la abundancia, de la plenitud. Dice el salmista: “al despertar me saciaré de tu semblante”. Si despertamos del sueño de la necesidad (el ayuno) y reconocemos que la vida, tal y como se presenta en este preciso instante, puede saciar todas nuestras aspiraciones, entonces descansaremos, gozaremos…degustando el auténtico sabor de lo Real pues “donde hay amor no hay fatiga, hay sabor”.  San Bernardo de Claraval

 

Icono de compasión

Karen Armstrong en su magnífico libro “Doce pasos hacia una vida compasiva” dice que “el icono de la madre María y del niño Jesús es una expresión arquetípica del amor humano.” También describe ese amor maternal como “desgarrador, así como gratificante” y reconoce la autora que “exige resistencia, fortaleza y un alto grado de desinterés.” Es un amor profundamente compasivo.

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Las personas que practican la compasión descubren que tienen una claridad nueva y experimentan un estado de ser notablemente intensificado. Son también un icono, una ventana, de la compasión de Dios, de sus entrañas misericordiosas.

La contemplación del icono o el rezo cantado ante la Virgen nos ayuda a trascender los estrechos límites del yo y a atisbar la fuerza de un corazón desprendido de todo autocentramiento.

Cada noche, las monjas y monjes de la Orden del Císter, terminamos el día entonando la Salve, despidiéndonos de las sombras del ego y abrazando la luz nocturna de la compasión; esa que desprende la Estrella, María.

Ser como el agua

“Cuando seas convidado vete a sentarte en el último puesto”. Jesús describe en esta parábola la actitud del santo, como arquetipo del ser humano. Para ello utiliza los fuertes contrastes entre el auto-enaltecimiento, la auto-adoración del “yo” y la humildad, la transparencia del ser. Sin embargo, en palabras del teólogo Hans Urs von Balthasar, esa humildad, esa diafanidad del ser, no se puede “adquirir”, ni procurar. Cierto: el ego que busca disminuirse acaba fortaleciéndose. La humildad en cambio sucede sin que la persona humilde siquiera lo sepa. Ya lo dijo Elie Wiesel: “los santos tienen la desconcertante costumbre de hacer todo sin ruido”. Su humildad es como el agua clara.

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En la tradición taoísta china, el Tao Te King (el libro del camino y de la virtud) recoge una descripción de la santidad muy semejante a la que hace Jesús: “La bondad suprema es como el agua, que favorece todo y no rivaliza con nada. Ocupando la posición despreciada por los demás, está muy cerca del Tao. Su posición es favorable. Su corazón es profundo. Su palabra es fiel. Su gobierno está en perfecto orden. Cumple sus tareas. Trabaja infatigablemente. No rivalizando con nadie, es irreprochable”. Sí…Ocupando la posición despreciada por todos, “el último puesto” está muy cerca del Tao (de Dios). Su posición es favorable, “amigo, sube más arriba…porque todo el que se humilla será enaltecido”.

Practicar la generosidad

Luz

“El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos”. Los talentos son la luminosidad de nuestro ser, la energía o capacidad integral que poseemos en esta vida concreta. ¿Qué hacemos cuando queremos apagar un fuego? Le echamos tierra encima. Sí…somos luz pero con paladas de tierra que ahogan su vibrante calor. Si al menos fuésemos conscientes del don recibido… Si fuésemos conscientes de que nuestra existencia es un regalo maravilloso (totalmente gratuito), entonces podríamos llegar a comprender que la generosidad en una de las leyes más poderosas de esta vida.

 Jon Kabat-Zinn, médico americano especialista en Mindfulness o Atención Plena, recomienda practicarla, es decir “negociar con los talentos”. Dice “entra en contacto con un núcleo de ti mismo que es muy rico en todos los aspectos. Permite que ese núcleo irradie su energía hasta el exterior, por todo tu cuerpo y más allá. Experimenta con el hecho de regalar esta energía sin pensar en obtener ningún beneficio ni recompensa. Da más de lo que piensas que puedes, confiando en que eres más rico de lo que crees. Celebra esta riqueza. Da como si poseyeses una riqueza inagotable. Esto es lo que se llama generosidad regia”. Esto es lo que se llama, multiplicar los talentos.

Icono de vaciamiento

Evangelio de Lucas 13, 22-30

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“Vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”. Muchos judíos no supieron abrirse a la novedad de Jesús; no supieron reconocer en él, como sí hizo Natanael, al ser manifestado de Dios. Se habían auto-clausurado en un marco muy estrecho de creencias fuera de las cuales no podían reconocer ningún signo de Vida. Nosotros tampoco estamos exentos del peligro de minimizar a Cristo Jesús, el inabarcable e incircunscribible, a una serie de dogmas rígidos que nos cieguen la visión de otras manifestaciones de Dios que puedan darse fuera de las categorías aprendidas.

Dice Javier Melloni, jesuita involucrado en el diálogo interreligioso: “Cristo Jesús es el icono de un doble vaciamiento: de lo divino en lo humano y de lo humano en lo divino. Esta revelación no puede convertirse en un mensaje exclusivista sino de esclarecimiento: allí donde hay donación, hay revelación de Dios, manifestación de la Realidad última que hace que todas las cosas sean.”

 

Meditación nocturna

 

Para llegar al fondo de nosotros mismos, para conectar con nuestro ser profundo hemos de tener “la casa sosegada“, que diría San Juan de la Cruz; hemos de buscar el silencio, la soledad. Ciertamente esta parece ser una anti-receta para una sociedad que promociona la prisa, la masificación y el ruido. Pero estamos hechos de silencio. Y solo cuando llegamos a él, percibimos que a él pertenecemos. Buscar momentos de apaciguamiento, en lugar de adormecernos, nos infunde una energía renovada. La noche es ese tiempo propicio. Ya sea antes del amanecer ya sea al anochecer, una meditación en silencio, respirando, abriendo el corazón…puede ser oro molido para tu vida.

“Si en las vigilias nocturnas eres diligente en ofrecer desde las entrañas del corazón esa especie de primicias, y desde ese instante,vuelcas tu corazón, como agua en presencia del Señor…entonces él, en su incomparable bondad, hará que en esa hora de la noche, la noche misma se convierta en luz deliciosa.

Noche

Harás oraciones en privado sin pedir nada. Expresarás tu oración con voz muy silenciosa; pero tu mente se avivará y tus aspiraciones tendrán una fuerza penetrante e indescriptible. El uso de la palabra quita fuerza a la oración. En la noche no se necesitan palabras, no nos servimos de ellas; porque el afecto puro e íntegro toma la iniciativa. Únicamente el amor vibra en los oídos del Señor, y está de sobra cualquier expresión de los labios”. Gilberto de Hoyland.

 

Un exquisito bocado

 

“Amarás…Dios…corazón…alma…ser…prójimo…ti mismo” Mt 22, 34-40. El mensaje de hoy es tan inabarcable que al leer este pasaje del Evangelio nos convendría realizar pausas entre las palabras, pronunciarlas despacio, respirando en cada sílaba.

Una lectura no racional sino casi corporal, digestiva. Dejar que las palabras se saboreen en el paladar del corazón, como expresa San Bernardo en sus sermones sobre el Cantar de los Cantares. Y aunque no sepamos latín podemos incluso penetrar esta indicación con la musicalidad que dan los textos originales sapor in palato, in corde est sapienti…El alma que rumia la Palabra, como las vacas la hierba de los prados, aprende a interiorizar el misterio que se esconde tras ella ¿son solo palabras?

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Mediante la maceración del Evangelio en el interior, la Palabra misma, el Verbo, comienza a instruirnos en la sabiduría dejándonos un poso de dulzura. Es la dulzura-experiencia que supone una transformación progresiva del corazón. Como dice el salmista: “gustad y ved que bueno es el Señor”.

 

Cola de caballo para un pelo bonito

 

Los tónicos y acondicionadores capilares restauran la acidez natural del cuero cabelludo, vigorizan la circulación y comunican al cabello un brillo saludable.

La cola de caballo es un helecho que contiene saponinas espumantes y glucósidos flavonoides que estimulan la circulación sanguínea; el sílice, además consigue dar cuerpo al pelo.

En Galicia no es habitual encontrar cola de caballo pero una hermana del Monasterio de Benavente nos ha traído un buen saco de tallos secos.

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Os invitamos a seguir esta sencilla receta: haz una infusión con los tallos machacados de la cola de caballo, cuela el líquido y tras lavarte la cabeza y aclararla, aplícate la infusión al cuero cabelludo con un masaje. Sécate el pelo con una toalla y cepíllate bien en pelo. Cúbrete la cabeza con una toalla caliente y espera diez minutos a secarte la cabeza de la manera habitual.

Y disfruta de una melena sana!

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