Sumergirse

“Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él”. Entró y salió del agua. Se sumergió, quizás recordando las palabras del Salmo 87 (86)…”todas mis fuentes están en ti.” Como decían los medievales, todos nuestros dones proceden de Dios, como el río de la fuente…simul vel de fonte rivum. Jesús se sumerge en el río y de las mismas aguas emerge la certeza del amor de Dios sobre él (su complacencia, su felicidad). “Gran cosa es el amor, con tal de que vuelva a su origen y retorne a su principio…si se vacía en su fuente y en ella recupera su copioso caudal” nos dice un monje desde los siglos. Jesús mismo pasó de ser río a ser fuente. Asumiendo ser bautizado en el río y convertido por su solidaridad con todos, salió transformado en fuente primordial. La que apaga nuestra sed de seres sedientos.

¿Y cómo encontrar la fuente? Un sabio dijo: qué bien se yo la fonte que mana y corre aunque es de noche…su origen no lo sé, pues no lo tiene, más sé que todo origen de ella viene, aunque es de noche…su claridad nunca es oscurecida y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche… (San Juan de la Cruz)