Tanto monta, monta tanto…

 

…Blanca como Fernando.

Blanca

Blanca y Fernando han sido los dos últimos voluntarios-porteros de la temporada de verano. Durante el mes de septiembre han cubierto el servicio de la portería en coordinación con nosotras. El tramo horario entre las 12:00 y las 14:00 y las 17:30 y 21:00, es especialmente concurrido de turistas y parte de ese horario se solapa con nuestros tiempos de oración, capítulo conventual, comida y cena. Por eso desde el año pasado hemos contado con la inestimable ayuda de amigos y familiares voluntarios. Personas que saben nos hacen un fabuloso servicio y que disfrutan al mismo tiempo del espacio que brinda la hospedería y de las maravillas que rodean este pequeño monasterio: bosques, ríos, playas infinitas, arte…y una copita de albariño. Lo cual, dicho sea de paso, no desentona lo más mínimo con nuestra cultura cisterciense. Dice la leyenda que fueron los monjes venidos de la Borgoña a fundar los distintos monasterios del sur de Galicia los que trajeron las uvas que hoy dan vida a este joven y rico vino. Los monjes del Císter son también conocidos como los monjes blancos…de” albus” en latín…Tal vez esta anécdota permita a nuestros huéspedes y voluntarios ganarse una invitación en alguna bodega. Dejamos la sugerencia para los más atrevidos….

Fernando

Blanca y Fernando se cruzaron toda la cornisa cantábrica para estar con nosotras, de Getxo (Vizcaya) a la Comarca del Salnés, todo derechito y sin GPS. Trabajaron, conocieron gente diversa, salieron a buscar setas (sin encontrarlas por falta de lluvia), cogieron moras de los zarzales y arreglaron el pequeño carillón de la sacristía. Ahora, se nota su ausencia…como la de todas las fantásticas voluntarias de este año…Marisa, Judith, Marga, Tere, Victoria y Rosina.

Gracias a ellas y gracias a él….este verano ha sido mucho más precioso y sonriente.

Graham también estuvo allí

 

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Durante los días 2 y 3 de octubre se reunió en el Monasterio de Oseira la Comisión de Liturgia de la Orden del Císter conformada por monjes y monjas de los Monasterios de San Pedro de Cardeña, San Clemente de Sevilla, San Miguel de las Dueñas, Tulebras, Oseira y Armenteira.

Estar en Oseira es siempre un placer…un impactante y profundo placer para la vista que casi no alcance a recorrer las moles de piedra de El Escorial gallego.

La comunidad, pequeña y acogedora, nos recibió a todos y nos cautivó con su sencillo pero hondo rezo en el coro.

La Salve a las 21:30 de la noche, con todas las luces de la Iglesia apagadas nos llenó de una paz que…cuando vienes del ajetreo de la vida cotidiana (sí, incluso aunque tu vida se desarrolle en un monasterio)..se agradece, se valora y sirve de recordatorio: volver a la quietud.

 

Pero no somos los únicos ni los primeros en saber valorar lo que Oseira representa y la huella que deja en sus visitantes. El escritor británico Graham Greene, autor de “El tercer hombre“, exclamó estando en Oseira: “Que callen las campanas, que suene el silencio”. De sus paseos por el Monasterio dio vida a una obra inspirada en su amigo, el párroco Leopoldo Durán, llamada “Monseñor Quijote”.

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De aquellas memorables temporadas que el ilustre escritor pasó en Oseira quedan recuerdos y espacios…como una sala que lleva su nombre y su foto. Allí nos reunimos la Comisión de Liturgia…y disfrutamos de una inspiración muy singular. Fruto de ella os lanzamos esta propuesta: que los monjes y monjas de la Orden con alma poética, nos hagáis llegar vuestros escritos para poder valorarlos y musicalizarlos como himnos o antífonas. Hablamos de muchas más cosas…pero…Graham auspició fundamentalmente esta iniciativa. Cada cual, ya se sabe…

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Retrato de nuestra alma (Lc 1, 26-38)

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“Nuestra existencia es nuestra propia revelación” dice Javier Melloni. El anuncio del ángel a María es expresión del desvelamiento de su verdad…relación estrecha, indisoluble, entre lo humano y lo divino. Benedicto XVI destaca que este anuncio emerja precisamente en un corazón joven. La juventud de María refresca en nosotros la alegría ante las posibilidades de ser, aún no descubiertas, aún inexploradas…sea cual sea nuestra edad.

María es además cuerpo de lo femenino…proyección del ánima, retrato de nuestra alma. San Bernardo, comprendiendo esta dimensión, se apropia de la corporalidad de la mujer para describir sus más íntimas experiencias de Dios. Un interior feminizado que es capaz de acoger la vida en su vientre y abrigarla en su seno…que posibilita también el cuidado de ese bien nutriéndolo con sus pechos. Son las acepciones simbólicas para describir una intimidad del alma con Dios…donde las potencias simbólicamente masculinas (la voluntad, la razón, la memoria) quedan suspendidas…”¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. La respuesta del ángel no deja lugar a dudas…la experiencia de Dios aleja todo miedo…y reviste al alma de su amor. “No temas María porque has encontrado gracia ante Dios”.

La danza de Dios (Lc 17, 5-10)

 

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“Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Quizás necesitaríamos distanciarnos de la palabra “siervo” y recorrer interiormente su sentido antes de volver a darle un nombre fresco y nuevo. Quizás hoy podríamos hallar en el sustrato íntimo del siervo a un danzarín…a una bailarina. La música penetra los sentidos de quien sabe moverse con el ritmo adecuado, con los gestos oportunos haciendo del conjunto de sonido y movimiento un todo bello y armonioso. Quien danza, quien fluye, no se resiste…acepta, logrando que las piruetas más difíciles sean ejecutadas con gran suavidad.

La música es la vida y la vida es Dios viviéndose a sí mismo a través nuestro. A medida que vamos comprendiendo que no somos el eje del universo, que no podemos mantener más tiempo la postura de querer ser los primeros en “sentarnos a la mesa”, podemos abrirnos a otra referencia existencial. Vivir la vida en cada momento según la capacidad aumentativa de captar el más silencioso son (muy distinto al ruido de la mente) que inevitablemente y anhelantemente querremos seguir…desplegando con nuestra danza, muy sencillamente, más y más humanidad. Si desarrollamos esta capacidad…habremos “hecho lo que teníamos que hacer”.

Bodegón…ecológico

 


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En la Iglesia Católica se celebran hoy las Témporas de acción de gracias y petición, que tienen su origen en la muestra de agradecimiento del pueblo por las cosechas recogidas a principios del otoño. Nosotras hemos querido presentar en el altar algunos frutos recogidos en el huerto: calabaza de cacahuete, pimientos morrones, pimientos italianos, tomates, judías, apio…y flores.

Optar por un huerto ecológico requiere observación e investigación. Este año, además del caldo derivado de la maceración de la ortiga y la cebolla (purín de ortiga y purín de cebolla), ambos pesticidas y fertilizantes naturales, hemos puesto a prueba la resistencia del pulgón en la judía, rociando la planta con aceite de neem. Este fue un consejo que amablemente nos proporcionó un monje de Poblet, quien además nos recomendó el bacilus turigiensis para combatir el gusano de los repollos. Nuestro repollos, los pobres que no fueron rociados con el bacilus, han sido pasto de los gusanitos…unos gusanitos grises que solo salen por las noches. Sí…a eso se le llama actuar con nocturnidad y alevosía. En efecto, no hemos tenido buenos repollos este año (para regocijo de algunas hermanas) pero los tomates, los pimientos, las lechugas, los calabacines…y las calabazas han sido el orgullo de las hortelanas y la satisfacción de los muchos huéspedes que vienen de ciudades donde un tomate es igual a otro tomate y a otro…y a otro!

 

Os Canteiros…e o misterio da pedra

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Los canteiros se afanan levantando el muro que sostendrá el jardín medicinal que bordeará el taller o fábrica (según los ánimos sustantivamos nuestro proyecto así o asá) de jabones:”la jabonería”. El oficio de cantero ha estado muy vinculado al arte cisterciense, evidentemente no solo al arte cisterciense pero aquí el carisma intima directamente con la piedra, en su dimensión más simbólica.

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Pero ¿qué es la piedra? Eso que está ahí; que se encuentra una y otra vez; que permanece igual siempre; que sale a nuestro paso. En su tamaño, en su dureza, en su forma y en su color, el ser humano descubre una realidad y una fuerza que pertenecen a otro mundo, distinto del mundo de sus afanes diarios. En su opacidad, la piedra es transparencia de otro mundo, de otra realidad.

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Los canteros oriundos de la escuela de Claraval viven el misterio de la piedra que trabajan. Dice el medieval Ernaldo:“La casa de Dios se edificaba sobre piedra…los hermanos se entregaban a todos los trabajos. Unos cortaban madera; otros encuadraban las piedras (lapides conquadrabant); otros levantaban muros”. También la mística benedictina Hildegarda von Bingen, describe las propiedades de la piedra: humedad, palpabilidad, fuerza ígnea. Por la humedad es indisoluble; por la palpabilidad, tocable; por la fuerza ígnea en su misma entraña, se afirma en su dureza.

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La piedra cisterciense es recta, cuadrada, desnuda: un programa de conversión. Hay que romper esa piedra que contiene sellada a la auténtica piedra que es Cristo. Pero es necesario, una vez rota la piedra, mejor, horadada, penetrar en la petra forata que ofrece sus oquedades; las dos de las manos y la del costado.  En ese sentido, le dice Bernardo de Claraval al Abad Elredo de Rieval: “la miel sale de la roca. Los peñascos destilan aceite…y prefiero todo lo que extraes de la roca y todo lo que sientes cobijado a la sombra de los árboles, porque no lo has aprendido frecuentando las aulas”.

Toda esta simbología que sabe a tradición nutritiva nos lo cuenta Juan Mª de la Torre, monje capellán de nuestro Monasterio en su Introducción a las Obras completas de San Bernardo. B.A.C.

Vivimos rodeadas de piedras, en un misterio cuadrado…por algo Armenteira fue fundada por monjes de Claraval. Pero no todos vemos las cosas igual; un niño que vino de Madrid con sus padres nos preguntó ¿y no preferiríais vivir en una casa de ladrillo? Ups…pues no lo habíamos pensado pero la cuadrangulatura simbólica de la piedra cisterciense: simplicidad, humildad, desnudez y caridad…habría que recuperarlas, en caso de mudarnos de domicilio!

 

El sonido armonioso de las preguntas

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Un poquito antes de la hora de Sexta de ayer, nos visitó un grupo de estudiantes de Primero de Bachiller del Colegio de los Jesuitas de Vigo. Venían de hacer la Ruta de los Molinos (cuesta arriba) y Armenteira era parada obligada antes de continuar su camino hacia Dorrón, donde iniciarían un retiro de tres días para preparar el curso y las próximas confirmaciones. Recalar en Armenteira tenía también como objetivo escuchar el testimonio de una hermana que quisiera contar “su historia”. Los porqués, los cómos, los cuándos…de alguien que ha asumido un estilo de vida un poco ¿diferente? La hermana Leire, se encontró muy a gusto en medio de tantos interrogantes.

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Como no se trata de teorizar, lo mejor en estos casos es crear el clima adecuado para que las preguntas (que son vibraciones de la curiosidad del alma) puedan fluir libremente. Ninguna de las cuestiones planteadas eran obvias aunque los adjetivos eran lo suficientemente elocuentes como para dar lugar a una explicación en profundidad…pues cuando alguien pregunta ¿y no preferirías tener una vida normal? es una fabulosa oportunidad para aclarar qué es eso que consideramos normal. ¿Nos humaniza nuestra vida, nos sensibiliza, nos ensancha?…esa es la pregunta escondida.

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Poco a poco fuimos entrando en lo real…¿echas de menos a tus amigas, a tu familia? ¿qué voto es el más difícil de cumplir? ¿puedes ver series de televisión? ¿cómo fue la muerte de la hermana Alicia en comunidad?

Todo era rico, vital…también humorístico. Una pregunta vibró en la capilla de Armenteira: ¿cuándo tenías 17 años querías ser monja?…¡no!… la reflexión llegó inmediatamente después…”yo no tenía referentes de monjas de vida contemplativa, de vida monástica…es imposible proyectarte sobre un modo de vida que no conoces pero…sí recuerdo que conectaba con la sencillez, con la naturaleza, con el silencio, con la oración…y todo eso quería ser vivido, plasmado…¡hasta que comprendí que podría experimentarlo más fácilmente en un Monasterio!…en este Monasterio.

Una hora privilegiada de acercamiento mutuo…con 17 años está todo por hacer…pero si a esa edad, si en ese primer escalón de la vida adulta, alguien puede empezar a preguntarse ¿qué dice mi corazón, cómo late aquí…allí? la confianza en uno y una misma irán marcando el itinerario personal. Y nada hay más apasionante que aprender a escuchar el propio corazón y dejarse guiar por él.

¡Qué pequeño es lo importante! (Lc 9, 46-50)

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“El más pequeño entre vosotros es el más importante”. Importante es aquello a lo que prestamos atención, lo que entra en el campo de nuestra conciencia. Cuanto mayor es nuestra capacidad de estar despiertos (desasidos de nuestras historias mentales), más amplia en nuestra observación de los pequeños detalles. Más y más cosas (y personas) se vuelven importantes, vivas, reales. Lo importante es lo pequeño pues lo que comúnmente consideramos como relevante, está alimentado de miles de instantes (teóricamente) superfluos. A Tich Nhat Hahn una devota mujer le echó en cara que dedicara tantas horas a trabajar en el huerto, cuando podría invertir ese tiempo tan valioso en algo más importante, como escribir poemas. Él le contestó: “Querida amiga, si no cultivara lechugas no podría escribir los poemas que compongo” y siguió…”la iluminación no es distinta de lavar los platos o cultivar lechugas”. “Si no vives concentrado, siendo consciente, si no vives con profundidad cada momento de tu vida cotidiana…no puedes producir nada valioso para ofrecer a los demás”.

Tenemos sed del Ser (Lc 16, 19-31)

 

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El rico tiene sed: “manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua”. Ha comido y ha bebido “espléndidamente cada día” pero esa satisfacción meramente corporal ha cegado su sensibilidad para detectar que la sed de su ser solo podría saciarse vaciándose de sí mismo y llenándose de misericordia.  Ahora el rico lo pasa mal. Vive un infierno. Y reclama al Dios de sus padres, al Dios de Abrahán, que suceda algo extraordinario, algo “sobrenatural” para salir de su particular condena. Pero no. Jesús dice a sus oyentes: no hay que esperar a que suceda nada sobrecogedor para cambiar; para salir de la inercia del egoísmo; para dejar caer la máscara de la insensibilidad. Todos ellos “tienen a Moisés y a los profetas”. Es decir, todos ellos han escuchado que lo más importante para vivir humanamente es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente y  amar a los demás como a uno mismo. “En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas”. Mt 22, 40.

Reconocer que tenemos sed del Ser…es lo primero para desenmascarar otras sedes que no nos conducen a las fuentes de agua viva. “Bendita necesidad que el Ser ha despertado en forma de Sed. Sed ardiente y pausada, a la vez que extrañamente se aquieta en un desierto de dunas que se mecen como olas de Mar, donde la sed se colma de claridad cuando la Presencia se vislumbra”. Javier Melloni.

La profesión de Carlos María

 

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El sábado 21 de septiembre, fiesta de San Mateo, se celebró en el Monasterio de Sobrado dos Monxes, la profesión solemne del hermano portugués Carlos María. La celebración tuvo el acierto de incluir moniciones a los distintos ritos en portugués, por lo que los numerosos invitados, entre amigos y familia, venidos de fuera, pudieron integrarse y saborear de mejor modo, todo el ritual de profesión.

El canto: “Acógeme Señor según tu promesa y viviré, que no quede yo nunca defraudado” del Salmo 118 es uno de los momentos más bellos de la ceremonia. El monje, en su confianza y vulnerabilidad, se abre a la acogida siempre dispuesta de Dios.

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También el Prior recibe a este hermano en la comunidad con el signo de un abrazo. Antes, el hermano Carlos María ha solicitado la misericordia, la compasión de todos los hermanos.

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El hermano Carlos María se arrodilla frente a cada uno de sus hermanos y ellos, a su vez, le ayudan a levantarse del suelo. Es un gesto que encierra un significado poderoso. La comunidad acoge y eleva. Pues el monje, como dice el conocido apotegma, es aquel que se cae y se levanta, se cae y se levanta…

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Otro momento relevante del ritual es la promesa de los tres votos monásticos cistercienses: obediencia, estabilidad y conversatio morum. Obediencia al prior de la comunidad, estabilidad en el lugar, en el monasterio y comunidad concretas que le han acogido y conversión de costumbres o aspiración a una transformación interior que se plasme en lo exterior.

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La postración del monje no es signo de humillación (sometimiento o sumisión) sino de humilde aceptación de la voluntad de Dios en sí mismo. Una voluntad que es el florecimiento del Ser profundo de la persona, de su verdadero rostro.

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El monje ya está preparado para entrar de lleno en la comunidad. Para llamarse propiamente monje, vistiendo el verdadero hábito, la cogulla monástica que llevará durante el oficio divino, los siete momentos litúrgicos de alabanza.

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De nuevo, reincorporado en su sitio del coro, Carlos María, vistiendo la cogulla, sonríe sereno y satisfecho.

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Tuvimos la suerte te contar con la presencia de Carlos María en Armenteira días antes de su profesión solemne. Eso nos permitió disfrutar doblemente de la ceremonia y reconocer la mucha luz que irradia entonces y ahora.

Luz

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