Oscurecimiento

“Se presentó un hombre lleno de lepra”. La lepra, además de una enfermedad que ha supuesto y sigue suponiendo en algunas partes del mundo, un estigma y un motivo de rechazo y  exclusión para quien la padece, es un símbolo de la enfermedad del alma. El alma, espacio sin contornos donde Dios mismo ha volcado su Ser en nosotros (su imagen) queda recubierta por nuestro propio yo. Ese “yo”, que para San Bernardo es como un vestido,  “puede oscurecer la (imagen) congénita pero no exterminarla”.

¿Qué oscurece al alma? El miedo a perder…”el temor es como un color…y cuando tiñe la libertad, la envuelve y la vuelve totalmente desemejante a sí misma”. Sin apego, “el alma habría preservado de ese temor servil a su libertad congénita dejando intacta su fuerza y su belleza” … in vigore et decore suo.

En todos nosotros reside una libertad original sin límites…nuestra verdadera fuerza, nuestra más resplandeciente belleza. ¿Qué tememos perder? “Lo que es tuyo y te pertenece de verdad es lo eterno y proviene de la eternidad”…Tua que vere tua est eterna est de aeterninate.