la sabiduría está en los árboles

 

Estos días en Galicia estamos de luto, por las personas que han muerto, los hogares quemados y la Naturaleza calcinada, a causa de los incendios  forestales. Y porque atentar contra la  Creación es atentar contra nosotros mismos, contra los demás y contra Dios. El verde paisaje gallego se ha tornado de un gris cenizoso.

San Bernardo decía

He aprendido más entre los árboles y las piedras que lo que les he escuchado a los maestros

Y el gran escritor norteamericano Henry David Thoreau del siglo XIX

Me dirigí a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si no podía aprender lo que tenían que enseñarme y no, cuando llegase la hora de la muerte, descubrir que no había vivido.

Los árboles, con su estar majestuoso en  los montes, son como un espejo en el que podemos ver reflejada nuestra verdadera identidad. Ellos saben en dónde están y nos devuelven nuestra estabilidad interior. Nos enseñan, sin palabras, lo esencial de la vida, solo con pasear entre ellos y respirar su presencia. Como dice la poesía del maestro Zen, Rafael Redondo

El árbol me conoce,

saben de mí la nube y la montaña.

El Miércoles de Ceniza se ha adelantado “na nosa terra galega”, ahora nos toca recuperar el verdor del rural, el aire húmedo “das nosas carballeiras e a flor do toxo” (de nuestros robledales y la flor del tojo), porque como apuntaba Hildegarda de Bingen, monja alemana del s XII, el verde da vigor y limpia la mirada.

Manta blanca…cogulla blanca

 

Top manta

Hoy la Iglesia Católica se viste de blanco en la liturgia para celebrar la Cátedra de San Pedro. Qué mejor día también para vestirnos de blanco en comunión con todas las personas que a las 12:00 se reunieron en la calle Preciados de Madrid para manifestarse en contra de la reforma del Código Penal que  criminalizaría a los manteros y a las personas que ejercen la mendicidad.

Manta vieja, usada, manta sagrada. Durante la Eucaristía de esta mañana, nadie pisó la manta que pusimos ante la mesa del altar (un top manta monástico). Era prolongación de la mesa. Lo mismo que el corporal extendido sobre el altar – ese pañito delicado sobre el que colocar el pan y el vino – era prolongación de la manta vieja. No había ruptura. La eucaristía, los pobres, nosotras con nuestras blancas cogullas.

Como los convocantes de la manifestación, nosotras, con esta manta blanca “queremos expresar que es inaceptable esta persecución a quien se ha colocado en una situación difícil en nombre de nuestra seguridad y de nuestro bienestar”.

El Papa Francisco dijo:

Es un deber cristiano tratar al hermano que llega con atención, atraerlos de la mano, sin cálculos, sin miedo, con ternura y comprensión, como Jesús se inclina para lavar los pies de los apóstoles.

Y dirigiéndose a los refugiados les mostró una cara amable, sonriente, sin miedo:

Gracias por la fuerza de vuestro testimonio sufriente. Cada uno de vosotros, queridos amigos, trae consigo una historia de vida que nos habla de los dramas de guerras, conflictos, a menudo vinculados a la política internacional .

Y ahora…nos mira a nosotras, mirándose a sí mismo y se pregunta:

¿Me inclino sobre quien está en problemas, o tengo miedo de ensuciarme las manos? ¿Estoy encerrado en mí mismo, en mis cosas, o me percato de los que necesitan ayuda? ¿Me sirvo solo a mí mismo, o sé servir a los demás como Cristo, que vino a servir hasta dar su vida? ¿Miro a los ojos de los que buscan la justicia, o dirijo la mirada hacia el otro lado? ¿Acaso para no mirar a los ojos?

Y termina Manuel Rivas: “Un político británico carcamal asoció las tormentas e inundaciones con la inmigración. En España, hay goteras en la catedral de Santiago. Pero no creo que la culpa sea de los inmigrantes. El apóstol llegó en un cayuco de piedra”.

Rotos y descosidos

Nos ha llegado un mensaje fuerte y contundente, como el que solo puede vocear un profeta que “clama en el desierto”; Juan José Aguirre es obispo en Bangassou, Centroáfrica. Una de las hermanas de Armenteira tuvo oportunidad de conocerle hace unos años en una visita a España. Desde entonces, la situación de este país se ha ido recrudeciendo y la atmósfera de violencia y sinsentido ha llegado al punto de ser irrespirable. Sin embargo, sus palabras, de las que extractamos una parte, siguen manifestando el bien, al tiempo que denuncian el mal. Su inmensa labor está siendo apoyada a través de la Fundación Bangassou.

Bangassou

“Es sabido que Centroáfrica es hoy un país a la deriva, con toda su población atrapada como en un campo de concentración, rehén de un gobierno Seleka también a la deriva. La Seleka se desquebraja a cámara lenta ya que de sus 5 grandes ramas militares que componían la primera coalición que invadió Centroáfrica a final de 2012 hasta hoy, ya solo queda una, la que está en el poder y las otras (unos 15.000 rebeldes) pululan entre clandestinas y salteadores de caminos a la búsqueda desenfrenada de una presa a la que saquear.

La gente está cansada de tanto trapicheo a gran escala, de abusos sin límites, de tener que aguantar la molestísima presencia de unos soldados extranjeros (chadianos y sudaneses en su gran parte y también de la etnia Mbororo, los que vagan por media África con sus vacas, peripatéticos, en búsqueda, no de sabiduría, sino de pastos buenos para sus ganados, y que ahora, tal vez a causa de la lengua árabe común, se han hecho Seleka por probar experiencias nuevas y pisotear al prójimo).

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Todas las escuelas católicas quisimos dar aires de normalización de la vida social del país, aún aguantando los desmanes de los Seleka, cuando les pedimos recomenzar las clases en los colegios, y con ello, dar  esperanza a esta gente sencilla con la que vivimos y que está tremendamente atemorizada. Con los colegios también se abrieron las consultas en el Buen Samaritano y la pediatría, tímidamente se puso en marcha el hospital general, etc. A los pocos funcionarios presentes en Bangassou no se les ha visto todavía el pelo, porque siguen, falsos camaleones, disimulados entre el pueblo llano. Sus despachos están impúdicamente “patas arriba” sin puertas ni ventanas  y han sido desbalijados de sus bienes. Sólo los del catastro han logrado salvar algún archivo. Se esconden simplemente, para no darse de narices con grupos de Selekas. El gobierno central, incapaz de poder freno a la indisciplina de sus tropas, vio cómo éstas, hace pocas semanas, escarnecieron dos barrios de la capital Bangui, robando a voluntad y matando gente con la excusa de que estaban buscando armas. La respuesta de cientos de personas, además de golpear cacerolas y cortar la entrada al barrio, fue la de invadir la pista central del aeropuerto de Bangui, impedir la salida de aviones y, sobretodo, la llegada del vuelo de Air France de los jueves por la mañana. Francia, la antigua colonia, y los países de la Unión Europea estuvo obligada a fijarse por una vez en las desdichas que Centroáfrica está viviendo, molida a palos por los Seleka, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

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Vivimos, sobretodo en la capital y en la zona norte del país, como si todos estuviéramos metidos en el lodo hasta el cuello, rondando ya la barbilla y los labios, y lo que la ONU y la Unión Africana quiere, es que nadie hable del tema. O que nadie haga olas para que no nos llegue a la boca, el país no se atragante y no vomite bilis contaminando a todos los países limítrofes de Centroáfrica. Por eso, finalmente, es un éxito que el próximo 25 de septiembre, una delegación centroafricana sea recibida en la ONU para escuchar súplicas y llantos y para proponer soluciones, entre ellas que militares profesionales vengan rápidamente a Centroáfrica, controlen férreamente a los Seleka y se organicen nuevas elecciones.

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Ahora esperamos resultados. Entre tanto siguen llegando ONGs nuevas, con nombres variopintos, con fondos de no sé donde, pero con mucho dinero, que gastan, calculo más o menos, el 70% de lo que reciben en salarios, logística, viajes, primas de riesgo y  primas de fin de semana. Algunas de ellas son de signo católico, dependiente de conferencias episcopales católicas y me avergüenza, otras dependen de 0’7%  que algunos países quieren dar para ayuda al desarrollo, otras a Fondos de naciones Unidas. Las de corte médico ponen celo y trabajo organizado. Les decimos abiertamente ante sus  “executif managers” de que la gente sencilla con quién han venido a trabajar y supuestamente a defender no tenga contactos con ellos (sus organismos les imponen un perímetro de seguridad muy estricto en sus desplazamientos una vez que la avioneta los ha dejado en el lugar de trabajo destinado a esa ONGs), lugar muchas veces compartido con otras 4 o 5, que a veces se amontonan, queriendo hacer las mismas cosas, los mismos análisis de la realidad e identificaciones de los problemas… mientras que la pobre gente de los poblados un poco alejados  no recibe ni las migajas, y a los más cercanos sólo les tocan algunas medicinas, lonas para los techos quemados, semillas para la siembra del próximo mes de marzo 2014 ( semillas que entre el hambre propia y la de los ratones desaparecerá para esa fecha) y consejos, eso sí, muchos consejos.

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Muchos de éstos jóvenes de ONGs, la mayoría apenas llegados por primera vez a África y que estarán, como media entre 6 meses y un año, duermen en nuestras misiones, por razones de seguridad. Allí ven que, con la poca ayuda que la misión católica ha recibido, la casa de enfermos terminales de Sida está hasta los topes, las consultas nos desbordan, las madres que vienen a recibir leche en polvo de la marca Hero para sus niños desnutridos, la reciben dos veces por semana con el único compromiso de traer un biberón y aprender a esterilizarlo en casa. Hemos comprado pajas de bambú para rehacer los techos quemados de la gente más pobre, protegemos y alimentamos cada día al último eslabón de la cadena, los enfermos mentales acusados de brujería y nuestras escuelas han funcionado hasta los exámenes finales. Podríamos hacer más y mejor si los Seleka no nos hubieran robado 30 coches. Ahora sólo las ONGs tienen coche para su trabajo. Pero nuestra primera ocupación sigue siendo sentarnos junto a la gente e insuflarles la esperanza de que esta tempestad terminará algún día no muy lejano y que la fe es nuestro mejor tesoro.”

Cuando se leen palabras así, se produce un golpe en nuestra conciencia. Los rotos y descosidos que generan nuestras referencias auto-centradas. Es urgente despertar.

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