Rotos y descosidos

Nos ha llegado un mensaje fuerte y contundente, como el que solo puede vocear un profeta que “clama en el desierto”; Juan José Aguirre es obispo en Bangassou, Centroáfrica. Una de las hermanas de Armenteira tuvo oportunidad de conocerle hace unos años en una visita a España. Desde entonces, la situación de este país se ha ido recrudeciendo y la atmósfera de violencia y sinsentido ha llegado al punto de ser irrespirable. Sin embargo, sus palabras, de las que extractamos una parte, siguen manifestando el bien, al tiempo que denuncian el mal. Su inmensa labor está siendo apoyada a través de la Fundación Bangassou.

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“Es sabido que Centroáfrica es hoy un país a la deriva, con toda su población atrapada como en un campo de concentración, rehén de un gobierno Seleka también a la deriva. La Seleka se desquebraja a cámara lenta ya que de sus 5 grandes ramas militares que componían la primera coalición que invadió Centroáfrica a final de 2012 hasta hoy, ya solo queda una, la que está en el poder y las otras (unos 15.000 rebeldes) pululan entre clandestinas y salteadores de caminos a la búsqueda desenfrenada de una presa a la que saquear.

La gente está cansada de tanto trapicheo a gran escala, de abusos sin límites, de tener que aguantar la molestísima presencia de unos soldados extranjeros (chadianos y sudaneses en su gran parte y también de la etnia Mbororo, los que vagan por media África con sus vacas, peripatéticos, en búsqueda, no de sabiduría, sino de pastos buenos para sus ganados, y que ahora, tal vez a causa de la lengua árabe común, se han hecho Seleka por probar experiencias nuevas y pisotear al prójimo).

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Todas las escuelas católicas quisimos dar aires de normalización de la vida social del país, aún aguantando los desmanes de los Seleka, cuando les pedimos recomenzar las clases en los colegios, y con ello, dar  esperanza a esta gente sencilla con la que vivimos y que está tremendamente atemorizada. Con los colegios también se abrieron las consultas en el Buen Samaritano y la pediatría, tímidamente se puso en marcha el hospital general, etc. A los pocos funcionarios presentes en Bangassou no se les ha visto todavía el pelo, porque siguen, falsos camaleones, disimulados entre el pueblo llano. Sus despachos están impúdicamente “patas arriba” sin puertas ni ventanas  y han sido desbalijados de sus bienes. Sólo los del catastro han logrado salvar algún archivo. Se esconden simplemente, para no darse de narices con grupos de Selekas. El gobierno central, incapaz de poder freno a la indisciplina de sus tropas, vio cómo éstas, hace pocas semanas, escarnecieron dos barrios de la capital Bangui, robando a voluntad y matando gente con la excusa de que estaban buscando armas. La respuesta de cientos de personas, además de golpear cacerolas y cortar la entrada al barrio, fue la de invadir la pista central del aeropuerto de Bangui, impedir la salida de aviones y, sobretodo, la llegada del vuelo de Air France de los jueves por la mañana. Francia, la antigua colonia, y los países de la Unión Europea estuvo obligada a fijarse por una vez en las desdichas que Centroáfrica está viviendo, molida a palos por los Seleka, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

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Vivimos, sobretodo en la capital y en la zona norte del país, como si todos estuviéramos metidos en el lodo hasta el cuello, rondando ya la barbilla y los labios, y lo que la ONU y la Unión Africana quiere, es que nadie hable del tema. O que nadie haga olas para que no nos llegue a la boca, el país no se atragante y no vomite bilis contaminando a todos los países limítrofes de Centroáfrica. Por eso, finalmente, es un éxito que el próximo 25 de septiembre, una delegación centroafricana sea recibida en la ONU para escuchar súplicas y llantos y para proponer soluciones, entre ellas que militares profesionales vengan rápidamente a Centroáfrica, controlen férreamente a los Seleka y se organicen nuevas elecciones.

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Ahora esperamos resultados. Entre tanto siguen llegando ONGs nuevas, con nombres variopintos, con fondos de no sé donde, pero con mucho dinero, que gastan, calculo más o menos, el 70% de lo que reciben en salarios, logística, viajes, primas de riesgo y  primas de fin de semana. Algunas de ellas son de signo católico, dependiente de conferencias episcopales católicas y me avergüenza, otras dependen de 0’7%  que algunos países quieren dar para ayuda al desarrollo, otras a Fondos de naciones Unidas. Las de corte médico ponen celo y trabajo organizado. Les decimos abiertamente ante sus  “executif managers” de que la gente sencilla con quién han venido a trabajar y supuestamente a defender no tenga contactos con ellos (sus organismos les imponen un perímetro de seguridad muy estricto en sus desplazamientos una vez que la avioneta los ha dejado en el lugar de trabajo destinado a esa ONGs), lugar muchas veces compartido con otras 4 o 5, que a veces se amontonan, queriendo hacer las mismas cosas, los mismos análisis de la realidad e identificaciones de los problemas… mientras que la pobre gente de los poblados un poco alejados  no recibe ni las migajas, y a los más cercanos sólo les tocan algunas medicinas, lonas para los techos quemados, semillas para la siembra del próximo mes de marzo 2014 ( semillas que entre el hambre propia y la de los ratones desaparecerá para esa fecha) y consejos, eso sí, muchos consejos.

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Muchos de éstos jóvenes de ONGs, la mayoría apenas llegados por primera vez a África y que estarán, como media entre 6 meses y un año, duermen en nuestras misiones, por razones de seguridad. Allí ven que, con la poca ayuda que la misión católica ha recibido, la casa de enfermos terminales de Sida está hasta los topes, las consultas nos desbordan, las madres que vienen a recibir leche en polvo de la marca Hero para sus niños desnutridos, la reciben dos veces por semana con el único compromiso de traer un biberón y aprender a esterilizarlo en casa. Hemos comprado pajas de bambú para rehacer los techos quemados de la gente más pobre, protegemos y alimentamos cada día al último eslabón de la cadena, los enfermos mentales acusados de brujería y nuestras escuelas han funcionado hasta los exámenes finales. Podríamos hacer más y mejor si los Seleka no nos hubieran robado 30 coches. Ahora sólo las ONGs tienen coche para su trabajo. Pero nuestra primera ocupación sigue siendo sentarnos junto a la gente e insuflarles la esperanza de que esta tempestad terminará algún día no muy lejano y que la fe es nuestro mejor tesoro.”

Cuando se leen palabras así, se produce un golpe en nuestra conciencia. Los rotos y descosidos que generan nuestras referencias auto-centradas. Es urgente despertar.

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