sábado santo, un día a-litúrgico

 

 

El Sábado Santo es un día de silencio y vacuidad, apenas hay liturgia. Solo la desnudez del madero, apoyado en la tarima de madera y recostado en la piedra del altar, preside nuestra capilla, atravesada por la tenue luz natural y dos cirios también desnudos.

Así lo describe Máximo el Confesor, un monje oriental del siglo VII

Todas las cosas visibles necesitan de una cruz…Las inteligibles necesitan una tumba, es decir, la inmovilización total de las actividades de la mente en ellas. Pues cuando esta actividad se suspende, el Logos que solo existe de suyo, aparece de nuevo como resucitando de entre los muertos: envuelve él mismo todo lo que procede de él

Toda la Creación está anhelando la resurrección de Cristo (Logos), que celebraremos en la Vigilia Pascual de esta noche, la noche más grande del año para todos los cristianos.

 

viernes santo: nuestra madre jesús

 

 

La celebración del Triduo Pascual empezó ayer con la celebración de la Cena del Señor. En este segundo momento vamos a celebrar el amor fiel y comprometido de Jesús, que le llevó hasta la cruz.

La cruz ante la cual hoy nos vamos a postrar es el ejemplo primordial del dolor, nacido de un amor que da vida.

Jesús no murió como una víctima pasiva para satisfacer una exigencia divina. La muerte de Jesús en la cruz forma parte de un misterio que es el “Misterio del Dolor a cambio de Vida”. Por la cruz nacemos de nuevo como verdaderos Hijos de Dios.

Esta experiencia de Jesús de “dolor a cambio de vida” está conectada íntimamente con la experiencia del parto de una madre.

Una de las autoras que han descrito más elocuentemente esta conexión, ha sido Juliana de Norwich, teóloga y mística del siglo XIV, que nos dice lo siguiente

Sabemos que todas nuestras madres nos dan a luz para sufrir y morir, oh sí… Pero nuestra verdadera Madre Jesús, es la única que nos da a luz para la alegría y la vida sin fin, bendito sea Él. Por eso nos ha llevado dentro de sí mismo con amor y trabajo, hasta que llegada la plenitud de los tiempos nos liberó, sufriendo los dolores más crueles. Y en el último momento Jesús murió. Y cuando ya hubo terminado, y de esa manera nos hubo parido para nuestra dicha, todo esto no bastó para satisfacer su maravilloso amor.

Con la vida, muerte y resurrección de Jesús se introdujo un nuevo Espíritu en la historia, el Espíritu de esperanza viva.

la cena del señor y su más allá comunitario

 

Nos viene bien recordar que ahora comenzamos el Triduo Pascual – Viernes, Sábado y Domingo-, porque para los judíos, el día comienza la víspera, así que con esta celebración nos introducimos en el tiempo litúrgico, que durará Tres días y que discurren según una continuidad celebrativa. Pues esta ceremonia no se cierra, continúa en la Adoración de la Cruz de mañana y en  la Vigilia Pascual, de la noche del Sábado.

El lunes de esta semana Jesús participaba de otra cena, no era la Cena del Señor o Última Cena que hoy vamos a rememorar con esta celebración, sino que estaba en Betania, en casa de sus amigos, Marta, María y Lázaro (Jn 12, 1-11).

Días antes, Jesús dejó de aparecer públicamente y se retiró a la región vecina, al desierto y pasaba el tiempo con los discípulos (Jn 11, 45-57). Amigos, discípulos son el pequeño círculo que rodea a Jesús  días antes de su muerte. Busca la cercanía y la intimidad, intuyendo lo que se le viene encima.

En la cena de Betania, María rompe un frasco de perfume de nardo carísimo y su aroma inunda toda la sala. En la Cena del Señor, el que se rompe y se derrama es Él, en los signos del pan y del vino, para alimentar nuestra fe y visión del universo.

La vida del alma se toma directamente del altar, con asombro y sin análisis, como el poeta toma la carne y la sangre de la poesía directamente del prado y del río, sin sofisticación, sin crítica, con humildad y amor. (Evelyn Underhill)

Jesús dijo: yo no he venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por todos (Mc 10, 45). Hay un vínculo entre el servicio y el dar la vida. Se trata de  una entrega que no es estéril, sino que engendra comunidad. Muero a mí misma para los demás. Y la Cena del Señor une el morir de Jesucristo con su  servicio  a la Humanidad, Él muere para seguir vivo en cada uno de nosotros reunidos en la ecclesia.

Hay una relación entre servicio (morir) y comida: “el propio Jesús no ha teorizado sobre dicha relación y nunca ha dicho qué era. Tal vez no lo supo, la había vivido en el gesto eucarístico que une la inminencia de la muerte y su más allá comunitario” (Paul Ricoeur)

No existe aspecto sacrificial alguno, solo significar que la vida no termina y que pasa a través de la muerte hacia la gloria. Pues del mismo modo que  no nos resistimos a lo que ocurre –nos guste o no, nos apetezca o no-, y el tránsito por la aceptación nos cambia la mirada de la realidad, de forma que ya no es igual que antes; así, la resurrección después de la muerte no es volver a esta vida, sino que los parámetros  son otros –incomprensibles, inaprehensibles- y entraremos  en la bienaventuranza eterna.

En esta Cena, Jesús nos deja unas palabras de salvación –ahora en el argot informático se habla de palabras poderosas, cuando quieres captar la atención sobre un evento-. Jesús tiene palabras, no solo poderosas, sino de salvación.

Cristo imprime, hunde, inscribe esta caridad mutua y continua, muy profundamente en nuestros corazones  con la palabra y el ejemplo cuando dice: amaos los unos a los otros como yo os he amado. (Balduino de Ford, monje cisterciense s XII)

 

celebrar el triduo pascual

 

Hace ya casi cuarenta días que recibimos la ceniza en la frente y nuestra piel aún recuerda la aspereza del polvo gris. Polvo como las arenas del desierto cuaresmal, que nos hablan de la inmortalidad del ser humano, que pronto nos disponemos a celebrar  a las puertas de la Semana Santa.

Presentamos un pequeño libro que es un tratado breve sobre la celebración del Triduo Pascual. Es un magnífico resumen que nos da la clave para participar en la Liturgia de los días más importantes del año para los cristianos. Ya sabemos que las esencias se envasan en frascos pequeños, y el trabajo de síntesis que ha realizado el sacerdote Jose Antonio Goñi (Pamplona, 1976) para transmitirnos la esencia del Triduo Pascual, hace de esta obrita una guía para vivir los días pascuales en profundidad.

No se trata de un programa litúrgico, sino mucho más. Con un lenguaje muy accesible, fundamentado en la Tradición y en la Escritura, nos va llevando desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección, a través de los símbolos y lecturas litúrgicas, al deseo de participar en dichas celebraciones no como meros espectadores, sino como creyentes que cada año vivimos más profundamente el Misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo.

El  ejemplar  de la fotografía ha “florecido” entre el áloe vera del monasterio -que utilizamos para nuestra cosmética-, pero se puede adquirir en la librerías religiosas y diocesanas de cada localidad.

Celebrar la Pascua, como decía al principio, es celebrar nuestra inmortalidad, pero no porque no nos vayamos a morir, sino porque siempre viviremos. La vida que somos como participación de la Vida, no puede terminar y esto es algo intrínseco al ser humano, que traspasa culturas y religiones. Así, como dice muy bien el autor al final del texto

La Pascua de Cristo debe sobrepasar las puertas de la Iglesia y afectar a nuestra vida en todas sus dimensiones.

 

HORARIOS DE SEMANA SANTA  EN LA CAPILLA DE LA COMUNIDAD DE HNAS CISTERCIENSES

 

DOMINGO DE RAMOS (25 de Marzo): Eucaristía a las 11:00 h, con procesión por el claustro

JUEVES SANTO (29 de Marzo): Cena del Señor a las 18,15 h

VIERNES SANTO (30 de Marzo): Adoración de la Cruz a las 17,00 h

SÁBADO SANTO (31 de Marzo): Vigilia Pascual a las 22:00 h

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (1 de Abril): Eucaristía a las 11:00 h

un cuento en cuaresma

 

Con una mirada natural, a mitad de la Cuaresma nos llega este  cuento

Estaba cerca de la puerta de la cocina cuando el pequeño ratón oyó unos pasos de alguien que bajaba las escaleras y se aproximaba, a oscuras, hacia donde él estaba. Rápidamente se escondió. Era un ratoncito de pelo gris-parduzco, y como todos los roedores se había pasado la vida correteando por el suelo, ocultándose de agujero en agujero -siempre con miedo-, cada vez que presentía los zapatos grandes y amenazadores de quien le podría pisar.

Pero un día este ratoncito se convirtió en pájaro. Las plumas eran del mismo color que su pelo, grisáceo tirando a marrón, como los más vulgares gorriones. Era un pájaro pequeño también, del mismo tamaño que el roedor, pero ahora ya no correteaba por el suelo lleno de miedo, sino que volaba. ¡Volaba, era libre! Y su pecho era de color rojo-anaranjado. Su pecho, su corazón eran de fuego. Se trataba de un lindo y sereno petirrojo.

En este caso no es un  petirrojo, sino una alondra, pero si te quieres alzar en su vuelo, no tienes más que desconectar unos minutos y escuchar esta pieza musical, divina, del compositor Ralph Vaughan Williams, Alondra ascendiendo.

¡A disfrutar, pues entramos en el Domingo de la Alegría!

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