un cuento en cuaresma

 

Con una mirada natural, a mitad de la Cuaresma nos llega este  cuento

Estaba cerca de la puerta de la cocina cuando el pequeño ratón oyó unos pasos de alguien que bajaba las escaleras y se aproximaba, a oscuras, hacia donde él estaba. Rápidamente se escondió. Era un ratoncito de pelo gris-parduzco, y como todos los roedores se había pasado la vida correteando por el suelo, ocultándose de agujero en agujero -siempre con miedo-, cada vez que presentía los zapatos grandes y amenazadores de quien le podría pisar.

Pero un día este ratoncito se convirtió en pájaro. Las plumas eran del mismo color que su pelo, grisáceo tirando a marrón, como los más vulgares gorriones. Era un pájaro pequeño también, del mismo tamaño que el roedor, pero ahora ya no correteaba por el suelo lleno de miedo, sino que volaba. ¡Volaba, era libre! Y su pecho era de color rojo-anaranjado. Su pecho, su corazón eran de fuego. Se trataba de un lindo y sereno petirrojo.

En este caso no es un  petirrojo, sino una alondra, pero si te quieres alzar en su vuelo, no tienes más que desconectar unos minutos y escuchar esta pieza musical, divina, del compositor Ralph Vaughan Williams, Alondra ascendiendo.

¡A disfrutar, pues entramos en el Domingo de la Alegría!

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