practicando la hospitalidad

africanas franciscanas

 

Estos días han estado en nuestra casa un grupo de hermanas Franciscanas de Benin, Mozambique y Madrid. Participaron en la eucaristía del Apóstol Santiago del día 25 de Julio, con sus cantos y danzas, durante el ofertorio, explicándonos que se trataba de una peregrinación hacia el altar.

De  peregrinos y hermanos en la fe nos habla San Benito en el capítulo 53 de la Regla, sobre « cómo se ha de acoger a los forasteros ». Y justamente ayer, celebramos en los monasterios cistercienses a Marta, María y Lázaro que vivían en Betania (casa del pobre), hospederos y amigos de Jesús, expertos en la práctica de la acogida.

Cuando Jesús iba a Betania buscaba en esta casa o comunidad : descanso, acogida, paz, sosiego y encuentro familiar. Del mismo modo, en nuestro monasterio se acoge al huésped y a todas las personas que vienen buscando lo mismo que Él : silencio, encuentro con Dios y consigo mismo.

Y es toda la comunidad la que acoge: la cocinera, la lavandera; quién limpia, quién sirve, quién da la bienvenida; la que escucha, la que ofrece su vida, la que ora…, todas, en la hermana hospedera. Este  “buen recibimiento” se realiza fuera y dentro del espacio físico de la hospedería y portería del monasterio. Hay mucha acogida: la que se ve y la otra, que no se ve. También recibimos lo que se ve y lo que no se ve: como Marta, María y Lázaro con Jesús. En esta  realidad de acoger y recibir está Dios ayudándonos, interior y exteriormente. Misterio de la acción del Espíritu Santo.

Practicar  la hospitalidad es para nosotras la “acción de acoger con todo nuestro ser” a Jesús, a los pobres, a los desvalidos, a las hermanas, a los extraños, a los acontecimientos…. Venerar lo que nos llega a través de ellos, nos lleva a Dios. El intercambio que se da es un enriquecimiento recíproco, y es bueno caer en la cuenta de que el recibimiento de las personas es mutuo: recibir-dar y dar-recibir, acoger-confiar. Es una relación interpersonal atrayente, que nos ayuda a gozar un gran proyecto que siempre estamos realizando en la vida de comunidad.

La hospitalidad es fruto de una interrelación entre las personas, situaciones, redescubrimiento del otro y del Otro, exterior a nosotras e interior. No todo se entiende o lo realizamos nosotras, acontece «algo» que no depende de una misma.

Así que ya sabes, a practicar hoy la danza de la acogida.

el seno místico y profundo de maría magdalena

 

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Una sola palabra bastó para sanar a María Magdalena y que ésta dejase de llorar: María.- Rabboni (Jn 20, 1-18). Cuando escuchó su nombre pronunciado por Jesús, la de Magdala pudo conectar con su interior y reconocerse en su verdad más profunda de mujer y seguidora de Jesús. Después podría proclamar al Resucitado a los demás. Pero antes de convertirse en anunciadora de la Verdad, tuvo que escuchar esa palabra verdadera, dirigida solo a ella, de forma personal.

San  Bernardo en el Sermón 28 del Cantar de los cantares, comentando el pasaje evangélico del encuentro de ésta  con el Señor dice,  que “el oído solo posee la verdad si percibe la palabra”. Escucha su sonoridad

Solus habet auditus verum, qui percipit verbum

Solo después de que la Palabra resuena en el vientre de María Magdalena, se  convierte en portadora de la noticia de la resurrección. A partir de ahora, ella ya no puede esperar la presencia de Jesús según los sentidos corporales, sino según la fe, y a través de su Palabra. Esto es lo que  el abad de Claraval interpreta al comentar la sentencia de Jesús: No me toques

Noli me tangere (no me toques), esto es: desentiéndete de ese sentido seductor; apóyate en la palabra y familiarízate con la fe

La fe despierta la capacidad femenina que toda persona, hombre o mujer, posee de sentirse seducida por el misterio de la Vida, encarnado en Jesús y, abrazarlo desde lo profundo de su seno; desde el silencio que rodea todo pensamiento, toda ansiedad, todo juicio. Así sigue San Bernardo en su comentario al Cantar

Prescinde pues de tu juicio, suspende tu opinión y no te fíes de la definición que puedan darte los sentidos de un misterio reservado para la fe. Ella lo definirá con mayor propiedad y certeza, porque lo comprende más plenamente. Ella abarca en su seno místico y profundo lo que se entiende por la largura, anchura, altura y profundidad.

Que el “toque” femenino de este día nos acompañe también  mañana en la fiesta de otra gran mujer, patrona de Europa, Santa Brígida.

la enseñanza del sabio es fuente de vida (Prov 13,14)

RB 2016

 

Aunque  San Benito escribió su Regla en el siglo VI, hoy en día sigue transmitiendo la esencia de la vida monástica. Así lo atestiguamos los monjes, monjas y laicos  que vivimos el carisma benedictino. La originalidad de San Benito se encuentra, en que supo dar forma a toda la sabiduría acumulada del monacato desde sus orígenes. Si este documento sapiencial se impuso a otras reglas contemporáneas, fue por su estilo e inspiración y también por haber sido escrito desde la experiencia, en un espíritu renovador.

Por ejemplo, San Benito se atreve a organizar la comunidad, alterando el orden social establecido en su época. Es decir, en vez de privilegiar en los monjes el rango, el dinero o la raza, él escribe

Dentro del monasterio conserve cada cual su puesto con arreglo a la fecha de su entrada en la vida monástica o según lo determine el mérito de su vida por decisión del abad (RB 63, 1)

El orden de los hermanos es nuevo, ya no priman la clase social o tan siquiera la edad cronológica, sino la edad monástica y una vida según el evangelio. Cierto que en este capítulo 63 de la Regla después habla del respeto a los mayores y de la escucha a los menores, pero lo que cuenta es la sabiduría “rumiada” en el silencio del claustro, a lo largo de los años.

Ya sabes, te toca “rumiar” las verdes praderas de la Palabra y de las enseñanzas de San Benito, en el claustro de tu corazón, para ser una persona sabia y mantener un orden evangélico en tu vida y ….  llenarla de rojo-pasión ¡¡¡.

 

El rostro de Dios nos llega en verano…

San Juan de Dios

 

Rostros nuevos y viejos que aparecen por nuestra casa enriqueciéndonos la vida.

Una visita entrañablemente inesperada nos sorprendió hace unos días. Este especial grupo de peregrinos  residentes, voluntarias y personal   del Albergue Santa Maria de la Paz,  que los Hnos. de San Juan de Dios tienen en Madrid,  quisieron compartir con nosotras el abrazo que habían recibido del Santo.

Gente a la que el alma se le asoma por los ojos,  gente harta de andar sola, sin techo ni hogar, sin más futuro que el minuto siguiente.

Rostros que nos hablan de Dios, que a pesar  del dolor y el sufrimiento grabados en sus huellas, una semilla de vida florece desde la adversidad.

Rostros de la calle llenos de coraje,  valentía, superación  y vida que un día quisieron agarrarse a esa mano tendida por los que se dan por amor a los que nada tienen, y que les dijo; “anda ven, levántate y anda” (Mt 9, 1-8). Esta es tu casa, este es tu hogar…

Rostros que llenaron nuestra casa del rostro de Dios.

Todo lo que hagáis por un de estos pequeños a mí me lo hacéis (Mt 25, 40)

 

 

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