la enseñanza del sabio es fuente de vida (Prov 13,14)

RB 2016

 

Aunque  San Benito escribió su Regla en el siglo VI, hoy en día sigue transmitiendo la esencia de la vida monástica. Así lo atestiguamos los monjes, monjas y laicos  que vivimos el carisma benedictino. La originalidad de San Benito se encuentra, en que supo dar forma a toda la sabiduría acumulada del monacato desde sus orígenes. Si este documento sapiencial se impuso a otras reglas contemporáneas, fue por su estilo e inspiración y también por haber sido escrito desde la experiencia, en un espíritu renovador.

Por ejemplo, San Benito se atreve a organizar la comunidad, alterando el orden social establecido en su época. Es decir, en vez de privilegiar en los monjes el rango, el dinero o la raza, él escribe

Dentro del monasterio conserve cada cual su puesto con arreglo a la fecha de su entrada en la vida monástica o según lo determine el mérito de su vida por decisión del abad (RB 63, 1)

El orden de los hermanos es nuevo, ya no priman la clase social o tan siquiera la edad cronológica, sino la edad monástica y una vida según el evangelio. Cierto que en este capítulo 63 de la Regla después habla del respeto a los mayores y de la escucha a los menores, pero lo que cuenta es la sabiduría “rumiada” en el silencio del claustro, a lo largo de los años.

Ya sabes, te toca “rumiar” las verdes praderas de la Palabra y de las enseñanzas de San Benito, en el claustro de tu corazón, para ser una persona sabia y mantener un orden evangélico en tu vida y ….  llenarla de rojo-pasión ¡¡¡.

 

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