RB 2016

 

Aunque  San Benito escribió su Regla en el siglo VI, hoy en día sigue transmitiendo la esencia de la vida monástica. Así lo atestiguamos los monjes, monjas y laicos  que vivimos el carisma benedictino. La originalidad de San Benito se encuentra, en que supo dar forma a toda la sabiduría acumulada del monacato desde sus orígenes. Si este documento sapiencial se impuso a otras reglas contemporáneas, fue por su estilo e inspiración y también por haber sido escrito desde la experiencia, en un espíritu renovador.

Por ejemplo, San Benito se atreve a organizar la comunidad, alterando el orden social establecido en su época. Es decir, en vez de privilegiar en los monjes el rango, el dinero o la raza, él escribe

Dentro del monasterio conserve cada cual su puesto con arreglo a la fecha de su entrada en la vida monástica o según lo determine el mérito de su vida por decisión del abad (RB 63, 1)

El orden de los hermanos es nuevo, ya no priman la clase social o tan siquiera la edad cronológica, sino la edad monástica y una vida según el evangelio. Cierto que en este capítulo 63 de la Regla después habla del respeto a los mayores y de la escucha a los menores, pero lo que cuenta es la sabiduría «rumiada» en el silencio del claustro, a lo largo de los años.

Ya sabes, te toca “rumiar” las verdes praderas de la Palabra y de las enseñanzas de San Benito, en el claustro de tu corazón, para ser una persona sabia y mantener un orden evangélico en tu vida y ….  llenarla de rojo-pasión ¡¡¡.