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Durante nuestras sesiones mertonianas nos enteramos, a través de un correo electrónico de Jim Forest, de que el maestro zen Thich Nhat Hahn se encontraba hospitalizado. Las vidas de Thomas Merton y Thich Nhat Hahn se cruzaron en plena guerra del Vietman. Un monje norteamericano y un monje vietnamita unidos por la paz.  Su visión común de una espiritualidad comprometida ha provocado, a lo largo de los años, una profunda revisión de ambas tradiciones contemplativas.

El 2 de diciembre, el Papa Francisco invitó al maestro Thich Nhat Hahn y a otros líderes religiosos de todo el mundo para unirse en un fin común: lograr la abolición de todas las formas de esclavitud moderna. Para el Papa: “La esclavitud de seres humanos humilla a Dios”. A su vez, la hermana Chan Kong, en nombre de Thich Nhat Hahn, manifestó:

“[…] Está muy claro que en esta era de globalización lo que le ocurre a uno de nosotros nos ocurre a todos. Todos estamos interconectados y todos somos corresponsables. Pero aún con la mejor voluntad, si nos dejamos llevar por las preocupaciones sobre necesidades materiales o consuelos emocionales, estaremos demasiado ocupados para llevar a cabo nuestra común aspiración.

La contemplación debe ir de la mano de la acción. Sin una práctica espiritual, abandonaremos nuestro sueño rápidamente.

Cada uno de nosotros, de acuerdo con la enseñanza de su propia tradición, debe practicar el tocar profundamente las maravillas de la naturaleza, las maravillas de la vida en cada uno de nosotros, el Reino de Dios en cada uno de nosotros, la Tierra Pura, el Nirvana en cada uno de nosotros, para que podamos recibir la sanación y el alimento, la alegría y felicidad que nacen de la visión profunda de que el Reino de Dios ya está disponible en el aquí y el ahora. El sentimiento de amor y admiración por la naturaleza, que todos compartimos, tiene el poder de nutrirnos, unirnos y eliminar toda separación y discriminación.

Al estar en contacto con todo lo que es refrescante y sanador, nos podemos liberar de nuestras preocupaciones de obtener comodidades materiales, y tendremos mucho más tiempo y energía para realizar nuestro ideal de traer libertad y compasión a todos los seres vivos. Como dice el Evangelio: <<No andéis preocupados pensando qué vais a comer o a beber o con qué os vais a vestir; buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo eso se os dará por añadidura. No os preocupéis por el mañana porque el mañana se preocupará de sí mismo>>.  

En nuestro trabajo para acabar con la esclavitud moderna, tenemos que encontrar tiempo para cuidarnos a nosotros mismos y cuidar del momento presente. Haciéndolo, podremos encontrar una relativa paz en nuestro cuerpo y mente para continuar con nuestro trabajo. Necesitamos reconocer y abrazar nuestro propio sufrimiento, nuestro enfado, miedo y desesperación de modo que podamos mantener la energía de la compasión en nuestro corazón.  A medida que tengamos mayor claridad mental, tendremos compasión, no sólo por las víctimas sino también por los traficantes. Cuando vemos que los traficantes han sufrido, podemos ayudarles a despertar y detener sus actos. Nuestra compasión puede ayudar a convertirlos en amigos y aliados de nuestra causa.

Para mantener nuestro trabajo por la compasión, necesitamos una comunidad espiritual que nos sostenga y proteja – una comunidad verdadera, donde se viva la fraternidad y sororidad, la compasión y la comprensión. No deberíamos hacer este trabajo como el llanero solitario. Las raíces de la esclavitud moderna son profundas y las causas y circunstancias, las redes y las estructuras que la soportan, complejas. Por eso necesitamos construir una comunidad que pueda continuar la obra de proteger la vida humana, no ya hasta el 2020, sino mucho más allá.

Vivimos en un mundo globalizado y también lo es esta nueva forma de esclavitud, que está conectada con los sistemas económicos, políticos y sociales. Por ello, nuestra ética y nuestra moral también deben ser globalizadas. Un nuevo orden global apela a una nueva ética global. Tenemos que sentarnos juntos, como personas provenientes de muchas tradiciones, tal y como estamos haciendo ahora, para encontrar las causas de este padecimiento. Si miramos profundamente todos juntos, entenderemos las causas de la esclavitud moderna, y podremos encontrar una salida”.

Son sencillas las palabras de Thich Nhat Hahn. La verdad es simple. Con simplicidad y contundencia se expresa también el Papa Francisco:

Cada ser humano, hombre, mujer, niño, niña es imagen de Dios, Dios es Amor y libertad que se dona en relaciones interpersonales, así cada ser humano es una persona libre destinada a existir para el bien de otros en igualdad y fraternidad. […] Todos somos reflejo de la imagen de Dios y estamos convencidos que no podemos tolerar que la imagen del Dios vivo sea sometida a la trata más aberrante.

Aprovecha la lluvia de hoy, refresca tu mirada, mira profundamente y goza con cada encuentro libre de manipulación. Sólo un interés directo: el bienestar de quien tienes delante. Puedes empezar ahora, puedes comenzar por ti. Sonríe.