almendro

A una maestra espiritual le pidieron en una conferencia: – Háblanos Marta de tus experiencias de despertar. Ella, franca y con la resolución de una niña, contestó: -No. Nooo. Tras una breve pausa, resolvió: – La luz es de todos. Todos tenemos acceso a la luz.

En palabras bíblicas esto sería: “el hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). Dios, la plenitud está ahí. Está ahí lo veas o no lo veas. Verlo es en todo caso una posibilidad, que se convierte en realidad cuando los ojos del corazón se abren. Ver a Dios colmando la realidad es ver el almendro en flor, aunque estemos en invierno.

Thich Nhat Hahn en El milagro del mindfulness dice:

Cuando la realidad se experimenta en su naturaleza de la perfección suprema, el almendro que quizás haya en el jardín de tu casa revela su naturaleza en una perfecta plenitud. El almendro es, en sí mismo la verdad, la realidad, tu propio yo. De todas las personas que han pasado por tu jardín ¿cuántas de ellas han visto realmente el almendro? El corazón de un artista puede que sea más sensible, por suerte será capaz de ver el almendro con más profundidad que muchas otras personas. Como su corazón está más abierto, se da una cierta comunión entre él y el almendro. Lo que cuenta es tu corazón. Si tu corazón no está cubierto por falsas ideas, podrás entrar en una comunión natural con el árbol. El almendro estará dispuesto a revelarse ante ti en su completa plenitud. Ver el almendro es ver la Vía. Cuando a un maestro zen le pidieron que expresara la maravilla de la realidad, señaló con el dedo un ciprés y dijo: “Mira el ciprés que hay allí”.

Muchas veces nuestra mente se empeña en decirnos que es invierno, que tenemos que tener frío y que los parques están desangelados, sin flores, sin hojas. Pero ¿podemos estar seguros de que es invierno?