…y a mí Señor, quítame el miedo

Ojitos

En la primera lectura de la eucaristía de hoy, del libro de Esther, al final de su oración por su pueblo, la reina  le pide a Yaveh que le quite el miedo.  Su arriesgada misión consistía en convencer al rey Asuero de que no exterminase al pueblo judío, lo que suponía enfrentarse al mas alto dignatario del gran rey. La fe de Esther en Yaveh, le ayudó a vencer el miedo, realizar su misión y así salvar a su pueblo.

Hay un cuento de Jorge Bucay, que ilustra también como una situación dificíl, puede conducirnos a una gran victoria. El miedo puede hundirnos o hacernos más fuertes.

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.

Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.

Una de ellas dijo en voz alta: “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.

Dicho esto dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizá más tozuda, se dijo: “¡No hay manera! Nada se puede hacer por avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.

Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.

Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

Respiro, me siento en calma… el miedo es mi amigo.

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