¿Presientes una … felicidad, una…alegría? (Lc 18, 1-8)

Fr.Roger

 “¿Encontrará esta fe en la tierra?” Durante el rezo de las Vigilias de hoy leíamos al Hermano Roger de Taizé. Eran los años 80 y Rusia seguía siendo un país en el que la fe no podía manifestarse ni celebrarse públicamente. El Hermano Roger, con su habitual delicadeza y sabiduría, reconoce la enorme importancia que las abuelas rusas han tenido en la transmisión de la fe cristiana…sin Biblias (no las había traducidas al ruso)…sin ritos…tan solo la ardiente y viva fe…durante setenta años de prohibiciones. Son las viudas del Evangelio.

En mi habitación hay dos Biblias y un Nuevo Testamento pero “el Hijo del hombre ¿encontrará esta fe?”… Jeff Foster, un maestro de espiritualidad no-dual, dice: “enamórate del Misterio de tu vida”… ¿puede haber fe sin ese asombro, sin esa admiración hacia lo que la vida es, hacia lo que somos, hacia el mero hecho  de estar existiendo ahora? ¿Puede haber fe sin haber saboreado la honda Realidad humana que Jesús y todos los que conocen (experimentan) al Cristo vivo nos han transmitido a lo largo de nuestra vida y aún ahora? Si presientes una alegría…si presientes una felicidad…es que la fe sigue floreciendo en la tierra.

De pepino a pepinillo

 

Pepinillo

El otoño ha entrado en este pequeño monasterio, con sus días cambiantes y su ritmo más pausado. En esta temporada aprovechamos para hacer conservas con los excedentes de la huerta. Es una actividad que tiene para nosotras un gran sabor a sencillez rural. La crisis económica ha despertado en muchos de nosotros el deseo de llevar una vida más consciente, más comprensiva del valor de las cosas, menos expuesta a la cultura malsana del “usar y tirar”. La huerta es un medio formidable para reconocer la sabiduría implícita en la tierra, en las estaciones…el ritmo de la naturaleza tiene mucho que ver con nuestro propio ritmo; escucharlo es estar más vivos, más felices.

Este verano ha sido tremendamente generoso en sol y junto con la humedad (nuestra eterna compañera) la cosecha de pepino ha sido más abundante que nunca. El trabajo de este año también ha sido más intenso, por eso no hemos podido tener ciertas delicadezas hacia esta cucurbitácea. Sí, otros veranos recogíamos lo pepinos chiquititos y los envasábamos en tarros de cristal con agua, vinagre y sal. Este año hemos optado por una fórmula menos selecta pero igualmente sabrosa. Los pepinos, en su tamaño natural, troceados y limpios de pepitas.

Para hacerlo siguiendo la guía de un maestro en horticultura, John Seymour, debes emplear 4,5 litros de vinagre por 7 de pepinillos. Previamente los has tenido en salmuera para que suelten el agua excedente. Entonces, es el momento de cocer el vinagre vertiendo los pepinillos para que hiervan durante dos minutos. Al finalizar, se escurre el vinagre y se embotan, bien apretados,  en tarros esterilizados. Antes de cerrar el tarro, se les vuelve a echar vinagre hirviendo, se cierran herméticamente y se meten durante diez minutos en agua hirviendo para sellarlos al vacío. Para que estén más suaves, se mezcla algo de miel o de azúcar con el último vinagre que se les echa.

Si no tienes huerta en casa, ni tampoco una terraza en la que plantar tus hortalizas, siempre puedes comprar los pepinos en la tienda de la esquina y embotarlos en casa. En un par de meses estarán listos para comer…a tu gusto y sin conservantes artificiales.

Hildegarda y el verano

Hildegarda2

Os recomendamos un estupendo libro para leer a la sombra de una encina (si se presta el paisaje). Aunque se trata de una novela histórica, las palabras que salen de la pluma de Lucia Tancredi, bien podrían atribuirse a la misma Hildegarda. Pone en boca de la monja expresiones como: “la esencia misma de la vida es burbujeo, metamorfosis, creación inagotable” o “en todas partes hay verdor, por eso no encanece el mundo”. Su discípula (personaje de ficción) dirá de Hildegarda: “nos enseñó a no temblar y a amar la oscuridad como si fuese la otra cara de la luz”.

Y también…un consejo, ideal para los días de verano: “caminar adhiriéndose a la tierra, la planta amplia y blanda, los dedos estirados sin espasmos; concentrándose en los pies”.

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