Nombres de mujer, camelias y luz

 

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Es invierno, caen las lluvias, arrasan los vientos llevándose consigo viejas tejas del tejado, árboles que creíamos bien enraizados y objetos que aparecen a kilómetros de distancia. No vemos desde aquí las olas del mar pero las intuimos. El mar bravo siempre está cerca de cada ser que habita nesta terra mariñeira.

Sucede que la naturaleza tiene sus guiños. En medio del diálogo caótico de la lluvia con el viento, de las nubes con el frío, de los aires desbordantes con nombre de mujer, Ruth, Stephanie…ahí, en el epicentro del combate, las camelias florecen.

Ellas son nuestras aliadas. De ellas obtenemos un aceite con fabulosas propiedades cosméticas. Y con el aceite fabricamos jabón; también con nombre de mujer: Hildegard. Ruth, Stephanie, Hildegard…y todas nosotras convivimos formando parte de un mismo lienzo, un paisaje de luz y sombra.

Pero hoy el Evangelio nos habla de ser luz. Ser la luz de la Luz. Así lo veía Hildegarda de Bingen cuando escribió Scivias:

Yo, la Luz Viviente que ilumina lo que es oscuro, he puesto al ser humano que Yo quise … en medio de cosas maravillosas, más allá del alcance de los seres humanos que en el pasado vieron en Mí muchas cosas ocultas.

En medio de cosas maravillosas…

Voy a tu encuentro y te llamo … sin cesar (Mc 1, 14-20)

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“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Ayer Jesús se sumergía en el río emergiendo como un ser transformado, abierto y receptivo a la llamada incesante de Dios en él. Ahora, atrae hacia sí a otros para que ejerzan las tareas de la pesca desde una dimensión distinta. Pues el río no es solo el hábitat de los peces sino que es también el caudal por el que discurre el agua que brota la fuente primera y que va a parar al Océano…ese que Gregorio de Nisa imaginó sin riberas, manifestación del Dios infinito. Un sentido material pasa a transformarse en metáfora, símbolo de una realidad trascendente. Lo ordinario es realmente extraordinario.

“Con cada ola que mi Océano barre la orilla en que te hallas, voy a tu encuentro y te llamo sin cesar nunca en mi empeño, porque infinita es mi paciencia e inexorable es mi determinación….” Ibn Arabi.

Hoy comenzamos un nuevo tiempo litúrgico llamado “ordinario”. Simón, Andrés, Santiago, Juan…escucharon la llamada del Océano que hasta entonces les había pasado desapercibida pese a vivir en torno al mar de Galilea. En medio de lo ordinario, puede surgir lo extraordinario. Escucha y sonríe.

…y si vienes al Monasterio…no te pierdas este paseo por la Ruta de los Molinos…la lluvia incesante transforma los ríos en paisajes formidables!

El Adviento es una flor

 

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Dice San Bernardo, refiriéndose a los novicios que su vida monástica es flor reciente (flos novella conversatio). “Todo lo que ahora descubrís en ellos está en flor”, flos est. “Su misma novedad ha de ser considerada como flores recientes y más una esperanza que la presencia de sus frutos” (spes fructum magis quam fructum).

La naturaleza nos dice que no hay fruto sin flor. Por lo que la esperanza del fruto (la flor) es necesaria. Vivir el Adviento es adivinar la grandeza del ser humano, a pesar de tantas señales que nos refieren que somos seres sin remedio. El Adviento es la flor. La Navidad es el fruto. Si creemos en un Dios Todopoderoso y glorioso (en la manera en la que el ego se proyecta), probablemente nos decepcione esta vida. No veremos más que miserias. Si por el contrario desentrañamos el corazón del mensaje de la Navidad y percibimos al niño Jesús como el Dios de lo pequeño, entonces podremos estar en comunión con él en medio de la compleja, dolorosa pero también bendita realidad.

Manuel Rivas, en su reciente libro “Vicente Ferrer. Rumbo a las estrellas, con dificultades” cuenta la anécdota de un cura gallego, perteneciente a las comunidades de base, que le dijo: ¿Sabes una cousa? Coido que Deus é pequechiño. ¿Sabes una cosa? Creo que Dios es muy pequeño.

La flor del Adviento corre el peligro de helarse con los vientos del invierno. Frigora matutina, quae intempestivos solent perdere flores, praeripere fructus. Que nuestro corazón cultive siempre el calor. Tanto calor que impida que los aires helados que soplan en este mundo abrasen la flor, pierdan el fruto. Dios es muy pequeño y tiene que ser protegido.

La luz que queda (Lc 21, 5-19)

 

La luz de la confianza

“Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. “En diciembre de 1976, un joven libanés llamado Gassibeh volvía de Beirut, donde estaba estudiando, para pasar la Navidad en su pueblo. El Líbano estaba en guerra. El joven murió en una emboscada. Había tenido una corazonada de lo que podría ocurrirle y dejó en su habitación una carta escrita a los suyos. Decía: “Me veo muerto en el camino que me lleva a casa. Si esto llegara a ocurrir, quiero decir a mi madre y a mis hermanos: No estéis tristes, nos encontraremos; perdonad a los que me han matado. Que mi sangre, mezclada con las de las víctimas caídas de cualquier raza y religión, sea ofrecida como precio por la paz, el amor y el diálogo que han desaparecido en nuestro país. Orad, orad y amad a vuestros enemigos”. Así nos lo narra el hermano Roger de Taizé.

Gassibeh lo dio todo. Toda era su confianza. La madre de Gassibeh heredó de su hijo el perdón y la paz. El más bello regalo en el más intenso dolor. Reconocer cuál es el camino cuando el corazón se agita, incluso en el día a día de las relaciones humanas, requiere la luz de la confianza. De todo lo que sucede, es lo único que permanece. Dice el escritor y periodista gallego Manuel Rivas, en relación a la sentencia sobre el caso del Prestige: “A la mayor catástrofe se respondió con la mayor solidaridad. Cientos de miles de manos rescataron el mar y la esperanza. Recuerdo voluntarios limpiando en la noche con linternas. Y eso es lo que quedará. Esa luz”.

Los cuervos de Cabo Bretón y la lluvia de Armenteira

Cabo Bretón

Pema Chödron, es una monja tibetana y sus palabras, escritas desde un cabo de la agreste Canadá, nos ayudan a saborear “el lado salvaje” de la vida monástica. La fuerza vital de la lluvia y el viento. El musgo en los muros. El silencio.

Dice: “¿Cómo renunciar? ¿cómo trabajar con esta tendencia a bloquearnos, paralizarnos y negarnos a dar otro paso hacia lo desconocido? Si nuestro límite es como un gran muro de piedra con una puerta ¿cómo aprender a abrir esa puerta y atravesarla una y otra vez, para que la vida se convierta en un proceso de crecimiento y nos volvamos más intrépidos y flexibles, más y más capaces de jugar como un cuervo en medio del viento?

Cuanto más violento es el tiempo, más disfrutan los cuervos. Durante el invierno, cuando el viento se enfurece y abundan el hielo y la nieve, se lo pasan estupendamente. Les gusta desafiar el viento. Se posan sobre las copas de los árboles sosteniéndose con sus garras y también agarrándose con el pico. En un determinado momento se lanzan hacia el viento, dejándose arrastrar por él. Entonces juegan y planean. Al cabo de un rato vuelven al árbol para empezar de nuevo. Es un juego. En la isla de Cabo Bretón los animales y las plantas son resistentes, valientes, juguetones y alegres, los elementos los han fortalecido. Para poder vivir en este lugar, han de desarrollar entusiasmo por el desafío y por la vida. Como puedes comprender, esto produce una increíble belleza, inspiración y un sentimiento de elevar el espíritu. A nosotros nos sucede lo mismo”

La vida monástica nos da alas a las que moramos entre los muros de piedra y también a los que os acercáis y respiráis su atmósfera. ¿Son alas de cuervo? ¡¡Sí!! No creas que es poca cosa…son inmensas sus posibilidades. Es otoño, sigue lloviendo en Armenteira, sopla el viento y nos hemos levantado de noche…disfrutando del más maravilloso de los juegos.

El membrillo sabe a otoño

 

Una mañana de otoño, como cada año, Carlos “el del tractor” nos regaló una caja con membrillos de su huerta. Este año los frutos han venido un poco magullados a causa de las lluvias que nos han acompañado durante toda la primavera. A pesar de su aspecto feucho, el membrillo, bien trabajado, puede transformarse en un dulce exquisito. A nosotras nos gusta hacerlo; es una ocasión más para practicar la concentración y el sosiego. Sí, para que el dulce de membrillo te salga rico es importante que no tengas prisa, que disfrutes de cada tarea del proceso. Si es posible, es más agradable compartir esta actividad con alguien. Puedes hablar o incluso estar en silencio, reposando la atención sobre lo que estás haciendo.

El primer paso será lavar los membrillos y con un trapo quitarles la pelusilla que los recubre. Tienen que quedar lisitos y suaves al tacto.

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Lo siguiente será escaldarlos en agua hirviendo. Lo importante es que observes el momento en que la piel se arruga y se desprende de la pulpa. Un escaldado normal puede requerir entre 3 y 5 minutos pero dependerá de la cantidad de membrillos que hayas puesto en la olla. Nosotras tuvimos que esperar casi 15 minutos!

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Ahora viene la tarea más ardua y clave del proceso: pelar y picar! Antes has tenido que dejar enfriar un poco los membrillos, de otro modo los escaldados serán tus deditos. Si no puedes esperar, otra opción es dejar un recipiente con agua fría cerca y poner las yemas a remojo antes de empezar a pelar. También funciona! En este momento es fundamental quitar todas las zonas ennegrecidas de la pulpa y picar solo la carne blanca. De otro modo, el dulce de membrillo te saldría áspero.

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Para terminar, hay que pesar el membrillo picado y ponerlo a macerar en los mismos kilos de azúcar durante 24 horas. De ese modo, el membrillo extraerá su propio almíbar. Ahora…toca recoger todos los barreños que has utilizado y lavar unos cuantos “tuppers” para tenerlos listos para el día siguiente.

Muy bien…un día más tarde tenemos que poner la olla al fuego y cocer los membrillos (en su propio jugo y sin agua). Cuando estén en su punto, ya se pueden triturar. No…no es necesario que la batidora sea tamaño elefante como la nuestra! A partir de aquí, se trata de remover el puré con un palo de madera  (nosotras utilizamos un remo!) para que no se pegue.  Sabrás que está listo cuando adquiera un color dorado…o cuando metas el dedito y digas…mmmm!!!

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Cuando el membrillo aún está caliente es el momento de rellenar los tuppers que hayas preparado. Nosotras siempre buscamos varios tamaños. A veces es agradable tener un envase pequeño para tener un pequeño detalle con alguien.

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Ya solo queda ponerle la fecha…y no tardar demasiado en probarlo. Si le añades a este sabroso postre un trocito de queso ¡fabuloso! Nosotras tuvimos la suerte de combinarlo con un queixiño da terra.

Sí…el otoño es más agradable cuando te implicas en él. Cuando lo sientes…y saboreas!

Un manantial oculto en la foresta

 

Ruben y Cuca

Antes del comienzo de las lluvias, tuvimos la oportunidad de sentarnos en el jardín de hospedería junto a Rubén Aramburu, párroco de San Salvador de Bergondo y viejo amigo de la comunidad. Casualidades de la vida, Bergondo es un antiguo monasterio benedictino perteneciente a la comarca “A Mariña dos frades” en el que Rubén está tratando de recuperar espacios de acogida para la gente.

Rubén llegó por primera vez a Armenteira antes de ser cura, en 1.993. Le gustaba aproximarse a las oraciones litúrgicas…pero más tarde, los encuentros se hicieron más continuados. Como perteneciente a la revista gallega de pensamiento cristiano, Encrucillada, él y el resto de miembros se reunían aquí en el verano para preparar la programación del año. Por otro movimiento del destino, Rubén fue designado párroco de Santo Tomé de Piñeiro (también antiguo priorato benedictino!) y desde allí, donde pasó trece años, los contactos con Armenteira se fueron haciendo más frecuentes. Tanto es así que, hace tres años, nos guió unos Ejercicios Espirituales de los que guardamos un estupendo recuerdo.

Para Rubén, llegar a Armenteira es como ir de camino y parar para calmar la sed. El monasterio es, según sus palabras, un “manantial oculto en la foresta”. Parece que está solitario, pero está rodeado de vida: pájaros, plantas, insectos…La vida monástica es ese manantial. Es necesario llenarse de ese agua para poder verterla.

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Lo curioso es que Rubén, sin ser muy consciente de ello, allá donde va transmite su amor por el monasterio y pocas son las ocasiones en que aparece aquí él solo. Esta vez llegó con un matrimonio y con Xabier, un chico  no creyente, que al compartir con nosotras el rezo de Completas, exclamó: ¡no me esperaba una Iglesia tan femenina!

Cuando regresa a su casa y a sus siete parroquias!, Rubén cuida los tiempos de silencio. Busca descubrir el monasterio que todos llevamos dentro. Le gusta madrugar; desde primera hora, procura hacerse consciente de si mismo y decir: ¡este día es mío!…saber que estamos viviendo y no que somos vividos. Sí…la vida de los curas rurales en Galicia está desbordada…por eso Rubén siente como necesario hacer paradas, escuchar la naturaleza…le atrae la simplicidad, la belleza. ¡Que nuestra vida sea bonita! les dice a sus feligreses…

Para terminar, Rubén nos compartió algunas reflexiones inspiradas: en la Iglesia no hay experiencia comunitaria, no hay experiencia de oración, apenas hay encuentro con la Palabra…por eso, cree él, la renovación vendrá a través de las experiencias monásticas…a través de la creación de fraternidades con las distintas comunidades monásticas…poseedoras de esa experiencia valiosa.

¡Gracias Rubén!…ojalá podamos concretar tus esperanzados pronósticos en este pequeño monasterio.

Monotonía de lluvia…

 

lluvia

Monotonía de lluvia tras los cristales…decía Machado. Hay mañanas en que no amanece. La brétema galega colorea de blanco todo el paisaje y lo mantiene como entre algodones. Pero hemos de sacudirnos la saudade. La huerta sufre. Los saben las más ancianas. Dicen: ha bajado la peste. Porque la peste baja hasta que acampa en el agujero del valle y se queda. Y es una peste para las plantas, que se ponen feas y llenas de enfermedades. Así que, después del rezo de Tercia nos hemos cogido la mochila de fumigar y a la tarea. ¿Fumigar? ¿Se puede fumigar en un huerto ecológico? Se puede…ortiga, cebolla, aceite de neem…y hoy…tabaco. Una amiga fumadora nos guardó las colillas durante un mes y las tuvimos macerando en agua por espacio de dos días. Esta mañana lo hemos colado y listo!.

pulverizar

Aunque llevamos ya días sin ver el sol, el invernadero intercepta cada rayo y lo proyecta sobre los tomates y pimientos…a pesar del día que hace ¡están sonrosaditos!

cosecha

Y de vuelta al Monasterio, un rico aperitivo. Los higos son un fabuloso tónico para todas las personas que hacen un gran esfuerzo físico o intelectual. Es verdad que tienen muchas calorías pero lo compensan con su gran contenido en fibras, sales y agua. Y aunque no seas deportista, ni intelectual, ni estés en edad de crecer…unos poquitos (y si es posible cogidos del árbol) no le pueden hacer mal a nadie.

Higo

Bodegón…ecológico

 


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En la Iglesia Católica se celebran hoy las Témporas de acción de gracias y petición, que tienen su origen en la muestra de agradecimiento del pueblo por las cosechas recogidas a principios del otoño. Nosotras hemos querido presentar en el altar algunos frutos recogidos en el huerto: calabaza de cacahuete, pimientos morrones, pimientos italianos, tomates, judías, apio…y flores.

Optar por un huerto ecológico requiere observación e investigación. Este año, además del caldo derivado de la maceración de la ortiga y la cebolla (purín de ortiga y purín de cebolla), ambos pesticidas y fertilizantes naturales, hemos puesto a prueba la resistencia del pulgón en la judía, rociando la planta con aceite de neem. Este fue un consejo que amablemente nos proporcionó un monje de Poblet, quien además nos recomendó el bacilus turigiensis para combatir el gusano de los repollos. Nuestro repollos, los pobres que no fueron rociados con el bacilus, han sido pasto de los gusanitos…unos gusanitos grises que solo salen por las noches. Sí…a eso se le llama actuar con nocturnidad y alevosía. En efecto, no hemos tenido buenos repollos este año (para regocijo de algunas hermanas) pero los tomates, los pimientos, las lechugas, los calabacines…y las calabazas han sido el orgullo de las hortelanas y la satisfacción de los muchos huéspedes que vienen de ciudades donde un tomate es igual a otro tomate y a otro…y a otro!

 

Los árboles no mienten

 

tierra sagrada

Hemos visto con desolación una espesa nube de humo negro que se ha suspendido sobre nuestro cielo durante días enteros. El Monte Pindo estaba siendo arrasado por las llamas.

“El ser humano está llamado a ser el ángel de la guarda de la Tierra”, dice Leonardo Boff, “a convivir con las demás especies y a completar la obra de Dios, dejada intencionalmente incompleta. Fuimos creados creadores y co-creadores. Todo el universo está en proceso de génesis, también la vida.”

Destruir un monte es destruir la vida y si la vida muere ¿somos tan ingenuos de pensar que nosotros sobreviviremos?

El jefe piel roja Seattle, en la carta que dirige en 1856 al gobernador del territorio de Washington dice:

Una cosa sabemos. la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. De eso estamos seguros. Todas las cosas están interligadas, como la sangre que une a una familia; todo está relacionado entre sí. Lo que hiere a la Tierra, hiere también a los hijos y a las hijas de la Tierra. No fue el hombre el que tejió la trama de la vida; él es meramente un hilo de ella. Todo lo que haga a la trama, se lo hará a si mismo.

Los árboles quemados, desnudos de savia sobre esta tierra celta no pueden mentir. La conciencia ecológica no es una moda, es la voz de la Tierra, inconfundible, nuestra.

 

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