Sin salir de casa

 

Sin salir de casa…es el título que ha dado Mari Paz López Santos, laica cisterciense del Monasterio de Santa María de Huerta, a su visión de la vida monástica como valor actual y accesible a los laicos del siglo XXI, y que compartió en una mesa redonda durante las jornadas de la Semana de Estudios Monásticos celebrada en Salamanca los días 3 a 6 de septiembre.

Nos lo cuenta ella misma, el tema de las jornadas: “La vida monástica como sabiduría que integra lo antiguo y lo nuevo”. Buen tema.

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Hay algo nuevo que viene sucediendo hace ya tiempo: la llegada de muchos laicos a los monasterios para pasar unos días en las hospederías y poder reposar del bullicio, el ruido, las prisas y el sinsentido del mundo. En la Mesa Redonda “Apertura a los laicos” programada dentro de la Semana, se invitó a siete laicos y laicas, relacionados con diferentes monasterios, a departir ante un auditorio de monjes y monjas benedictinos y cistercienses.

Había preguntas flotando en el ambiente, del lado de los monjes: ¿Qué buscan los laicos cuando se acercan a los monasterios? ¿Por qué atrae la vida monástica al mundo del siglo XXI?

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Había también preguntas en el aire del lado de los laicos: Nos acercamos a los monasterios buscando… ¿qué? ¿a quién? ¿a nosotros mismos?. Nos acercamos a los monasterios…¿huyendo del mundo en que vivimos?. ¿Nos acercamos a los monasterios con la intuición de recuperar algo que perdimos por el camino de la vida y pensamos que allí sigue estando vigente?. ¿Nos acercamos a los monasterios buscando a Dios aún sin saberlo claramente?

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El desconocimiento de la vida monástica para los que vivimos al otro lado de los claustros es casi total, hasta que un día tus pies se ponen en camino y, sin saber muy bien porqué, llegas a un monasterio descubriendo que allí hay algo para tu vida de laica o laico en el mundo. No sabías que el mensaje del SILENCIO fuera para ti; que la SOLEDAD es necesaria para el sosiego y la paz interior; que la ACOGIDA “como si del mismo Cristo se tratara” según prescribe San Benito en su Regla a los monjes (RB 53) se convierte en una sorpresa primero, y en gratitud después, al percibir que eres bienvenido vengas como vengas; que en la ORACIÓN con la comunidad, desgranando salmos y cánticos, dejando que calen sin oposición o que pasen de largo por no entender sus palabras arcaicas, te adentras en el fluido de la oración del creyente de todos los tiempos; el TRABAJO vivido desde una dimensión humana en contraste con lo que se sufre en el mundo exterior, parece algo exótico; la SENCILLEZ DE VIDA que deja caer sin contemplaciones tantas cosas superfluas que habitualmente nos parecen de primera necesidad en nuestros hábitos consumistas; en la LECTIO (meditación de la Palabra) la rumia de un versículo o de una palabra del texto, adentra en la comprensión desde el corazón del susurro del mensaje de Dios para ti y para el mundo. Debería seguir, pero esto hay que experimentarlo.

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Creo, hermanos monjes y monjas, que desde los claustros, cuidando la tradición, es decir, manteniendo vivos y actualizados los valores de la vida monástica; y atentos a los signos de los tiempos, sabiendo integrar con sabiduría y confianza en Dios, “lo antiguo y lo nuevo”; con el Evangelio en una mano (Mt 13, 52) y la Regla de San Benito en la otra (RB 64,9) comprenderéis que en este tiempo que vivimos, tenéis una misión profética, evangelizadora y pastoral…sin salir de casa.

 

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