Ser como el agua

“Cuando seas convidado vete a sentarte en el último puesto”. Jesús describe en esta parábola la actitud del santo, como arquetipo del ser humano. Para ello utiliza los fuertes contrastes entre el auto-enaltecimiento, la auto-adoración del “yo” y la humildad, la transparencia del ser. Sin embargo, en palabras del teólogo Hans Urs von Balthasar, esa humildad, esa diafanidad del ser, no se puede “adquirir”, ni procurar. Cierto: el ego que busca disminuirse acaba fortaleciéndose. La humildad en cambio sucede sin que la persona humilde siquiera lo sepa. Ya lo dijo Elie Wiesel: “los santos tienen la desconcertante costumbre de hacer todo sin ruido”. Su humildad es como el agua clara.

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En la tradición taoísta china, el Tao Te King (el libro del camino y de la virtud) recoge una descripción de la santidad muy semejante a la que hace Jesús: “La bondad suprema es como el agua, que favorece todo y no rivaliza con nada. Ocupando la posición despreciada por los demás, está muy cerca del Tao. Su posición es favorable. Su corazón es profundo. Su palabra es fiel. Su gobierno está en perfecto orden. Cumple sus tareas. Trabaja infatigablemente. No rivalizando con nadie, es irreprochable”. Sí…Ocupando la posición despreciada por todos, “el último puesto” está muy cerca del Tao (de Dios). Su posición es favorable, “amigo, sube más arriba…porque todo el que se humilla será enaltecido”.

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