San Gregorio Magno, ya huele a otoño

Bebé castaña

 

 

La semana pasada se celebró en Salamanca, la XXXV Semana de Estudios Monásticos, con el tema “Grandes Figuras del Monacato”. En una atmósfera monástica, se compartieron liturgia, mesas redondas, una excursión a Alba de Tormes y conferencias.  Entre otras, la hermana Paula realizó una ponencia sobre la sabiduría de Santa Hildegarda, monja visionaria del s. XII. También desfilaron personajes tan emblemáticos como Guillermo de Saint-Thierry, Dom Columba Marmion, Sta Gertrudis y Sta Matilde de Hefta, San Basilio, Sta Teresa y San Gregorio Magno.

Hoy la Iglesia recuerda en la Liturgia a este Papa-monje que tanto influyó a través de su vida y sus escritos en la construcción de los pilares medievales. Vivió en una época muy convulsa –pestes, hambre, invasiones-, muy parecido al estado de inseguridad y decadencia de nuestros días. Siendo muy consciente de la situación exterior, no como huida, sino como encuentro con la verdad, nos muestra un modelo de vida interior

 habitare secum

(habitar consigo mismo)

Esto lo dice refiriéndose a San Benito, pero también nos lo podemos aplicar como antídoto ante la dispersión y el activismo. Conocerse a sí mismo para transcenderse, practicando el  amor a las Escrituras.

San Gregorio Magno (540-604) encarna esa barca que flota en un mundo que se hunde. En el evangelio de hoy, Jesús nos anima a ir con Él, en la barca de Pedro, mar adentro, hacia la inmensidad de nuestro corazón (Lc 5,4).

Ya huele a otoño, aparecen tímidamente las primeras setas, la hierba está húmeda y los castaños deseando abrir sus “erizos” para tirarse al suelo y poder hacer jabón de castaña.

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