Posponer es vivir

 

paz

“El que no pospone a su padre y a su madre…incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Qué bella expresión para describir algo tan difícil como es abrirse, pacientemente, a un designio mayor que es “fuerte como la muerte”, diría el Cantar de los Cantares. Porque ese “posponer” es una muerte en realidad para nuestro yo. Una muerte que conlleva un resurgimiento, un renacimiento desde las cenizas de la tierra, y por ello, un revivir en humildad. Posponer es un acto enormemente valiente que frena las fortísimas inercias del yo auto-centrado. Posponer es respirar profundo, es permitirnos hacer una pausa…un silencio…para desligarnos de lo que nos aprisiona y ligarnos a lo que nos inunda de trascendencia. Necesitamos desligarnos para “religarnos”…es decir, para vincularnos con “esa Dimensión primera y última de lo Real” en palabras de Javier Melloni.

Alguien dijo…la vida es eso que sucede entre la acción…y la reacción. La vida es esa pausa entre estímulos. Es el silencio elocuente que susurra el camino al discípulo. La vida solo se revela a sí misma si estoy dispuesta a posponer todo al Todo.

 

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