cesta y calabaza

 

 

Hagamos un recorrido litúrgico de los días pasados con toda su riqueza celebrativa y vital. El día 5 de este mes, Témporas de acción de gracias, pusimos ante el altar los frutos del campo. Sí, la calabaza es de nuestra huerta –y no de Mercadona-, y la caléndula y las castañas para hacer el jabón. Como en los primeros años del cristianismo, la sociedad era sobre todo rural, al final del verano, se ofrecía la cosecha con un doble motivo: agradecer el año ya pasado y pedir la bienaventuranza para el siguiente. Todo ello “regado” con la lluvia de la reconciliación.

chicos y calabaza

Tuvimos la suerte de contar esa mañana con un grupo de 1º de bachillerato del colegio Santiago Apóstol de los jesuitas de Vigo, que participó de esta realidad a tres bandas –bendición, petición y reconciliación-, compartiendo un espacio de silencio, lectura reposada de la Palabra y un diálogo que comenzó con la preguntita: pero… ¿qué es un monasterio? . ¡Ah¡, y antes de todo, ¡móviles al suelo¡, para poder conectar con la “quies” monástica (paz, tranquilidad, silencio).

Un día antes, fue San Francisco de Asís, este santo tan encantador y “chisposo” que tiene un mensaje para la Iglesia de hoy:

¿Has pensado ya lo que es evangelizar a la gente? Mira, evangelizar a una persona es decirle “Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús”. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con ella de tal manera que sienta y descubra que hay en ella algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que ella pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia”

 Mª Ángeles pintando

 

Y un día después, el 6 de Octubre, nos unimos a todos los Cartujos para conmemorar a San Bruno, su fundador, que allá por el siglo XII se hizo amigo de nuestros fundadores cistercienses –Roberto, Alberico y Esteban-, en el monasterio de  Molesmes, antes de que estos fundasen Císter y él la Cartuja. Recordando la más que silenciosa película sobre estos solitarios, El Gran Silencio, escuchamos la sabiduría del Abad Guigo II , de La Gran Cartuja de Grenoble, que conjugando el evangelio del día de las Témporas y el de hoy (Lc 11, 9), reza así

El Señor mismo dice: “buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”. Buscad leyendo y encontraréis meditando, llamad orando y se os abrirá contemplando

Repite varias veces esta frase en tu interior, déjala reposar y… descubrirás lo que es un monasterio del  corazón.