pepe rodier

 

Esta semana hemos tenido entre nosotras a Pepe Rodier, religioso –Hijo  de la Caridad– y sacerdote, que vive en Getafe (Madrid), en la parroquia de San Rafael. Pero en realidad, Pepe vive sumergido en el Evangelio que comparte con las personas humildes de su barrio. En la calle está su evangelio, donde encuentra “perlas preciosas”, gente sencilla y creyente que, sin pretenderlo, comparten la alegría y la esperanza de seguir a Jesús.

Durante esto días, hemos escuchado de sus labios, con un delicado acento francés – Pepe nació en París-, el gusto por Dios, el vivir agradecidas, la pasión por el pueblo, las imágenes motrices (experiencias, y no ideas) de nuestra vida,… y con oídos atentos, sus palabras llenas de sabiduría y nacidas desde dentro, han calado en nuestros corazones.

Pepe es un hombre de Dios, que le encanta la música y caminar bajo las estrellas, tiene alma de poeta, se declara en comunión con el Papa Francisco y es un apasionado de Madeleine Debrêl y Olivier Clement, a quienes tuvo la gracia de conocer en vida, en su París natal. De ella podemos saborear las siguientes líneas de gran actualidad

Muchos contemporáneos nuestros tienen poco espacio y poco tiempo libre. Tener poco espacio es una de las condiciones más tremendas de la pobreza en las zonas industriales. Ser pobre en muchas zonas consiste en trabajar en una tarea que no respeta el tiempo que una vida humana necesita para sí misma. Nuestro tiempo tiene sus propios “respiraderos”: a nosotros nos corresponde descubrirlos y utilizarlos.

Cuando las “zonas industriales” de nuestro interior nos invaden y se apoderan de nosotros la eficacia y la agitación, nos conviene descubrir esos respiraderos de oración, para sanear nuestro corazón y volver a sumergirnos en la cotidianidad. Pepe Rodier ha sido esa bocanada de aire fresco, un hombre sin edad, que transmite la bondad de Dios a través de su sonrisa de niño y su mirada de asombro. ¡¡Gracias, Pepe !!