Durante esta semana que celebramos a las místicas Santa Gertrudis y Santa Matilde de Helfta, hemos podido disfrutar, las comunidades del Císter de España, de unas clases on line, impartidas por el padre Miguel María Vila del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia). Hemos estado conectadas 25 casas, a las que nos ha llegado la espiritualidad de Matilde de Hackeborn, de una manera apasionada y con mucha claridad, según le caracteriza a nuestro hermano Miguel María. Estas explicaciones, nos ayudan a conmemorar a las monjas de Helfta en la liturgia y en la realidad, de forma más viva y, nos impelen a sentirnos parte de ese flujo femenino del Espíritu que encarnó a Jesús en el día a día.

Como nos ha insistido el padre Miguel María, la vivencia de la fe de estas mujeres era profundamente trinitaria y eso se ve muy bien en el movimiento espiritual que atraviesa la jornada de esta comunidad, pues las monjas viven inmersas en la liturgia, la lectio, el canto, el estudio, la transcripción de manuscritos, la atención a quienes llaman al monasterio…,de modo que, en su época como en la nuestra, el devenir monástico  cotidiano esté fragmentado en un horario que distribuye tiempo de trabajo, de oración, de lectura espiritual, de Oficio Divino, etc…, esta organización es la superficie del agua, pues el mar de fondo es la oración continua. Dentro de esa discontinuidad horaria epidérmica, nos sumergimos en la plegaria continua, en la presencia ininterrumpida de Dios, en el movimiento intratrinitario.

Para todas estas santas mujeres del siglo XIII que encarnaron los misterios de Jesucristo en Helfta -no solo las tres más destacadas, sino toda la comunidad-, para ellas, el corazón de Dios ocupaba un lugar teológico privilegiado. No estamos hablando del corazón de Jesús, esa devoción vendrá más tarde y, desde luego que ellas fueron precursoras, pero aquí, has leído bien, es el corazón de Dios que es Fuente y fuelle de la bondad del Creador; es libro; aliento y alimento; es reposo y sobre todo, a ese Corazón, puedo acudir en mi pobreza, es decir, en el corazón de Dios hallo la suplencia a todo lo que me falta, el corazón de Dios suple mi indigencia y mediocridad. “Corazón” significa la totalidad y la unidad originales, palabra que pretende decir balbuciendo un misterio inefable y “corazón de Dios” invoca esa totalidad que se sale de sí misma y se derrama en nuestro propio corazón, ese amor de Dios que nos ahoga, si vivimos abiertas y no tímidamente ni temerosas; si permanecemos atentas y no dispersas o inconstantes; y por último, si estamos despiertas y no soñolientas.

¡¡ Que el carisma tan intenso de estas monjas benedictino-cistercienses de la Edad Media sea hoy aceite que llene nuestra lámpara!!