Icono de compasión

Karen Armstrong en su magnífico libro “Doce pasos hacia una vida compasiva” dice que “el icono de la madre María y del niño Jesús es una expresión arquetípica del amor humano.” También describe ese amor maternal como “desgarrador, así como gratificante” y reconoce la autora que “exige resistencia, fortaleza y un alto grado de desinterés.” Es un amor profundamente compasivo.

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Las personas que practican la compasión descubren que tienen una claridad nueva y experimentan un estado de ser notablemente intensificado. Son también un icono, una ventana, de la compasión de Dios, de sus entrañas misericordiosas.

La contemplación del icono o el rezo cantado ante la Virgen nos ayuda a trascender los estrechos límites del yo y a atisbar la fuerza de un corazón desprendido de todo autocentramiento.

Cada noche, las monjas y monjes de la Orden del Císter, terminamos el día entonando la Salve, despidiéndonos de las sombras del ego y abrazando la luz nocturna de la compasión; esa que desprende la Estrella, María.

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