Con Leo

«Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: siento compasión de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer…»

Otro Jesús, Vicente Ferrer, escribió:

Mi relación con el pueblo era íntima y directa. Tenían en mi una confianza ciega. El nuestro era un estilo humano. Yo, más tarde les decía:

– Ahora tú necesitas una bomba para extraer el agua de tu pozo. No te preocupes. Te voy a dar la bomba. Ya sabes que en el banco van a pedirte firmas, avales, crédito y tiempo. Yo te lo daré sin intereses, sin papeles, sin nada. Yo te creo, me basta tu palabra. Y más todavía: eres libre. Si después no quieres dar nada, no lo des. No te vamos a perseguir. Estaremos decepcionados por tu falta de palabra, eso es todo. Pero yo tengo fe en ti, sé que me lo devolverás.

Y la gente no se limitaba a devolver, sino que daba con creces. Al préstamo añadía todo lo que podía: parte de su tierra, de su cosecha, e incluso joyas. Este excedente se entregaba a los más pobres, para que pudieran prosperar.

«La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil.»

Orígenes, un padre de la Iglesia primitiva decía que no nos podemos limitar a leer el Evangelio en su literalidad. Tenemos que «frotar las palabras». Mediante esa fruición extraemos su verdadero calor. Su fuerza espiritual que, al despertarse en nosotros, nos provoca un cambio de conciencia: el milagro es la energía del amor hecha acto.

Sarai vino a vernos con su gato Leo. Ella, con su abrigo gris perla y él, con parecido atuendo, nos transmiten lo mismo que Orígenes…id más allá de las palabras.