el claustro camina cara a Compostela

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Tiempo de vendimia en el valle del Salnés y parece que a los peregrinos les gusta el albariño, pues han pasado por nuestro monasterio un grupo de Valencia, otro de Portugal, italianos, norteamericanos y hasta do Brasil. Los monjes de la Armenteira trajeron el carisma cisterciense a las faldas del monte Castrove y también las uvas de la Borgoña francesa de la que se elabora el preciado caldo gallego. Y por eso se llama albariño, porque al Císter se le conoce también como la Orden de los monjes blancos, por vestir cogulla blanca o de color albino y de ahí “albariño”.

Con el grupo de peregrinos“Camino del alma”, de Denia , iniciamos estos días muy compostelanos, celebrando el envío de estos caminantes del alma, entregándoles el bastón,  la vieira y el libro de ruta, en una atmósfera emotiva y  profunda, que hizo a las hermanas, también peregrinas.

 

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Este fluir de peregrinos de distintas nacionalidades hizo posible, que celebráramos la jornada de la Paz, convocada por el Papa Francisco y todos los líderes religiosos del planeta, el pasado día 20 de este mes, en Asís, de una forma más universal o católica –eso significa católico, universal-.

 

 

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Y en una muy especial comunión con el fundador de “Pueblo de Dios” y padre del grupo “Brotes de olivo”, Vicente Morales, que participó al día siguiente, 21 de Septiembre, en una reunión que tuvo lugar en nuestra casa, sobre cómo trabajar por la unidad de la Iglesia, escuchando ese anhelo desde el corazón y llevándolo a la vida desde la esencia del Evangelio. Su hijo Chito Morales, nos deleitó con algunos de los cantos de Brotes de olivo; su potente voz y los acordes orantes de su guitarra, resonaban en el claustro como la Presencia de Dios.

 

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También tuvimos música el día que se alojaron en el monasterio nuestros amigos y peregrinos lusitanos. Entonaron varias canciones durante la eucaristía, acompañados de un pequeño instrumento, como una guitarrita, llamado “cabaquiño”, para terminar con un canto a la Virgen, al más puro estilo del fado portugués, que traspasaba el alma. La Virgen María estuvo a punto de salirse del icono de la capilla para abrazar a Rui y agradecerle su voz y sentimiento.

Ya lo decía el libro del Eclesiastés: todo camina, el viento, el sol y hasta los ríos caminan hacia el mar. Y cuando llegan a su puesto vuelven a caminar (Ecl 1,5-7).

Y las Rías Baixas caminan cheas de ledicia (llenas de alegría) cara a Compostela, por el paso de tanto peregrino.

¡Un brindis con albariño: ultreia –suseia!

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