Donde hay amor, hay sabor

 

Melocotones verdes-peq

¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el  novio está con ellos’”. Ayunar es quedarse sin sabor; es renunciar, al menos temporalmente, a paladear con gusto las esencias que el propio corazón extrae al digerir en su interior la Palabra. En la introducción a las obras completas de San Bernardo, escribe Juan Mª de la Torre: “El gusto se deriva de una sensación de dulzura que siente el alma en su interior de forma muy especial e incomunicable”. Esta capacidad de gustar la vida como es, de saborear los pequeños detalles cotidianos en toda su plenitud nace de una certeza: somos amados. Solo el amor percibido (experimentado) como Realidad fundante de nuestra vida nos permite adentrarnos en el reino de la abundancia, de la plenitud. Dice el salmista: “al despertar me saciaré de tu semblante”. Si despertamos del sueño de la necesidad (el ayuno) y reconocemos que la vida, tal y como se presenta en este preciso instante, puede saciar todas nuestras aspiraciones, entonces descansaremos, gozaremos…degustando el auténtico sabor de lo Real pues “donde hay amor no hay fatiga, hay sabor”.  San Bernardo de Claraval

 

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