En las aguas profundas del Espíritu

Bautismo

Hoy celebramos un momento importante en la vida de Jesús y por tanto también en nuestras vidas: su bautismo en las aguas del Jordán. Celebramos esa revelación directa al corazón: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1, 7-11) . La vida (la conciencia sobre la vida) de Jesús cambia radicalmente desde ese mismo momento.

Fray Marcos en su homilía nos dice que el bautismo de Jesús supone “una actitud de total sinceridad en busca de su identidad”. Y más tarde, en los versos para la meditación y contemplación expresa:

Vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como una paloma.

Está hablando de una experiencia interior,

que se resume en un momento determinado de la vida de Jesús.

En ese instante Jesús toma conciencia de lo que es.

Ciertamente, ese descubrimiento de Jesús puede ser nuestro propio descubrimiento. Ese instante, ese vislumbre, marcará un antes y un después en nuestras vidas.

Un discípulo de Thomas Merton, James Finley en su libro “El Palacio del Vacío de Thomas Merton” transmite, sin hablar directamente del bautismo, algo similar:

La vida espiritual se ha de seguir con toda seriedad como si no hubiera vida espiritual. Esa es la única forma sana y segura de adentrarse en las aguas profundas del Espíritu. Y de hecho, esa sencillez propia de los niños ante Dios expresa la realidad, que no podemos perder de vista, de que, en verdad, no hay vida espiritual alguna como tal, que se halle separada de la misma vida. Solo hay una vida, y esa es la vida de Dios, que Él nos da momento tras momento, atrayéndonos hacia sí con cada aliento sagrado que tomamos. El propósito de nuestra oración es ayudarnos a encontrar a Dios para que podamos vivir la vida a conciencia y con gratitud, y a través de nuestra presencia, invitar a otros a vivirla igualmente.

Ese es sin duda un gran hallazgo. Nuestra identidad en Dios no puede estar separada de la realidad tal cual es, de la vida sencilla y ordinaria. Nuestra verdad última, pero también próxima, es Dios mismo.

El río que pasa por el monasterio es sonoro y está muy vivo. Casi siempre llueve.

¿A qué huele aquí?

David

Greg Boyle es un jesuita norteamericano que trabaja en el barrio más conflictivo de los Ángeles. Además de atender su parroquia, dirige la institución “Homeboy Industries” cuyo objetivo es ofrecer un futuro a chicos y chicas pertenecientes a bandas criminales. También es autor de un libro: “Tatoos on the heart” (tatuajes en el corazón, el poder de la compasión sin límites).

Desde hacía tiempo, sus feligreses se venían quejando del hedor en la iglesia. El Padre Greg, cada noche, abría el templo para acoger a cientos de “sin techo”. Por las mañanas, los voluntarios se afanaban en dejarlo todo limpio pero, aún así, no conseguían hacer desaparecer los malos olores.

En la misa del domingo, el Padre Greg vio que había llegado el momento de poner la cuestión sobre el tapete y en medio de la homilía, preguntó:

¿A qué os parece que huele la iglesia?

Todo el mundo se quedó cortado y nadie dijo nada, hasta que después de un tiempo, una mujer espetó:

¡Huele a pies!

Y entonces se produjo una batería de preguntas y respuestas entre el Padre y la feligresía:

Padre Greg – ¿Y por qué creéis que huele a pies?

Feligreses – Porque aquí duermen muchos “sin techo” cada noche

Padre Greg – ¿Y por qué dejamos que suceda algo así?

Feligreses – Porque nos hemos comprometido a ello

Padre Greg- ¿Y a quién se le ocurriría comprometerse a algo así?

Feligreses – ¡A Jesús!

Padre Greg – Entonces ¿a qué huele la iglesia ahora?

Feligreses – ¡Huele a compromiso! (muchas sonrisas y carcajadas de alivio) ¡Huele a rosas!

Hoy el evangelio nos dice que acudió a Jesús mucha gente “llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies y el los curaba”.

¿A qué huele el Evangelio? ¡A compromiso!…a tu perfume favorito.

Greg no es el de la foto. El de la foto se llama David. David en Armenteira y con aroma a campo.

Nuestras vidas son los ríos que van a dar… a la vida

coplas

Estamos en noviembre, fin del año litúrgico. Los alisos desnudos nos permiten vislumbrar el rosetón románico desde el jardín de hospedería. Castaños y robles aún conservan sus hojas. Son doradas y rojas, según la hora del día.

Ramón Cao, con quien compartimos las sesiones mertonianas, nos dejó un regalo antes de su partida: Las Coplas a la Muerte de Thomas Merton, de Ernesto Cardenal, junto con un estudio del poema, realizado por Ramón, y publicado en la revista Cistercium.

Asombroso constatar hasta qué punto estos versos cósmicos, escatológicos nos han acompañado en este mes pues, en efecto, el mes de noviembre es el litúrgicamente consagrado a la escatología, a la muerte como sentido de plenitud. A lo largo de estas semanas nos dijeron adiós personas queridas para la comunidad. Adiós don José, adiós Eduardo…también nuestro gatito Volmar murió. Quizás mejor, hasta pronto o, más real: hasta siempre.

Una perla de Cardenal que percibe la muerte como algo intrínsecamente natural:

Y natural, como la caída de las manzanas

por la ley que atrae a los astros y a los amantes

– No hay accidentes

una más caída del gran Árbol

sos una manzana más

Tom

La muerte como algo inexorable ¿puede la manzana madura no caer del árbol? pero imbuida del ritmo cósmico: el ritmo de los astros y de los amantes. La muerte, llena de vida “como mangos en este verano de Solentiname amarillando, esperando las oropéndolas” .

No es fácil transmutar la visión que tenemos sobre la muerte. El imaginario colectivo está impregnado de oscuridad, de representaciones tenebrosas. Si pudiésemos vislumbrar que “vivir es para morir y darnos esparciendo vida…como el banano que para dar fruto muere”…

Ellos ya lo saben, nuestros amigos nos lo susurran en el viento del otoño de Armenteira. No hay oropéndolas; sí cuervos y lavanderas y una garza real.

La paradoja

La paradoja

John Daily es un ejecutivo del sur del estado de Michigan, en Estados Unidos. En estos momentos su vida se está desmoronando. La relación con su esposa e hijos se deteriora por momentos y el grupo sindical de su empresa le ha convocado una huelga. Él está convencido de que todo lo hace bien ¿de qué se queja su mujer? Viven en una casa maravillosa y se van de vacaciones al menos dos veces al año  ¿y sus empleados? Su estilo de dirección es impecable. ¿Por qué entonces el mundo se ha vuelto contra él?

Por una serie de coincidencias, John decide inscribirse en un cursillo sobre liderazgo que imparte ¡un monje benedictino, en un monasterio!

Acepté a regañadientes ir al monasterio San Juan de la Cruz en la primera semana de octubre, más que nada porque tenía miedo de que Rachael me abandonara si no hacía algo. Mi esposa llevó el coche durante las seis horas de trayecto hacia el monasterio y yo estuve callado casi todo el viaje. Yo ponía mala cara para comunicar que no me sentía nada feliz de ir camino de un aburrido monasterio para pasar allí una semana entera y que sólo por ella me había resuelto a este gran sacrificio personal que tan infeliz me hacía. Lo de poner mala cara era un arma que había empleado desde mi más tierna infancia.

Sorprendentemente el monje que impartirá el cursillo es un antiguo directivo americano citado en la revista Fortune como uno de los quinientos ejecutivos más influyentes. El afamado Lee Hoffman se había convertido en el hermano Simeón.

Los participantes en el cursillo no solo se comprometen activamente con las clases sino que también asisten a los distintos oficios litúrgicos. John, quien al principio se resiste incluso a llamar al monje con el nombre de “hermano” va avanzando paulatinamente, venciendo sus resistencias y asimilando cada vez con mayor asombro un modelo de liderazgo basado en la figura de Jesús de Nazaret y su mensaje: el servicio y el amor.

En el prólogo de “La Paradoja” aparece esta cita:

Las ideas que defiendo no son mías. Las tomé prestadas de Sócrates, se las birlé a Chesterfield, se las robé a Jesús. Y si no os gustan sus ideas ¿las de quien hubierais preferido utilizar?

Según James C. Hunter, autor de este libro de gestión empresarial, se puede dirigir una empresa, se puede liderar un grupo humano invirtiendo los polos. Del poder, al servicio. Y se puede hacer si se pone amor.

Un físico danés,  Niels Bohr dijo que “una verdad superficial es un enunciado cuyo opuesto es falso. Una verdad profunda es un enunciado cuyo opuesto es otra verdad profunda”. Vivir la paradoja sin desconcierto aunque con asombro es…entrar en el Misterio y disfrutarlo.

Como un niño en brazos de su madre

carlitos

Hoy llueve. Ayer también llovió, y antes de ayer. Al sonido de la lluvia se le suma el de las bellotas lanzadas desde las ramas de los carballos. Cuando se amontonan en el suelo y chocan unas contra otras, parecen canicas y pueden convertir el paseo en una actividad de riesgo.

Pero cuando vino Carlitos no llovía. Hacía calor y olía a laurel. Subido en brazos de su padre pudo acercarse mejor a las hojas y estrujarlas. A nosotras que le mirábamos, nos encantó su afán explorador.

Hay un salmo muy bello que dice:

Señor mi corazón no es ambicioso

ni mis ojos altaneros

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad

sino que acallo y modero mis deseos

como un niño en brazos de su madre.

En otra traducción del salmo, encontramos:

En silencio y paz está mi alma

como el niño saciado del pecho materno.

Así de sereno se halla mi espíritu.

Para Sara Maitland, de la que ya os hemos hablado, su experiencia de amamantar a su hija durante la toma nocturna fue la primera puerta que se le abrió hacia el silencio:

Sigo pensando que aquellos dulces amaneceres, cuando la noche oscura se tornaba pálida y mi hija y yo regresábamos a nuestras respectivas individualidades sin desgarro ni pérdida, fueron el punto de partida de mi viaje al silencio. […]

La oscuridad, el “tiempo fuera del tiempo” y la quietud de la noche se han grabado en mi memoria junto con la plenitud de esa peculiar alegría silenciosa.

El lunes nos visitó un grupo de alumnos del colegio Santiago Apóstol de Vigo. Hicimos una práctica de silencio con ellos. Silencio caminando por el claustro a paso lento y silencio meditativo en la capilla. Antes, habían depositado sus móviles sobre el suelo, como un símbolo. Al terminar preguntamos: ¿quién repetiría esta experiencia? Algunos levantaron la mano.

Y ¿quién no? Hubo manos que se alzaron. Una muestra de que el silencio no pudo intimidarlos. Son buenas noticias aunque ninguno se dejó olvidado su móvil en un descuido. Ninguno.

La historia del navegante que se volvió como un niño

Ninos

“¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?” – le preguntan los discípulos a Jesús. Cuando Jesús pone en medio a un niño no deja de mostrar un increíble sentido del humor y una gran capacidad para desconcertar a sus atolondrados discípulos.

Hoy celebramos a los santos ángeles custodios. Jesús, en el Evangelio de Mateo, dice de los pequeños que “sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial”. Parece que ellos están más cerca de Dios pero Jesús no restringe esa proximidad a un período biológico sino que anima a los que le escuchan a “volverse como niños”.

Sara Maitland en su estimulante libro “Viaje al silencio” relata la experiencia del marino Bernard Moitessier que, independiente de la edad que tuviera entonces, redescubrió en sí mismo una nueva  infancia:

Mientras navegaba por la costa meridional de Australia, Moitessier refiere un extraordinario encuentro con un banco de unas cien marsopas. No actuaban como suelen actuar estos animales, sino que parecían “nerviosas” y “agitadas”. Un grupo de marsopas se alejaba rápidamente, siempre a la derecha, en formación militar, y a continuación regresaba al punto de partida para repetir la misma maniobra. Moitessier las estuvo observando, fascinado y desconcertado, hasta que por casualidad miró la brújula y vio que el  Joshua (su barco) había cambiado el rumbo al rolar el viento, y se acercaba derecho a Stewart Island, un farallón de roca en el que podría haber encallado. En cuanto fijó un rumbo seguro, las marsopas parecieron “celebrarlo” y se esfumaron:

“Es la primera vez que siento tanta paz, una paz que se ha convertido en certeza y no puede explicarse, como la fe. […] Todo el mar está cantando de una manera que jamás había oído, y su canto me llena de algo que es a la vez pregunta y respuesta […]. Rodearé el cabo de Hornos gracias a las marsopas y a los cuentos de hadas, que me ayudaron a redescubrir el Tiempo de los Orígenes, en el que todo es sencillo […] Libre a la derecha, libre a la izquierda, libre en todas partes”.

La vida del niño, habitualmente, y la vida del adulto que se ha vuelto niño es parecida en esencia. Todo es sencillo…libre en todas partes. La advertencia de Jesús es, como siempre, muy sustanciosa.

La soledad nos une

ana y leire

Son palabras de Osho pero podrían ser de Evagrio Póntico, quien dijo que el monje es “aquel que estando separado de todos, está unido a todos”. La soledad ¿es buena medicina solo para los monjes y monjas? Así se expresa el sabio de la India:

La soledad es tu naturaleza. Naciste solo y morirás solo. Y sin comprenderlo, sin estar completamente consciente de ello, estás viviendo solo. Confundes el sentirte solo con la soledad y esto es sólo una confusión. […] Alimenta y nutre tu soledad con todo lo que tengas, entrégale tu amor, y te sorprenderá descubrir que has eliminado esos espacios de tristeza y mal humor porque no tienes energía para ellos y ya no tienes  un sitio que les acoja.

De hecho, sólo la persona que vive en hermosa soledad es capaz de relacionarse, porque eso no constituye para ella una necesidad. […] Entonces el amor es compartir; y cuando ambas personas conocen la belleza de la soledad, el amor alcanza su punto más elevado. Y aunque eso ha sido posible solo en muy contadas ocasiones, es cuando realmente se alcanzan las estrellas del cielo.

La soledad no significa que no puedas relacionarte. Simplemente significa que tendrás que relacionarte de una forma completamente diferente, que no creará sufrimiento ni tristeza, que no creará conflicto, que no significará un esfuerzo directo o indirecto por dominar a la otra persona, por esclavizarla, porque no proviene del miedo. Es vida pura.

Hubo dos amigos que probaron el sabor de la soledad. Nelson Mandela pasó casi treinta años en la cárcel por sus protestas contra el apartheid. Su amigo Oliver Tambo tuvo que exiliarse fuera de Sudáfrica y durante todos esos años estuvieron separados. Mandela vivió una soledad impuesta, no escogida pero supo nutrir su corazón de tal modo que el vínculo de amistad se hizo todavía más fuerte y dice en su autobiografía:

Aunque habíamos permanecido separados todos los años que pasé en prisión, Oliver nunca dejó de estar en mi pensamiento. En muchos aspectos, aunque estábamos alejados, mantuve durante toda mi vida una conversación con él en el interior de mi cabeza. Tal vez por eso me sentí tan abandonado a su muerte. Me sentía el hombre más solitario del mundo. Era como si me le hubieran arrebatado en el momento justo en que habíamos vuelto a unirnos. Cuando le vi en su ataúd fue como si parte de mi hubiera muerto.

Soledad y compasión. Se nutren ambas. Isaac de Nínive nos exhorta así: “Sé amigo de cada hombre y solitario en tu pensamiento”. Pero ¿Qué tiene la soledad como para que sea deseable?

El alma del solitario es semejante a una fuente de agua, según la semejanza empleada también por los antiguos padres. En efecto, cada vez que se aquieta de todos los movimientos del oído y de la vista, el solitario ve, de modo luminoso, a Dios y a sí mismo, y recoge de esta agua clara y dulce, los dulces pensamientos de la firmeza.

Sabiduría que nos nutre atravesando los siglos.

Maya, el Camino y la sanación del alma

Maya

Solo tiene diecinueve años pero esta judía, vecina de un pueblo próximo a Nazaret irradia serenidad. Hace dos años Maya y su padre tomaron la decisión de hacer juntos el Camino de Santiago desde Irún. Maya estaba pasando una mala racha y su padre, experto en terapias en contacto con la naturaleza, le propuso realizar este viaje, donde la naturaleza exterior se va dibujando también en el interior. A pesar de su dolor de piernas consiguió llegar hasta Santiago. Es difícil expresar en pocas palabras lo que aquel itinerario de más de un mes supuso en su vida.

Maya, cuyo significado en árabe es “agua” y en hebreo “que procede de Dios”, decidió que esta vez quería hacer el Camino ella sola. En esta ocasión partiría desde Saint Jean au Pied du Port, al otro lado de los Pirineos. Durante una de las etapas, por error extravió el camino, de pronto sintió que esa protección que ha sentido siempre en el Camino de Santiago, la abandonaba ¿qué sucedía? Al cabo de unos kilómetros se dio cuenta de que había tomado una dirección equivocada…

Entrando ya en la provincia de Lugo sintió que sus pies no podían continuar más. Esta vez no era tan importante llegar a Santiago. Necesitaba parar físicamente pero su corazón pedía seguir el viaje ¿cómo continuar la peregrinación interior permaneciendo en esa misma atmósfera de silencio y quietud que proporciona el Camino? La Providencia quiso que recalara en el Monasterio de Armenteira.

Maya se sorprendió de que existieran lugares así. Monasterios donde la gente pueda venir, parar, orar, silenciarse, conectar consigo misma sin nada más que hacer. La limpieza interior que comenzó hace dos años pudo continuarla en Armenteira. Su objetivo era y es crear ese mismo espacio en su interior, un lugar seguro al que poder siempre volver. Un hogar verdadero.

Como Maya, muchos jóvenes se preguntan: “Me han dado esta vida ¿qué hago con ella? Me siento vulnerable, existe mucha hostilidad en el mundo. Necesito encontrar un lugar seguro en el que poder abrirme y que me ayude a aceptarlo todo con amor”.

En el libro de Olivier Clément Unidos en la oración” se citan las palabras de un poeta:

Cada átomo de silencio

es una oportunidad

de un fruto maduro”

A Maya le gustaría que en los monasterios se admitieran niños. Ella trabaja en una guardería en Israel y sabe lo importante que es que desde pequeñitos todos aprendamos a confiar. El silencio es quizás el elemento donde lo esencial, esa confianza, puede aflorar y legar a ser un fruto maduro.

La comunidad. Lugar de perdón y de la fiesta

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Ese es el título del conocido libro de Jean Vanier, fundador de las Comunidades de “El Arca”. ¿Y qué nos sugiere?…

Esta semana ha sido muy especial para nosotras. Monjas de la comunidad “madre” del Monasterio de Alloz  y de la comunidad “hermana” del monasterio de Nuestra Señora de la Paz de La Palma se han reunido con nosotras en Armenteira para celebrar estos 25 años de vida de nuestra pequeña comunidad.

La vida que anima a las comunidades se refleja en que a la hermana Angelita de La Palma, no le importó demasiado subirse a una escalera para improvisar un toldo. Taladro en mano, hizo un excelente trabajo!

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La comunidad nos puede ayudar a ser plenamente humanos, humanas.

Jean Vanier nos invita a observar la tensión entre nuestra necesidad de ser los mejores ejerciendo todo tipo de control y entre nuestro deseo de aprender a vivir en paz con nuestras imperfecciones y con las de los demás.  Allí donde la modernidad privilegia el progreso y la perfección, Jean Vanier nos invita a poner atención en aquellos aspectos inherentes a la naturaleza humana, sumamente importantes pero muy a menudo olvidados, que son la imperfección y la fragilidad.

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Si sacamos a la luz el carácter universal y central de la fragilidad que compartimos todos y todas sin excepción, podremos ir más allá de nuestras diferencias y encontrarnos en una misma humanidad.  “Los débiles enseñan a los fuertes a aceptar e integrar su debilidad e incluso sus fracturas emocionales en su propia vida”.  No llegamos a desarrollar plenamente nuestro potencial más que cuando somos recibidos tal y como somos, con nuestros dones, sí, pero también con nuestras flaquezas.

La hermana Lourdes se subió a un árbol para atar un cabo del toldo. Nuestras comidas nunca son “a mesa puesta” y siempre requieren una alta capacidad de coordinación y colaboración! Es algo a lo que te acabas acostumbrando…y disfrutando.

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La intuición central que está en el corazón de El Arca tiene sus raíces en las relaciones de mutualidad en donde la persona mas frágil es la que permite a los dos participantes de dicha relación, descubrir su humanidad común. 

Así, Jean Vanier designa a la debilidad como un don y una oportunidad.  La debilidad se transforma en una fuerza de atracción que nos reúne y que crea, por ejemplo, la solidaridad alrededor de una persona herida y que necesita ayuda. 

La vulnerabilidad puede empujar a las personas a dar más de ellas mismas, a abrirse  y  a revelar sus propias imperfecciones. 

En contraste, la fuerza o la excelencia, muy a menudo impresionantes, tienden a dividir ya que incitan a la competencia y al temor de no estar a la altura. 

“Siempre me ha sorprendido ver cómo el compartir nuestras debilidades y nuestras dificultades nos proporciona mucha más alegría que el compartir nuestras cualidades y nuestros éxitos”, nos dice Jean Vanier.

Juan María y la Madre Martina celebran este inusual encuentro bajo un original toldo.

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Estar adecuadamente al servicio de los otros, exige ir mas allá de la caridad y de la simple tolerancia.  La arrogancia se trasluce siempre en todos aquellos casos en donde la pretensión desmesurada del que brinda la ayuda lo hace percibirse a sí mismo como superior y distinto de aquel al que sirve.  Él sabe por experiencia propia que la ayuda que está animada por un sentimiento común de solidaridad y de humanidad  tiene mejor gusto que aquella que nace del deber ser.

Aprovechamos la “xuntanza” para celebrar también el cumpleaños de la hermana Mari Carmen. Es bonito cumplir años y sonreír.

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“Cada criatura, cada ser humano por más frágil y vulnerable que sea, tiene la necesidad innata de experimentar que puede ser fuente de alegría, que su existencia tiene derecho a ser celebrada”. Jean Vanier nos sugiere que es solamente a través de estas manifestaciones de aceptación total que “la imagen negativa que tenemos de nosotros mismo tendrá la ocasión de transformarse”.  Es de esta forma como él alienta la fidelidad a esa presencia: a través de la expresión cotidiana de pequeños gestos de amor, de aceptación, de perdón.

La hermana Angelita se merece llevar dos sombreros…¡y los que ella quiera!

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Los cuidados rutinarios no deben hacernos olvidar que el fin primero del servicio es “el apoyo atento que permite al otro hacerse libre”.  Bien entendido esto no significa que las necesidades o las discapacidades vayan a desaparecer sino más bien que una persona no deberá sentirse prisionera de sus necesidades o eternamente en deuda hacia los otros.

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Jean Vanier no acepta que nos resignemos a los miedos primitivos e instintivos que nos habitan  y quiere más bien cultivar las apasionantes posibilidades que se nos presentan a través de la diferencia, con la finalidad de alentar el deseo de apertura no por imposición, sino por opción propia.  Vanier está convencido de que el amor puede hacer del poder una fuerza que engendre la vida, en vez de una fuerza destructiva.   “Dios no nos llama a realizar hechos extraordinarios sino a hacer cosas ordinarias con un amor extraordinario”,  nos dice él.

La hermana Ángeles, con sus 93 años es un ejemplo de esta sencillez luminosa…

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Cuando las personas marginalizadas son acogidas con amor y amistad, sus dones adquieren un potencial de curación personal e interpersonal a la vez que refuerzan la unidad.  La transformación es mutua y la persona más frágil es de esta manera fortificada en su capacidad de resiliencia y en su autoestima.

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“La única manera en la que podremos vivir plenamente en esta comunidad humana  es irguiéndonos con toda nuestra fragilidad y nuestro sufrimiento con el fin de abrirnos a los otros y no quedándonos encerrados en nosotros mismos”.

¿Puede tu comunidad, tu familia aceptar la vulnerabilidad? Solo así…solo así la vida comunitaria puede convertirse en una fiesta. Aprendamos a honrar la fragilidad…comenzando por hoy.

Ascendiendo con los árboles

arboles

Takeshi Shikama vivía en Tokio y harto del asfalto, de la polución y de un trabajo monótono decidió, junto con su mujer, marcharse a vivir al bosque, en la prefectura de Yamanashi. Allí con sus propias manos construyeron una casa y paulatinamente se fue obrando una transformación interior en el antes anodino Takeshi.

Al quitarle la corteza al primer árbol, un chorro de resina rojo salió disparado. Le impactó reconocer que el árbol era un ser vivo. Al talar un solo árbol, de pronto, podía ver el cielo, se abría una nueva dimensión y le maravillaba sentir la fortaleza de los árboles creciendo hacia el cielo.

“Galileos ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Hch 1, 1-11

 – Estamos contemplando la maravilla, una nueva dimensión…abierta al cielo.

Cuando a Takeshi y a su mujer no les quedaba más que poner el techo de la casa, él se sintió triste. En ese momento comprendió que se estaba fusionando con la naturaleza. Amaba ese bosque, se había abierto un nuevo mundo para él.

Más adelante, una vez sintió como un árbol le decía: fotografíame. Él obedeció. Pudo captar su increíble fuerza. Ese árbol se convirtió en su árbol vital. Va a menudo a su encuentro y siempre se aleja de él con la misma emoción que sintió la primera vez que lo fotografió. Entonces, dice: “sé que estoy bien”.

El bosque para Takeshi es la frontera entre este mundo y el más allá.

¿Qué estaban mirando los discípulos? ¿En qué frontera se encontraban? En esa misma. En la línea que separa la irrealidad de la Realidad.

En su obra, El signo de Jonás, escribe Merton:

Cuando la lengua permanece muda, se puede descansar en el silencio de los bosques. Cuando la imaginación está tranquila, el bosque nos habla mostrándonos su irrealidad y la Realidad de Dios. Pero cuando la mente se acalla, el bosque se hace real y magnífico, y nos muestra, con su resplandeciente transparencia, la Realidad de Dios.

¿Qué es la Ascensión? ¿Hacia dónde nos guía? ¿Qué debemos creer?

En la resplandeciente transparencia…que deja el silencio de la mente…se revela la Realidad de Dios.

El bosquecillo de Armenteira…shhhhh!.

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