cuaresma: un desierto con oasis y tormentas de arena

 

Simbólicamente, a los monjes y monjas se nos denomina moradores del desierto, por vivir  en silencio y soledad, y en total despojo y desnudez interior, para buscar a Dios. Pero parafraseando a Merton, “el Espíritu vuela sobre el desierto para darle fertilidad”, y el yermo, lejos de ser un lugar de horror y vasta soledad (Dt 32, 10), se transforma en un vergel, donde sus habitantes nos convertimos en auténticos cultivadores del desierto (eremicultores).

Por supuesto que la realidad de “desierto” también existe fuera de los monasterios y el tiempo de Cuaresma, que mañana comenzamos, es el “desierto” que la iglesia nos brinda para cultivar nuestra interioridad, que no quiere decir encerrarnos en nuestro interior, sino todo lo contrario: “vestir al que está desnudo, romper los cepos, partir el pan con el hambriento, hospedar al sin techo y no te cierres a ti mismo” (Is 58, 1-9).

Las obras de misericordia que anteriormente enumera el profeta Isaías como el verdadero ayuno –una de las prácticas cuaresmales por excelencia junto con la limosna y la oración-, son interpretadas por el abad cisterciense Elredo de Rieval (s XII) de un modo muy concreto y actual, cuando se dirige a los miembros de su comunidad

Si le ofreces al hermano palabras de edificación y ejemplos buenos de vida, has alargado pan al hambriento y si en tu afecto le tiendes unos brazos compasivos, entonces has abierto la puerta de tu casa al necesitado. Acércate al hermano, atiéndelo, consuélalo rodeándole de afecto: has vestido al desnudo.

Comencemos pues, a vivir desde el Miércoles de Ceniza, los cuarenta días que tenemos por delante hacia la celebración de la Pascua, caminando por el desierto, y ¿quién sabe?, quizás encontremos una tormenta de arena o un refrescante oasis o… ¡un espejismo!

Según el amigo Elredo, saldrá a nuestro paso, cada día, el gozo y el regocijo del alma

Festividad (la Cuaresma) realmente admirable (…) donde se renueva a diario el gozo, no con sonido de palabras, sino con regocijo del alma, no con viandas materiales, sino con delicias espirituales.

un viejo tronco llamado simeón

 

Mañana celebraremos la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor y nos llegan las palabras iluminadoras del abad cisterciense Guerrico de Igny (s XII), para entrar en ella con el corazón esponjado

Ved como arde el cirio en las manos de Simeón. Encended también vuestros cirios con aquella luz.  Me refiero a las lámparas que el Señor manda que tengamos encendidas en nuestras manos. Acercaos a Él y quedad iluminados, no llevéis solo las lámparas en vuestras manos, sino sed vosotros mismos lámparas que arden por dentro y por fuera, para vosotros y para el prójimo. ¡Que la lámpara esté en el corazón, y en las manos, y en los labios¡ ¡La lámpara en el corazón luzca para vosotros; la lámpara en las manos o en vuestros labios ilumine a vuestro prójimo¡ La lámpara del corazón es la piedad de la fe; la lámpara de las manos es el ejemplo de la acción; la lámpara en los labios es la palabra de edificación.

También el corazón, las manos y los labios de este viejo árbol están iluminados, porque hunde sus raíces en el torrente de agua viva que atraviesa el monasterio y porque con el tiempo, entre su arrugado tronco, da cobijo y abraza tiernamente a hongos trepadores, musgos y líquenes, débiles telas de araña,… como el anciano Simeón que tomó al Niño en sus brazos.

Así que, si queréis encender en vosotros tantas lámparas, acercaos a la fuente de la luz y quedad iluminados; quiero decir que os acerquéis a Jesús, que brilla entre las manos de Simeón.

el objetivo de una carta es …

 

El objetivo de una carta es dirigirse a los ausentes como si estuvieran presentes, y reunir en un mismo amor a los que la distancia separa (Esteban Harding)

Y así, Esteban Harding, unos de los tres Padres fundadores de Císter junto con Roberto y Alberico, cuya solemnidad hoy celebramos, nos dejó un legado en forma de CARTA, que constituye el documento jurídico por excelencia de la Orden y representa el vínculo de todas las comunidades que pertenecemos a ella.

Viendo como “El Nuevo Monasterio” –Císter- empezaba a extenderse, el Abad Esteban, hombre de palabras afables, semblante risueño, y siempre alegre en el Señor, vio la necesidad de redactar un documento que también sirviera de legado y cuidado solícito para las futuras generaciones de monjes.

Quiso denominarlo CARTA DE CARIDAD. En él se establecía, cómo, de qué manera, y con qué caridad permanecerían indisolublemente unidos sus monjes, dispersos físicamente en las Abadías de las diversas regiones.

Su redacción pasó por diferentes etapas.

Una primera proviene del documento de fundación de la Abadía de Pontigny, sin fecha, y a la que se denominó “Carta Caritatis et Unanimitatis”.

La segunda se denominó CARTA CARITATIS PRIOR, fechada en 1118 y aprobada mediante Bula correspondiente, por el Papa Calixto II, durante su primer año de pontificado, el 23 de diciembre de 1119.

¿Por qué llamarla Carta de Caridad?, porque en la relación entre abadías madres e hijas, no se pretendía ningún tipo de impuesto que no fuera la caridad, ni otro beneficio que no fuese el bien espiritual y temporal de todos los hermanos.

En ella se establece la observancia, en todo, de la Regla de San Benito; que se utilicen los mismos libros y se tengan las mismas costumbres; una visita anual de la Abadía madre a las Abadías hijas; y que una vez al año todos los abades se reúnan en el “Nuevo Monasterio” para tratar del progreso espiritual de las comunidades, ver si hay algo que enmendar, corregir o añadir respecto a la puesta en práctica de la Regla de San Benito y la marcha de la Orden, y para el restablecimiento de la paz y la caridad mutua, si fuera necesario.

¡Este año, pues, estamos de fiesta! ¡Celebraremos los 900 años de la redacción de la CARTA CARITATIS PRIOR! Y el año próximo la continuaremos con la celebración de los 900 años de su aprobación.

Queremos seguir renovando, cada día, el gozo y la alegría de la fraternidad compartida.

Como nos legó Esteban parafraseando el texto de San Pablo

No tengáis deudas con nadie, a no ser la del amor mutuo (Esteban Harding)

¡¡ FELICIDADES A QUIENES BEBEMOS DE LA FUENTE DEL CÍSTER ¡¡

homenaje a la escritura de un diario

 

Hoy se celebra la fiesta de San Antonio Abad, padre de los monjes de Egipto. El  monacato cristiano nació en el s.IV en Egipto, Palestina y Siria, a la vez, pero  solo el que se desarrolló en los desiertos del primero, pasó a Occidente. En las fuentes del monaquismo nos encontramos con la “Vita Antonii”, texto escrito por el patriarca de Alejandría, San Atanasio – en contra de la herejía de los arrianos-, en el que relata la vida y la espiritualidad de los primeros habitantes del desierto en la figura de San Antonio.

En el punto 55 el Abad Antonio recomienda a sus discípulos que escriban todos los pensamientos y sentimientos, porque así se quedan en el papel y no cargan sobre los demás:

Tomemos nota y pongamos por escrito nuestras acciones y los impulsos del alma, como si tuviéramos que dar cuenta los unos a los otros (…)Pongamos por escrito nuestros pensamientos como para confiarlos a otros, y nos veremos más libres de los pensamientos impuros(…)Que el escribir nuestra vida sea el ejercicio que supla las miradas de los compañeros, para que al avergonzarnos de escribir estas cosas, como nos ruborizamos de ser vistos por otros, no brote nada malo de nuestra mente.

Vemos que esta práctica espiritual de escribir un Diario, es tan antigua como eficaz a la hora de sanar el corazón, pues no se trata tanto de redactar acontecimientos, que pasan a segundo plano, como de desvelar lo secreto de alma y hacerlo consciente a través del papel en blanco. Así la escritura se convierte en fuente de revelación y podemos beber de nuestro propio pozo que es la vida interior.

Un dato curioso: El Zen se iniciaba en China cuando la gran era de los Padres del Desierto se aproximaba a su fin en Egipto, como si el silencio y la soledad y el contacto desnudo con el Absoluto se resistiesen  a desparecer y tomasen otra forma de expresión, para con el paso de los siglos, retornar a Europa.

Como los pimientos picantes que cultiva la hermana Evarista se secan en la cocina, así se secaba la piel de los primeros habitantes del Desierto, pero su alma era un huerto regado, penetrada por el Dios vivo.

una estrella con su blanca luz…

 

“Una estrella con su blanca luz, nos conduce hasta Jesús”.

Hoy celebramos la Epifanía del Señor que rigurosamente, su etimología es:   epi =sobre y fanía= manifestación, es decir, el Señor se nos manifiesta como la estrella sobre el portal de Belén. Pero en este día, la liturgia no solo hace referencia al misterio de la manifestación del Señor a los Magos de Oriente, sino también a su manifestación en las aguas del Jordán, en su Bautismo y en las bodas de Canaán, al convertir el agua en vino.

Así lo relata San Bernardo en su Sermón 4º de la Epifanía

Tres son los motivos que nos impulsan a celebrar esta festividad. En este día, una estrella nueva anunció el nacimiento nuevo del rey y guió a tres Magos de Oriente hacia Belén para adorar allí a Cristo. Con sus místicos regalos reconocieron en el oro al rey; en el incienso a Dios y en la mirra al ser humano.

En este mismo día, Cristo Jesús, al cumplir los treinta años, se presentó a Juan el Bautista para practicar la justicia perfecta; no se sometió el menor al mayor, ni el igual al igual, sino el supremo al más pequeño. El esclavo bautizó al Señor; el discípulo al maestro; la criatura de barro a su alfarero; el impuro al puro; el ser humano a Dios.

Un año después, coincidiendo en las mismas fechas según se cree, transformó el agua en vino (…) Con este milagro manifestó su gloria.

 

¡¡ FELIZ AÑO 2018, QUE COMENCEMOS CON LOS OJOS ABIERTOS PARA VER AL SEÑOR !!

hoy nos ha nacido el salvador

 

La comunidad de Hermanas Cistercienses de Armenteira os desea una Feliz Navidad, con este villancico popular “galego” que entonamos en la liturgia al son de guitarra y pandereta:

Gloria ó Señor nas alturas, cantemos todos irmáns

Gloria o Señor nas alturas e na terra aos homes paz.

Hoxe nasceu un meniño, Fillo do Noso Señoreeeee,

Hoxe nasceunos un Neno, o noso Deus Salvadoreeeee.

Gloria…

(Gloria al Señor en las alturas, cantemos todos hermanos,

Gloria al Señor en las alturas y en la tierra a los hombres paz

Hoy nació un nenito, Hijo de Nuestro Señor

Hoy nos nació un Niño, Nuestro Dios Salvador)

cristo será nuestra paz

 

Vivimos tiempos convulsos a nivel nacional y mundial, pero ¿cuándo el planeta ha estado en paz? Sólo cuando nació Jesús, estaba el Universo en paz-Pax Augusta-. Y la cercanía de la Navidad es un buen momento para preguntarnos ¿y yo qué puedo hacer para aportar compasión y acogida a mi alrededor?

Nos puede ayudar a ello, la audacia de una extraordinaria mujer que vivió en Inglaterra entre dos siglos, Evelyn Underhill (1875-1941) y que a punto de estallar la I Guerra Mundial, publicó un profundo libro sobre mística, reconociendo ella misma en las primeras páginas, la intrepidez del asunto. Pero justamente, fomentar lo espiritual en tiempos de crisis, tiene todo su sentido

Si las experiencias sobre las que se basa el misticismo poseen realmente el transcendental valor para la humanidad que los místicos les adjudican –si nos revelan un mundo en el que hallemos una verdad más alta y una realidad mayor que el mundo de acontecimientos concretos en el que parecemos estar inmersos-, entonces ese valor se ve aumentado, más bien que disminuido, cuando se lo confronta con la discordia de los sufrimientos del momento presente.

Y todos tenemos experiencia desde la fe, de que “cuanto más poderosas parecen las fuerzas de la destrucción, más intensa se vuelve la visión espiritual que se opone a ellas”. Lo que ocurre es que esta realidad no es magia y aunque algunas personas puedan gozar de una gracia especial, lo normal es que sea fruto de un proceso de interioridad y como tal, no nos lleve a ensoñaciones sino que

La mística no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana. Más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no –como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes.

En esta segunda semana de Adviento, bien podemos pararnos y seguir cultivando nuestra serenidad espiritual, para contribuir así –aunque sea invisiblemente-, a llenar de paz nuestro maravilloso planeta azul.

Ninguna nación está verdaderamente derrotada si retiene su serenidad espiritual. Ninguna nación resulta realmente victoriosa si no emerge con el alma intacta. Si esto es así, mantener activa y vigorosa la vida espiritual del individuo a la vez que la del grupo social, y su visión de la realidad inalterada por los enmarañados intereses y pasiones de la época, se convierte en una parte del verdadero patriotismo.

un suave movimiento de amor: adviento

 

El Adviento es el tiempo litúrgico que en un suave movimiento de amor nos lleva hacia lo más profundo de nuestro Anhelo, que es Cristo. Así de humano y divino lo relata el cardenal John Henry Newman –pastor anglicano convertido al catolicismo-,    en su Sermón 22, del 3 de Diciembre de 1837 (justamente  hoy hace 180 años¡¡ )

Debemos no solo creer, sino velar; no solo amar, sino velar; no solo obedecer, sino velar. ¿Por qué debemos velar? El motivo de esta vela es el gran acontecimiento de la venida de Cristo…

¿Qué es velar?

Yo creo que podemos explicarlo así… ¿Sabéis lo que es tener un amigo lejos, esperar sus noticias y preguntarnos día tras día lo que hará en este momento y si estará con buena salud?¿Sabéis lo que es vivir para alguien que está cerca de vosotros hasta el punto de que vuestros ojos siguen a los suyos, de que leéis en su alma, de que percibís todos los cambios de su fisonomía, de que conocéis de antemano sus deseos, de que sonreís con su sonrisa y os entristecéis con su tristeza, de que estáis abatidos cuando ha sufrido algún contratiempo y os alegráis con sus éxitos? Velar esperando a Cristo es un sentimiento que se parece a estos.

Pero velar no es solo un sentimiento, sino una actitud vital que cultiva la esperanza, como fuerza que nos impulsa a no decaer y nos da la confianza absoluta de que aquello que anhelamos, sucederá. El Adviento es el espacio propicio para descubrir esa esperanza pues

La esperanza no es una especie de consolación mientras esperamos días mejores. Tampoco es expectación ante lo que vendrá. Esperar no significa proyectarse en un futuro hipotético, sino saber captar lo invisible en lo visible, lo inaudible en lo audible, etc . Descubrir una dimensión diferente dentro y más allá de esta realidad concreta que nos ha sido dada como presente. (José Tolentino Mendoça)

…Y de esperar saben nuestros amigos, el burrito y el “cabaliño” de la granja de Valboa (Armenteira), que están ya preparados para participar en el belén.

mística “galega” benedictina-cisterciense

 

El pasado día 16 de Noviembre celebrábamos en el orden monástico a Santa Gertrudis de Helfta, monja benedictina –cisterciense del siglo XIII. Y qué mejor día para compartir con nuestras hermanas benedictinas de Trasmañó en Redondela (Pontevedra).

Participamos de la misa y de la mesa en una jornada en la que compartimos nuestra amistad, fraguada desde hace muchos años. Al llegar a Armenteira, desde el monasterio de Alloz (Navarra), las hermanas benedictinas fueron un apoyo muy grande en los inicios de nuestra comunidad y, ahora lo siguen siendo con su vitalidad y cercanía. Todo hay que decirlo, nosotras vendemos sus deliciosas pastas artesanas en la portería.

Pero ¿cómo puede ser una monja, como Gertrudis la Magna, cisterciense  y benedictina a la vez? Pues resulta que la comunidad de Helfta (en la actual Alemania) era de tradición benedictina, pero de modalidad cisterciense o más bien bernardiana. Dicho cenobio nunca fue admitido jurídicamente en la Orden del Císter, pero sus moradoras se inspiraban en los escritos de San Bernardo –también en Guillermo de Sant-Thierry y Elredo de Rieval-, y la influencia del abad de Claraval, era tal en aquella época dentro de la esfera monástica, que muchos monasterios adoptaron el estilo cisterciense y entre ellos, el de Santa Gertrudis.

La comunidad femenina de Helfta contaba con la formación espiritual e intelectual de franciscanos y dominicos y destacó como un círculo avanzado de mística, pues sus monjas vivieron una espiritualidad basada en la humanidad de Cristo. En un ritmo de vida equilibrado entre liturgia, lectio divina, trabajo, fueron descubriendo a un Jesús encarnado en lo cotidiano, desarrollando una intensa vida espiritual, una frescura en el amor comunitario y una gran libertad de corazón (libertas cordis). Hablaban por ejemplo del término  “supletio” o suplencia para explicar que la Gracia de Dios suple nuestra debilidad y Santa Gertrudis la Magna escribía dirigiéndose al Señor

No he leído u oído que hubiera algo preferible a las delicias que por tu gracia conozco que preparaste tú mismo para ti en lo más íntimo de mi ser.

Ellas fueron la inspiración de la mística renana del siglo posterior de conocidas figuras  como el Maestro Eckhart, su discípulo Tauler o Jan van  Ruysbroeck.

…Y a nosotras que también nos sigan inspirando nuestras intrépidas amigas de Trasmañó ¡¡¡¡

he visto el límite de todo lo perfecto (Salmo 118)

 

“He visto el límite de todo lo perfecto”, reza el salmo 118 y es lo que puede exclamar el corazón después de terminar la lectura del libro Resucitar del escritor francés Christian Bobin. No se trata de un texto fácil, al contrario, hay que raer la cáscara de la nuez, que al principio se hace un poco dura, para después degustar la dulzura del fruto. Su escritura es incatalogable, pues Bobin es capaz de mirar más allá de lo que se ve en cada una de las realidades cotidianas y contarlo como si de un milagro se tratara. Y es que precisamente esa es la resurrección –no volver a la vida, sino  abrirse a la Gracia invisible que late en cada realidad visible-.

Es un libro lleno de belleza, no solo por su estilo de sentencias o relatos cortos en tono poético, sino porque describe la maravilla de árboles, pájaros y personas de tal manera que el lector descubre la belleza que nos habita y que nos hace inmortales. Y le llama Dios.

Me enamoré de un petirrojo. Me miraba con insistencia, con sus pequeñas patas sólidamente plantadas en la rama de un árbol. Un Dios burlón brillaba en sus ojos, y parecía decirme: “¿Por qué intentas hacer algo con tu vida? Es bella cuando lo único que hace es alejarse, despreocupada de razones, de los proyectos y de las ideas”. No supe qué responderle.

El autor, no es un romántico, sino que a lo largo de toda su obra, denuncia la superficialidad y la mentira y acoge el dolor y la enfermedad con toda su crudeza, pero va más allá y se ejercita en percibir lo transcendente que se manifiesta a cada momento.

Las hojas caídas del tilo se ovillan lo mismo que el corazón se abraza al recuero de lo que ha perdido.

Este pequeño libro, habitado de pequeños fragmentos, no se puede leer de un tirón,  es para saborear poco a poco, como se degustan una a una las pastillas de un buen chocolate. Nos acercaremos a él no a partir de conceptos, ni de sentimientos, sino desde la línea de la mística  desde donde ha sido dibujado.

Mi mesa de trabajo está frente al abedul y el abedul está frente a Dios. Intento colocar mis palabras en esa línea que dibujan los tres.

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