La rusticidad…un valor en alza!

Hoy, que desgraciadamente el trabajo es un bien tan escaso y que en muchas ocasiones, sobre todo en los países emergentes, es un medio de explotación, de abuso hacia los más desprotegidos de la sociedad, resuenan con energía y sentido las palabras que Bernardo de Claraval dirigía a Elredo de Rieval…no es el tipo de trabajo lo que dignifica al ser humano sino que es la calidad de la persona la que dignifica el trabajo.

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En el monasterio realizamos todos tipo de trabajos en la medida de las capacidades de cada hermana. Producimos jabón artesanal, atendemos la portería y la hospedería, cultivamos nuestra huerta ecológica, mantenemos los jardines, cosemos, fregamos, barremos, planchamos…y le damos de comer a Cuca, la gatita. Lo cierto es que cisterciense, pobre y rústico viene a ser una misma cosa. Por ejemplo, cuando los medievales trataban de ensalzar la santidad de Alejandro de Foigny, príncipe escocés, se destacará su destreza en ordeñar vacas y fabricar quesos. La profunda vida en Dios del bienaventurado Haimón de Landacop, monje de Savigny, armoniza la sublime ciencia espiritual con el cargo de porquerizo en su monasterio.

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Es que la rusticidad cisterciense, dice el monje Juan María de la Torre, es un despojo de a superfluidad, de la fachada que desfigura, la simplicidad del ser humano. Facilita el camino de la autenticidad interior en cuanto imagen de Dios….este es un peculiar humanismo…un humanismo rústico.

Sí…la rusticidad de una vida sencilla, en plena naturaleza, rompe ciertas corazas de nuestro acomodamiento occidental y…deja asomar una gran sonrisa.

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Monotonía de lluvia…

 

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Monotonía de lluvia tras los cristales…decía Machado. Hay mañanas en que no amanece. La brétema galega colorea de blanco todo el paisaje y lo mantiene como entre algodones. Pero hemos de sacudirnos la saudade. La huerta sufre. Los saben las más ancianas. Dicen: ha bajado la peste. Porque la peste baja hasta que acampa en el agujero del valle y se queda. Y es una peste para las plantas, que se ponen feas y llenas de enfermedades. Así que, después del rezo de Tercia nos hemos cogido la mochila de fumigar y a la tarea. ¿Fumigar? ¿Se puede fumigar en un huerto ecológico? Se puede…ortiga, cebolla, aceite de neem…y hoy…tabaco. Una amiga fumadora nos guardó las colillas durante un mes y las tuvimos macerando en agua por espacio de dos días. Esta mañana lo hemos colado y listo!.

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Aunque llevamos ya días sin ver el sol, el invernadero intercepta cada rayo y lo proyecta sobre los tomates y pimientos…a pesar del día que hace ¡están sonrosaditos!

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Y de vuelta al Monasterio, un rico aperitivo. Los higos son un fabuloso tónico para todas las personas que hacen un gran esfuerzo físico o intelectual. Es verdad que tienen muchas calorías pero lo compensan con su gran contenido en fibras, sales y agua. Y aunque no seas deportista, ni intelectual, ni estés en edad de crecer…unos poquitos (y si es posible cogidos del árbol) no le pueden hacer mal a nadie.

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Un momento de gratitud da gloria a Dios (Lc 17, 11-19)

 

Un extranjero, un “samaritano”, alguien ajeno a nuestra Tradición, un monje budista ha sabido expresar con total transparencia cómo la expresión del agradecimiento es una de las formas más bellas y auténticas de “dar gloria a Dios”. La gratitud del leproso es tan grande que le lleva a cambiar el sentido de su marcha, a prorrumpir en gritos, a postrarse… No hay nada medido o estereotipado en su expresión…y sin embargo todo él es pura alabanza a Dios.

 

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 “En nuestra vida hay momentos en que nos sentimos agradecidos con alguien, en los que apreciamos mucho su presencia. Estamos llenos de compasión, gratitud y amor. En nuestra vida todos esos experimentado momentos como esos. Nos sentimos llenos de agradecimiento porque la otra persona sigue con vida, porque está aún con nosotros y ha estado a nuestro lado en tiempos muy difíciles. Yo te sugeriría que si vuelve a producirse un momento como este, lo aproveches al máximo. Para aprovechar de veras este momento, retírate a un lugar en el que puedas estar a solas contigo. No te limites a acercarte a la otra persona y decirle <<te agradezco mucho que estés aquí>> porque no es suficiente.  Puedes hacerlo más tarde pero por el momento es mejor que te retires a tu habitación o a un lugar tranquilo y te sumerjas en aquel sentimiento de gratitud. Escribe después tus sentimientos, tu gratitud, tu felicidad. Este momento de gratitud es un momento de iluminación”. Tich Nhat Hahn.

De pepino a pepinillo

 

Pepinillo

El otoño ha entrado en este pequeño monasterio, con sus días cambiantes y su ritmo más pausado. En esta temporada aprovechamos para hacer conservas con los excedentes de la huerta. Es una actividad que tiene para nosotras un gran sabor a sencillez rural. La crisis económica ha despertado en muchos de nosotros el deseo de llevar una vida más consciente, más comprensiva del valor de las cosas, menos expuesta a la cultura malsana del “usar y tirar”. La huerta es un medio formidable para reconocer la sabiduría implícita en la tierra, en las estaciones…el ritmo de la naturaleza tiene mucho que ver con nuestro propio ritmo; escucharlo es estar más vivos, más felices.

Este verano ha sido tremendamente generoso en sol y junto con la humedad (nuestra eterna compañera) la cosecha de pepino ha sido más abundante que nunca. El trabajo de este año también ha sido más intenso, por eso no hemos podido tener ciertas delicadezas hacia esta cucurbitácea. Sí, otros veranos recogíamos lo pepinos chiquititos y los envasábamos en tarros de cristal con agua, vinagre y sal. Este año hemos optado por una fórmula menos selecta pero igualmente sabrosa. Los pepinos, en su tamaño natural, troceados y limpios de pepitas.

Para hacerlo siguiendo la guía de un maestro en horticultura, John Seymour, debes emplear 4,5 litros de vinagre por 7 de pepinillos. Previamente los has tenido en salmuera para que suelten el agua excedente. Entonces, es el momento de cocer el vinagre vertiendo los pepinillos para que hiervan durante dos minutos. Al finalizar, se escurre el vinagre y se embotan, bien apretados,  en tarros esterilizados. Antes de cerrar el tarro, se les vuelve a echar vinagre hirviendo, se cierran herméticamente y se meten durante diez minutos en agua hirviendo para sellarlos al vacío. Para que estén más suaves, se mezcla algo de miel o de azúcar con el último vinagre que se les echa.

Si no tienes huerta en casa, ni tampoco una terraza en la que plantar tus hortalizas, siempre puedes comprar los pepinos en la tienda de la esquina y embotarlos en casa. En un par de meses estarán listos para comer…a tu gusto y sin conservantes artificiales.

Tanto monta, monta tanto…

 

…Blanca como Fernando.

Blanca

Blanca y Fernando han sido los dos últimos voluntarios-porteros de la temporada de verano. Durante el mes de septiembre han cubierto el servicio de la portería en coordinación con nosotras. El tramo horario entre las 12:00 y las 14:00 y las 17:30 y 21:00, es especialmente concurrido de turistas y parte de ese horario se solapa con nuestros tiempos de oración, capítulo conventual, comida y cena. Por eso desde el año pasado hemos contado con la inestimable ayuda de amigos y familiares voluntarios. Personas que saben nos hacen un fabuloso servicio y que disfrutan al mismo tiempo del espacio que brinda la hospedería y de las maravillas que rodean este pequeño monasterio: bosques, ríos, playas infinitas, arte…y una copita de albariño. Lo cual, dicho sea de paso, no desentona lo más mínimo con nuestra cultura cisterciense. Dice la leyenda que fueron los monjes venidos de la Borgoña a fundar los distintos monasterios del sur de Galicia los que trajeron las uvas que hoy dan vida a este joven y rico vino. Los monjes del Císter son también conocidos como los monjes blancos…de” albus” en latín…Tal vez esta anécdota permita a nuestros huéspedes y voluntarios ganarse una invitación en alguna bodega. Dejamos la sugerencia para los más atrevidos….

Fernando

Blanca y Fernando se cruzaron toda la cornisa cantábrica para estar con nosotras, de Getxo (Vizcaya) a la Comarca del Salnés, todo derechito y sin GPS. Trabajaron, conocieron gente diversa, salieron a buscar setas (sin encontrarlas por falta de lluvia), cogieron moras de los zarzales y arreglaron el pequeño carillón de la sacristía. Ahora, se nota su ausencia…como la de todas las fantásticas voluntarias de este año…Marisa, Judith, Marga, Tere, Victoria y Rosina.

Gracias a ellas y gracias a él….este verano ha sido mucho más precioso y sonriente.

Graham también estuvo allí

 

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Durante los días 2 y 3 de octubre se reunió en el Monasterio de Oseira la Comisión de Liturgia de la Orden del Císter conformada por monjes y monjas de los Monasterios de San Pedro de Cardeña, San Clemente de Sevilla, San Miguel de las Dueñas, Tulebras, Oseira y Armenteira.

Estar en Oseira es siempre un placer…un impactante y profundo placer para la vista que casi no alcance a recorrer las moles de piedra de El Escorial gallego.

La comunidad, pequeña y acogedora, nos recibió a todos y nos cautivó con su sencillo pero hondo rezo en el coro.

La Salve a las 21:30 de la noche, con todas las luces de la Iglesia apagadas nos llenó de una paz que…cuando vienes del ajetreo de la vida cotidiana (sí, incluso aunque tu vida se desarrolle en un monasterio)..se agradece, se valora y sirve de recordatorio: volver a la quietud.

 

Pero no somos los únicos ni los primeros en saber valorar lo que Oseira representa y la huella que deja en sus visitantes. El escritor británico Graham Greene, autor de “El tercer hombre“, exclamó estando en Oseira: “Que callen las campanas, que suene el silencio”. De sus paseos por el Monasterio dio vida a una obra inspirada en su amigo, el párroco Leopoldo Durán, llamada “Monseñor Quijote”.

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De aquellas memorables temporadas que el ilustre escritor pasó en Oseira quedan recuerdos y espacios…como una sala que lleva su nombre y su foto. Allí nos reunimos la Comisión de Liturgia…y disfrutamos de una inspiración muy singular. Fruto de ella os lanzamos esta propuesta: que los monjes y monjas de la Orden con alma poética, nos hagáis llegar vuestros escritos para poder valorarlos y musicalizarlos como himnos o antífonas. Hablamos de muchas más cosas…pero…Graham auspició fundamentalmente esta iniciativa. Cada cual, ya se sabe…

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Retrato de nuestra alma (Lc 1, 26-38)

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“Nuestra existencia es nuestra propia revelación” dice Javier Melloni. El anuncio del ángel a María es expresión del desvelamiento de su verdad…relación estrecha, indisoluble, entre lo humano y lo divino. Benedicto XVI destaca que este anuncio emerja precisamente en un corazón joven. La juventud de María refresca en nosotros la alegría ante las posibilidades de ser, aún no descubiertas, aún inexploradas…sea cual sea nuestra edad.

María es además cuerpo de lo femenino…proyección del ánima, retrato de nuestra alma. San Bernardo, comprendiendo esta dimensión, se apropia de la corporalidad de la mujer para describir sus más íntimas experiencias de Dios. Un interior feminizado que es capaz de acoger la vida en su vientre y abrigarla en su seno…que posibilita también el cuidado de ese bien nutriéndolo con sus pechos. Son las acepciones simbólicas para describir una intimidad del alma con Dios…donde las potencias simbólicamente masculinas (la voluntad, la razón, la memoria) quedan suspendidas…”¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. La respuesta del ángel no deja lugar a dudas…la experiencia de Dios aleja todo miedo…y reviste al alma de su amor. “No temas María porque has encontrado gracia ante Dios”.

La danza de Dios (Lc 17, 5-10)

 

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“Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Quizás necesitaríamos distanciarnos de la palabra “siervo” y recorrer interiormente su sentido antes de volver a darle un nombre fresco y nuevo. Quizás hoy podríamos hallar en el sustrato íntimo del siervo a un danzarín…a una bailarina. La música penetra los sentidos de quien sabe moverse con el ritmo adecuado, con los gestos oportunos haciendo del conjunto de sonido y movimiento un todo bello y armonioso. Quien danza, quien fluye, no se resiste…acepta, logrando que las piruetas más difíciles sean ejecutadas con gran suavidad.

La música es la vida y la vida es Dios viviéndose a sí mismo a través nuestro. A medida que vamos comprendiendo que no somos el eje del universo, que no podemos mantener más tiempo la postura de querer ser los primeros en “sentarnos a la mesa”, podemos abrirnos a otra referencia existencial. Vivir la vida en cada momento según la capacidad aumentativa de captar el más silencioso son (muy distinto al ruido de la mente) que inevitablemente y anhelantemente querremos seguir…desplegando con nuestra danza, muy sencillamente, más y más humanidad. Si desarrollamos esta capacidad…habremos “hecho lo que teníamos que hacer”.

Bodegón…ecológico

 


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En la Iglesia Católica se celebran hoy las Témporas de acción de gracias y petición, que tienen su origen en la muestra de agradecimiento del pueblo por las cosechas recogidas a principios del otoño. Nosotras hemos querido presentar en el altar algunos frutos recogidos en el huerto: calabaza de cacahuete, pimientos morrones, pimientos italianos, tomates, judías, apio…y flores.

Optar por un huerto ecológico requiere observación e investigación. Este año, además del caldo derivado de la maceración de la ortiga y la cebolla (purín de ortiga y purín de cebolla), ambos pesticidas y fertilizantes naturales, hemos puesto a prueba la resistencia del pulgón en la judía, rociando la planta con aceite de neem. Este fue un consejo que amablemente nos proporcionó un monje de Poblet, quien además nos recomendó el bacilus turigiensis para combatir el gusano de los repollos. Nuestro repollos, los pobres que no fueron rociados con el bacilus, han sido pasto de los gusanitos…unos gusanitos grises que solo salen por las noches. Sí…a eso se le llama actuar con nocturnidad y alevosía. En efecto, no hemos tenido buenos repollos este año (para regocijo de algunas hermanas) pero los tomates, los pimientos, las lechugas, los calabacines…y las calabazas han sido el orgullo de las hortelanas y la satisfacción de los muchos huéspedes que vienen de ciudades donde un tomate es igual a otro tomate y a otro…y a otro!

 

Os Canteiros…e o misterio da pedra

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Los canteiros se afanan levantando el muro que sostendrá el jardín medicinal que bordeará el taller o fábrica (según los ánimos sustantivamos nuestro proyecto así o asá) de jabones:”la jabonería”. El oficio de cantero ha estado muy vinculado al arte cisterciense, evidentemente no solo al arte cisterciense pero aquí el carisma intima directamente con la piedra, en su dimensión más simbólica.

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Pero ¿qué es la piedra? Eso que está ahí; que se encuentra una y otra vez; que permanece igual siempre; que sale a nuestro paso. En su tamaño, en su dureza, en su forma y en su color, el ser humano descubre una realidad y una fuerza que pertenecen a otro mundo, distinto del mundo de sus afanes diarios. En su opacidad, la piedra es transparencia de otro mundo, de otra realidad.

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Los canteros oriundos de la escuela de Claraval viven el misterio de la piedra que trabajan. Dice el medieval Ernaldo:“La casa de Dios se edificaba sobre piedra…los hermanos se entregaban a todos los trabajos. Unos cortaban madera; otros encuadraban las piedras (lapides conquadrabant); otros levantaban muros”. También la mística benedictina Hildegarda von Bingen, describe las propiedades de la piedra: humedad, palpabilidad, fuerza ígnea. Por la humedad es indisoluble; por la palpabilidad, tocable; por la fuerza ígnea en su misma entraña, se afirma en su dureza.

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La piedra cisterciense es recta, cuadrada, desnuda: un programa de conversión. Hay que romper esa piedra que contiene sellada a la auténtica piedra que es Cristo. Pero es necesario, una vez rota la piedra, mejor, horadada, penetrar en la petra forata que ofrece sus oquedades; las dos de las manos y la del costado.  En ese sentido, le dice Bernardo de Claraval al Abad Elredo de Rieval: “la miel sale de la roca. Los peñascos destilan aceite…y prefiero todo lo que extraes de la roca y todo lo que sientes cobijado a la sombra de los árboles, porque no lo has aprendido frecuentando las aulas”.

Toda esta simbología que sabe a tradición nutritiva nos lo cuenta Juan Mª de la Torre, monje capellán de nuestro Monasterio en su Introducción a las Obras completas de San Bernardo. B.A.C.

Vivimos rodeadas de piedras, en un misterio cuadrado…por algo Armenteira fue fundada por monjes de Claraval. Pero no todos vemos las cosas igual; un niño que vino de Madrid con sus padres nos preguntó ¿y no preferiríais vivir en una casa de ladrillo? Ups…pues no lo habíamos pensado pero la cuadrangulatura simbólica de la piedra cisterciense: simplicidad, humildad, desnudez y caridad…habría que recuperarlas, en caso de mudarnos de domicilio!

 

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