Quizás entonces nos atrevamos a llamarlo amor (Lc 20, 27-38)

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“Dios no es un Dios de muertos sino de vivos; porque para él todos están vivos”. Una mujer anciana, madre de muchos hijos y abuela, instantes antes de su muerte susurró: La vida es bella. Una sabia monja carmelita, en el lecho de su muerte, confío a sus hermanas: Dios es amor.

Un hombre joven que había estado cerca de la muerte, escribió: “Amar plenamente es morir. Quizá entonces, en el amor, Dios me verá con sus ojos y todo desaparecerá. Entonces sus ojos serán los míos, su boca será la mía, y el cuerpo se disolverá en el espacio inmenso y abierto que nos engloba a todos. Sin ojos, sin orejas, sin lengua, sin nariz y sin garganta. Nada. Finalmente nada. Quizás entonces nos atrevamos a llamarlo amor”. Jeff Foster.

Las galletas de Hildegarda von Bingen

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Nuestra amiga Consuelo, de las Javerianas de Galapagar, nos ha regalado una receta para hacer galletas que procede nada más y nada menos que de la mano de Hildegarda von Bingen. Como no podía ser de otro modo, estas no son unas simples galletas. Hildegarda siempre vio en la naturaleza el condimento para llevar la salud a las personas.

En esta ocasión se trata de unas galletas “para los nervios”. Galletas relajantes…galletas sedosas…

GALLETAS PARA LOS NERVIOS

1 1/2 taza de mantequilla

3 tazas de azúcar

2 huevos batidos

1/2 cucharadita de sal

4 cucharadas de polvos para hornear

6 tazas de harina

2 1/4 cucharaditas de canela

2 1/4 cucharaditas de nuez moscada

1/2 cucharadita de clavo

Batir la mantequilla y el azúcar hasta que parezca crema ligera y esponjosa. Añadir los huevos. Combinar y cernir los ingredientes. Añadir  a la mezcla. Amasar con el resto de la harina. Formar rollos, envolver en papel de cera y enfriar por completo. Cuando estén firmes, cortar delgadas y hornear a 190º. Añadir una taza de almendras molidas si se desea.

Galletas hildegarda

Una taza de café con leche, un té, un chocolate…las galletas, la lluvia y una amplia sonrisa.

Los cuervos de Cabo Bretón y la lluvia de Armenteira

Cabo Bretón

Pema Chödron, es una monja tibetana y sus palabras, escritas desde un cabo de la agreste Canadá, nos ayudan a saborear “el lado salvaje” de la vida monástica. La fuerza vital de la lluvia y el viento. El musgo en los muros. El silencio.

Dice: “¿Cómo renunciar? ¿cómo trabajar con esta tendencia a bloquearnos, paralizarnos y negarnos a dar otro paso hacia lo desconocido? Si nuestro límite es como un gran muro de piedra con una puerta ¿cómo aprender a abrir esa puerta y atravesarla una y otra vez, para que la vida se convierta en un proceso de crecimiento y nos volvamos más intrépidos y flexibles, más y más capaces de jugar como un cuervo en medio del viento?

Cuanto más violento es el tiempo, más disfrutan los cuervos. Durante el invierno, cuando el viento se enfurece y abundan el hielo y la nieve, se lo pasan estupendamente. Les gusta desafiar el viento. Se posan sobre las copas de los árboles sosteniéndose con sus garras y también agarrándose con el pico. En un determinado momento se lanzan hacia el viento, dejándose arrastrar por él. Entonces juegan y planean. Al cabo de un rato vuelven al árbol para empezar de nuevo. Es un juego. En la isla de Cabo Bretón los animales y las plantas son resistentes, valientes, juguetones y alegres, los elementos los han fortalecido. Para poder vivir en este lugar, han de desarrollar entusiasmo por el desafío y por la vida. Como puedes comprender, esto produce una increíble belleza, inspiración y un sentimiento de elevar el espíritu. A nosotros nos sucede lo mismo”

La vida monástica nos da alas a las que moramos entre los muros de piedra y también a los que os acercáis y respiráis su atmósfera. ¿Son alas de cuervo? ¡¡Sí!! No creas que es poca cosa…son inmensas sus posibilidades. Es otoño, sigue lloviendo en Armenteira, sopla el viento y nos hemos levantado de noche…disfrutando del más maravilloso de los juegos.

Un monasterio es un agujero negro

Agujero negro

Para los monjes cistercienses del medievo, la vida se desarrollaba alrededor del claustro. En torno a este cuadrado se disponían las distintas dependencias de la jornada regular (iglesia, sala capitular, refectorio, cocina, cilla, scriptorium, etc ). La existencia de los monjes transcurría día tras día, año tras año alrededor del claustro e iban viviendo en profundidad, “dando vueltas” –simbólicamente, pero existencialmente también-, en círculo, a lo largo de esta cuaternidad claustral abierta al cielo.

Actualmente, para los moradores de los claustros esta simbología es carne de nuestra carne, pero hoy día, con los conocimientos de astronomía tan avanzados y que han descubierto la existencia en el Universo de los agujeros negros, esta figura manifiesta muy bien lo que es un monasterio.

Un monasterio es un agujero negro, que por su fuerza poderosa, momento a momento, nos va atrayendo hacia su centro. El centro de la vida monástica es Cristo, y el ir descubriendo y viviendo sus misterios, nos atrae inexorablemente hacia Él. Cada monja es como una galaxia que se ve abocada hacia la profundidad del agujero negro. Nosotras, monjas blancas, que vivimos el mismo carisma cisterciense que nuestros padres del siglo XII, nos sentimos atraídas por esa sabiduría escondida, misteriosa, insondable que es Cristo, hacia ese fondo negro de lo desconocido y profundo.

Para los habitantes del siglo, es decir, para todos aquellos que no comprenden el valor de lo inútil y de la gratuidad, nuestros monasterios  son un pozo de soledad. Ven el agujero negro desde fuera, desde lo puramente racional, sin dejarse seducir y arrebatar por el amor de Dios. Sólo pueden ver oscuridad y sinsentido.

Si tú que estás leyendo esta locura eres uno de ellos, deja que aparezca la interrogación dentro de ti: ¿ y si es verdad lo que estoy leyendo?¡Atrévete a asomarte a la vida monástica! La ventana está entreabierta. Se te insinúa que todo no es noche, como tú piensas. Aquí no hay noche, ni luz del sol,……, entonces no hay tiempo ¡Cierto!, al entrar en el agujero negro todo es eternidad, pero mientras, damos vueltas –como en el claustro-alrededor del tiempo…acercándonos cada vez más hacia el interior de nuestro anhelo.

La fuerza de pronunciar el verdadero nombre (Lc 19, 1-10)

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Zaqueo se subió a la higuera. La higuera simboliza las Escrituras. Desde allí, al igual que le sucedió a Natanael, pudo reconocer quién era Jesús. Pero Jesús le impulsa a descender a lo real, a lo cotidiano, al terreno de la vida diaria que es donde se puede realizar ese descubrimiento interior. Por eso Jesús le dice: “Zaqueo, baja enseguida”, realiza el camino esencial. Ese que siempre es un descenso. Al corazón de ti mismo y descubre, ahí si…ese nombre con el que has sido llamado desde el principio de los tiempos: “en el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”, dice el salmista…si ese nombre pronunciado por el único que sondea los corazones puede tener acogida real cuando la vida se ha montado alrededor de un falso nombre, de un falso yo. Cuando Jesús pronuncia el nombre de Zaqueo, Zaqueo desciende…y se pone en pie. Recuerda quien es. Y se le hace insoportable el robo, la estafa, su riqueza amasada con injusticia. No lo puede tolerar. Su verdadero nombre no puede contener la codicia. Más aún…su verdadero nombre restaurado por Jesús le impele a restaurar él mismo los nombres de todos a los que pisoteó por ignorancia.

Atravesando (Lc 13, 22-30)

 

Atravesando

Jesús atravesaba la noche orando. Jesús atravesaba los sembrados y también ciudades y aldeas enseñando. Su mirada atravesaba corazones y leía a través del  cuerpo malogrado, sanando a las personas. Y tú ¿cómo atraviesas la vida?

El destino de Jesús de Nazaret estaba claro, ir a Jerusalén. Todo lo que acontecía estaba sustentado por la fuerza oculta del amor del Padre que le llevaba hacia Jerusalén. Él se dejaba llevar por la voluntad del Padre, y éste dejarse llevar, éste dejarse hacer, paradójicamente, le hacía dueño y señor de su existencia.

Si queremos como Jesús pasar por la vida haciendo el bien y curando, debemos entrar por la puerta estrecha del despertar. Sólo haciendo camino en nuestro interior ,se nos abrirá la puerta hacia lo profundo de nuestro corazón, donde está la Fuente, donde está Cristo. Este camino personal requiere mucho coraje, pues es una agonía (Lc 13,24), un esfuerzo que conduce hacia una vida plena. Exige mucha disciplina, que lejos de hacernos rígidas, nos humaniza y es portadora de felicidad[1].

Se necesita mucha constancia y vigor para ir por la senda de la consciencia, tantas veces invisible, como el grano de mostaza o la levadura en la masa, pero con el paso de los años se presiente ese Reino que va emergiendo poco a poco dentro de cada una de nosotras y que sin saber cómo, se transmite hacia el Universo. Esta mente universal,esta comunión universal no tiene límites, alcanza al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur y todos participamos del banquete del Reino (Lc 13,29)

Jesús navegaba a través del mar de Galilea hacia la otra orilla, y su última travesía fue en la Cruz: atravesó la muerte camino de la resurrección. De nuevo la pregunta del inicio ¿cómo atravieso la vida?, o mejor, ¿cómo dejo que la vida pase a través de mí?


[1] ENZO BIANCHI, Una lucha por la vida Ed. Sal Terrae.2010

El membrillo sabe a otoño

 

Una mañana de otoño, como cada año, Carlos “el del tractor” nos regaló una caja con membrillos de su huerta. Este año los frutos han venido un poco magullados a causa de las lluvias que nos han acompañado durante toda la primavera. A pesar de su aspecto feucho, el membrillo, bien trabajado, puede transformarse en un dulce exquisito. A nosotras nos gusta hacerlo; es una ocasión más para practicar la concentración y el sosiego. Sí, para que el dulce de membrillo te salga rico es importante que no tengas prisa, que disfrutes de cada tarea del proceso. Si es posible, es más agradable compartir esta actividad con alguien. Puedes hablar o incluso estar en silencio, reposando la atención sobre lo que estás haciendo.

El primer paso será lavar los membrillos y con un trapo quitarles la pelusilla que los recubre. Tienen que quedar lisitos y suaves al tacto.

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Lo siguiente será escaldarlos en agua hirviendo. Lo importante es que observes el momento en que la piel se arruga y se desprende de la pulpa. Un escaldado normal puede requerir entre 3 y 5 minutos pero dependerá de la cantidad de membrillos que hayas puesto en la olla. Nosotras tuvimos que esperar casi 15 minutos!

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Ahora viene la tarea más ardua y clave del proceso: pelar y picar! Antes has tenido que dejar enfriar un poco los membrillos, de otro modo los escaldados serán tus deditos. Si no puedes esperar, otra opción es dejar un recipiente con agua fría cerca y poner las yemas a remojo antes de empezar a pelar. También funciona! En este momento es fundamental quitar todas las zonas ennegrecidas de la pulpa y picar solo la carne blanca. De otro modo, el dulce de membrillo te saldría áspero.

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Para terminar, hay que pesar el membrillo picado y ponerlo a macerar en los mismos kilos de azúcar durante 24 horas. De ese modo, el membrillo extraerá su propio almíbar. Ahora…toca recoger todos los barreños que has utilizado y lavar unos cuantos “tuppers” para tenerlos listos para el día siguiente.

Muy bien…un día más tarde tenemos que poner la olla al fuego y cocer los membrillos (en su propio jugo y sin agua). Cuando estén en su punto, ya se pueden triturar. No…no es necesario que la batidora sea tamaño elefante como la nuestra! A partir de aquí, se trata de remover el puré con un palo de madera  (nosotras utilizamos un remo!) para que no se pegue.  Sabrás que está listo cuando adquiera un color dorado…o cuando metas el dedito y digas…mmmm!!!

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Cuando el membrillo aún está caliente es el momento de rellenar los tuppers que hayas preparado. Nosotras siempre buscamos varios tamaños. A veces es agradable tener un envase pequeño para tener un pequeño detalle con alguien.

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Ya solo queda ponerle la fecha…y no tardar demasiado en probarlo. Si le añades a este sabroso postre un trocito de queso ¡fabuloso! Nosotras tuvimos la suerte de combinarlo con un queixiño da terra.

Sí…el otoño es más agradable cuando te implicas en él. Cuando lo sientes…y saboreas!

Abismo de luz…océano eterno de felicidad (Lc 18, 9-14)

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El publicano mira hacia dentro (“no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo”); el fariseo, hacia fuera (estaba “erguido”). El publicano no se encoje por temor sino para generar dentro de sí una caja de resonancia que recoja exactamente, sin distorsiones, la verdad develada por la limitación inherente a la vida humana. No se adentra en su interior buscando escarmentarse (lo cual lo hubiera endurecido…habría deshecho su concavidad para convertirse, como el fariseo en un ser “erguido”, rígido). No…el publicano entrar en su “interior bodega” que diría San Juan de la Cruz, para llenarse de la misericordia de Dios: “¡Oh Dios ten compasión de este pecador!”. Ten compasión…compasión, compasión…Por esa resonancia de verdad, ”el publicano bajó a su casa justificado”…es decir, contento, liberado, genuinamente envuelto de suavidad; el publicano se comprendió a sí mismo y fue desbordado de ternura. Entró, en lo que llamaban los medievales, el “abyssum luminis” en el “pelago aeternae felicitatis”…abismo de luz…océano eterno de felicidad.

Acercarse a una misma…sin rebotar las sombras hacia fuera…supone aproximarse a la orilla del mar de Dios.

La contemplación de Rubén

La revista Irimia de “crentes galegos” ha publicado un pequeño artículo de Rubén Aramburu en torno al Foro de Encrucillada que se celebrará este sábado en Santiago bajo la temática “A cuestión de Deus”. Reproducimos íntegramente el artículo en galego porque no nos podemos permitir perder la sonoridad de esta bella lengua y el cariño con que está escrito este testimonio. Graciñas Rubén!

Hermana Angeles

“Baixei procurando silencios  á capela do Mosteiro de Armenteira. Non caín na conta de primeiras, pero aló nun recuncho atopábase a irmá Ángeles, que anda nos 93 anos. Entrou no mosteiro sendo nena, con 14 anos; case 80 anos de vida monástica! Consumido o corpo polos anos, caitiviña, aínda presta servizo á comunidade cosendo e remendando pezas que lle traen as outras monxas.

De pé, apoiada no respaldo dunha cadeira, permaneceu media hora sen moverse. A miña oracion foi contemplar aquela muller feita ela mesma oración viva, tanto que forma parte da capela, como as iconas na parede, como a ara espida do altar cisterciense. Sempre é un gozo vir a Armenteira, cando o bosque viste a cugula parda do outono e esparexe follas e froitos, convidando a un longo retiro.

Logo cumplirán 25 anos estas monxas do cenobio do Salnés. Chegaron de lonxe, do mosteiro navarro de Alloz, e nunhas condicións ben duras: sen celas, sen baños, sen cociña…Velaí outro milagre de San Ero. Milagre é tamén a sensibilidade que amosan pola nosa lingua. Sempre algún canto, algunha oración, e a misa celebrada en galego, sendo a maioría de fóra do país. Dan exemplo a moitas parroquias e cregos. Gustoume a reflexión de Xabier, un mozo ateo militante, despois do rezo das completas: que igrexa tan femenina!

Encrucillada non deixa de ser sempre milagre, xunto con Irimia. Velaí de novo o foro de amigos, o XXVIII: “A cuestión de Deus” o sábado 26 de outubro en Compostela. Non falledes. Haí conferencias, coloquios, meditacions. Se puidese, levaba a irmá Ángeles de Armenteira, e sentába nunha cadeira, en silencio, co seu rostro sempre sorrindo: que mellor conferencia sobre Deus? Supoño que nos había querer, daríalle reparo que a mirase tanta xente”.

XXVIII Foro Encrucillada programa 45

Un manantial oculto en la foresta

 

Ruben y Cuca

Antes del comienzo de las lluvias, tuvimos la oportunidad de sentarnos en el jardín de hospedería junto a Rubén Aramburu, párroco de San Salvador de Bergondo y viejo amigo de la comunidad. Casualidades de la vida, Bergondo es un antiguo monasterio benedictino perteneciente a la comarca “A Mariña dos frades” en el que Rubén está tratando de recuperar espacios de acogida para la gente.

Rubén llegó por primera vez a Armenteira antes de ser cura, en 1.993. Le gustaba aproximarse a las oraciones litúrgicas…pero más tarde, los encuentros se hicieron más continuados. Como perteneciente a la revista gallega de pensamiento cristiano, Encrucillada, él y el resto de miembros se reunían aquí en el verano para preparar la programación del año. Por otro movimiento del destino, Rubén fue designado párroco de Santo Tomé de Piñeiro (también antiguo priorato benedictino!) y desde allí, donde pasó trece años, los contactos con Armenteira se fueron haciendo más frecuentes. Tanto es así que, hace tres años, nos guió unos Ejercicios Espirituales de los que guardamos un estupendo recuerdo.

Para Rubén, llegar a Armenteira es como ir de camino y parar para calmar la sed. El monasterio es, según sus palabras, un “manantial oculto en la foresta”. Parece que está solitario, pero está rodeado de vida: pájaros, plantas, insectos…La vida monástica es ese manantial. Es necesario llenarse de ese agua para poder verterla.

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Lo curioso es que Rubén, sin ser muy consciente de ello, allá donde va transmite su amor por el monasterio y pocas son las ocasiones en que aparece aquí él solo. Esta vez llegó con un matrimonio y con Xabier, un chico  no creyente, que al compartir con nosotras el rezo de Completas, exclamó: ¡no me esperaba una Iglesia tan femenina!

Cuando regresa a su casa y a sus siete parroquias!, Rubén cuida los tiempos de silencio. Busca descubrir el monasterio que todos llevamos dentro. Le gusta madrugar; desde primera hora, procura hacerse consciente de si mismo y decir: ¡este día es mío!…saber que estamos viviendo y no que somos vividos. Sí…la vida de los curas rurales en Galicia está desbordada…por eso Rubén siente como necesario hacer paradas, escuchar la naturaleza…le atrae la simplicidad, la belleza. ¡Que nuestra vida sea bonita! les dice a sus feligreses…

Para terminar, Rubén nos compartió algunas reflexiones inspiradas: en la Iglesia no hay experiencia comunitaria, no hay experiencia de oración, apenas hay encuentro con la Palabra…por eso, cree él, la renovación vendrá a través de las experiencias monásticas…a través de la creación de fraternidades con las distintas comunidades monásticas…poseedoras de esa experiencia valiosa.

¡Gracias Rubén!…ojalá podamos concretar tus esperanzados pronósticos en este pequeño monasterio.

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