Gotitas de perfume francés (asequible a todos los bolsillos)

Flor

“Agradable perfume es la humildad, que asciende sobre este valle de lágrimas y después de haber perfumado todo su entorno, difunde…su deliciosa suavidad. Hay una humildad que el amor alimenta y la hace arder. Pero hay otra engendrada por la verdad y es fría. Esta consiste en el conocimiento y aquella en el afecto. La humildad voluntaria nace del corazón, del afecto y de la voluntad. La alcanzarás cuando no busques aparentar fuera lo que no encuentras dentro de ti”.

Sabias palabras éstas de Bernardo de Claraval. El camino espiritual y todo camino de desarrollo humano requiere de una introspección, de una indagación sobre el propio corazón. Sin embargo, en no pocas ocasiones este arduo trabajo se acomete sin compasión, sin la asistencia del afecto genuino hacia uno mismo. El resultado puede ser paralizante.

“Conócete a ti mismo” se leía en el frontispicio del Templo de Delfos pero hoy se hace necesario añadir una posdata: “con cariño, por favor”.

Se dice que en uno de los primeros viajes que el Dalai Lama realizó a Occidente, los estudiantes de budismo le preguntaron: Su Santidad ¿cómo podemos hacer para amarnos a nosotros mismos? Él, un tanto atónito ante la pregunta, respondió: ¿Pero es que ustedes se odian?

Quizás no sea odio pero sí una aversión impresa en nuestras células por una educación ambiental bienintencionada basada en la autosuperación en lugar de en la humilde y amorosa aceptación de uno mismo.

“La humildad es un bálsamo, sigue diciendo San Bernardo, que no lo extingue ni la reprensión ni la lisonja”. Tampoco se vende, ni siquiera en las mejores perfumerías. Es un aroma que lleva tu nombre; una fórmula maestra que precisa de todas las flores y hierbas, unas  dulces, otras amargas, que crecen alegres bajo la atenta mirada del sol.

La luz que queda (Lc 21, 5-19)

 

La luz de la confianza

“Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. “En diciembre de 1976, un joven libanés llamado Gassibeh volvía de Beirut, donde estaba estudiando, para pasar la Navidad en su pueblo. El Líbano estaba en guerra. El joven murió en una emboscada. Había tenido una corazonada de lo que podría ocurrirle y dejó en su habitación una carta escrita a los suyos. Decía: “Me veo muerto en el camino que me lleva a casa. Si esto llegara a ocurrir, quiero decir a mi madre y a mis hermanos: No estéis tristes, nos encontraremos; perdonad a los que me han matado. Que mi sangre, mezclada con las de las víctimas caídas de cualquier raza y religión, sea ofrecida como precio por la paz, el amor y el diálogo que han desaparecido en nuestro país. Orad, orad y amad a vuestros enemigos”. Así nos lo narra el hermano Roger de Taizé.

Gassibeh lo dio todo. Toda era su confianza. La madre de Gassibeh heredó de su hijo el perdón y la paz. El más bello regalo en el más intenso dolor. Reconocer cuál es el camino cuando el corazón se agita, incluso en el día a día de las relaciones humanas, requiere la luz de la confianza. De todo lo que sucede, es lo único que permanece. Dice el escritor y periodista gallego Manuel Rivas, en relación a la sentencia sobre el caso del Prestige: “A la mayor catástrofe se respondió con la mayor solidaridad. Cientos de miles de manos rescataron el mar y la esperanza. Recuerdo voluntarios limpiando en la noche con linternas. Y eso es lo que quedará. Esa luz”.

La atención plena, San Juan de Dios y las mermeladas

 

Manzana+caramelo copy

Miguel nos llamó para decirnos que había iniciado unas sesiones de “atención plena”, que él ha propuesto llamar “atención descansada” con los acogidos en el Albergue de San Juan de Dios en Madrid. Todos los lunes de 18:15 a 18:45 se sientan en meditación con un lema “aparezca lo que aparezca en tu mente, obsérvalo”.

Jon Kabat-Zinn, en su libro “Mindfulness en la vida cotidiana” explica qué es la atención plena. Dice que “tiene que ver con el hecho de despertar y de vivir en armonía con nosotros mismos y con el mundo. Guarda relación con examinar quienes somos y con cuestionar nuestra visión del mundo y el lugar que ocupamos en el mismo, así como con el hecho de cultivar la capacidad de apreciar la plenitud de cada momento que estamos vivos. Pero, ante todo, tiene que ver con el hecho de estar en contacto.

La meditación nos ayuda a despertar de un sueño caracterizado por el funcionamiento automático y la inconsciencia, que nos brinda la posibilidad de vivir nuestras vidas teniendo acceso a todo el espectro de nuestras posibilidades conscientes e inconscientes. Los sabios de Oriente aprendieron algo que ahora puede resultar profundamente beneficioso para Occidente. Su experiencia colectiva sugiere que al investigar interiormente nuestra propia naturaleza como seres y, especialmente la naturaleza de nuestra mente a través de la autoobservación sistemática y cuidadosa, puede que lleguemos a experimentar mayor satisfacción, armonía y sabiduría en nuestra vida.

La atención plena es, fundamentalmente un concepto sencillo. Su poder yace en el hecho de practicarla y aplicarla. Atención plena significa prestar atención de un manera determinada: de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar. Este tipo de atención permite desarrollar una mayor conciencia, claridad y aceptación de la realidad del momento presente. Nos despierta para que podamos darnos cuenta de que nuestras vidas solo se despliegan en momentos. Si durante la mayoría de esos momentos no estamos plenamente presentes, es posible, no solo que nos perdamos aquello que es más valioso de nuestra vida, sino también que no nos percatemos de la riqueza y la profundidad de nuestras posibilidades de crecimiento y transformación.

La atención plena nos brinda una vía sencilla pero muy potente para salir del estancamiento y recuperar el contacto con nuestra sabiduría y nuestra vitalidad. La puerta de acceso a este camino es apreciar el momento presente y cultivar una relación íntima con el mismo, a través de prestarle atención de forma continua, con delicadeza y discernimiento. Es justo lo opuesto de dar la vida por sentada”.

Aunque es un concepto budista, desde antiguo los monjes cristianos retirados al desierto han dedicado su vida a la atención de sus pensamientos, sentimientos e imágenes mentales. También Jesús decía: velad y orad. La sabiduría es la misma.

Es una gran noticia saber que en el Albergue de San Juan de Dios, “los sin techo” tienen la oportunidad de ganar en serenidad, calma y sanación. Al llegar se sientan en círculo con la postura corporal adecuada: espalda recta, ojos ligeramente abiertos, sintiendo el contacto de las manos sobre las rodillas y los pies en el suelo. Procuran calmar cualquier tensión que descubran en el cuerpo, se relajan y sienten su respiración, aquí y ahora, “nos damos cuenta que respiramos”, fijan su atención en el aire que entra y sale por las fosas nasales. Los pensamientos van y vienen, el silencio permanece, si la mente se desvía de la respiración no pasa nada. Observan los pensamientos sin juzgar, al no juzgar se calman, no ponen resistencias, ni los rechazan, los dejan ir, el silencio permanece. Regresan al presente una y otra vez de manera amable y sin juicio, siempre con amabilidad, descansando en el silencio, centrados en la respiración. La práctica se inicia con tres toques espaciados de cuenco, transcurrido el tiempo establecido, Miguel da un toque de cuenco y  comparten sus experiencias. La invitación se extiende a practicar en la vida diaria. A veces, al final se dan un abrazo.

Los comentarios son variopintos. En ocasiones la mirada recae en los zapatos del vecino y otras veces se logran sentimientos de paz y armonía. Lo importante es ganar más vida y más realidad para la Vida.

La atención plena te permite saborear con intensidad los momentos. Es cierto. Nosotras tuvimos la suerte de probar unas maravillosas mermeladas del Monasterio de Huerta. La riqueza de la textura y dulzura. Sondear en el paladar los distintos ingredientes…y sonreír. Pues…ya lo dijo San Bernardo: “sapor in palato, in corde est sapientia”.

 

 

 

 

 

Retiro de Adviento

Adviento2

Esta bella imagen modernista de la Virgen María pintada por Joseph Stella en 1926 nos encuadra perfectamente el anuncio del retiro de oración en torno al Adviento que, como muchos ya sabéis, celebraremos aquí el próximo 30 de noviembre (sábado) según el siguiente esquema:

Programa:

10,15 h.- Llegada y bienvenida para empezar a las 10,30 h
10,30 h.- Meditación silenciosa con caminar meditativo (importante: traer calcetines)
11,30 h.- Comentario del evangelio del I Domingo de Adviento
12,00 h.- Tiempo personal
13,15 h.- Sexta
13,30 h.- Comida
15,30 h.- Nona
15,45 h.- Danza contemplativa
16,15 h.- Breve reseña sobre las figuras bíblicas del Adviento
16,45 h.- Descanso
17,00 h.- Resonancias del día
18,30 h.- Fin
19,00 h.- Vísperas (opcional)

Como en la anterior convocatoria, la idea es que cada cual se traiga un bocadillo de casa facilitando así un abaratamiento de gastos. La contribución que os pedimos es de 5€ por persona para cubrir el mantenimiento del espacio.

Podéis invitar a todos lo que creáis puedan estar necesitados de un espacio de oración e interioridad…el Adviento es ese flujo de esperanza que todos deseamos alimentar…

Ah…podéis apuntaros a través del blog, dejando vuestro comentario, o escribiendo a hospederia@monasteriodearmenteira.org.

¡Os esperamos!

Quizás entonces nos atrevamos a llamarlo amor (Lc 20, 27-38)

corazon

“Dios no es un Dios de muertos sino de vivos; porque para él todos están vivos”. Una mujer anciana, madre de muchos hijos y abuela, instantes antes de su muerte susurró: La vida es bella. Una sabia monja carmelita, en el lecho de su muerte, confío a sus hermanas: Dios es amor.

Un hombre joven que había estado cerca de la muerte, escribió: “Amar plenamente es morir. Quizá entonces, en el amor, Dios me verá con sus ojos y todo desaparecerá. Entonces sus ojos serán los míos, su boca será la mía, y el cuerpo se disolverá en el espacio inmenso y abierto que nos engloba a todos. Sin ojos, sin orejas, sin lengua, sin nariz y sin garganta. Nada. Finalmente nada. Quizás entonces nos atrevamos a llamarlo amor”. Jeff Foster.

Las galletas de Hildegarda von Bingen

Hildebarga

Nuestra amiga Consuelo, de las Javerianas de Galapagar, nos ha regalado una receta para hacer galletas que procede nada más y nada menos que de la mano de Hildegarda von Bingen. Como no podía ser de otro modo, estas no son unas simples galletas. Hildegarda siempre vio en la naturaleza el condimento para llevar la salud a las personas.

En esta ocasión se trata de unas galletas “para los nervios”. Galletas relajantes…galletas sedosas…

GALLETAS PARA LOS NERVIOS

1 1/2 taza de mantequilla

3 tazas de azúcar

2 huevos batidos

1/2 cucharadita de sal

4 cucharadas de polvos para hornear

6 tazas de harina

2 1/4 cucharaditas de canela

2 1/4 cucharaditas de nuez moscada

1/2 cucharadita de clavo

Batir la mantequilla y el azúcar hasta que parezca crema ligera y esponjosa. Añadir los huevos. Combinar y cernir los ingredientes. Añadir  a la mezcla. Amasar con el resto de la harina. Formar rollos, envolver en papel de cera y enfriar por completo. Cuando estén firmes, cortar delgadas y hornear a 190º. Añadir una taza de almendras molidas si se desea.

Galletas hildegarda

Una taza de café con leche, un té, un chocolate…las galletas, la lluvia y una amplia sonrisa.

Los cuervos de Cabo Bretón y la lluvia de Armenteira

Cabo Bretón

Pema Chödron, es una monja tibetana y sus palabras, escritas desde un cabo de la agreste Canadá, nos ayudan a saborear “el lado salvaje” de la vida monástica. La fuerza vital de la lluvia y el viento. El musgo en los muros. El silencio.

Dice: “¿Cómo renunciar? ¿cómo trabajar con esta tendencia a bloquearnos, paralizarnos y negarnos a dar otro paso hacia lo desconocido? Si nuestro límite es como un gran muro de piedra con una puerta ¿cómo aprender a abrir esa puerta y atravesarla una y otra vez, para que la vida se convierta en un proceso de crecimiento y nos volvamos más intrépidos y flexibles, más y más capaces de jugar como un cuervo en medio del viento?

Cuanto más violento es el tiempo, más disfrutan los cuervos. Durante el invierno, cuando el viento se enfurece y abundan el hielo y la nieve, se lo pasan estupendamente. Les gusta desafiar el viento. Se posan sobre las copas de los árboles sosteniéndose con sus garras y también agarrándose con el pico. En un determinado momento se lanzan hacia el viento, dejándose arrastrar por él. Entonces juegan y planean. Al cabo de un rato vuelven al árbol para empezar de nuevo. Es un juego. En la isla de Cabo Bretón los animales y las plantas son resistentes, valientes, juguetones y alegres, los elementos los han fortalecido. Para poder vivir en este lugar, han de desarrollar entusiasmo por el desafío y por la vida. Como puedes comprender, esto produce una increíble belleza, inspiración y un sentimiento de elevar el espíritu. A nosotros nos sucede lo mismo”

La vida monástica nos da alas a las que moramos entre los muros de piedra y también a los que os acercáis y respiráis su atmósfera. ¿Son alas de cuervo? ¡¡Sí!! No creas que es poca cosa…son inmensas sus posibilidades. Es otoño, sigue lloviendo en Armenteira, sopla el viento y nos hemos levantado de noche…disfrutando del más maravilloso de los juegos.

Un monasterio es un agujero negro

Agujero negro

Para los monjes cistercienses del medievo, la vida se desarrollaba alrededor del claustro. En torno a este cuadrado se disponían las distintas dependencias de la jornada regular (iglesia, sala capitular, refectorio, cocina, cilla, scriptorium, etc ). La existencia de los monjes transcurría día tras día, año tras año alrededor del claustro e iban viviendo en profundidad, “dando vueltas” –simbólicamente, pero existencialmente también-, en círculo, a lo largo de esta cuaternidad claustral abierta al cielo.

Actualmente, para los moradores de los claustros esta simbología es carne de nuestra carne, pero hoy día, con los conocimientos de astronomía tan avanzados y que han descubierto la existencia en el Universo de los agujeros negros, esta figura manifiesta muy bien lo que es un monasterio.

Un monasterio es un agujero negro, que por su fuerza poderosa, momento a momento, nos va atrayendo hacia su centro. El centro de la vida monástica es Cristo, y el ir descubriendo y viviendo sus misterios, nos atrae inexorablemente hacia Él. Cada monja es como una galaxia que se ve abocada hacia la profundidad del agujero negro. Nosotras, monjas blancas, que vivimos el mismo carisma cisterciense que nuestros padres del siglo XII, nos sentimos atraídas por esa sabiduría escondida, misteriosa, insondable que es Cristo, hacia ese fondo negro de lo desconocido y profundo.

Para los habitantes del siglo, es decir, para todos aquellos que no comprenden el valor de lo inútil y de la gratuidad, nuestros monasterios  son un pozo de soledad. Ven el agujero negro desde fuera, desde lo puramente racional, sin dejarse seducir y arrebatar por el amor de Dios. Sólo pueden ver oscuridad y sinsentido.

Si tú que estás leyendo esta locura eres uno de ellos, deja que aparezca la interrogación dentro de ti: ¿ y si es verdad lo que estoy leyendo?¡Atrévete a asomarte a la vida monástica! La ventana está entreabierta. Se te insinúa que todo no es noche, como tú piensas. Aquí no hay noche, ni luz del sol,……, entonces no hay tiempo ¡Cierto!, al entrar en el agujero negro todo es eternidad, pero mientras, damos vueltas –como en el claustro-alrededor del tiempo…acercándonos cada vez más hacia el interior de nuestro anhelo.

La fuerza de pronunciar el verdadero nombre (Lc 19, 1-10)

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Zaqueo se subió a la higuera. La higuera simboliza las Escrituras. Desde allí, al igual que le sucedió a Natanael, pudo reconocer quién era Jesús. Pero Jesús le impulsa a descender a lo real, a lo cotidiano, al terreno de la vida diaria que es donde se puede realizar ese descubrimiento interior. Por eso Jesús le dice: “Zaqueo, baja enseguida”, realiza el camino esencial. Ese que siempre es un descenso. Al corazón de ti mismo y descubre, ahí si…ese nombre con el que has sido llamado desde el principio de los tiempos: “en el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”, dice el salmista…si ese nombre pronunciado por el único que sondea los corazones puede tener acogida real cuando la vida se ha montado alrededor de un falso nombre, de un falso yo. Cuando Jesús pronuncia el nombre de Zaqueo, Zaqueo desciende…y se pone en pie. Recuerda quien es. Y se le hace insoportable el robo, la estafa, su riqueza amasada con injusticia. No lo puede tolerar. Su verdadero nombre no puede contener la codicia. Más aún…su verdadero nombre restaurado por Jesús le impele a restaurar él mismo los nombres de todos a los que pisoteó por ignorancia.

Atravesando (Lc 13, 22-30)

 

Atravesando

Jesús atravesaba la noche orando. Jesús atravesaba los sembrados y también ciudades y aldeas enseñando. Su mirada atravesaba corazones y leía a través del  cuerpo malogrado, sanando a las personas. Y tú ¿cómo atraviesas la vida?

El destino de Jesús de Nazaret estaba claro, ir a Jerusalén. Todo lo que acontecía estaba sustentado por la fuerza oculta del amor del Padre que le llevaba hacia Jerusalén. Él se dejaba llevar por la voluntad del Padre, y éste dejarse llevar, éste dejarse hacer, paradójicamente, le hacía dueño y señor de su existencia.

Si queremos como Jesús pasar por la vida haciendo el bien y curando, debemos entrar por la puerta estrecha del despertar. Sólo haciendo camino en nuestro interior ,se nos abrirá la puerta hacia lo profundo de nuestro corazón, donde está la Fuente, donde está Cristo. Este camino personal requiere mucho coraje, pues es una agonía (Lc 13,24), un esfuerzo que conduce hacia una vida plena. Exige mucha disciplina, que lejos de hacernos rígidas, nos humaniza y es portadora de felicidad[1].

Se necesita mucha constancia y vigor para ir por la senda de la consciencia, tantas veces invisible, como el grano de mostaza o la levadura en la masa, pero con el paso de los años se presiente ese Reino que va emergiendo poco a poco dentro de cada una de nosotras y que sin saber cómo, se transmite hacia el Universo. Esta mente universal,esta comunión universal no tiene límites, alcanza al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur y todos participamos del banquete del Reino (Lc 13,29)

Jesús navegaba a través del mar de Galilea hacia la otra orilla, y su última travesía fue en la Cruz: atravesó la muerte camino de la resurrección. De nuevo la pregunta del inicio ¿cómo atravieso la vida?, o mejor, ¿cómo dejo que la vida pase a través de mí?


[1] ENZO BIANCHI, Una lucha por la vida Ed. Sal Terrae.2010

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