descubre los tesoros del monacato cristiano

 

Puedes participar de una experiencia de vida monástica durante tres días en nuestro monasterio; seguir el ritmo de la comunidad, orar y trabajar con las monjas. Habrá alguna charla sobre temas monásticos desde la experiencia y momentos de oración silenciosa. Será un grupo pequeño con la oportunidad de conocer más de cerca los tesoros del monacato. El encuentro está abierto a participantes de ambos sexos, de menos de 45 años y  las plazas son limitadas.

El precio de las Jornadas monásticas incluyendo la estancia  y el desayuno, comida  y cena de los todos los días es de 135 € por persona.

Fechas de la primera Jornada Monástica: 6-8 de Julio del 2018

Llegada: Jueves 5 de Julio antes de las 18,30 h

Salida: Lunes 9 de Julio por la mañana

Plazo de inscripción: hasta el 23 de Junio

Fechas de la segunda Jornada Monástica: 31 de Agosto-2 de Septiembre del 2018

Llegada: Jueves 30 de Agosto antes de las 18,30 h

Salida: Lunes 3 de Septiembre por la mañana

Plazo de inscripción: hasta el 18 de Agosto

 

Para más información contactar con: 627 097 696 Hna Paula Téllez de Armenteira

Email: paula.armenteira@gmail.com

No olvides abrir tu corazón para experimentar “la fuerza de Dios en ti” como dice Thomas Merton (monje cisterciense del s XX):

Quizás soy más fuerte de lo que pienso.

Quizás hasta tengo miedo de mi fuerza.

Quizás de lo que tengo más miedo es de la fuerza de Dios en mí.

 

cuaresma: un desierto con oasis y tormentas de arena

 

Simbólicamente, a los monjes y monjas se nos denomina moradores del desierto, por vivir  en silencio y soledad, y en total despojo y desnudez interior, para buscar a Dios. Pero parafraseando a Merton, “el Espíritu vuela sobre el desierto para darle fertilidad”, y el yermo, lejos de ser un lugar de horror y vasta soledad (Dt 32, 10), se transforma en un vergel, donde sus habitantes nos convertimos en auténticos cultivadores del desierto (eremicultores).

Por supuesto que la realidad de “desierto” también existe fuera de los monasterios y el tiempo de Cuaresma, que mañana comenzamos, es el “desierto” que la iglesia nos brinda para cultivar nuestra interioridad, que no quiere decir encerrarnos en nuestro interior, sino todo lo contrario: “vestir al que está desnudo, romper los cepos, partir el pan con el hambriento, hospedar al sin techo y no te cierres a ti mismo” (Is 58, 1-9).

Las obras de misericordia que anteriormente enumera el profeta Isaías como el verdadero ayuno –una de las prácticas cuaresmales por excelencia junto con la limosna y la oración-, son interpretadas por el abad cisterciense Elredo de Rieval (s XII) de un modo muy concreto y actual, cuando se dirige a los miembros de su comunidad

Si le ofreces al hermano palabras de edificación y ejemplos buenos de vida, has alargado pan al hambriento y si en tu afecto le tiendes unos brazos compasivos, entonces has abierto la puerta de tu casa al necesitado. Acércate al hermano, atiéndelo, consuélalo rodeándole de afecto: has vestido al desnudo.

Comencemos pues, a vivir desde el Miércoles de Ceniza, los cuarenta días que tenemos por delante hacia la celebración de la Pascua, caminando por el desierto, y ¿quién sabe?, quizás encontremos una tormenta de arena o un refrescante oasis o… ¡un espejismo!

Según el amigo Elredo, saldrá a nuestro paso, cada día, el gozo y el regocijo del alma

Festividad (la Cuaresma) realmente admirable (…) donde se renueva a diario el gozo, no con sonido de palabras, sino con regocijo del alma, no con viandas materiales, sino con delicias espirituales.

un viejo tronco llamado simeón

 

Mañana celebraremos la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor y nos llegan las palabras iluminadoras del abad cisterciense Guerrico de Igny (s XII), para entrar en ella con el corazón esponjado

Ved como arde el cirio en las manos de Simeón. Encended también vuestros cirios con aquella luz.  Me refiero a las lámparas que el Señor manda que tengamos encendidas en nuestras manos. Acercaos a Él y quedad iluminados, no llevéis solo las lámparas en vuestras manos, sino sed vosotros mismos lámparas que arden por dentro y por fuera, para vosotros y para el prójimo. ¡Que la lámpara esté en el corazón, y en las manos, y en los labios¡ ¡La lámpara en el corazón luzca para vosotros; la lámpara en las manos o en vuestros labios ilumine a vuestro prójimo¡ La lámpara del corazón es la piedad de la fe; la lámpara de las manos es el ejemplo de la acción; la lámpara en los labios es la palabra de edificación.

También el corazón, las manos y los labios de este viejo árbol están iluminados, porque hunde sus raíces en el torrente de agua viva que atraviesa el monasterio y porque con el tiempo, entre su arrugado tronco, da cobijo y abraza tiernamente a hongos trepadores, musgos y líquenes, débiles telas de araña,… como el anciano Simeón que tomó al Niño en sus brazos.

Así que, si queréis encender en vosotros tantas lámparas, acercaos a la fuente de la luz y quedad iluminados; quiero decir que os acerquéis a Jesús, que brilla entre las manos de Simeón.

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