adiós a enero con música y poesía

 

Nos despedimos de este gélido mes de Enero, con la música del coro Canta Compaña de La Coruña que estuvo trabajando este fin de semana en nuestra hospedería, preparando el repertorio del nuevo año. Tuvieron la amabilidad de deleitarnos con sus voces melodiosas en un jugoso y variado recital. Empezaron con un estreno en georgiano, para continuar con canciones portuguesas y dos piezas del compositor Julio Domínguez de Puenteareas (Pontevedra), entre otras. Una obra terminaba con un esplendoroso ¡Amén, Aleluya! y los tres iconos de la capilla abrieron sus bocas para acompañar al unísono, al afinado coro, en ese apoteósico final.

Hoy celebramos a dos personajes emblemáticos para el cristianismo: litúrgicamente, la Iglesia conmemora al alegre y jovial San Juan Bosco – fundador de los Salesianos-, y también es el aniversario del nacimiento de nuestro monje cisterciense de Getsemaní, Thomas Merton. Se juntan dos gigantes de la espiritualidad, el primero lleno de ternura, que con un “celo infatigable y un amor ardiente”, sacó adelante su inspiración más profunda de hacer de los jóvenes “buenos cristianos y honrados ciudadanos”; y el segundo, profeta a tiempo y a destiempo, dejándonos numerosos escritos de una profunda sabiduría cristiana. Seguro que Cistercienses y Salesianos tenemos mucho que compartir….,¡a descubrirlo¡

Llega el final de Enero y, así  lo expresa en un abreviado y bello poema, nuestro amigo en el silencio, Rafael Redondo

Se apoderó de mí por siempre.

Un amor más intenso

que el que mi frágil cuerpo

podía resistir.

Crepúsculo de Enero.

amantes del desierto

 

Escribe Thomas Merton

La vocación de la persona es la soledad.

Pero no una soledad entendida como que cada individuo es un ser triste y solitario, sino como sinónimo de identidad verdadera, de esencia; de alegría profunda y de silencio. Precisamente esta soledad o quies monástica, como les gusta decir a los primeros cistercienses, es el pilar de nuestro carisma.

Hoy que conmemoramos a Nuestros Padres Fundadores, Roberto, Alberico y Esteban, es un momento propicio, para hacer memoria y descubrir, que debajo de su deseo  de vivir el espíritu de la Regla de San Benito -y no la letra-, está ese anhelo profundo de “servir al Señor con mayor provecho y tranquilidad”, esa tranquilidad es la “Quies”.

En los documentos primitivos de los orígenes de Císter, está bien explícita esa búsqueda incansable por vivir la paz, la soledad, hasta tal punto que Gilberto de Hoyland –monje cisterciense del s XII en Inglaterra-, apuntará que la quies es el móvil principal en las soluciones adoptadas por los cistercienses.

Para poder entrar en esa paz monástica tan anhelada, los primeros monjes salidos de la abadía de Molesmes, se decantaron por “un lugar de horror y vasta soledad” (Dt 32, 10) –según lo nombran los textos fundacionales-, llamado Císter, que para ellos era el “desierto”, lugar de encuentro con Dios. Paradójicamente, el topónimo de Císter -según algunos autores-, viene de `cisterna´, por la cantidad de agua allí encontrada. Nilo el asceta (s V) habla de “la humedad de las pasiones”, contra las que tenían que luchar los padres del Desierto. Del mismo modo, los primitivos moradores del lugar de Císter, tenían que mantener el combate interior, prestando atención a los vaivenes de sentimientos y pensamientos, para poder vivir esa paz profunda que está en lo hondo de nuestro corazón. En el Nuevo Monasterio –nombre que recibió Císter en sus inicios para distinguirlo de Molesmes, su casa de origen-, se guardaba el silencio de las arenas del desierto y con esta actitud de soledad exterior y vigilancia interior, los cistercienses se ganaron el apelativo de: amantes del desierto.

Otra denominación muy suya, era la de “pobres de Cristo” o “pobres con Cristo pobre”, pues para poder salvaguardar la amica quies, vivían del trabajo de sus manos, saliéndose de este modo del sistema económico feudal y pudiendo, por tanto, practicar una pobreza fecunda (paupertate foecunda). Aunque de nuevo parezca contradictorio -¿cómo puede ser una pobreza y a la vez fecunda?-, no lo es, pues ellos no trabajaban para hacerse millonarios, sino para mantener su economía de modo que les permitiese vivir en soledad. El silencio era su oro.

En la noche, el frío también llega a estas latitudes, donde las estrellas brillan en azul y el desierto se convierte en paradisus claustralis.

mirarse con asombro mutuo

 

Antes del tiempo de Navidad, se pasó por Armenteira nuestra amiga y escritora Mª Paz López Santos y aprovechamos su estancia entre nosotras para que nos hiciese una presentación “en mesa camilla”, de su nuevo libro Misión compartida ¿Unidos o hundidos? Laicos, monjes y pobres.

Como ella misma explica, una banqueta no se sostiene con dos patas, si no con tres, entonces, más allá de los dos grupos eclesiales -el de los laicos y el de los religiosos-, también existe un tercer colectivo cristiano, los invisibles y omnipresentes pobres. La estabilidad de esta banqueta -que es la iglesia-, depende de la síntesis experiencial de estas tres realidades, una síntesis que la autora empezó a “encarnar” hace once años  y que ahora nos relata de un modo  cercano y atrayente. Aunque nos cuenta  esta su aventura muy personal e integral entre el mundo laical, monástico y de los pobres, Mª Paz  se ha visto apoyada y acompañada –como oración continua que alienta la vida de los monjes y monjas-, por  su marido, Jesús Morente, hombre entrañable, dulce y de mirada límpida.

La obra aparece enmarcada en la sabiduría del monacato cisterciense del siglo XX, con una frase de T. Merton al inicio y otra del hermano Christophe del monasterio de Tibhirine (Argelia) que murió mártir en el año 1996. Y entre ambas  podemos escuchar directamente el texto

No tienes que hacer nada, solo estar. No te piden nada, tangible: ni tu dinero, ni tus ideas organizativas, ni siquiera tu bienintencionado trabajo. A lo mejor solo te están pidiendo que entres en esa realidad con respeto, en silencio, abriéndote al encuentro.

¿En qué realidad nos invita la autora a “entrar”? ¿En la vida monástica, en un hogar de acogida o a desplegarnos en lo cotidiano como personas cristianas? Quizás este libro nos quite miedos y barreras para mirarnos a los ojos con asombro mutuo y saborear en comunión el mensaje de Jesús. Seguro, que así su sabor, es tan dulce como el  de la granada que ilustra la portada de esta “jugosa” obra.

Epifanía del señor: se abren los cofres

 

En esta solemnidad de la Epifanía del Señor, os deseamos un 2017 lleno de Plenitud, empezando el año con la mística de San Bernardo, en su IVº Sermón de la Vigilia de Navidad

Se repiten los milagros, se acrecientan las riquezas, se abren los cofres (…)

Oculta, repito, oculta, María, el resplandor del nuevo Sol. Acuéstalo en el pesebre, envuélvelo en pañales; estos pañales son nuestras riquezas. Los pañales del Salvador valen más que todos los terciopelos. El pesebre es más excelso que  los tronos dorados de los reyes. Y la pobreza de Cristo supera, con mucho, a todas las riquezas y tesoros juntos.

¿Qué puede hallarse de más enriquecedor y de más valor que la humildad? (…) El nacimiento  del Señor te inculca la humildad: le ves anonadado, tomando la condición de esclavo y viviendo como una persona cualquiera.

El nacimiento que ilumina nuestro scriptorium, hoy ha recibido todos los dones de los libros que lo acompañan. Los libros son como los cofres de los Magos, que se abren ofreciéndonos sus tesoros.

¡  FELIZ EPIFANÍA  !

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