ULTREIA ET SUSEIA ¡¡¡

Flecha amarilla

 

Este es el saludo que los peregrinos medievales del Camino a Santiago utilizaban antiguamente. Cuando se cruzaban y uno le decía a otro: ¡Ultreia! -“más allá”-,  el otro respondía: ¡Et Suseia! -“más alto”-. Un saludo de ánimo y de fuerza, o quizás en el fondo expresar el deseo de ambos de volver a encontrarse “más allá”,  en Santiago de Compostela; o si eso no fuera posible, “más alto”, en el cielo… Actualmente, muchos se saludan simplemente deseándose “Buen Camino”, pero no faltan peregrinos que siguen conservando esta hermosa tradición.

Aunque no se puede hablar del Camino de Santiago, ya que  El Camino hay que andarlo, hay que sentirse peregrino, hay que dejarse hacer por el camino, sí podemos hablar de la huella que cada rostro peregrino viene dejándonos a su paso por nuestro Monasterio.  Las hermanas hemos visto sus miradas, hondas y profundas, que se asentaban en el alma; hemos curado sus ampollas y escuchado sus silencios; hemos enjugado sus lágrimas que nos hablaban de la vida interior encontrada…

Una experiencia de comunicación, de escucha, de afectos, de historias de vida, reflejo de la sociedad del momento, que nos permite ensanchar nuestro corazón y abrir nuestras  puertas ofreciendo el don gratuito de la acogida, el diálogo, el silencio, la oración.

Así, en el nombre de Cristo, os seguimos,  os acogemos a vosotros, hombres y mujeres, que camináis por el camino de la vida hacia Santiago, sea cual sea vuestra fe.

   ¡¡BUEN CAMINO PEREGRINO, que en el camino de vuestra Vida, la flecha amarilla que os guíe, sea siempre   CRISTO!!

Nadie fue ayer
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.

Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios.

(León Felipe)

San Bernardo y la sinfonía inacabada del cantar de los cantares

San Bernardo

 

Estamos de fiesta grande en toda la Orden del Císter, al celebrar hoy a San Bernardo, personalidad arrolladora, gracias a quien la espiritualidad cisterciense se extendió por toda Europa desde el siglo XII hasta nuestros días. Pues por entonces, el abad de Claraval fundó muchos monasterios, y en la actualidad, sus escritos son fuente de inagotable inspiración para el carisma cisterciense.

Entre sus obras, destaca el Comentario al Cantar de los Cantares, texto que quedó inconcluso, porque le sorprendió la muerte el 20 de Agosto de 1153, mientras trabajaba en él.

Dentro del ámbito cisterciense, el libro de la Biblia del Cantar de los Cantares, es el que más configura, desde la raíz, nuestro carisma. Viene a completar la búsqueda de Dios esbozada en la Regla de San Benito, para orientarla hacia la intimidad con Dios. Intimidad  entendida no como algo romántico, sino como una profunda aspiración de vivir cada día con mayor intensidad nuestra fe y conformación con Cristo.

En el primer Sermón del Cantar, San Bernardo nos invita a entonar este cántico, no con la boca, sino con el corazón y a escuchar su mensaje sonoro

Non est strepitus oris, sed iubilus cordis;

Non sonus labiorum, sed motus gaudiorum

(No es un sonido de la boca, sino un júbilo del corazón;

No es una inflexión de los labios, sino una cascada de gozos)

Y continua diciendo que esta armonía no se puede percibir desde fuera, ni en público, sino que solo la escucha el que la canta y a quien se dedica, es decir, el esposo y la esposa.

En un lenguaje  poético y místico, después de la experiencia de toda una vida – metido en todos los conflictos de su Orden, de la Iglesia y del entorno político y social de su tiempo-, San Bernardo, no se despega un ápice de lo cotidiano, y finaliza este primer sermón, con un toque de realidad

Ya hemos consumido el tiempo y urge que marchemos al trabajo manual, según lo exige nuestra pobreza y nuestro género de vida.

¡Qué bien!, podemos disfrutar de esta fiesta, hoy y mañana, porque mañana es Domingo y no hay que trabajar.

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edith stein: mi anhelo por la verdad era ya mi oración

Juan M2

 

Durante el verano, el monasterio se ha convertido en un centro místico-cultural, pues pudimos participar de dos momentos artísticos y  espirituales. Una tarde nos acompañó el profesor y monje cisterciense de Oseira (Ourense), Juan María de la Torre, por el claustro y la iglesia, recorriendo sus distintas estancias y descubriendo en ellas, la belleza de la arquitectura del Císter, fundamentada en la luz y la sonoridad. Edificación en roca, allá por el sigloXII, toda ella marcada por una gran funcionalidad y una esencia cristológica. Aún hoy se puede escuchar a través de la piedra, la oración  de tantos monjes, que moraron en este claustro, desde entonces.

 

Juan M1

Y también tuvimos el regalo de un pequeño gran concierto de guitarra a cargo del maestro Tony D´Arco, que interpretó bellas piezas del Renacimiento español e inglés –entre otras-, para terminar con un original preludio del compositor brasileño Heitor Villa-Lobos. Los dedos del maestro, recorrían las cuerdas del instrumento, dotados de vida propia y, en vez de una sola guitarra, parecía que estábamos escuchando como poco, un cuarteto.

 

 

Tony d´arco

 

¿Qué tal si preparamos unos salmos al son de la guitarra?……  seguro que ello nos lleva hacia la Verdad, como lo expresaba la gran mística que hoy celebra la Iglesia: Edith Stein

Mi anhelo por la verdad era ya mi oración

Escribía esta mujer buscadora de la verdad a través de la filosofía, en un primer momento, para desembocar más tarde en “el puerto de la voluntad de Dios”, según ella misma dice cuando se dirige a ingresar en el Carmelo de Colonia en el año 1933.

Sta Teresa Benedicta de la Cruz, será el nombre que adopte como carmelita, en una triple evocación: a Sta Teresa de Ávila, cuya autobiografía le fascina y después de leerla escribe: “Cuando cerré el libro exclamé: esta es la verdad”; evoca también a la espiritualidad benedictina, de la que bebe en el monasterio de Beuron, durante seis años antes de entrar en la Orden Carmelitana; y evoca, finalmente, a la cruz, tan presente en su vida –dos guerras mundiales-, hasta morir  mártir, en la cámara de gas de Auschwitz,  junto a su hermana Rosa, el mismo día de su llegada al campo de concentración.

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