La Trinidad…comienzo del noviciado

Noviciado Mari Paz

 

Bonito día el de la Trinidad, para recordar con gozo la celebración del Comienzo del noviciado de nuestra hermana Mari Paz y compartirlo con todos los contemplativos y contemplativas de dentro y fuera de los muros. Así se cuestiona Thomas Merton en su libro “Acción y contemplación”

¿Elegimos realmente entre el mundo y Cristo cómo entre dos realidades conflictivas y absolutamente opuestas?(…)No se trata de una alternativa, sino de una cuestión de todo en uno, (…) de integridad, buen corazón, unidad (…) que encuentra el mismo fundamento de amor en todo.

En el rito cisterciense del noviciado, se pide “experimentar la vida monástica”, que no es otra realidad que recorrer ese camino de integridad, entre el mundo y Cristo, entre el falso yo y nuestro ser verdadero, percibiendo que Jesús se acerca a nosotros, como dice el evangelio de hoy: Acercándose a ellos….. (Mt 28, 16-20)
Camino de unidad a recorrer como nos relata San Benito en la Regla, dejándonos hacer, practicando la no-acción:

(…)(a quien entre en el monasterio) Llevaránle después al noviciado, en donde ha de meditar, comer y dormir (RB 58)

Así es la Trinidad, no se para, siempre en un movimiento inmóvil

¡Felicidades, Mari Paz¡

Pentecostés: el Espíritu fluyente

Pentecostés 2015

 

La monja cisterciense del s. XIII, Sta Matilde de Magdeburgo, famosa beguina, que llamó a las puertas del monasterio de Helfta, a los sesenta años, con toda probabilidad no para hacerse monja, sino buscando un refugio, pues estaba perseguida por denunciar los vicios del clero y de los poderosos, nos dejó pequeñas “perlas” de su mística. Dice así en un diálogo entre el alma y Dios, en boca de éste último:

Las montañas más elevadas de la tierra no quieren recibir las revelaciones de mis gracias. Por naturaleza el flujo de mi espíritu santo fluye a los valles

Conocemos el simbolismo cisterciense de los valles: nuestros monasterios están ubicados en la humildad, en lo hondo de los valles como símbolo de la profundidad de nuestro interior, del abajamiento en donde fluye el Espíritu.

Matilde terminó su libro en Helfta, pero no sabemos si esto lo escribió antes o después de ingresar en el monasterio cisterciense. Poco importa, lo importante es hacer referencia al título de su libro, “La luz fluyente de la divinidad”, porque el acento no está en “Luz”, ni tan siquiera en “divinidad”, sino en que fluye, en que es el Espíritu quien dinamiza y mueve esa Luz.

Es lo que celebramos  en Pentecostés,  el fuego del Espíritu Santo que fluye o que se propaga continuamente como lo expresa Yolande Durán, en su libro “Enamorada del Silencio”

Este Dios, esta realidad última, este Invisible que se propaga continuamente más allá de lo visible, da a la menor rama de árbol, a la menor gota de lluvia, a la menor sonrisa, una presencia insospechada

Párate un minuto y déjate sentir esa presencia insospechada… del Espíritu fluyente

La espuma de la paz

Ositos de jabón

 

Es el tiempo de la poda de las camelias, de cortar el césped, de transplantar la caléndula, de la recolección de la salvia y de abonar los naranjos. Es el tiempo de mimar la tierra, de cuidar el campo haciendo de él un hogar acogedor. Es el tiempo de mirar al cielo azul intenso y de descansar.

La Ascensión, la Resurrección y Pentecostés constituyen una misma realidad, que el tiempo litúrgico pascual celebra en momentos distintos, para podernos zambullir en su misterio, y despacio, saborearlo. Misterio que nos habla, a través de la persona de Jesús, de vivir en plenitud, como vivió Él.

Nos preparamos para recibir el Espíritu que nos asienta en la verdad y desenmascara a nuestro falso yo. A veces oímos a ese falso yo que nos dice: cuando todas las cosas estén en su lugar, entonces encontrarás la paz. Sin embargo, el espíritu dice: encuentra la paz y todas las cosas estarán en su lugar.

Ya en el s. XII, el abad cisterciense Guillermo de Saint-Thierry, nos anima a sentir ese espíritu, ruah, a través de nuestra respiración y en su tratado “Naturaleza del cuerpo y del alma” escribe

El alma vive de Dios, suspirando sólo por Él, y aspirándole sólo a Él, como el cuerpo vivo aspira el aire. Permanece toda en Dios por un afecto fiel, tiene en sí a su amado que habita en ella con su obrar omnipotente, y llega a ser un espíritu con Él

Si los ejércitos del mundo fueran de ositos de jabón, el planeta estaría lleno de espuma…, de la espuma de la paz.

Celebraremos la VIGILIA DE PENTECOSTÉS el sábado 23 de MAYO  a las 19,00h

Pero,…no me robaron la música

maceta cocina

En el marco de la alegría pascual nos llega la historia de “El arpa del maestro Figueredo” del escritor uruguayo Eduardo Galeano, recientemente fallecido, que dice así

No había fiesta en el llano ni baile joropo sin el arpa mágica del maestro Figueredo.

Sus dedos acariciaban las cuerdas y se prendía la alegría y brotaba incontenible el ancho río de su risa prodigiosa.

Se la pasaba de pueblo en pueblo, anunciando y posibilitando la fiesta. El, sus mulas y su arpa, por los infinitos caminos del llano.

Una noche, tenía que cruzar un morichal espeso y allí lo esperaban los bandidos. Lo asaltaron, lo golpearon salvajemente hasta dejarlo por muerto y se llevaron las mulas y el arpa.

A la mañana siguiente, pasaron por allí unos arrieros y encontraron al maestro Figueredo cubierto de moratones y de sangre. Estaba vivo, pero en muy mal estado.

Casi no podía hablar. Hizo un increíble esfuerzo y llegó a balbucear con unos labios entumecidos e hinchados: “Me robaron las mulas”. Volvió a hundirse en un silencio que dolía y, tras una larga pausa, logró empujar hacia sus labios destrozados una nueva queja: “Me robaron el arpa”. Al rato, y cuando parecía que no iba a decir nada más, empezó a reír. Era una risa profunda y fresca que, inexplicablemente salía de ese rostro desollado.

Y en medio de la risa, el maestro Figueredo logró decir: ¡Pero no me robaron la música!”.

Haz un segundo de silencio y podrás escuchar la música dentro de ti.

La alegría es decir sí, allí donde, sin embargo, hay tantas cosas reprobables ( J.B. Metz)

la vida que renace en la celebración pascual

La humanidad recobra su dignidad perdida en la celebración Pascual de la Resurrección.

“Los que creen en Él tienen vida eterna” Jn 3,16-21

Hace un tiempo con motivo de una despedida, recibí una rama de camelia con dos flores en un jarrón. Le cambié el agua para mantenerla viva pero las flores cayeron. Seguí cambiando el agua, la rama era bella y me hablaba. He aquí que un día vi como unos brotes nacían, como lo harían en el árbol. Lo hacían con la misma confianza y fuerza.

Pascua

A los que celebramos el Misterio de la Pascua de la Resurrección, nos puede pasar lo mismo. Las Palabras de Jesús a Nicodemo en el evangelio de Juan también son para nosotros. Estamos llamados todos a volver a nacer de nuevo. Eso supone confianza en Él que nos invita y la fuerza de la inocencia de un niño pequeño….Como la fuerza que tenia la rama desgajada.

Melloni en su libro “El Cristo interior”dice:

la historia es la continua encarnación, gestación y maduración de lo divino en la materia. Jesús de Nazaret es el Rostro concreto de Dios al mundo, en espera de que el mundo se reconozca en Dios.

El Misterio se celebra en la fe y se actualiza en el amor que se da en cada momento.

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