Me estoy haciendo cristiana (Mt 16, 21-27)

cruz

El Padre Domingo, emulando quizás a Vicente Ferrer, acarrea un paraguas en pleno verano. El suyo, evidentemente, sabe a mar. Hoy en la misa del domingo, nos habla con estas palabras:

“Creer en Dios no es algo estático, una manera de pensar o de sentir que se conserva congelada en algún rincón interior de la persona. La fe consiste en vivir confiando en Dios, y la vida es la vida; no se congela en ningún momento; está llamada a crecer y desarrollarse. Cuando se vive ante Dios, no es posible quedarse siempre en el mismo punto. El creyente busca siem­pre vivir con más hondura. Repiensa las decisiones pasadas y toma otras nuevas. Trata de vivir siempre con más coherencia y dignidad. Lucha, cae, se arrepiente, vuelve a empezar… pero no permanece inerte.

Por eso, ser cristiano no consiste sólo en evitar el pecado. En nuestras vidas siempre hay pecado porque hay arrogancia, egoísmo, orgullo, exclusión del otro, acaparamiento y muchas cosas más. El creyente no es perfecto, pero es de corazón inquieto. Su fe le lleva a reconocer su pecado para reaccionar, levantarse, reorientar su vida, crecer.

Los primeros cristianos nunca entendieron su fe en Cristo de manera estática y repetitiva. Pensaron más bien en un proceso de crecimiento constante. Para ellos ser cristiano consiste en seguir  a Jesús, aprender  a  vivir como él, caminar tras sus huellas, reproducir su estilo de vida sencillo, fraterno, cercano al sufrimiento ajeno, abierto a la confianza en Dios.

Por eso cuando se nos pregunta si somos cristianos, no deberíamos contestar sin más: “Sí, soy cristiano.” Deberíamos decir: “Me estoy haciendo cristiano, estoy tratando de seguir con más verdad a Cristo”. ” No quiero que se me escape la vida sin aprender a vivir como Él,

Ciertamente es arriesgado y exigente seguir a Cristo. “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.”La reacción de Pedro ante estas  palabras es llevarlo aparte e increparlo.” No lo permita Dios, Señor”. Tú piensas como los hombres, Pedro, no como Dios.

Nosotros llamamos cruz a todo aquello que nos hace sufrir generado por nuestro pecado o manera equivocada de vivir-

La cruz es otra cosa. La cruz no es sino el sufrimiento que se producirá en nuestra  vida como consecuencia de ese seguimiento.

Los creyentes no vivimos la cruz como derrotados, sino como portadores de una esperanza final. Todo el que pierda su vida por Jesucristo la encontrará.

La fuerza y la luz le llegan al creyente desde el Crucificado. En la cruz no hay teorías ni discursos hermosos. Sólo hay un Dios que sufre en silencio con nosotros.

Un Dios cercano, amigo del hombre. Un Dios que arrastra la historia doliente de la humanidad hacia su salvación”.

 

La princesa y el dragón

princesa

Una leyenda escandinava relata cómo, debido a percances sufridos por sus padres, una joven princesa de nombre Aris, debe desposarse con un temible dragón. Cuando el rey y la reina se lo dicen, ella teme por su vida. Pero, recuperando la sangre fría, va más allá del mercado en busca de una mujer sabia, que ha criado doce hijos y veintinueve nietos, y conoce a dragones y hombres.

La mujer sabia le dice a Aris, que por cierto debe casarse con el dragón, que hay una determinada manera de acercarse a él. Entonces, le da instrucciones para la noche de bodas. En especial, le ordena a la princesa que lleve diez hermosos vestidos de novia, uno sobre otro.

Se celebra la boda y hay una fiesta en el palacio, tras la cual, el dragón se lleva a la princesa al dormitorio. Cuando el dragón avanza hacia su esposa, ella lo detiene, diciendo que debe quitarse con cuidado el vestido de novia antes de ofrecerle su corazón. Y él también, agrega ella (siguiendo las indicaciones de la mujer sabia) debe quitarse su traje. A lo cual, el dragón accede de buen grado.

“A cada capa de ropa que yo me quite, tú debes quitarte también una”. La princesa se quita el primer vestido y observa al dragón que se quita su capa exterior de escamas. Aunque es doloroso, el dragón ya lo ha hecho antes, periódicamente. Pero entonces, la princesa se quita otro vestido, y después otro. El dragón ve que cada vez debe arrancarse una capa más profunda de escamas. Con el quinto traje, el dragón comienza a derramar copiosas lágrimas de dolor. Pero la princesa continúa.

A cada capa sucesiva, la piel del dragón se vuelve más tierna y sus formas se suavizan. Se vuelve más y más ligero. Cuando la princesa se quita el décimo vestido, el dragón suelta el último vestigio de su forma de dragón y surge un hombre, un hermoso príncipe, cuyos ojos brillan como los de un niño, liberado al fin del antiguo hechizo que lo había transformado en dragón. La princesa Aris y su nuevo esposo se entregan entonces a los placeres del lecho nupcial, cumpliendo con el último consejo de la anciana sabia.

Por si a alguien le cabe alguna duda de cuál pueda ser la moraleja de este cuento, el poeta Rilke expresa la verdad subyacente de un modo bello:

Quizás los dragones que amenazan nuestra vida
no sean sino princesas anhelantes
que sólo aguardan un indicio
de nuestra apostura y valentía.

Quizás en lo más hondo
lo que más terrible nos parece
sólo ansía nuestro amor.

Darse cuenta de todas las escamas que llevamos encima es el primer e ineludible paso para acceder al reino del niño, de la niña abierta, sensible y vulnerable que todos llevamos dentro. Los acontecimientos de nuestra vida, los conflictos, decepciones o pérdidas, sin duda nos ayudan a ello. Pero quizás también la nostalgia de esa forma de vida vibrante y alegre, que pertenece a otro tiempo, tal vez previo a la construcción de nuestra conciencia, nos sirva también de guía, de faro para mirar a los llameantes ojos del dragón cara a cara. Los eremitas, los Padres y Madres del desierto del cristianismo primero, es lo que hicieron.

La entrega

familia

Una dama adinerada le contó a Ramana Maharshi, “He sido bendecida con todo lo que a un ser humano le gustaría tener”. Su voz se entrecortó. Recuperándose continuó lentamente, “Tengo todo lo que quiero, todo lo que un ser humano pueda desear… pero… pero… no tengo la paz de espíritu. Algo me lo impide. Probablemente sea mi destino.” Hubo un momento de silencio. Entonces el habló como habitualmente lo hacía: “De acuerdo, usted ha dicho lo que quería decir. Bien, ¿qué es el destino? No hay destino. Entréguese, y todo estará bien. Arroje toda la responsabilidad sobre Dios y no cargue usted sola con todo el peso. ¿Qué puede hacer entonces el destino por usted?”

Ramana: Si, la entrega total es imposible. Pero la entrega parcial es ciertamente posible para todos. Y esto a su debido tiempo nos llevará a la entrega total. Bien, si la entrega es imposible, ¿qué se puede hacer? No hay paz de espíritu. Usted es incapaz de generarla. Solo puede obtenerse a través de la entrega.

Dama: La estrega parcial – bien, ¿puede deshacer el destino?

Ramana: Oh sí, puede.

Dama: ¿No es el destino debido al karma pasado?

Ramana: Si uno se entrega a Dios, Dios lo revisará.

Dama: Siendo una concesión de Dios, ¿cómo puede Dios deshacerlo?

Ramana: Todos estamos únicamente en Él.

Se acaba el verano, vuelta a la rutina, trabajo, búsqueda de empleo, retos o derrotas…¿se termina en algún momento este devenir del que hablaban los filósofos de la Antigüedad? ¿Este ciclo en el que quedamos atrapados? ¿Esta sensación de que nos falta algo, de que casi nunca podemos encontrar la paz?

Ramana Maharshi es un sabio de la India. Sus palabras son recias. Se arraiga en el terreno de la confianza infinita. La entrega nos trae la paz. Jesús también dijo: “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos“. La entrega, dar la vida, vivir en obertura permanente en cada instante…rompe el ciclo del devenir, fractura el cascarón de pensamientos, emociones, reacciones, con las que nos hemos identificado. Nos devuelve la frescura de existir.

María, Iñaki y la pequeña Leire vinieron al Monasterio y después disfrutaron de una breve estancia en Madrid. Fueron al Retiro, dieron de comer a los patos, se protegieron del sol y sonrieron. Saben que la entrega es posible.

 

Creer en Alguien (Mt 16, 13-20)

creer

“En nuestros tiempos, se hace cada vez más difícil creer en algo. Las ideologías más firmes, los sistemas más poderosos, las teorías más brillantes se han ido tambaleando al descubrirnos sus limitaciones y profundas deficiencias.

El hombre moderno, escarmentado de dogmas e ideologías, quizás está dispuesto todavía a creer en personas que le ayuden a vivir dando un sentido nuevo a su existencia. Por eso ha podido decir el teólogo Lehmann que «el hombre moderno sólo será creyente cuando haya hecho una experiencia autén­tica de adhesión a la persona de Jesucristo».

Produce tristeza observar la actitud de sectores católicos cuya única obsesión parece ser «conservar la fe» como «un depósito de doctrinas» que hay que saber defender contra el asalto de nuevas ideologías y corrientes.

Creer es otra cosa. Antes que nada, los cristianos hemos de preocuparnos de reavivar nuestra adhesión profunda a la per­sona de Jesucristo. Sólo cuando vivamos «seducidos» por él y trabajados por la fuerza regeneradora de su persona, podremos contagiar también hoy su espíritu y su visión de la vida. De lo contrario, proclamaremos con los labios doctrinas sublimes, al mismo tiempo que seguimos viviendo una fe mediocre y poco convincente.

Los cristianos olvidamos con frecuencia un dato elemental. Lo que encontramos al comienzo del cristianismo no es una doctrina, sino una experiencia vivida con fe por los primeros discípulos. La fe cristiana nació cuando unos hombres y mujeres se encontraron con Cristo y experimentaron el él la cercanía de Dios. Este encuentro dio un sentido nuevo a sus vidas; descubrieron a Dios como Padre cercano y bueno; pusieron en Cristo todas sus esperanzas de salvación.

Ahora bien, lo que para ellos fue una experiencia viva, a nosotros nos llega como una tradición religiosa que ha sido formulada en un lenguaje concreto y ha cristalizado a lo largo de los siglos en un determinado cuerpo doctrinal. Pero evidentemente ser creyente es algo más que aceptar dócilmente esa doctrina. Cada uno hemos de vivir nuestra propia experiencia y hacer nuestra la fe la fe primera de aquellos discípulos.

Hoy cada uno de nosotros debemos responder a la pregunta de Jesús: ¿Quién soy yo para ti? ¿ Es Alguien vivo que da sentido radical a nuestra existencia?” Palabras, preguntas…del P. Domingo.

 

La Visitación…de Tíscar, Jesús y Manuela

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Ayer tuvimos la gran suerte de recibir la visita de…¿visita? No, no…más real será decir que celebramos la Visitación de Tíscar y Jesús, responsables de la Comunidad de Sant’ Egidio en Madrid y de Manuela, hermana de Tíscar. Fue un encuentro vital, alegre y receptivo al flujo de inspiración del Espíritu que se mueve desde la atención a los sin techo de las calles de Madrid, pasando por los trabajos educativos a las familias gitanas del barrio de Pan Bendito hasta la oración salmodiada en la capilla de Armenteira. El Espíritu es uno y es múltiple.

Escuchar a Tíscar y a Jesús es leer el Evangelio en la vida. Solo hablan de realidades humanas de pobreza y misericordia; sin teorías, sin protocolos, sin…¿pero se puede funcionar así hoy en día? Cuando se vive desde lo profundo las “definiciones” caen. Ya no hay “perfiles de marginación” sino seres humanos reales con una historia detrás y unas necesidades específicas. Tienen un nombre propio, el que los miembros de la Comunidad pronuncian para que los pobres puedan reconocerlo y recordarlo. Signo de dignidad y humanización.

Recientemente, Desmond Tutu, Arzobispo emérito de Sudáfrica, en un llamamiento internacional al boicot de Israel, ha dejado escrito:

La paz requiere que las personas de Israel y Palestina reconozcan al ser humano que habita en ellos y en el otro y entiendan su interdependencia.

Nelson Mandela pronunció aquella célebre frase donde dijo que los sudafricanos no se sentirán libres mientras los palestinos no lo sean. Hubiera podido agregar que la liberación de Palestina liberará a Israel además.

En la Comunidad de Sant’Egidio saben mirar al pobre como a un ser humano. Reconocen la mutua interdependencia. Han interiorizado el Evangelio…”lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis”. Lo que hago por tu liberación, me libera a mi también.

 

Matta El Meskin (Mateo el Pobre)

 

Mateo

Hoy celebramos la solemnidad de “nuestro Padre San Bernardo” ese que exclamaba, dirigiéndose a Cristo, como la esposa del Cantar de los Cantares : “¡que me bese con los besos de su boca!”…anhelo de intimidad que arde en el centro del alma…

Otro que con sus palabras nos impulsa a llegar al corazón, a la esencia es Matta El Meskin. Nació en Egipto, en 1919 con el nombre de Iúsef Scandar. Después de terminar sus estudios de farmacia su vida cambia. Siente “la llamada del Señor que se lo pide todo” y decide entrar en el monasterio más pobre y aislado de su tierra: Deir Amba Samuil, donde vive una pequeña comunidad de monjes ancianos y enfermos. Allí recibe el nombre monástico que a lo largo de los años irá definiendo el estilo de su propia vida, Matta el Meskin, Mateo el Pobre.

En su gran transparencia se va convirtiendo en maestro de muchos y nos dice:

Las reglas de la vida espiritual no son como las leyes de la física que gobiernan la naturaleza, ni como las leyes civiles fijadas por una autoridad para garantizar la seguridad  y la justicia. Estas leyes en efecto son generalmente “cerradas”, es decir no abren hacia una realidad más allá de sí mismas. Son áridas, castigan y no recompensan: en realidad, limitan la libertad del hombre.

Las reglas de la vida espiritual, en cambio, son como los escalones de una escalera: si tú estás firme sobre un escalón, este te posibilita subir al que sigue. La ascesis es infinita, porque la vida espiritual no conoce límites: las leyes espirituales no son cerradas sobre sí mismas. No debes por tanto confundir las leyes físicas con las espirituales ni por consecuencia temer por las leyes espirituales marcado por la ansiedad que provoca en ti la experiencia que tienes del significado corriente del término “ley”.

En el ámbito espiritual la ley es extremadamente generosa: si tú la observas, sacarás de ella un enorme beneficio. Si la cumples fielmente, serás capaz de observar una ley superior con mayor generosidad y libertad. Si, sin embargo, rechazas o transgredes la ley espiritual, no por esto caes bajo su venganza, como te sucede en cambio si no cumples una ley importante o si transgredes una ley del estado. La ley espiritual en efecto es enteramente positiva, no contiene ninguna negatividad, como Dios mismo. Esto significa que en la ley espiritual existe una relación con Dios sólo para aquellos que la aceptan y la siguen. Porque quien sigue a Dios, crece y se vuelve libre.

En la foto verás también a un Mateo, junto a su hermano Nicolás. Mateo nació con algo llamado “síndrome de Lowe“. Se trata de una “enfermedad rara”. A pesar de todos los impedimentos que tiene Mateo, Ana, su madre, en una entrevista concecida a Corazón de León dice:

Mateo me ha enseñado mucho de las cosas que verdaderamente importan. Me enseña a no perder la sonrisa, la importancia de una caricia y que más allá del lenguaje verbal hay todo un lenguaje que entiende mucho más de emociones que lo que pueden expresar las palabras.

Mateo es discapacitado en algunos sentidos pero en otros es un verdadero maestro.

Un verdadero maestro…Matta el Meskin lo fue, en el entorno monástico, y Mateo…Mateo lo es también. Las leyes espirituales no son como las leyes físicas…¿puedes entenderlo? Respira y sonríe…

 

El grito de la mujer (Mt 15, 21-28)

mujer

“Se puso a gritarle…

Cuando, en los años ochenta, Mateo escribe su evangelio, la Iglesia tiene planteada una grave cuestión: ¿Qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos? Jesús sólo había actuado dentro de las fronteras de Israel. Ejecutado rápidamente por los dirigentes del templo, no había podido hacer nada más. Sin embargo, rastreando en su vida, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras. Primero, Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo, Jesús no había reservado su compasión sólo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.

La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana. Proviene del maldito pueblo de los cananeos que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. No tiene esposo ni hermanos que la defiendan. Tal vez, es madre soltera, viuda, o ha sido abandonada por los suyos.

Mateo sólo destaca su fe. Es la primera mujer que habla en su evangelio. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos «gritando». No se detiene ante el silencio de Jesús ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, poseída por «un demonio muy malo», se ha convertido en su propio dolor: «Señor ten compasión de mí».

En un momento determinado la mujer alcanza al grupo, detiene a Jesús, se postra ante él y de rodillas le dice: «Señor socórreme». No acepta las explicaciones de Jesús dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo en su soledad y marginación.

Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: «Mujer qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones. Lo primero es aliviar el sufrimiento. Su petición coincide con la voluntad de Dios.

¿Qué hacemos los cristianos de hoy ante los gritos de tantas mujeres solas, marginadas, maltratadas y olvidadas por la Iglesia? ¿Las dejamos de lado justificando nuestro abandono por exigencias de otros quehaceres? Jesús no lo hizo.

Los cristianos hemos de aprender hoy a convivir con agnósticos, indiferentes o paganos. No son adversarios a apartar de nuestro camino. Si escuchamos su sufrimiento, descubriremos que son seres frágiles y vulnerables que buscan, como nosotros, un poco de luz y de aliento para vivir.

Jesús no es propiedad de los cristianos. Su luz y su fuerza sanadora son para todos. Es un error encerrarnos en nuestros grupos y comunidades, apartando, excluyendo o condenando a quienes no son de los nuestros. Sólo cumplimos la voluntad del Padre cuando vivimos abiertos a todo ser humano que sufre y gime pidiendo compasión”.

Es la homilía de hoy del P. Domingo…y es una buena noticia.

 

Julia y el agradecimiento

Julia

Dice Jeff Foster:

Siempre hay algo por lo que estar agradecidos. Incluso cuando las cosas te van horriblemente, cuando tus sueños y tus planes se vienen abajo, incluso cuando alguien querido se marcha y pierdes aquello que jamás pensaste que perderías, siempre puedes conectar con ese lugar interior lleno de humildad, rendición e incluso, de asombro.  Y sí, no siempre es fácil y no, no siempre se llega rápido. Pero cuando el perdón es tu camino y el amor es la razón de tu existencia y el anhelo de vivir despierto te quema por dentro, el agradecimiento no está lejos de ti. […]Encuentra hoy ese espacio de agradecimiento. Date la oportunidad de agradecer algo sin razón aparente, por muy pequeño y tonto que sea. Has de saber que no hay nada pequeño o tonto cuando se mira a través de los ojos de Dios.

Julia vino a visitarnos este verano. Pasamos ratos estupendos con ella. A pesar de sus fuertes dolores, de haber tenido que dejar de trabajar, de un diagnóstico médico nada favorable, ella se siente contenta y agradecida. Nos cuenta en un correo cómo vivió sus días en el Monasterio: “…han sido momentos de luz, de vivir mi presente, que a veces me da un poco de miedo porqué no decirlo, pero siendo consciente y cómo no, sintiendo vuestro cariño y dedicación sincera y desde la verdad de lo que sois y sentís; eso me ha llenado de alegría y luz…pero de lo que más me alegro es de poder haber sido yo misma en algún momento, cosa que tanto me cuesta y tanto miedo me da a veces. Eso es genial y espero seguir ejercitándolo cada día y cada momento”.

En su e-book leía “Viaje a la divinidad” de Nunc. Se quedó con esta frase:

No te quedes mirando la vida de otros y su propia perspectiva, convirtiéndolo en una sinopsis de su vida.

Observa tu vida, a ti mismo, a la mente, convierte las teorías y las palabras en las que percibes Verdad y profundidad, en tu propia Experiencia.

Julia tiene espina bífida. Siente la alegría de la vida y nos regala su agradecimiento. Su experiencia puede iluminar a otros. Ya lo hace. Los recortes por la llamada crisis han reducido considerablemente las prestaciones que recibía la Asociación navarra de espina bífida. Julia no se queja…siente que tiene mucho que agradecer.

Oración del que duda

duda

Tenemos nuevo capellán en Armenteira. Se llama Domingo Cameselle, sacerdote y monje del Monasterio de Sobrado dos Monxes. No se puede decir de él que fuera cocinero antes que fraile pero casi. En sus muchos años embarcado como capellán de pesca aprendió muchos oficios y desarrolló muchas habilidades, como soportar las temperaturas bajo cero del mar de Terranova. Eso…tiene mucha miga. Estamos contentas de darle la bienvenida y os ofrecemos sus palabras homiléticas sobre el Evangelio de hoy (Mt 14, 22-33).

“Dios está en el fondo de todo ser humano. Lo expresaba de forma espléndida el gran teólogo suizo Balthasar: «El hombre es un ser con un misterio en su corazón que es mayor que él mismo.» Si es así, ¿por qué no lo captamos?, ¿por qué Dios se nos escapa y nos parece a veces tan lejano y desconocido? La mística francesa, Madeleine Delbrel, mujer seglar por cierto, se dirigía a Dios de esta forma tan curiosa: «Señor, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo me las arreglo para estar en otro sitio?» Dicho de otra manera, ¿por qué no se produce el encuentro?

El creyente sabe que el ser humano no se basta a sí mismo. Al mismo tiempo, siente de diversas formas el anhelo de infinito. En su corazón brota la confianza. Es otra manera de plantearse todo: en lugar de teo­rizar se pone a escuchar, en vez de caminar solo por la vida se deja acompañar por una presencia misteriosa, en vez de desesperar se abre confiadamente al amor de Dios.

Esta experiencia es personal. No se vive «de oídas» ni se conoce por procurador. No basta creer lo que otros dicen. Cada uno ha de encontrar su camino hacia Dios. El teólogo J. Martín Velasco recuerda en un estudio las palabras del per­sonaje de una novela de Wiesel: «Cada hombre tiene una plegaria que le pertenece, igual que tiene un alma que le pertenece. Del mismo modo que a un hombre le es difícil encon­trar su alma, también le es difícil encontrar su plegaria. La mayoría de la gente vive con almas y recita oraciones que no son las suyas; hoy, Michael, has encontrado tu oración.»

Muchas veces he pensado que para muchas personas que no aciertan a creer, la mejor oración tal vez sean esas palabras cargadas de since­ridad que Pedro dirige a Jesús cuando comienza a hundirse en el mar de Tiberíades: «Señor, sálvame>>.

¿Dudas por la foto de que estemos en el mes de agosto? ¡Lo estamos! Pero la niebla es nuestra magnífica compañera hoy.

Vacaciones de una laica cisterciense

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En cierta ocasión un monje se preguntaba muy sabiamente, y nos dirigía la misma pregunta que él se hacía a un grupo de laicos y laicas cistercienses: “¿Cómo es posible vivir el carisma cisterciense en el mundo? Si difícil es dentro del monasterio… ¿cómo vivirlo fuera del entorno monástico?” Imagino que esta pregunta se la hacen todos los monjes y monjas cuando ven llegar a los laicos a los monasterios. Es una pregunta esencial.

Sí, hermano, sí… es difícil, muy difícil, pero sólo si nos dejamos llevar por la alucinación de que únicamente nuestras fuerzas son las que tenemos para vivir ese carisma. Nosotros cargamos con la dificultad, pero como para Dios no hay nada imposible, confiemos y no pongamos obstáculos a su gracia.

La cuestión es complicada en la vida ordinaria de trabajos, quehaceres familiares, falta de tiempo, problemas de economía, educación de hijos, atención a nietos, hemos de integrar el crecimiento espiritual a través de silencio, la oración, la lectio, la conversión de vida, la soledad, la atención a quienes necesitan nuestra ayuda, etc. En la vida extraordinaria, es decir, en las vacaciones, por ejemplo, la cosa es como rizar el rizo, cuando te vas por ahí con la familia: hijos, nietos, amigos… y sin embargo, Dios está ahí, tanto en lo ordinario como en lo extraordinario. Si Él puede, nosotros podemos con Él, porque “lo divino y lo humano van de la mano” (esto me lo dijo un abad y me lo tomo muy en serio, al pie de la letra).

Mira la foto que está ahí arriba. ¿Crees que este rincón en un jardín puede ser espacio para la oración mañanera? Sí, delicioso: la hamaca, el Diurnal y el pequeño libro de evangelios como equipaje. Leo en este último: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”(Mt 10,7-15). Rumio el versículo, escucho el sonido de las hojas de la palmera y me llega la brisa atenuada por el rechoncho árbol a mi derecha. “Gratis, dad gratis”, resuena por dentro una y otra vez… “Sí, tengo que dar gratis, lo que gratis he recibido”.

Se abre la puerta del jardín y aparecen dos “personajes” de 6 años, uno, y de 16 meses, el otro junto a su papá (mi hijo): “Abuelaaaa… ¿te vienes a la playa?”. Parece que el momento de dar gratis lo que gratis he recibido, es decir, mi tiempo, había llegado.

“Veremos dónde pueden ser las Vísperas”, pensé mientras me ponía de pie y recibía abrazos. El Diurnal quedó reposando en la hamaca y la rumia siguió de paseo por la playa mientras disfrutaba con mi familia.

No necesité Diurnal ni hamaca para las Vísperas de ese día, porque esta vez iban a ser una Vísperas comunitarias, no familiarmente, sino en formato monástico con las hermanas del Monasterio de Armenteira. El regalo fue doble pues esa gracia que decía más arriba, llegó a través de San Benito.

Armenteira

Cuando estoy de vacaciones a veces no sé en qué día concreto vivo y, aunque a San Benito le tengo bien presente el 11 de julio, cuando llegué a Armenteira no sabía que era el previo y que las vísperas eran Primeras Vísperas de la Fiesta del monje más famoso de todos los monjes, al que admiro, respeto y tanto me enseña.

Así que una laica cisterciense en Galicia, celebrando a San Beito, como dicen por allí, en la capilla de un monasterio cisterciense con una comunidad de monjas –“hermanas-hermanísimas-, no podía ser más que un buen regalo caído del cielo.

Es difícil, sí, hno. monje, aquí afuera hay que abrir bien los ojos (del corazón, naturalmente) para no perderse; atender en permanente escucha lo que Dios quiere para las laicas y laicos cistercienses que hemos de hacernos “ajenos a la conducta del mundo” (RB 4,20) en medio del mundo de todos los días y en el de las vacaciones; y silenciosamente, en la mayoría de los casos, dejarse hacer como pequeñas bolas de polen de ese carisma para que pueda calar hasta en los más pequeños.

Finalizadas las vacaciones, ya en casa, recibo la llamada de mi nieto de 6 años. Van camino de Pirineos por la A-2 y me dice: “Abuela, hemos pasado por Huerta… he visto el monasterio”.     

Todo esto  lo vivió Mari Paz y lo escribió para la revista monástica Fraternum y…para nuestro blog!                                                                    

 

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