25 años…aprendiendo a ser el valle del universo

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El día de San Juan celebramos los 25 años de la llegada de la comunidad a Armenteira…Ha llovido mucho desde entonces y muchos son los recuerdos desde que aquel grupo de siete monjas del Monasterio de Alloz, en Navarra, puso rumbo a un territorio desconocido, para habitar y dejarse habitar por un monasterio agreste al que habrían de “domar” con mucho esfuerzo.

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La asistencia y cariño del Monasterio de Sobrado fue esencial en aquella época mítica. El día 24 el P. Carlos, Prior de Sobrado, concelebró la eucaristía junto con el P. Gerardo de Oseira y D. Ramón, párroco de Armenteira. Juan María de la Torre que ha estado con nosotras todo este tiempo y que aprovechó la homilía para rendir homenaje a sus memorias de estos 25 años, presidió la misa.

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También nos acompañaron en la celebración monjes de ambos monasterios cistercienses y nuestras hermanas benedictinas de Trasmañó con quienes la amistad comenzó a fraguarse en los comienzos de los comienzos. Unas gallegas que nos enseñaron a amar esta tierra.

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San Juan Bautista es el patrón de esta comunidad y el prototipo del monje en la Iglesia Oriental. Y de él destacamos esa confesión tan inspirada del Evangelio referida a Jesús y a sí mismo “Él tiene que crecer y yo tengo que menguar”.

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El hermano Rafa de Sobrado interpretó una pieza final en el órgano. La música ¿no es un modo hermoso de olvidarse un poquito del ego?

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Y de la misa a la mesa. ¡Estaba todo muy bueno! y conseguimos la sencillez que tanto nos gusta a los cistercienses. De la simplicitas cordis a…la simplificación en la vida y viceversa.

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Pero Juan nos repite…”y yo tengo que menguar…” y eso ¿cómo se hace? Nos dice Eckhart Tolle:

Una práctica espiritual muy potente consiste en permitir la disminución del ego cuando se produce sin intentar restaurarlo.

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Recomiendo experimentarlo de vez en cuando. Por ejemplo, cuando alguien te critica, te echa la culpa de algo o te insulta, en lugar de contraatacar inmediatamente y defenderte, no hagas nada. Deja que la imagen del yo se mantenga disminuida y ponte alerta a lo que ocurre muy dentro de ti.

¿Estuvieron practicando la disminución del ego los hermanos Camilo y Armando? En realidad creemos que entre un coreano de Sobrado y un portugués de Oseira no hubo más que mutuo entendimiento.

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Durante unos segundos, puede que te sientas incómodo, como si hubieras encogido. Después puede que sientas un espacio interior que está intensamente vivo. No has quedado disminuido en absoluto.

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En realidad te has expandido. Y entonces puede que tengas una asombrosa revelación…te das cuenta de que no ha disminuido nada real y que al hacerte menos, te haces más.

Y como muestra de esa expansión…un poco de música y canto…y baile!

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El baile de los monjes es dar golpecitos rítmicos sobre la mesa… así no se cansan las piernas! 🙂

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Si te conformas con no ser nadie en particular, si te conformas con no destacar, sintonizas con el poder del universo.

Y escuchar a nuestra Priora Ana cantar canciones de Atahualpa Yupanqui es algo así como…sintonizar con la emisora del universo que, de vez en cuando, sorprende con músicas de otras galaxias! No todo son los Salmos…

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El Tao Te Ching dice:

En lugar de intentar ser una montaña, sé el valle del universo.

El Tao y Juan el Bautista dicen lo mismo.

Creemos que todas hemos venido a habitar a un gran lugar…un precioso valle verde. que nos va configurando cada día. Gracias a todos amigas y amigos por acompañarnos en este viaje eterno.

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Foto de familia

 

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Decía Sócrates que una vida no examinada no merecía ser vivida…una vida que no es consciente de sí misma es como una vida perdida, aparente, superficial…

Los griegos de la Antigüedad se acercaban temerosos a escuchar el oráculo de los dioses en el Templo de Delfos pero la más aguda respuesta a sus preguntas la recibían antes de entrar en él…en su frontispicio, ese “conócete a ti mismo” seguramente provocó que más de uno se volviera a su casa y empezara a examinarse a si mismo, a preguntarse, a observarse, a ir más allá de lo conocido.

Nosotras estos días hemos recibido la visita del Abad General de la Orden de Císter (Estrecha Observancia), Dom Eamon Fitzgerald…no es que esto sea equivalente a acercarse al Templo de Delfos buscando algunas respuestas vitales pero su presencia sí nos ha acentuado la necesidad de que nosotras mismas nos interroguemos sobre algunos aspectos de nuestra vida que están bajo una mayor oscuridad…o quizás incluso, que aún se encuentran eclipsados.

Y en la espiritualidad cisterciense, este conocerse íntimamente se liga al conocimiento de la verdad…lo que supone que la verdad no es obvia, que la Realidad, para que pueda ser vista, necesita ser esclarecida con los ojos del corazón. Dice San Bernardo:

Cuando haya encontrado la verdad en sí mismo, o mejor dicho, cuando se haya encontrado a si mismo en la verdad (…) entonces penetre el hombre más íntimamente en su corazón, para que la verdad quede enaltecida.

¿Y qué tenemos que hacer para llegar a ese conocimiento profundo, a esa verdad, qué hacer para que la Realidad como es emerja y pueda ser conocida, vista o “enaltecida”?

Nos responde Dhiravamsa:

Con el fin de entendernos a nosotros mismos o de renovar nuestra conciencia, no es necesario que leamos libros. El único trabajo a realizar es desarrollar una atención total hacia nosotros mismos y hacia lo que está pasando.

No parece muy difícil…aunque puede que resulte incómodo ¿no es más placentero fantasear? Sí pero ¿no prefieres Vivir?

La luz que apaga estrellas

 

La Trinidad

Al penetrar en el misterio de la Santísima Trinidad, a Gregorio Nacianceno le brotó un poema del corazón y algunos de sus versos expresan toda la belleza de su descubrimiento:

El Dios uno y trino,
misterio de amor,
habita en los cielos
y en mi corazón.

Dios escondido en el misterio,
como la luz que apaga estrellas;
Dios que te ocultas a los sabios,
y a los pequeños te revelas.

No es soledad, es compañía.
es un hogar tu vida eterna,
es el amor que se desborda
de un mar inmenso sin riberas.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo…

El Padre…realidad fontanal, dimensión primera, origen, seno, madre, trascendencia absoluta, el Ser del ser…impulso de ultimidad para sumergirnos en él, en ella…el océano, la mar.

El Hijo…cavidad inmensa de lo inmenso, conciencia que hace consciente el don de existir, la concreción de la esperanza humana…un modo nuevo (un cielo nuevo y una tierra nueva) de convivencia aquí y ahora…solidaridad y fiesta.

El Espíritu Santo…dinamismo, energía de Dios que incesantemente nos conduce hacia la plenitud…luz inteligente que nos permite discernir los signos de vitalización en nuestras vidas, en nuestro mundo… aire exhalado por Dios Padre desde el eternidad, fuerza que procede y se dirige al Absoluto y que no deja huellas…no sabemos de donde viene ni a donde va.

El Padre engendra al Hijo en el Espíritu Santo…y todos somos hijos en el Hijo…de modo que en esa comunicación incesante de amor y luz podemos dar vida a lo que el Maestro Eckhart llamó “habitar en un presente siempre nuevo sin interrupción”.

Muchos teólogos han hecho grandes esfuerzos por limar las aristas de este dogma. De adecuarlo al lenguaje del momento histórico en el que se hallaban. Muchos han debatido como los filósofos de la antigüedad tratando de encontrar la verdad. Pero…tal y como Eckhart advierte: “si pudieras captar esto con el corazón entenderías bien lo que digo pues es verdad y la verdad misma lo dice”.

Luz que apaga estrellas…

Silvano lo dijo muy claro

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Dice Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo…no se enciende una lámpara para ponerla debajo de un celemín sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa”. Mt 5, 13-16.

Precisamente hoy, que acabamos de iniciar el tiempo ordinario apagando el cirio Pascual, se nos recuerda que somos luz, “abyssum luminis”…luz que se engendra en el fondo insondable de nuestra propia humanidad…

Pero ¿por qué vamos por ahí como mujeres y hombres oscuros, entristecidos, abrumados? El monje Silvano del Monte Athos reconoció que Dios nos ama de un modo incondicional e ilimitado pero nosotros, con nuestros conflictos de personalidad, nuestros reparos y excesivos sentimientos de culpa podemos realmente convertirnos en seres opacos. Silvano advierte de que en estos casos estamos provocando un “eclipse de sol”.

¿Por qué nos eclipsamos? Paradójicamente porque nos apegamos a lo que nuestra mente nos dicta que es la luz (bienestar, placer, orden, éxito…), rechazando lo que es oscuridad. Pero, como dice el salmista: (para Dios) “la tiniebla no es oscura; la noche es clara como el día”. En nuestras experiencias más incomprensibles nuestro universo interno puede estar reordenándose, el caos puede ser preludio del cosmos…de la armonía.

¿Y qué más Silvano?

Muchas personas piensan con desesperación: “He pecado demasiado”. Pero olvidan que sus pecados son como una gota de agua comparados con el océano del amor de Dios.

Una pista: medita, quédate en silencio, atraviesa tu mente y tu ego en tu vida cotidiana, reconoce tus puntos de enganche, sonríe…y suelta. Un sabio de la India, Dhiravamsa nos dice: “cuando una persona es capaz de hacer equivalentes la oscuridad y la luz, se vuelve radiante, tanto interna como externamente”. Él también lo dijo muy claro.

Estar abiertos…ser vulnerables

 

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Ayer en Laudes, cantábamos el salmo 50, el conocido como “Miserere”, es un salmo penitencial:

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu,

Devuélveme la alegría de la salvación,

afiánzame con espíritu generoso (Sal 50,13-14)

Esta noche nos reuniremos para abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu, ese espíritu que es el rostro del Señor, su Presencia, que nos hace experimentar una alegría serena y que nos va afianzando en la vida de fe. Un espíritu generoso y compasivo.

Pentecostés es apertura, mañana en el evangelio los discípulos están con las puertas cerradas, llenos de miedo. Pues nosotras os invitamos a abrir todas las puertas y ventanas, todos los poros de vuestra piel para recibir la gracia espiritual a través de los cantos, de las lecturas, de los silencios, de los signos – 7 velas rojas, son los siete dones del Espíritu Santo-,….,todo está apuntando para abrir nuestro ánimo y nuestro corazón a la experiencia de la unción con Cristo. Ahora sí, en palabras de Thomas Merton hablando sobre la liturgia: estar abiertos significa ser vulnerables.

¿Y quién no ha sentido más de una vez su propia vulnerabilidad? ”Somos terrenos, vulnerables, pero nuestra naturaleza más honda es inmortal” Willigis Jäger.

Así pues,vamos a dejarnos llevar por el ritmo de la celebración…vamos a dejarnos impregnar por el aceite, símbolo del efecto balsámico y sanador del Espíritu en nosotros…será a las 19:00, hoy, aquí.

Ascendiendo con los árboles

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Takeshi Shikama vivía en Tokio y harto del asfalto, de la polución y de un trabajo monótono decidió, junto con su mujer, marcharse a vivir al bosque, en la prefectura de Yamanashi. Allí con sus propias manos construyeron una casa y paulatinamente se fue obrando una transformación interior en el antes anodino Takeshi.

Al quitarle la corteza al primer árbol, un chorro de resina rojo salió disparado. Le impactó reconocer que el árbol era un ser vivo. Al talar un solo árbol, de pronto, podía ver el cielo, se abría una nueva dimensión y le maravillaba sentir la fortaleza de los árboles creciendo hacia el cielo.

“Galileos ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Hch 1, 1-11

 – Estamos contemplando la maravilla, una nueva dimensión…abierta al cielo.

Cuando a Takeshi y a su mujer no les quedaba más que poner el techo de la casa, él se sintió triste. En ese momento comprendió que se estaba fusionando con la naturaleza. Amaba ese bosque, se había abierto un nuevo mundo para él.

Más adelante, una vez sintió como un árbol le decía: fotografíame. Él obedeció. Pudo captar su increíble fuerza. Ese árbol se convirtió en su árbol vital. Va a menudo a su encuentro y siempre se aleja de él con la misma emoción que sintió la primera vez que lo fotografió. Entonces, dice: “sé que estoy bien”.

El bosque para Takeshi es la frontera entre este mundo y el más allá.

¿Qué estaban mirando los discípulos? ¿En qué frontera se encontraban? En esa misma. En la línea que separa la irrealidad de la Realidad.

En su obra, El signo de Jonás, escribe Merton:

Cuando la lengua permanece muda, se puede descansar en el silencio de los bosques. Cuando la imaginación está tranquila, el bosque nos habla mostrándonos su irrealidad y la Realidad de Dios. Pero cuando la mente se acalla, el bosque se hace real y magnífico, y nos muestra, con su resplandeciente transparencia, la Realidad de Dios.

¿Qué es la Ascensión? ¿Hacia dónde nos guía? ¿Qué debemos creer?

En la resplandeciente transparencia…que deja el silencio de la mente…se revela la Realidad de Dios.

El bosquecillo de Armenteira…shhhhh!.

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