¿Por qué no te transformas en fuego?

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Cuenta la historia que un día el abad Lot fue a ver al abad José y le dijo: – Padre, en lo que puedo, observo una regla sencilla, hago pequeños ayunos, practico algo de oración y meditación, guardo silencio y, en la medida de lo posible, procuro mantener limpio mi pensamiento. ¿Qué más debería hacer? El viejo monje se puso en pie, alzó las manos hacia el cielo, y sus dedos se convirtieron en diez antorchas llameantes. Entonces dijo: – ¿Por qué no te transformas en fuego?

El pasado 26 de abril celebramos la profesión temporal de la hermana Leire…y quizás este apotegma sirva para describir el anhelo fundamental que impulsa a alguien a adherirse a la vida monástica…un camino de algo más de tres años, rico en experiencias diversas que han dado lugar a un deseo: celebrar la decisión de realizar la profesión monástica, con mucho amor.

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Y para ello nada mejor que contar con buenos amigos que desde primera hora de la mañana se pusieron manos a la obra para preparar el lugar del “piscolabis”…

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En el comienzo de la celebración litúrgica, como era el día de San Rafael Arnáiz, monje cisterciense, la hermana Paula, maestra de novicias, hizo una monición mencionando algunos bellos pasajes de este monje artista…”soy feliz, feliz en mi nada…y dichoso en mi Todo que es Jesús”. Bello y profundo.

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La homilía de Juan María de la Torre resonó fuerte en la capilla de las monjas de Armenteira con la voz del propio San Bernardo…in corde profetica expectatio…es la vida del monje, de la monja…una expectación profética en el corazón. También se escucharon las voces del Dalai Lama…de Etty Hillesum…palabras-fuerza para abrir la llave de nuestro corazón.

Seguidamente dio comienzo el rito con la exhortación de Ana, priora del monasterio. Sus palabras cálidas y llenas de confianza, con referencias a la Regla de San Benito pero sobre todo urdidas en el telar de la experiencia hicieron mella, no solo en Leire, sino en los asistentes que se sintieron conmovidos por su verdad.

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Escucha hija estos preceptos de un maestro…inclina el oído de tu corazón…son referencias sonoras dentro de la vida monástica. El silencio, la soledad, la lectio divina…tesoros muy hermosos que han ido configurando un nuevo estilo de vida.

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Leire dio el “sí quiero”…a la comunidad, a la conversión de costumbres, a la estabilidad, obediencia…todos los peldaños para llevar una vida saludable y plena en este camino de su elección.

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Y llegado el turno de las peticiones. Mari Paz oró por la Iglesia y los necesitados…en nombre de Teresa, del Hogar de Jesús Caminante que no pudo asistir, pero que se hizo muy, muy presente en nuestra celebración. Cristina, amiga del Leire desde que eran niñas, pidió por ella, su familia y sus amigos…empezaron a brotar algunas lágrimas :-)Y Rosa, amiga a quien la Providencia envió a Armenteira, lo hizo por toda la asamblea. Nos dejó sin habla…con sus referencias luminosas al Principito de Saint Exupery…cada palabra era una perla viva.

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Y tuvimos unos acólitos de honor…los queridos niños encendieron las velas desde el cirio Pascual…ellos son pura luz.

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Y hasta Javier, el sobrino de Leire de tres meses depositó (con ayuda de sus padres) la vela que rememora que nosotros, todos, estamos llamados a iluminar (a salir de nuestros escondites y poner luz y calor a nuestro alrededor).

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Después de una celebración así…lo único que cabe es hacer una “xuntanza” y disfrutar de lo que cada uno y una trajo preparado desde su casa. La cena agápica…del amor gratuito.

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Hablar y comer a la vez es un arte muy difícil…ambas cosas son tan interesantes!

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Gracias a todos, a todos y todas los que nos acompañasteis en este día importante con vuestra presencia física pero también con vuestro amor, manifestado de múltiples maneras…flores, oración y sí, también con vuestro respetuoso silencio…Os queremos…

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Algo completamente nuevo e irreductible

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¡Feliz Pascua!

Celebremos la luz…la luz intensa que es pura conciencia del gozo de existir…

¿Crees que una percepción así…sentir la vida moverse en ti…puede reorientar tu existencia? Y si la Vida resucitada – la conciencia sin forma – te habita en tu forma concreta ¿no es esa la mejor noticia que hoy puedes recibir?…deja que te invada una vida nueva. Nueva, nueva…

Nos dice Edith Stein:

El descanso en Dios es algo completamente nuevo e irreductible. Antes era el silencio de la muerte. Ahora es un sentimiento de íntima seguridad, de liberación de todo lo que la acción entraña de doloroso, de obligación y de responsabilidad. Cuando me abandono a este sentimiento, me invade una vida nueva que, poco a poco, comienza a colmarme y -sin ninguna presión por parte de mi voluntad- a impulsarme hacia nuevas realizaciones. Este flujo vital me parece ascender de una Actividad y de una Fuerza que no me pertenecen, pero que llegan a hacerse activas en mí. La única suposición previa necesaria para un tal renacimiento espiritual parece ser esta capacidad pasiva de recepción que está en el fondo de la estructura de la persona.

En tu mismo fondo…en mi mismo fondo….está brillando la luz del Resucitado….solo tienes que dejarla salir. Aleluya!

Un corazón está ardiendo

 

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Sábado Santo…día de silencio…Nos topamos con lo imprevisible. Las respuestas de la mente son siempre inadecuadas. Estamos ante el misterio del dolor humano.

Una vida sin dolor no es vida. Tal y como nos recuerdan los mitos antiguos, no puede haber crecimiento auténtico si no se emprende un viaje heróico a las profundidades de la oscuridad. El dolor tiene el poder de destruir el ego y de aflorar una gran humildad, de despertar la compasión y de atraernos directamente hacia la presencia.  Una senda espiritual que prometa una desafección total de algún aspecto de nuestra humanidad, un estado permanente e ininterrumpido de bendición exenta de cualquier tipo de dolor, es una senda espiritual enraizada en un profundo miedo, en la pesadilla del ego.

La pesadilla del ego, de la que nos habla Jeff Foster, es negar la muerte. Hoy es un buen día para meditar sobre ello. No nos gusta la muerte, ni queremos el dolor. Cualquier evasión es negación de esa realidad humana. También, la evasión espiritual.

Tenemos la tentación de huir de la crudeza de unos corazones que nos queman, de unos cuerpos rotos, de unas mentes confusas y de apegarnos a un propósito de segunda mano que se cumplirá en el futuro. Sin embargo al final, será precisamente esa quemazón, la que permitirá que nuestra luz brille más intensamente…Siempre y cuando permanezcamos cerca de nosotros mismos…

El misterio del silencio de Dios lo comprendieron antes los que se quedaron al pie de la cruz. Entraron los primeros en la Pascua de luz. Lo que puedan decir los que observaron la crucifixión en la distancia, o escondidos, serán explicaciones mentales de segunda mano. El misterio solo puede penetrarlo el corazón ardiente.

 

Abismo de luz

 

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Los astrofísicos nos dicen que el 95% del universo es materia y energía oscura. No se conoce su composición ni para que pueda servir. Es aún un misterio para el ser humano. Vicente Ferrer cuenta algo parecido. Durante la Guerra civil, en plena batalla del Ebro, tuvo una visión: una noche oscurísima que llenaba todo el universo y allá, a lo lejos, una pequeñísima luz. Esta visión, sin estar escrita, incluía la orden ineludible de escoger entre una de las dos.  El resultado práctico de esta imagen es que se le quedó para siempre la convicción inconmovible de que “Dios es”.

Una monja tibetana, Pema Chödron nos habla también de la oscuridad del mundo: La polución de los ríos y del aire, las guerras familiares y nacionales, los vagabundos sin hogar llenando las autopistas… son los signos tradicionales de una era de oscuridad. Otro de los signos es que las personas están envenenadas por las dudas respecto a sí mismas, y se vuelven cobardes. La agresión más grave hacia nosotros mismos, el daño más fundamental que podemos hacernos es permanecer en la ignorancia por no tener el coraje y el respeto de mirarnos a nosotros mismos honesta y delicadamente.

En contraste, en palabras del cardenal Martini, en el crucificado vemos toda la verdad del ser humano volcado sobre Dios y toda la verdad de Dios volcada sobre el ser humano. Miseria y misericordia que se abrazan. Es el punto fijo para quien quiera conocer el gran misterio.

La Pasión no es el preludio de la resurrección; es realmente un fin, la muerte de Cristo y como tal es, en sí misma, definitiva. Entre Pasión y resurrección hay un abismo y solamente después de haberlo comprendido podemos entender como el poder de Dios pasa del uno a la otra. Por Pasión entendemos todo el vasto misterio que después se convierte en Misterio Pascual. Oscuridad convertida en luz…en abyssum luminis, abismo de luz, que diría San Bernardo.

¿Y cuál es ese abismo capaz de transfigurar la oscuridad en luz? Es la rendición de la propia voluntad para Ser la voluntad del Padre. “Rendir el yo es terriblemente doloroso. Jesús sabe que ceder del todo el propio espacio le llevará a morir, porque sus adversarios no están dispuestos a renunciar a nada de lo que han conquistado, a nada de lo que han arrebatado. Sólo así podrá advenir lo nuevo. Sólo renunciando a la propia voluntad, Getsemaní puede convertirse en el jardín del Reino.” Melloni.

Y aún hay más: la renuncia implica donación. La no-posesión de sí es transformada en poder. En el mismo acto de vaciamiento, Jesús queda colmado. En el oscuro vacío brilla la luz de la eternidad.

A los pies de la humanidad

 

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Comenzamos el Triduo Pascual con la celebración del Jueves Santo. La riqueza de lo simbolizado este día es inmensa. El lavatorio de los pies y el sacramento de la Eucaristía. Doble significación de servicio y entrega. Ese es Jesús. Ese el camino que nos dejó.

El Evangelio de Juan será proclamado esta tarde en todas las iglesias de occidente. Y ¿qué tiene de característico Juan? Nos señala Fray Marcos, fraile dominico:

El más espiritual y místico de los evangelistas, el que más profundiza en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Sospecho que la eucaristía se había convertido ya en un rito mágico y formal, vacío de contenido, y Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como don, como entrega. Jesús denuncia la falsedad de la grandeza humana que se apoya en el poder o en el dominio de los demás, pero proclama que la verdadera plenitud humana está en parecerse a Dios que se da sin condiciones ni reservas.

Jesús se sitúa en lo más bajo: a los pies de la humanidad. Y sigue diciendo Melloni: “para encontrarlo hay que buscar por abajo, decrecer, abajarse hasta lo ínfimo. Entonces lo hallamos a nuestros pies”

Si esto es así ¿por qué hemos convertido el sacramento central de la vida cristiana, la eucaristía, en un acto devocional, vacío de inspiración?

Para el medieval San Bernardo, la relación con Cristo es un proceso de asimilación, casi gástrica. Algo tan íntimo y transformativo que acaba en unidad plena:

Me come cuando me reprende…Mandor cum arguor; me traga cuando me instruye…glutior cum instituor; me consume cuando me cambia…decoquor cum immutor; me digiere cuando me transforma…digeror cum transformor; me une a él cuando me conforma consigo … unior cun conformor.

Nos come y le comemos para vincularnos más estrechamente a él…quo arctius illi adstringamur.

El servicio…como expresión del amor en plenitud…no es algo “evidente”, es casi contra-evolutivo. El instinto de supervivencia nos lleva al dominio y apropiación. A las falsas seguridades. Jesús invierte el orden. Penetra en la interconexión de todos con todos. En la necesidad de servir para dar Vida…para “vincularnos más estrechamente a él” y en él, a la Realidad misma de la que participamos todos.

Escucha como por vez primera

 

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Comenzamos el itinerario-pasaje de la Semana Santa. No se puede correr, hemos de ir despacio. Por eso hoy, Domingo de Ramos, comenzamos con una peregrinación o procesión por el claustro…paso a paso, siguiendo a la cruz.

Los mensajes son paradójicos. Agitaremos nuestras ramitas de olivo y cantaremos “Hosanna” pero al entrar en la capilla leeremos en voz alta el relato de la Pasión según en Evangelista Mateo. La impermanencia de las emociones se pone de manifiesto de un modo radical en este día. Algo nos dice que la Semana Santa no es un tiempo para quedarse en la superficie de las cosas, de las manifestaciones exteriores. Es el tiempo del misterio. Del abrazo entre miseria y misericordia.

La Pasión es un abismo donde nuestros recursos quedan suspendidos. Cuenta el cardenal Martini de un franciscano bosnio que, durante el dominio turco, fue llamado a confesar a un cristiano moribundo que había matado a muchas personas. El enfermo, que vivía refugiado en una cueva en el borde de un acantilado, en un primero momento, rechazó la presencia del fraile pero después de escuchar sus sabrosas  e iluminadas exhortaciones, se giró, se rindió, se abrió a la misericordia. El cura marchó a su casa, muy contento, pletórico al reconocer la eficacia de su sermón, del brillo con el que Dios mismo reflejaba su acción a través de su bondad. Al cabo de unas horas, le volvieron a llamar. En lo alto del precipicio encontró al bandolero crucificado. El sacerdote bosnio no entendió, gritó a Dios ¿por qué, por qué? ¿por qué ha tenido que morir así? y toda la paz de su corazón, se esfumó.

Hoy escucharás por enésima vez el relato de la Pasión. Te vendrán a la cabeza un montón de ideas “de segunda mano”. Pero…la Pasión es desconcertante. No dejes que el buen sacerdote bosnio que llevas dentro te dicte lo que has de experimentar. Déjate despojar. Sólo así podrás mirar por las grietas del madero…si te acercas lo suficiente. Símbolo radiante del amor incondicional.

La acción buena

 

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“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” Jn 10, 31-42.

Dice el Bhagavad Gita:

Haz tu tarea en la vida, porque la acción es superior a la no-acción. Ni siquiera el cuerpo podría subsistir si no hubiese actividad vital en él.

Y Javier Melloni, que lo cita en su Sed de Ser, expresa:

El mundo se confía a nuestros actos, para mejorarse a si mismo…algunos, los más osados, dicen que nuestros actos permiten el nacimiento de Dios como mundo. La cosmogonía se convierte en teogonía.

¿No es eso lo que hacía Jesús? ¿Alumbrar al Padre con cada obra buena? ¿Manifestar a Dios?

Después de Jesús, otros, siguiendo sus huellas, han sentido la necesidad de desembarazarse de toda ideología para poder dejar que Dios fuera Dios.

Esa fue la luminosa experiencia de Vicente Ferrer:

Profundamente, yo había llegado a la convicción de que todo es vacío y de que no hay salvación sin la acción buena hecha por el otro. La vida, como acción, no está desprovista de contenido espiritual, sino que es lo más espiritual que un hombre puede hacer en esta vida.

Siento que al desprenderme de todo bagaje teórico-espiritual, la iluminación va creciendo, y me queda un espacio todo para Dios. Así lo veo, desligado de todos los artificios con que lo hemos adornado. Yo soy existencialista y creo que San Ignacio fue uno de los primeros. La existencia es lo más importante. La vida. Me encuentro con que las masas inmensas en la India son miserables. Por otra parte, siento el llamamiento de la oración. Que lo importante es Dios. Pero descubrí que para mi lo importante no es Dios, sino este enfermo que tengo aquí delante y por lo tanto, la acción consiste en dejar a Dios por amor a él.

A Jesús lo quisieron apedrear porque blasfemaba. Es decir, porque deshizo todo el aparato ideológico urdido entorno al concepto “Dios” para poder manifestar a Dios. Porque dejó a Dios “por amor a él”.

Nerea, nuestra joven amiga de la aldea, de mayor quiere ser cantante y peluquera. Es maravilloso tener sueños. Origen de la acción. Brillo de Dios.

Bendiciendo Armenteira

Hoy nos han visitado los niños del colegio público de Armenteira en pleno…ellos son el futuro de la aldea y esta aldea está fuertemente ligada al Monasterio. Era justo y necesario un encuentro de tú a tú…amenizado con música y danza.

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La danza de la bendición en el claustro…primero, hay que aprender a bendecirse uno a si mismo…qué bonito si los niños aprenden a quererse…las monjas estamos dispuestas a enseñarles…

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Y cuando el corazón está llenito…ya podemos bendecirnos unos a otros…somos concha, decía San Bernardo…una concha que cuando se colma, se desborda y puede dar de beber…

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Bendecir a la Vida, bendecir a Dios, agradecer cada instante, saborear los pequeños momentos nos va esponjando por dentro, nos conecta directamente con el gozo de estar vivos.

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Desde las alturas, parece que la bendición fue escuchada 🙂

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…y se empezaron a notar muestras de amor entre los alumnos…¿una camelia para la profe?

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Y una camelia blanca para la niña de las coletitas…

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…claro que hay otras maneras de mostrar el cariño, ya se sabe 🙂

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Y cuando el amor se vuelve excesivo, siempre te puedes esconder debajo de un camelio.

Hasta siempre amigos!!!

Espaciosidades

 

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“Al oír estas palabras se retiraron todos, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí”. Jn 8, 1-11.

Dice Eckhart Tolle en la página de agradecimientos de su libro “El poder del ahora”, que el regalo más precioso que puede recibir una persona es el espacio. Al él le dieron espacio para escribir su libro…Jesús escribió con calma en el polvo del suelo y generó a su alrededor un espacio libre de condena, libre de ego. Un espacio original que ni siquiera la implacable Ley pudo eliminar. Un espacio donde no había acusadores…pero tampoco víctimas. El espacio de la confianza hizo responsables a las personas implicadas…los ancianos depositaron las piedras en el suelo y la mujer se marchó transformada…no peques más…no, ya no pudo pecar más, como los ancianos ya no pudieron arrojar la piedra de la ira.

Thomas Merton constata “la solución cristiana no consiste meramente en seguir luchando contra la tentación para vivir conforme a la Ley. Dicho de otro modo, no es la observancia de la obligación lo que nos salva del pecado sino algo mucho más grande: el amor”.

El amor…en el espacio que brindas para ser no hay sino amor. Observa si hay espacio a tu alrededor…¿hay suficiente espacio? ¿sin juicio?

Mari Paz estuvo dos meses entre nosotras.  Podría decir ella lo que el poeta Rilke: “vivo mi vida en círculos que se abren sobre las cosas, anchos”. Sobre las cosas…sobre la realidad misma. El gran regalo de la espaciosidad.

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